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viernes, 16 de junio de 2017

Estaré aquí mismo...

En julio de 2012 escribía en la entrada “Dos años despertando” lo siguiente: “Este segundo año de vida del blog, ha sido para mí un año lleno de oportunidades en el que se han producido y se producirán, si Dios lo quiere, grandes cambios en mi vida: he cambiado de casa y, tras las vacaciones, en septiembre cambiaré de puesto y lugar de trabajo. No creo en la casualidad...


“I have a dream”. Richard Clayderman.

En septiembre de 2012, comencé a trabajar en un nuevo colegio. Cuando eres la última que llega, por mucha experiencia que tengas, lo desconoces todo y tienes muy pocas oportunidades de elegir curso. El caso es que me asignaron la tutoría de un grupo de segundo de primaria. Se supone que estaría un solo curso con estos niños y niñas, hasta finalizar el primer ciclo. Pues bien, aunque es algo excepcional en cualquier centro escolar, he sido su maestra tutora durante cinco cursos escolares.

Como es normal, en estos cinco cursos se produjeron algunas bajas, inmediatamente cubiertas, de niños y niñas que se marcharon a vivir a otra ciudad o a otro colegio más próximo a su domicilio. En el camino también se unieron algunos niños “repetidores”. De esta manera, se fue formando un grupo muy heterogéneo de niños y niñas con enormes ganas de aprender, aunque, eso sí, algunos con pocas ganas de estudiar. Todos, y cada uno a su manera, diferentes, únicos, incomparables y especiales.

Les he dado durante cinco cursos Lengua, Matemáticas, Ciencias Sociales, Ciencias Naturales, Plástica y en quinto, además, Ciudadanía. Son, por tanto, muchas las horas de convivencia y hago gala de conocerlos bien.

Siempre evité ser solo su profesora y aunque la palabra maestra me queda, sin duda, grande, he intentado serlo. Sigo con el pensamiento ilusionante de que lo que hago no es en vano. Ese es el principal motor para conseguir, cada día, colgar la mochila del desaliento junto a las mochilas de mis alumnos/as y ya, liberada de peso, iniciar mi tarea. Enseño todo lo que sé. No guardo nada. Me vacío para poder llenarme… y aprendo. Siempre aprendo.

Aunque sé que “las cosas” más importantes se aprenden en casa, me he esforzado para enseñarles, sobre todo con el ejemplo, a pensar, a tener capacidad crítica y unos principios morales sólidos y me he sentido apreciada y apoyada por unas familias que desde el principio entendieron que la educación de sus hijos e hijas era una tarea compartida y depositaron en mí su confianza y la autoridad necesaria para educarlos. Evidentemente, no puedo gustarle a todo el mundo y asumo con naturalidad tanto el reconocimiento, como la desaprobación o la indiferencia. En cualquier caso, nunca aparento ser lo que no soy para intentar agradar.

En cuanto a las nuevas reformas educativas, he intentando no perder el norte y tener claro lo que debía transmitir, sabiendo que quien se escandaliza ante lo nuevo, demuestra que se está haciendo viejo, pero quien defiende cualquier cosa que sea nueva demuestra su estupidez.

El tiempo pasa inexorablemente y los niños y niñas crecen demasiado deprisa. Es ley. El día 23 de junio finaliza el curso escolar y acabarán la etapa de educación primaria. Yo les he hablado de que tienen que cerrar un círculo. ¡Qué tontería! Con doce años, la vida les empuja con una fuerza arrolladora y están rebosantes de ilusión, emoción y alegría, con algunas pequeñas gotas de temor e incertidumbre, por el cambio a un centro de enseñanza secundaria.

Lo del círculo, en realidad, lo digo por mí, porque sé que me quedan ya pocos por cerrar en mi profesión y siempre siento temor al volver a empezar de nuevo con otros niños y niñas. Pero la vida está para adelante, nunca para atrás, y espero seguir disfrutando de cada día en la escuela, porque es un regalo que la vida me da.

A mis niños y niñas, solo me queda darles las gracias por haberme hecho disfrutar de mi trabajo durante cinco cursos escolares, desearles que vivan una VIDA con mayúsculas y decirles que estaré aquí mismo... Qué Dios los bendiga.



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2 comentarios

  1. Aún recuerdo aquella reunión general a finales del 2012, en la que, a los padres y madres allí presentes, nos faltó llorar al saber lo "verdes" que estaban nuestros niños en lectura, escritura, números...
    Quien lo diría ahora...
    Cinco cursos dirigidos por una MAESTRA (yo sí lo digo y en mayúsculas) que no solo le ha enseñado matemáticas, lengua y demás, sino a lo más importante en la vida, a ser PERSONAS.
    Gracias por todo. Siempre tendrás un lugar en nuestro corazón. Espero que sigas, muchos años más, vaciándote en este maravilloso blog, para que podamos seguir aprendiendo de ti. Un abrazo.

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  2. Gracias una vez más. Al sentirme valorada, habéis hecho mucho más fácil mi trabajo que, por otra parte, tampoco ha sido nada complicado con vuestros hijos e hijas.

    Ya sabes, para cualquier cosa… estaré aquí mismo. Un abrazo.

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