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lunes, 27 de abril de 2026

Relatos de los Padres del Desierto (II)

Imagen creada con IA por Microsoft Designer (25-02-2026).

Con la denominación Padres del Desierto se conoce, en el cristianismo, a los monjes, ermitaños y anacoretas que aproximadamente en el siglo IV, tras la paz constantiniana, abandonaron las ciudades del Imperio romano y otras regiones vecinas para ir a vivir en las soledades de los desiertos de Siria y Egipto, concretamente en el desierto de Uadi Natrun (Scetes) de la provincia romana de Egipto. El primer Padre del Desierto fue Pablo de la Tebaida y el más conocido fue Antonio Abad.

Paulo Coelho publicó algunas historias sacadas del “Verba Seniorum” (Palabras de los Ancianos) o “Apophthegmata Patrum” (Dichos de los Padres), colección de sentencias, anécdotas y preceptos atribuidos a los Padres del Desierto y que transmiten la sabiduría ascética, espiritual y de convivencia de los primeros ermitaños cristianos. Estos textos se encuentran integrados en la gran recopilación conocida como “Vitae Patrum” (Vidas de los Padres).

Fuente: Estos cuentos están incluidos en “Cuentos seleccionados” de Paulo Cohelo.

Aprendiendo a escoger

San Antonio vivía en el desierto, cuando se aproximó un joven.

—Padre, vendí todo lo que tenía y di el dinero a los pobres. Solo guardé unas pocas cosas para que me ayuden a sobrevivir aquí. Me gustaría que me enseñara el camino de la salvación.

San Antonio pidió al muchacho que vendiese también las pocas cosas que había guardado y con el dinero obtenido comprase carne en la ciudad. Al regreso, debía traer la carne atada a su cuerpo.

El muchacho obedeció. Al regresar, fue atacado por perros y halcones, que querían un pedazo de la carne.

—Ya estoy de vuelta —dijo el chico, mostrando el cuerpo arañado, mordido y las ropas en jirones—. ¿Por qué me mandó hacer esto?

—Para mostrarte que lo que trajiste de tu pasado no sirve en tu presente. Cuando tengas que escoger un nuevo camino, no traigas experiencias viejas. Aquellos que dan un paso nuevo, pero quieren mantener un poco de su antigua vida terminan desgarrados por los propios recuerdos.


El Camino del medio

El monje Lucas, acompañado de un discípulo, atravesaba una aldea. Un viejo preguntó al asceta:

—Santo hombre, ¿cómo me aproximo a Dios?

—Diviértete. Alaba al creador con tu alegría —fue la respuesta.

Los dos continuaron caminando. En este momento se acercó un joven:

—¿Qué hago para aproximarme a Dios?

—No te diviertas tanto —dijo Lucas.

Cuando el joven se hubo alejado, comentó el discípulo:

—Parece que no sabe usted muy bien si debemos divertirnos o no.

—La búsqueda espiritual es un puente sin barandillas atravesando un abismo —respondió Lucas—. Si alguien está muy cerca del lado derecho, le digo “ve hacia la izquierda”. Si se acercan al lado izquierdo , digo “hacia la derecha”. Porque los extremos nos alejan del Camino.


Cambiando de actitud

Un abad del monasterio de Esceta recibió a un joven que quería seguir el camino espiritual.

—Durante un año, paga una moneda a quien te agreda —le dijo el abad.

Durante doce meses el joven pagó una moneda siempre que era agredido. Al finalizar el año, volvió a presentarse ante el abad para saber cuál era el próximo paso.

—Ve hasta la ciudad a comprar comida para mí.

En cuanto el joven salió, el abad se disfrazó de mendigo y, tomando un atajo que conocía, se fue hasta la puerta de la ciudad. Cuando el joven se aproximó, comenzó a insultarlo.

—¡Qué bien! —dijo el joven al falso mendigo—. ¡Durante un año entero tuve que pagar a todos los que me agredían y ahora puedo ser agredido gratis, sin gastar nada!

Al oír esto, el abad se dio a conocer.

—Quien es capaz de no darle importancia a lo que los otros dicen es un hombre que está en el camino de la sabiduría. Tú ya no te tomas los insultos en serio y, por lo tanto, estás listo para el próximo paso.


miércoles, 22 de abril de 2026

El pájaro que elevó a Dios sus lamentos

Imagen generada por Leonardo.Ai (18-07-2025).

Fuente: Leyenda popular de transmisión oral. Existen diferentes versiones y ha sido adaptada por diversos autores.

Había una vez, un pájaro que atravesaba por un mal momento en su vida: estaba enfermo, había perdido parte de su plumaje y la fuerza de sus alas. Apenas podía buscar alimento y, sin esperanza, cada día era más penoso.

Un día, un ángel pasaba por allí y el pájaro lo detuvo y le preguntó:

—¿A dónde vas?

El ángel respondió:

—Voy a encontrarme con Dios.

—¿Podrías preguntarle algo de mi parte? —le pidió el pájaro.

—¡Por supuesto que sí! —le contestó el ángel.

—Pregúntale a Dios por qué me ha abandonado y hasta cuándo durará mi desgracia. Estoy muy cansado y ya no puedo más… —le suplicó el pájaro.

Cuando el ángel se encontró con Dios le preguntó cuándo terminaría el sufrimiento del pájaro.

—Dile al pájaro que su desgracia durará el resto de su vida, pero, no obstante, dile que pare de quejarse y lamentarse y ore, cada día, dándome las gracias por todo —respondió Dios.

Al ángel le pareció extraña la respuesta, pero fue a contárselo al pájaro que, aunque no le fue nada fácil, comenzó a agradecer, incluso en sus peores momentos. A partir de entonces, comenzó a ver su vida de manera diferente, encontrando alegría y paz a pesar de sus dificultades. Poco a poco, su plumaje se fue recuperando y sus alas cobraron fuerza. Su vida se llenó de plenitud y significado y volvió a cantar.

Unos meses después, el ángel pasó de nuevo por aquel lugar y, al ver lo sucedido, le preguntó a Dios por qué había mejorado el pájaro si su desgracia debía durar hasta el fin de sus días.

Dios le respondió:

—Es cierto. La desgracia del pájaro estaba escrita en el libro de la vida. Aunque su camino ha sido difícil y ha enfrentado muchas pruebas, siempre he estado presente. Nunca lo he abandonado. Yo lo amo profundamente y le había dado la capacidad de encontrar la felicidad y la plenitud en medio de la adversidad. Su actitud de gratitud ha sido el puente hacia la dicha, cambiando su realidad.

El agradecimiento es el imán más potente de la abundancia y puede transformar la vida de una persona, incluso en situaciones difíciles.


viernes, 17 de abril de 2026

La sombra del miedo


Fuente: “¿Y si el miedo fuese tan solo un espejismo?”. Boletín Informativo del Dr. Mario Alonso Puig.

¿Cuántas veces el miedo te ha impedido avanzar hacia algo que realmente deseabas? El miedo es una emoción poderosa, diseñada para protegernos, pero también puede convertirse en un obstáculo cuando lo que tememos no es real, sino únicamente un espejismo creado por nuestra propia mente.

El miedo tiene su lugar y su razón de existir. En el pasado, nos ayudaba a reaccionar ante peligros reales, como un depredador. Sin embargo, en la vida moderna, la mente puede generar “espejismos” que percibimos como amenazas, aunque no lo sean. Y aquí está el desafío: creemos en esos miedos como si fueran ciertos, y ellos nos frenan.

Lo interesante es que el miedo no solo tiene un componente físico; también es profundamente mental. Comprender esta conexión puede liberarnos de su influencia y permitirnos vivir con más confianza, ilusión y serenidad.

Nuestro cerebro puede ser engañado por la mente, pues ésta puede activar centros en el cerebro que hagan que percibamos una amenaza mental como si fuera real. Por eso es tan importante la acción porque, cuando nos ponemos en marcha, nos damos cuenta de que muchas veces, el mundo real es mucho más benévolo que el mundo mental.

Cuando algo te esté preocupando, haz tres respiraciones profundas y, desde un estado de serenidad pregúntate: ¿esto que me preocupa es una amenaza real o es mi mente la que está agrandando la sensación de peligro? Puede ayudarte a ganar claridad y ver el “tamaño” real de la amenaza, escribirlo en un papel. Una vez obtienes perspectiva, dedica un tiempo a pensar en aquellas cosas que podrías empezar a hacer para mejorar la situación.

El que busca, encuentra. El miedo muchas veces es como una sombra. Parece grande y poderosa, pero pierde fuerza cuando la miramos de frente.


domingo, 12 de abril de 2026

El buscador de la felicidad

Imagen generada con IA por Microsoft Designer (02-03-2026).

Este cuento, al parecer de autor desconocido, está incluido en el libro “Cuentos con alma” de Rosario Gómez con el título de “A tiempo”.

Cuenta la leyenda que un hombre oyó decir que la felicidad era un tesoro.

A partir de aquel instante, comenzó a buscarla.

Primero se aventuró por el placer y por todo lo sensual; luego por el poder y la riqueza; después por la fama y la gloria, y así fue recorriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del trabajo, del ocio y de todo cuanto estaba al alcance de su mano.

En un recodo del camino vio un letrero que decía: “Le quedan dos meses de vida”.

Aquel hombre, cansado y desgastado por los sinsabores de la vida, se dijo:

−Estos dos meses los dedicaré a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber y de vida con las personas que me rodean.

Y aquel buscador infatigable de la felicidad, solo al final de sus días encontró que en su interior, en lo que podía compartir, en el tiempo que le dedicaba a los demás y en la renuncia que hacía de sí mismo por servir, estaba el tesoro que tanto había deseado.


lunes, 6 de abril de 2026

Pequeños gestos de generosidad

Imagen de Freepik (fragmento).

Fuente: “Tus gestos importan más de lo que crees”. Boletín Informativo del Dr. Mario Alonso Puig.

¿Has pensado alguna vez en la enorme capacidad que tienes de influir en el bienestar de otras personas? Una simple sonrisa, un mensaje, o dedicar unos minutos a escuchar a alguien, pueden aliviar su sufrimiento mucho más de lo que imaginas.

El sufrimiento no siempre es físico. Muchas veces es anímico o mental, y lo increíble es que no hace falta ser médico para aliviarlo. Solo con hacer que alguien se sienta querido, apoyado y acompañado ya estás marcando una diferencia importante en su vida. Recuerda que el amor también cura.

Además, estos pequeños actos no solo ayudarán a los demás: también transformarán tu vida. Cuando descubres que puedes hacer el bien, algo dentro de ti cambia. Empiezas a confiar en que esos sencillos gestos tienen un impacto real y buscas más formas de ayudar a los demás.

Voy a hacerte una propuesta: elige a alguien que te importe y haz que se sienta más acompañado de lo habitual. No importa si es un mensaje, una llamada o una palabra amable. Esas pequeñas acciones tienen un efecto más grande de lo que cabría esperar, tanto en la otra persona, como en ti mismo.

Cada vez es mayor el número de estudios científicos que muestran que el ser humano es un ser de encuentro, que lo que más nos importa es querer y sentirnos queridos. Hoy sabemos que esto tiene un enorme impacto, incluso a nivel molecular. Transmitamos con nuestra mirada, con nuestra palabra, con nuestros gestos, con nuestros actos este sentimiento: tú me importas.

Pequeños gestos de generosidad pueden importar mucho más de lo que podemos imaginar.

A veces, lo que parece pequeño para ti puede ser enorme para quien lo recibe. Empieza hoy, y verás cómo tu mundo también cambiará.


jueves, 2 de abril de 2026

La cuarta copa de la Última Cena

“Es evidente que Dios tiene todo planeado y su plan es perfecto hasta en las cosas que nos parecen más extrañas. Cuando puedo ver un poquito de ese plano y comprender algo de la manera en cómo Él obra, me sorprende, me maravilla, me emociona”.
Luciana Rogowicz


Imagen realizada con foto de Freepik e ilustraciones de PNGWing.

Fuente: “La cuarta copa” de Luciana Rogowicz.

La Pascua Judía, Pésaj, es la fiesta en la que se conmemora la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, gracias a la intervención de Dios.

La cena de pascua se llama Séder y uno de sus principales rituales gira en torno a cuatro copas de vino que se beben en cuatro momentos. (El vino que se bebe en Séder es un vino diluido en agua y las copas son de unos 86 ml).

Dos de las copas de vino preceden a la comida y las otras dos se beben después. Entre esas copas se puede beber, pero entre la tercera y la cuarta copa, no está permitido.

La primera copa es la que nos introduce a la celebración. Es la copa llamada de la santificación. Después de tomarla, se recita la historia de la liberación del pueblo de Israel descrita en El Éxodo.

Una vez que se han conmemorado estos acontecimientos, se bebe la segunda copa, llamada la copa de la liberación.

Tras la comida, en la que se toma el pan sin levadura, las hierbas amargas, el cordero pascual… viene la tercera copa llamada de la redención.

Por último, después de cantar unos himnos, tomados de los salmos, se toma la cuarta copa llamada de la consumación que da fin a la celebración y completa el rito pascual.

Sin embargo, esto no ocurre en la Última Cena. Jesús instituyó la Eucaristía en la tercera copa asegurando que no iba a beber más del fruto de la vid hasta que llegara el Reino de Dios y, después del canto de los salmos, salieron al monte de los Olivos sin bendecir ni beber la cuarta copa.

«Durante la cena Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
—Tomad y comed. Esto es mi cuerpo.
Después tomo un cáliz, dio gracias y se lo dio diciendo:
—Bebed todos de él, porque esta es mi sangre, la sangre de la nueva alianza, que será derramada por todos para el perdón de los pecados. Os digo que ya no beberé más de este fruto de la vid hasta el día en que beba con vosotros un vino nuevo en el reino de mi Padre. Después de haber cantado los himnos salieron hace el monte de los Olivos».
Mateo 26, 26-30.

Jesús no tomó la cuarta copa. Como buen judío conocía el rito pascual, así que, es de suponer, lo hizo intencionadamente. Por tanto, en ese momento, no finalizó la celebración de la Pascua judía.

En el Jardín de Getsemaní Jesús reza al Padre tres veces pidiéndole que lo libre del “cáliz”:

«Avanzó unos pasos más, cayó de bruces y se puso a orar así.
—Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero no se haga lo que yo quiero, sin lo que quieres tú».
Mateo 26, 39
«De nuevo, por segunda vez, se fue a orar diciendo:
—Padre mío, si no es posible que este cáliz pase sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».
Mateo 26, 42
«Los dejó y volvió a orar de nuevo por tercera vez, repitiendo las mismas palabras».
Mateo 26, 44

En la actualidad es normal que asociemos la palabra cáliz con la Pasión y Cruz, pero por entonces, Jesús se refería a la cuarta copa que culmina la liturgia pascual.

Ya en su crucifixión, Jesús se negó a beber el vino con hiel (vino mezclado con hierbas amargas o mirra) con el que pudo haber calmado algo su sed y su dolor. (Recordemos que la tradición judía prohíbe beber vino entre la tercera y cuarta copa).

«Al llegar a un lugar llamado Gólgota (que significa “La Calavera”) dieron de beber a Jesús vino mezclado con hiel; pero él lo probó y no lo quiso beber».
Mateo 27, 33-34

Solo segundos antes de expirar, sabiendo que todo estaba cumplido, aunque ya pueda parecer absurdo, Jesús pide de beber.

«Después de esto, sabiendo Jesús que todo se había consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo.
—Tengo sed.
Había allí un vaso de vinagre; empaparon una esponja en el vinagre, la pusieron en una caña y se la acercaron a la boca. Cuando Jesús lo probó dijo:
—Todo está cumplido. Y, reclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Juan 19, 28-30

Es importante aclarar que ese vinagre no era como el que hoy conocemos, sino una bebida llamada posca, muy popular en el ejército romano, que consistía en una mezcla de agua y vino malo y, en ocasiones, hierbas aromáticas.

Y así, bebiendo la cuarta copa en la Cruz, Jesús finalizó la celebración de la Pascua con su propia muerte, el sacrificio pascual perfecto ofrecido a Dios: “El cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.