Luciana Rogowicz
Fuente: “La cuarta copa” de Luciana Rogowicz.
La Pascua Judía, Pésaj, es la fiesta en la que se conmemora la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, gracias a la intervención de Dios.
La cena de pascua se llama Séder y uno de sus principales rituales gira en torno a cuatro copas de vino que se beben en cuatro momentos. (El vino que se bebe en Séder es un vino diluido en agua y las copas son de unos 86 ml).
Dos de las copas de vino preceden a la comida y las otras dos se beben después. Entre esas copas se puede beber, pero entre la tercera y la cuarta copa, no está permitido.
La primera copa es la que nos introduce a la celebración. Es la copa llamada de la santificación. Después de tomarla, se recita la historia de la liberación del pueblo de Israel descrita en El Éxodo.
Una vez que se han conmemorado estos acontecimientos, se bebe la segunda copa, llamada la copa de la liberación.
Tras la comida, en la que se toma el pan sin levadura, las hierbas amargas, el cordero pascual… viene la tercera copa llamada de la redención.
Por último, después de cantar unos himnos, tomados de los salmos, se toma la cuarta copa llamada de la consumación que da fin a la celebración y completa el rito pascual.
Sin embargo, esto no ocurre en la Última Cena. Jesús instituyó la Eucaristía en la tercera copa asegurando que no iba a beber más del fruto de la vid hasta que llegara el Reino de Dios y, después del canto de los salmos, salieron al monte de los Olivos sin bendecir ni beber la cuarta copa.
«Durante la cena Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
—Tomad y comed. Esto es mi cuerpo.
Después tomo un cáliz, dio gracias y se lo dio diciendo:
—Bebed todos de él, porque esta es mi sangre, la sangre de la nueva alianza, que será derramada por todos para el perdón de los pecados. Os digo que ya no beberé más de este fruto de la vid hasta el día en que beba con vosotros un vino nuevo en el reino de mi Padre. Después de haber cantado los himnos salieron hace el monte de los Olivos».
Mateo 26, 26-30.
Jesús no tomó la cuarta copa. Como buen judío conocía el rito pascual, así que, es de suponer, lo hizo intencionadamente. Por tanto, en ese momento, no finalizó la celebración de la Pascua judía.
En el Jardín de Getsemaní Jesús reza al Padre tres veces pidiéndole que lo libre del “cáliz”:
«Avanzó unos pasos más, cayó de bruces y se puso a orar así.
—Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero no se haga lo que yo quiero, sin lo que quieres tú».
Mateo 26, 39
«De nuevo, por segunda vez, se fue a orar diciendo:
—Padre mío, si no es posible que este cáliz pase sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».
Mateo 26, 42
«Los dejó y volvió a orar de nuevo por tercera vez, repitiendo las mismas palabras».
Mateo 26, 44
En la actualidad es normal que asociemos la palabra cáliz con la Pasión y Cruz, pero por entonces, Jesús se refería a la cuarta copa que culmina la liturgia pascual.
Ya en su crucifixión, Jesús se negó a beber el vino con hiel (vino mezclado con hierbas amargas o mirra) con el que pudo haber calmado algo su sed y su dolor. (Recordemos que la tradición judía prohíbe beber vino entre la tercera y cuarta copa).
«Al llegar a un lugar llamado Gólgota (que significa “La Calavera”) dieron de beber a Jesús vino mezclado con hiel; pero él lo probó y no lo quiso beber».
Mateo 27, 33-34
Solo segundos antes de expirar, sabiendo que todo estaba cumplido, aunque ya pueda parecer absurdo, Jesús pide de beber.
«Después de esto, sabiendo Jesús que todo se había consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo.
—Tengo sed.
Había allí un vaso de vinagre; empaparon una esponja en el vinagre, la pusieron en una caña y se la acercaron a la boca. Cuando Jesús lo probó dijo:
—Todo está cumplido. Y, reclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Juan 19, 28-30
Es importante aclarar que ese vinagre no era como el que hoy conocemos, sino una bebida llamada posca, muy popular en el ejército romano, que consistía en una mezcla de agua y vino malo y, en ocasiones, hierbas aromáticas.
Y así, bebiendo la cuarta copa en la Cruz, Jesús finalizó la celebración de la Pascua con su propia muerte, el sacrificio pascual perfecto ofrecido a Dios: “El cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.
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