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miércoles, 18 de septiembre de 2019

Ilumina tu sombra

“Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros”.
Hermann Hesse


Fuente: “El poder de confiar en ti” de Curro Cañete .

Todos tenemos zonas oscuras que rechazamos y ocultamos a los demás porque nos avergonzamos de ellas y pensamos que van a juzgarnos o dejarán de querernos. Sin embargo, tu sombra forma parte de ti y tu yo no está completo sin ella.

Si tú no te aceptas en tu totalidad, rechazas un parte de ti. La aceptación no tiene nada que ver con la resignación. Solo aceptas que estás donde estás ahora, con tus defectos, y puedes elaborar un plan que te lleve a mejorar y ser la persona que deseas.

Quererte y valorarte implica aceptar tu sombra. Si te rechazas no puedes efectuar cambios positivos en tu vida porque te dominará un sentimiento de culpa paralizante y destructivo.

Con mucha frecuencia ni siquiera somos conscientes de nuestra sombra. Llevamos tanto tiempo mirando para otro lado que ni siquiera sabemos qué rechazamos de nosotros mismos. Es entonces cuando las personas que nos rodean nos dan mucha información sobre cómo y quiénes somos. Carl Gustav Jung decía: “Todo lo que nos irrita de otros nos lleva a un entendimiento de nosotros mismos”.

Si ves algo en otro que te saca de tus casillas, eso también está dentro de ti. De lo contrario, no te revolvería tanto por dentro. Simplemente, te daría igual. Una manera muy efectiva de averiguar tu sombra, por tanto, es observar que te irrita de los demás y luego hacerte la siguiente pregunta: ¿qué información sobre mí me está dando esta persona en este momento?

Cuando observes que algo te afecta o te indigna mucho, de manera que sientes un desgarro interior, tienes que detenerte a reflexionar para averiguar por qué te molesta tanto. Normalmente descubrirás una herida de la que no eres consciente…

Para curar tus heridas tienes que conocerlas, saber dónde están y qué es lo que las ha provocado. Tu sombra, normalmente, tiene que ver con ellas.

Heridas como el rechazo provocan, por ejemplo, un enorme miedo al juicio ajeno. Ese miedo hace que dejemos de ser nosotros mismos, aparentando ser lo que no somos, y nos impide actuar como queremos. Una vez sanada la herida, los juicios ajenos, tal vez, nos sigan haciendo daño, pero no nos afectarán igual. La sombra se ilumina.


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viernes, 13 de septiembre de 2019

Los Diez Mandamientos


Fuente: “Déjame que te cuente…” de Jorge Bucay.

Sucedió que, un día, en las puertas del cielo, se reunieron unos cuantos cientos de almas, que eran las que anidaban en los hombres que habían muerto ese día.

San Pedro, supuesto guardián de las puertas de entrada al Paraíso, ordenaba el tráfico.

—Por indicación del “Jefe” vamos a formar tres grandes grupos de huéspedes a partir de la observación de los diez mandamientos.

El primer grupo, con aquellos que hayan violado todos los mandamientos por lo menos una vez.

El segundo grupo, con aquellos que hayan violado por lo menos uno de los diez mandamientos una vez.

Y, el último grupo, que suponemos que será el más numeroso, con aquellos que jamás en su vida hayan violado ninguno de los diez mandamientos.

Bien —siguió san Pedro—. Los que hayan violado todos los mandamientos, pónganse a la derecha.

Más de la mitad de las almas se puso a la derecha.

—Ahora —exclamó—, de los que quedan, aquellos que hayan violado alguno de los mandamientos pónganse a la izquierda.

Todas las almas que quedaban se desplazaron a la izquierda. Bueno, casi todas…

De hecho, todas menos una.

Quedó en el centro un alma que había sido un buen hombre. Durante toda su vida había recorrido el camino de los buenos sentimientos, de los buenos pensamientos y de las buenas acciones.

San Pedro se sorprendió. Solamente un alma quedaba en el grupo de las mejores almas.

De inmediato, llamó a Dios para notificárselo.

—Mira, el asunto es así: si seguimos el plan original, ese pobre hombre que se ha quedado en el centro, en lugar de beneficiarse por su beatitud, se va a aburrir como una ostra en la soledad más extrema. Me parece que tendríamos que hacer algo al respecto.

Dios se levantó ante el grupo y dijo: “Aquellos que se arrepientan ahora, serán perdonados, y sus fallos, olvidados. Los que se arrepientan pueden volver a reunirse en el centro, con las almas puras e inmaculadas”.

Poco a poco, todos empezaron a moverse hacia el centro.

—¡Alto! ¡Injusticia! ¡Traición! —gritó una voz. Era la voz del que no había pecado—. ¡Así no vale! Si me hubieran avisado de que iban a perdonar, no habría desperdiciado mi vida…


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domingo, 8 de septiembre de 2019

Dos contra el mundo

Una propuesta de reflexión para el comienzo del nuevo curso escolar.

Fuente: “Rompe con tu zona de confort” de Gregory Cajina.


La labor de padre/madre, en la que, sin duda, se cometen muchos errores, a veces inadvertidos, es posiblemente la profesión más difícil que haya.

Nuestra sociedad, la que nos hemos inventado, presenta un modelo idóneo de relación padre-madre-niño-niña en el que los dos primeros (o solo uno) se dedican a batallar contra dragones y malvados para proteger a la progenie.

Los modelos de vida próspera, que nos hacen querer más y más, presionan y convierten a los padres en dos contra el mundo y no dan abasto. Tiene sentido, ¿no?

Quizá no.

En la actualidad los niños han perdido el rol de formar parte activa de la familia y se han convertido en su centro y ombligo.

Hoy cubrimos a los niños con cosas, con regalos, con sustitutos materiales de lo que realmente necesitan: atención, educación, guía, consideración, autoconfianza…

Antes o después, el niño está destinado a dejar atrás a sus progenitores. Por tanto, el amor de padres, quizá, n0 signifique “entrego mi vida por ti, hijo mío”, sino posiblemente “como madre/padre me sigo haciendo cargo de mi propia vida y te guío y acompaño hasta que te hagas cargo de la tuya”.

Un niño no es un adulto pequeño. Los niños se hallan en una fase temprana de desarrollo de su cerebro que los aproxima más a su yo superviviente (“protégeme, nútreme, cuídame”). Lo normal en los niños, su rol, es el de recibir… que no es lo mismo que ser el centro del Universo. De la misma manera, un adolescente no entiende mucho de cooperación. El dar y el cooperar solo se abrirán camino gradualmente, en función de la propia maduración de su córtex cerebral, de su educación y del entorno que lo rodea.

Podemos obligar a un niño a compartir o a un adolescente a cooperar, pero no podemos obligarle a que quiera compartir o cooperar.

… Y, mientras, los niños aprenden de sus padres lo que ven, no lo que se les manda. Los chavales tienen una memoria prodigiosa para olvidar lo que se les dice que deben hacer cuando lo que ven en acción de sus tutores es incoherente.

Este es el camino de la madurez humana: del niño dependiente al adolescente independiente, y de ahí hacia el sano adulto interdependiente.


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martes, 3 de septiembre de 2019

¿Optimista o positivo?

Fuente: “Rompe con tu zona de confort” de Gregory Cajina.


El cerebro tiene un dispositivo (SAR, Sistema de Activación Reticular) que actúa de interruptor para conectar o desactivar las conexiones dispuestas entre nuestra mente racional y la de supervivencia.

Cuando experimentamos cierto miedo o temor, podemos actuar acordemente, buscando opciones, aprovechando el “subidón” de los productos químicos vigorizantes que nuestro propio cuerpo genera. Sin embargo, cuando el grado de miedo es demasiado elevado y nos adentramos en el campo del pánico, ese resorte salta, desconectando nuestra mente racional para pasar al modo de supervivencia: luchar, huir o, con terror extremo, quedarnos paralizados.

La disposición de un individuo positivo, basada en la autoconfianza, es muy efectiva ante problemáticas potencialmente generadoras de miedo extremo, pues tiene la certeza de que hay una o más soluciones ante ese contratiempo y dedicará sus energías a pensar, visualizar, actuar y fabricarse esas soluciones. En algunas ocasiones confiará en… y/o se abandonará a…

Actuando de este modo, nuestro cerebro se relaja y puede responder o, incluso, anticiparse a las circunstancias.

Ser positivo implica comportarse como un buscador de opciones válidas.

Sin esa confianza en los propios recursos, el miedo, exacerbado por nuestra percepción subjetiva y, por tanto, distorsionadora de la realidad, puede pasar de un salto al pánico. Y es entonces cuando dejamos de regir y nos vemos arrastrados a la irracional guía de nuestro instinto de supervivencia.

Un optimista, en lugar de generar las mejores opciones ante un problema de cierta magnitud, opta por creerse que la situación no supone tal problema, que este no es tan considerable, o que cuenta con más tiempo del que realmente dispone para reaccionar.

El optimismo anestesia la parte de nuestra mente que clama por advertirnos de que algo no está funcionando bien, acallándola y distorsionando la percepción del escenario de deberíamos estar valorando con mayor rigor.

Así, por ejemplo, ante un destructivo huracán en El Caribe, un turista positivo se centraría en hallar, sin pánico, las mejores opciones para guarecerse y un turista optimista aguardará mirando a las nubes, confiando en que el huracán solo serán unas rachas de mucho viento.

Ser optimista puede salir caro.


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jueves, 29 de agosto de 2019

El portero del prostíbulo

Este cuento está incluido en el Talmud. Esta versión es de Jorge Bucay recogida de su libro “Déjame que te cuente”.

El Talmud es un texto del judaísmo, elaborado entre los siglos III y V, que recoge discusiones rabínicas sobre las leyes judías, tradiciones, costumbres, narraciones y dichos, parábolas, historias y leyendas.


«No había en aquel pueblo un oficio peor visto y peor pagado que el de portero del prostíbulo... Pero ¿qué otra cosa podía hacer aquel hombre?

De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre había sido el portero de ese prostíbulo antes que él, y antes que él, el padre de su padre.

Durante décadas, el prostíbulo había pasado de padres a hijos y la portería también.

Un día, el viejo propietario murió y un joven con inquietudes, creativo y emprendedor, se hizo cargo del prostíbulo. El joven decidió modernizar el negocio.

Modificó las habitaciones y después citó al personal para darles nuevas instrucciones.

Al portero le dijo: “A partir de hoy, usted, además de estar en la puerta, me va a preparar un informe semanal. Allí anotará la cantidad de parejas que entran cada día. A una de cada cinco, les preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará ese informe con los comentarios que usted crea convenientes”.

El hombre tembló. Nunca le había faltado predisposición para trabajar, pero...

— Me encantaría satisfacerle, señor — balbuceó—, pero yo... no sé leer ni escribir.

—¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar a que usted aprenda a escribir, por lo tanto...

—Pero, señor, usted no me puede despedir. He trabajado en esto toda mi vida, al igual que mi padre y mi abuelo...

No lo dejó terminar.

—Mire, yo lo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le daremos una indemnización, es decir, una cantidad de dinero para que pueda subsistir hasta que encuentre otro trabajo. Así que lo siento. Que tenga suerte.

Y, sin más, dio media vuelta y se fue.

El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a su casa, desocupado por primera vez en su vida. ¿Qué podía hacer?

Entonces recordó que a veces, en el prostíbulo, cuando se rompía una cama o se estropeaba la pata de un armario, se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisional con un martillo y unos clavos. Pensó que esta podía ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.

Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, y solo encontró unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía que comprar una caja de herramientas completa y, para eso, usaría una parte del dinero que había recibido.

En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había ninguna ferretería, y que tendría que viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. “¿Qué más da?”, —pensó. Y emprendió la marcha.

A su regreso, llevaba una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa; era su vecino.

—Venía a preguntarle si no tendría un martillo que prestarme.

—Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar… Como me he quedado sin empleo... —Bueno, pero yo se lo devolvería mañana muy temprano.

—Está bien.

A la mañana siguiente, tal como había prometido, el vecino llamó a su puerta.

—Mire, todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?

—No, yo lo necesito para trabajar y, además, la ferretería está a dos días de mula.

—Hagamos un trato —dijo el vecino—. Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo. Total, usted está sin trabajo. ¿Qué le parece?

Realmente, esto le daba trabajo durante cuatro días... Aceptó.

A su regreso, otro vecino lo esperaba a la puerta de su casa.

—Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?

—Sí...

—Yo necesito unas herramientas. Estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje y una pequeña ganancia por cada una de ellas. Ya sabe: no todos disponemos de cuatro días para hacer nuestras compras.

El exportero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.

“…No todos disponemos de cuatro días para hacer nuestras compras”, recordaba.

Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara para traer herramientas.

En el siguiente viaje decidió que arriesgaría algo del dinero de la indemnización trayendo más herramientas de las que había vendido. De paso, podría ahorrar tiempo en viajes.

Empezó a correrse la voz por el barrio y muchos vecinos decidieron dejar de viajar para hacer sus compras.

Una vez por semana, el ahora vendedor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Pronto se dio cuenta de que si encontraba un lugar donde almacenar las herramientas, podía ahorrar más viajes y ganar más dinero. Así que alquiló un local.

Después amplió la entrada del almacén y unas semanas más tarde añadió un escaparate, de manera que el local se transformó en la primera ferretería del pueblo.

Todos estaban contentos y compraban en su tienda. Ya no tenía que viajar, porque la ferretería del pueblo vecino le enviaba sus pedidos: era un buen cliente.

Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más alejados prefirieron comprar en su ferretería y ahorrar dos días de viaje.

Un día, se le ocurrió que su amigo, el tornero, podía fabricar para él las cabezas de los martillos. Y después... ¿Por qué no? También las tenazas, las pinzas y los cinceles. Después vinieron los clavos y los tornillos...

Para no alargar demasiado el cuento, te diré que en diez años aquel hombre se convirtió en un millonario fabricante de herramientas, a base de honestidad y trabajo. Y acabó siendo el empresario más poderoso de la región.

Tan poderoso era que, un día, con motivo del inicio del año escolar, decidió donar a su pueblo una escuela. Además de leer y escribir, allí se enseñarían las artes y los oficios más prácticos de la época.

El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de homenaje para su fundador.

A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y abrazándole le dijo: “Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos que nos conceda el honor de poner su firma en la primera página del libro de honor de la escuela”.

—El honor sería para mí —dijo el hombre—. Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero no sé leer ni escribir. Soy analfabeto.

—¿Usted? —dijo el intendente, que no alcanzaba de creerlo— ¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir.

—Yo se lo puedo contestar —respondió el hombre con calma. —Si yo hubiera sabido leer y escribir... ¡sería el portero del prostíbulo!»

Generalmente los cambios son vistos como adversidades, pero estas, a veces, encierran bendiciones. Las crisis están llenas de oportunidades. Cambiar puede ser tu mejor opción.


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sábado, 24 de agosto de 2019

Todas las respuestas


   "Endless love" ("Amor sin fin". Banda sonora de la película "El mito"). Piano.

«—Pero temo que jamás vuelva a verte… —dijo Alicia.
—Oh, mi querida Alicia, en el jardín de la memoria, en el patio de los sueños, es ahí donde nos encontraremos —respondió el Sombrerero.»
Lewis Carrol (“Alicia a través del espejo”)



Fuente: “El poder de confiar en ti” de Curro Cañete.

He tardado muchos años en comprender y aceptar algo que se sabe desde el principio de los tiempos: que lo de fuera es una proyección que nace desde dentro; que todo mi mundo parte de mí: mis experiencias, mis dificultades, mis deseos, mis enfados y mis ganas de vivir; que la transformación verdadera requiere mirar hacia dentro y que, después de iniciar mi viaje interior, mi vida nunca volverá a ser la misma. Evidentemente, seguiré teniendo problemas y tendré que curar nuevas y, tal vez, dolorosas heridas, pero ahora sé que en mi interior podré conectar con mi esencia, mi verdad, mi fuerza, mi guía y mi destino.

Tras la muerte de mis seres queridos, he pensado tanto en la muerte que ya no me asusta. No es que yo quiera morir, pero vivo siendo consciente de que este viaje puede acabar en cualquier momento. No debemos temer a la muerte, pero sí tenerla presente para anclarnos en lo más valioso de nuestra vida, para no desperdiciarla.

Quiero ser feliz y vivir, todo el tiempo posible, mi vida con pasión, con salud y buena energía, ayudándome a mí y a tantas personas como pueda. Para ello, he abandonado la comodidad, pongo los medios y hago lo necesario para que así sea. Cada día, desde que me levanto hasta que me acuesto, tengo la intención de experimentar, de no caer en las garras del desánimo, de crecer, amar y dar lo mejor de mí.

Cuando cierro los ojos y conecto con mi yo más profundo, siento que en mi interior están todos aquellos a los que quise y que ya no están en este mundo y, cuando les planteo dudas y preguntas sobre mí o sobre la vida, llegan hasta mí sus respuestas. A veces como tenues vibraciones y otras como pensamientos que brotan en mí desde las profundidades. Intuyo que las respuestas que llegan hasta mí con más claridad son aquellas que, quizás, ellos olvidaron en su viaje por la tierra...

“—El acto de generosidad más grande que puedes hacer por ti y por los que te rodean es ser feliz. Avanza al ritmo que puedas. Todos somos más capaces de lo que pensamos. Ten paciencia. Acéptate. Levántate cada vez que caigas y empieza de nuevo siempre que sea necesario. No te preocupes por lo que hoy aún no comprendes: ya lo comprenderás en el momento perfecto.”

“—El cielo también está aquí. Nunca olvides lo más importante: vive con amor y alegría cada día.”

“—La vida es un viaje de aprendizaje infinito. Hasta tu último aliento, no des por terminado tu aprendizaje. Mientras avanzas, disfruta del presente. Ayuda a los demás. No juzgues y canta tu canción. Confía. Todo irá bien.”



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lunes, 19 de agosto de 2019

Las expectativas


Fuentes:
- “El libro del amor” de Ramiro A. Calle.
- “365 citas contigo”
de Laura Chica.


Un hombre que vivía en un pueblo del interior de la India y nunca había tenido ocasión de contemplar el mar, había instalado con fijeza una idea en su mente: no podía morir sin ver el mar. Para ahorrar algún dinero y poder viajar hasta la costa, tomó otro trabajo además del suyo habitual. Ahorraba todo lo que podía y suspiraba por que llegase el día de estar ante el mar. Fantaseaba sobre lo maravilloso que debía ser el mar e imaginaba muchas cosas respecto a sus cualidades. Fueron años difíciles.

Por fin consiguió ahorrar lo suficiente para hacer el viaje. Tomó un tren que le llevó hasta las cercanías del mar. Se sentía entusiasmado y gozoso. Llegó hasta la playa y observó el fantástico espectáculo. ¡Qué olas tan mansas! ¡Qué agua tan bella! Se acercó hasta la orilla, cogió un poco de agua con la mano y se la llevó a los labios para degustarla. Entonces, desencantado y abatido, pensó: “¡Qué pena que sepa tan mal con lo hermosa que es!”.

Y se sintió muy desilusionado.


Cuando creemos que la vida nos ha fallado, es porque teníamos otro plan. Es justo ese plan imaginario lo que nos ha fallado, no la vida.

Nos hace daño lo que esperamos que pase y no pasa, no lo que pasa. Nos hace daño lo que esperamos que nos diga alguien y no nos dice, no lo que nos dice. Nos hace daño lo que esperamos de la vida, no la vida.

No aceptamos que la realidad tenga un curso diferente a lo que habíamos pensado o imaginado porque el cerebro da por cierto lo que pensamos con tanta fuerza, que a veces cuesta aceptar que la vida traiga algo diferente.

La vida es como es, no como queremos que sea. Los acontecimientos no piensan. Cada uno de nosotros da un significado diferente a lo que acontece y elige cómo deja que le influya lo que pasa cuando no le gusta que pase porque no lo esperaba. Darnos cuenta de que está funcionando el mecanismo basado en la expectativa, nos ayudará a reconducir la forma de mirar y vivir lo que pasa.

Hemos de mirar lo que está pasado, lo que es, no lo que quisiéramos que fuera, abrir nuestras expectativas a la realidad y abrazar el ahora. Quizá es diferente a lo que esperábamos, pero es lo que es.

Cada persona crea su vida a su manera, con lo que quiere, con lo que siente, con lo que es, con lo que se permite ser...



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miércoles, 14 de agosto de 2019

Usar la imaginación (III)

Ir de víctima no convence a nadie (ni siquiera a ti mismo).


Este cuento está incluido en el libro “Rompe con tu zona de confort” de Gregory Cajina.

«En la Segunda Guerra Mundial, un soldado fue enviado al frente en pleno invierno. Sus condiciones eran penosas: apenas tenía acceso a alimento o a una ropa adecuada mientras balas y obuses se rifaban su vida cada día, tarde y noche.

Sin embargo, él aguantaba jornada tras jornada el envite gracias a los recuerdos de su novia, que lo esperaba en su país, y cuya foto portaba en un bolsillo del uniforme. Cada noche, si podía, el soldado miraba esa foto, cubierta ya de mugre y barro, y soñaba con el día en que regresaría de vuelta a sus brazos. Esa mujer era la razón que lo mantenía vivo.

Una mañana, llegó el correo con una breve carta de su novia. En ella, sin circunloquios, le decía que lo dejaba, que había hallado el amor en brazos de otro hombre y que, por favor, le devolviera la foto que le dio antes de partir al frente.

El soldado, herido en el alma, hizo lo que cualquier persona con resolución y dignidad hubiese hecho: habló con los compañeros de la unidad a quienes también había abandonado sus novias y les pidió que le dieran todas las fotos que ya no querían guardar de aquellas mujeres.

Consiguió recopilar quince o veinte fotos, las metió en un sobre y en un trozo de papel escribió rápidamente: “Ahora no recuerdo quién eres. Por favor quédate con la foto en la que aparezcas tú y devuélveme las demás”.»

Solo hay verdugo si hay víctima.

Solo es víctima quien cree que lo es.



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viernes, 9 de agosto de 2019

Poner palabras al sentido del humor

“Todos los botiquinis de urgencias deben incluir una dosis de humor”


Fuente: “Somos lo que hablamos” de Luis Rojas Marcos.

Echarle un poco de sal a nuestro lenguaje, tanto social como privado, o infundir una dosis de humor y ocurrencia a nuestras palabras son herramientas muy sanas y eficaces para conectarnos con nuestros semejantes y también para proteger nuestro equilibrio emocional en tiempos de crisis.

La función del humor es ayudarnos a percibir la comicidad en nosotros mismos y en las circunstancias confusas o adversas. Ejerce un efecto calmante a la hora de explicarnos situaciones incoherentes o compartirlas con los demás. De hecho, la perspectiva humorística constituye una estrategia para defendernos de la tensión emocional, del miedo y de la ansiedad. Las personas que explican los malos momentos en un lenguaje jocoso los toleran mejor. No cabe duda de que el sentido del humor fomenta las relaciones beneficiosas entre las personas en muchas circunstancias difíciles.

El humor toma a menudo la forma de chistes, esas historias breves, ocurrentes y graciosas que se cuentan para provocar sorpresa y risa en quienes las escuchan. Suelen ser juegos de palabras o conceptos con connotaciones cómicas, con argumentos de doble sentido y una cierta dosis de incoherencia.

Cada cultura tiene su estilo de humor o comicidad, por lo que chistes que se consideran graciosos en una sociedad no lo son en otra. Estos chascarrillos tienen una función social y buscan conectar a la persona que los cuenta con su audiencia provocando hilaridad y risa, ese fruto saludable del sentido del humor.

El beneficio principal del lenguaje del buen humor es que nos alegra la vida y, de paso, también la alarga. Científicamente está demostrado que el sentido del humor ayuda a las personas a afrontar mejor las enfermedades crónicas y, por consiguiente, incrementa su esperanza de vida.

La alegría y la risa se conectan en ambas direcciones: del mismo modo que la alegría produce la risa, la risa también produce en nosotros emociones alegres. De ahí la risoterapia, una práctica muy antigua que busca producir beneficios emocionales por medio de la risa y aprovecha, además, su poder contagioso.


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domingo, 4 de agosto de 2019

Mariposas (III)


Significado del símbolo Ѱ (Psi)

Hace unos días visité una exposición de instrumentos musicales. En realidad eran dos en una: “Instrumentos sagrados: La voz del ritual” y “El bestiario sonoro: El ser humano, los animales y la música”.

Al pasar por la vitrina del laghouto, instrumento de cuerda pulsada de origen griego, llamó mi atención que la leyenda explicativa llevara por título “El laghouto y la mariposa”.

Comprobé, con agrado, que el instrumento estaba decorado con una preciosa mariposa de nácar incrustada. Lo que para mí supuso una sorpresa, aparentemente sin sentido, fue que, tras una brevísima explicación sobre el origen, historia y características del instrumento, se expusiera el origen del nombre “Psicología” y del empleo de la letra Psi (Ψ) del alfabeto griego para representarla. Digo “aparentemente” porque a estas alturas, nada me parece casualidad. Nada. Por eso, he decidido hacer esta entrada.



El símbolo Ψ, dibujo estilizado de una mariposa con las alas desplegadas, aparece a partir de la unión de la letra Psi con la palabra griega “Psique”, que originalmente significó “mariposa” y más tarde pasó a utilizarse con el significado de “soplo de brisa”, “aliento”, “ánimo” y, finalmente, “alma” o “mente”.

Los griegos creían que cuando moría una persona y exhalaba su último aliento, el alma abandonaba el cuerpo volando en forma de mariposa, quizá porque este insecto representa perfectamente el proceso de metamorfosis.

El símbolo es, además, fonéticamente, una onomatopeya, es decir, imita el sonido que una persona produce al expirar. Sería, por tanto, el sonido que hace el alma al escaparse del cuerpo.

Antiguamente, al alma se le atribuía la capacidad de pensar y sentir y la psicología era considerada la ciencia que estudiaba el alma. Hoy en día, la palabra alma se utiliza en un sentido filosófico y/o religioso.

En la mitología griega el alma humana es representada por Psique, hija del rey de Anatolia, que terminará casándose con el dios Eros y siendo una diosa inmortal. Este proceso de transformación o cambio puede compararse con el proceso de metamorfosis de la mariposa. Por eso, a Psique se la representa como una adolescente con alas de mariposa.

Para muchos, la psicología, al igual que la mariposa, representa bienestar, tranquilidad, dicha, aliento, valor, ánimo, avance, crecimiento, cambio, transformación, equilibrio… Es increíble lo mucho que un símbolo puede representar y expresar. Mucho más que las palabras.


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martes, 30 de julio de 2019

Todo está bien

Siempre en mi mente...

   "Always on my mind". Willie Nelson.


Fuente: “365 citas contigo” Laura Chica.

En la infinitud de la vida, todo está bien porque todo es como debe ser, que no siempre coincide con lo que queremos que sea. El esfuerzo por no aceptar e ir en contra de la naturaleza de la vida, no hace sino potenciar el sufrimiento. Aceptar que todo está bien nos ayuda a fluir con lo que pasa y con la vida. Todo está como debe estar, según su curso, según su orden. Solo desde la aceptación podemos enfocar la energía en construir nuestro camino, en disfrutar cada uno de nuestros pasos.

Todo pasa para algo y, aunque no entendamos lo que nos está pasando, en algún momento tendrá una explicación. Si miramos para atrás en nuestra vida, probablemente podamos entender ahora muchas experiencias que en su momento no le encontrábamos sentido.

El tiempo ayuda a ordenar es caos, a calmar la incertidumbre, a iluminar el camino hacia atrás para que podamos entender muchas cosas que no podemos ver hoy porque miramos con ojos “de lo que queremos”, porque imponemos “lo que debe ser” a lo que es y porque nuestros deseos no nos dejan aceptar la realidad. La vida tiene sentido cuando miras hacia atrás. Un día todo tendrá sentido. Lo difícil es darle sentido mirando hacia delante.

Yo confío en que con el tiempo lo entenderé. No sé por qué, pero confío y abrazo la sincronicidad: Pido una señal y recibo el mensaje que necesito. Comienzo un proyecto y me cruzo con alguien que me puede ayudar. Cambian mis planes y acabo en donde tenía que estar porque aparece la persona que necesitaba en ese momento… Todo parece una coincidencia, pero algo en mí sabe que hay algo más allá. Quizá un sentido o un propósito… No hay errores ni coincidencias.


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sábado, 27 de julio de 2019

La trampa de la responsabilidad

Fuente: “Rompe con tu zona de confort” de Gregory Cajina.


Una cosa es dedicar la vida a un gran propósito, que suele estar relacionado con un servicio a otros (sanar enfermedades, enseñar, resolver reclamaciones en una empresa, fundar una ONG, conducir un taxi...) y constituir una de las motivaciones más dignas de alabanza y potentes que hay; y otra bien diferente es sacrificar la propia vida por los demás, empleando a esos demás como excusa.

¿Hasta qué punto una persona se esconde, se escuda, cuando dice hacerse responsable de/por otros, precisamente para no hacerse cargo de su propia vida?

El matiz es sutil. No es fácil de discernir. O admitir.


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lunes, 22 de julio de 2019

Un cocodrilo diferente

Cuento para niños y no tan niños.

"¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que desde hace tanto tiempo venimos enseñando?"
José Saramago. "La flor más grande del mundo".



Fuente: “Cornelio, el cocodrilo diferente” de Roser Ros.

Hoy os hablaré de alguien muy especial, único en su especie: os hablaré de Cornelio. En cuanto nació ya se vio que Cornelio era diferente. Mientras los otros cocodrilos salían del huevo arrastrándose, Cornelio lo hacía caminando con las patas traseras.

—Pero… ¡fíjate en este! —dijo un cocodrilo.

—¿De dónde habrá salido con esos aires? —preguntó otro cocodrilo.

—¡No es un cocodrilo de verdad! —afirmó un tercer cocodrilo.

Pero Cornelio no hacía caso de las habladurías de la gente. Como le gustaba tanto andar con las patas traseras, muy pronto descubrió cosas que los otros cocodrilos, que solo se arrastraban, ni siquiera habían sospechado nunca.

—¡Eh! Mirad lo que hay allí —dijo Cornelio.

—¿Dónde? —le respondió un cocodrilo.

—Si os pusierais de pie sobre las patas traseras lo veríais. ¡Mirad, mirad! —gritaba emocionado Cornelio —¡Veo los peces por encima!

—¡Y a mí qué? — replicaron todos y cada uno de los cocodrilos.

—¡No os lo podéis perder! ¡Qué espectáculo! —exclamó Cornelio.

—Ya ves… ¡Qué más da por encima o por debajo? ¡Ya basta! — dijo un malhumorado cocodrilo.

Cornelio se cansó de vivir con este grupo de cocodrilos y camina que camina, se encontró con un mono.

—¡Hola, mono! ¿Sabes qué? Yo sé andar con las patas traseras. ¿Qué te parece? —le dijo Cornelio.

—¡Bah! Yo puedo andar muy, muy lejos —le contestó el mono—, sé hacer la vertical apoyando la cabeza en el suelo y puedo colgarme con la cola en la rama de un árbol.

—¡Es fantástico! —le dijo Cornelio emocionado—. ¿Podría aprender yo a hacer estas cosas?

—Por supuesto que sí —le dijo el mono—. Si practicas mucho y con mi ayuda…

Cornelio se aplicó mucho en los ejercicios. —¡Ánimo muchacho, lo conseguirás! —le animaba el mono.

Y así, llegó el día en que Cornelio se pudo colgar con la cola en la rama de un árbol… y pudo hacer la vertical… y andar muchos, muchos kilómetros. Entonces Cornelio, tras despedirse del mono, decidió volver cerca de los suyos.

—¡Mirad cómo me aguanto con la cabeza! —les mostró Cornelio.

— ¡Qué locura! ¡A qué viene esto ahora? —le dijo un cocodrilo.

—¡Mirad como me cuelgo con la cola en la rama de un árbol! —les mostró Cornelio.

—¡A Cornelio se le han cruzado los cables! —gritaron los demás cocodrilos.

—¡Creía que con el tiempo habríais cambiado un poco! —les dijo Cornelio muy decepcionado— Me vuelvo a las tierras del mono. Allí me divierto más y aprendo muchas cosas nuevas…

Cornelio aún no se había ido, cuando vio a unos cocodrilos intentando andar con las patas traseras y a otros queriendo hacer la vertical. Mientras se alejaba, no pudo disimular una sonrisa… Estaba claro que la vida en el río ya no volvería a ser la misma de antes.


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miércoles, 17 de julio de 2019

El poder de la gratitud

Fuente: “Soluciones prácticas” de Bernardo Stamateas.


Todos conocemos gente que, a pesar de tener mucho, vive quejándose por lo que le falta. La persona insatisfecha, el autoexigente, siempre mira lo que le falta, y eso le genera una constante sensación de pérdida.

Por otra parte, también hay personas agradecidas por lo que tienen, aunque esto sea poco. No es difícil notar la plenitud y la alegría de quienes integran este segundo grupo. Son personas generosas, que ayudan al que está en necesidad, que ponen a disposición del otro cuanto poseen. Esta es la razón por la que, tarde o temprano, aquello que no tenían y necesitaban llega a sus manos.

Existen dos tipos de gratitud: el acto y la actitud. Dar las gracias como acto obedece a algo específico. Por ejemplo, yo te doy las gracias porque me llamaste en ese momento en el que yo estaba mal. La actitud, en cambio, es más general, es cuando yo le doy gracias a la vida, es decir, tengo una actitud positiva de agradecimiento, de esperanza, por todo lo que la vida me ha dado.

Las dos variantes son poderosas, sobre todo si van juntas, pero, sin embargo, el acto es más fuerte que la actitud.

Para cultivar la gratitud, necesitamos aprender a pararnos desde el lugar de lo que tenemos y no desde el lugar de lo que nos falta, y, desde esa posición, ser agradecidos. Dar las gracias pone el foco en lo que logramos. Todos tenemos motivos para dar gracias cada día. Por ejemplo: si tuvimos que aparcar lejos el coche porque estaba todo lleno, diremos: “Gracias porque tengo coche”. No para resignarnos sino para disfrutar con alegría de lo que ya se tiene.

Los terapeutas Mark Belyebach y Marga Herrero de Vega, proponen en su libro “200 tareas en terapia breve” un ejercicio, denominado “Las tres gracias”, que consiste en identificar, cada día, tres pequeños actos:

- Lo que uno hace hacia el otro. Cuando hacemos el bien, este vuelve a nosotros y, además, nos sentimos útiles.

- Lo que la otra persona ha hecho hacia uno. Muchas veces perdemos de vista que alguien nos ayudó, nos tendió una mano, se interesó por cómo estábamos, por eso es importante que recordemos ser agradecidos con la gente que con un pequeño o gran gesto no hace bien.

- Lo que uno hace hacia sí mismo. Disfrutar de un café, comprarnos algo que queríamos hace mucho, darnos un gusto… son placeres que nos regalamos a nosotros mismos y que nos reconfortan.

Una vez reconocidos estos actos, daremos las gracias por haber recibido ayuda, por ayudar a otros y por habernos ayudado a nosotros mismos a través de pequeños gestos.

Dar las gracias es algo poderoso. Cuando damos gracias por lo que tenemos viene lo que nos falta.


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viernes, 12 de julio de 2019

Otra forma de vivir

El Mediterráneo, el “Mare Nostrum”, nuestro mar… El que ha visto nacer y caer civilizaciones milenarias. El mar, mi mar…, desde el que estoy escribiendo esta entrada, protagoniza este año el anuncio de verano de la cerveza Estrella Damm.


La empresa cervecera, que nos tiene acostumbrados a historias felices, en sus playas idílicas, donde la amistad o el amor son los protagonistas, en esta ocasión ha roto los esquemas. Sigue utilizando su eslogan habitual, “Mediterráneamente”, pero se centra en un llamamiento a la conciencia global sobre la situación medioambiental que sufre debido a los elevados niveles de contaminación. Así es como le pagamos toda la riqueza que nos ha ofrecido y nos ofrece.

El anuncio, cuya idea original es de Oriol Villar, director creativo de Estrella Damm, ha sido realizado por Nacho Gayán y consta de dos partes.

La primera parte del anuncio, titulada “Alma”, trata de concienciar de la necesidad de cuidar y proteger el mar Mediterráneo. Para ello, el corto intenta mostrar la realidad del plástico en el mar y provocar cierta sensación de angustia en el espectador. Está protagonizado por la bailarina canadiense Claire Friesen que, representando el alma del Mediterráneo, interpreta una delicada danza en sus aguas que finaliza con una huida impactante que acaba con la imagen de la joven abandonada en las profundidades marinas. El vídeo concluye con un punzante mensaje: “Si queremos mantener nuestra forma de vivir, ¿no deberíamos proteger aquello que la hace posible?”

Joan Dausà es el autor de la canción “Otra forma de vivir” interpretada en esta primera parte por la cantante María Rodés.

En la segunda parte, titula “Los amantes”, se da voz a cinco asociaciones que luchan por la conservación del Mediterráneo y las especies que lo habitan mostrando el trabajo de voluntarios, los amantes, con nombre y apellidos. Sus historias son reales y todas tienen por objetivo salvar el mar Mediterráneo.

Entre ellos, Txema Brotons, de la Asociación Tursiops, que protege a los cetáceos; Claudia Auladell, de Wildlife Sense, que se dedica a la investigación y protección de las tortugas marinas; Raúl Álvarez, de Ghost Fishing, y Ric Sagarminaga, de Save The Med, que limpian el fondo del mar y las playas; Manu San Félix , de la Asociación Vellmarí, dedicado a la investigación del fondo marino y a la educación para preservarlo.

En este cortometraje se completa la canción de la primera parte y está interpretada por Santi Balmes, Joan Dausà y María Rodés.


Estrella Damm tiene desde hace unos años un compromiso con el medio ambiente y emplea solo energía verde para la producción de su cerveza, potencia los envases reciclables, emplea cartón de bosques gestionados con responsabilidad y se ha propuesto el reto de eliminar las anillas de plástico de sus latas.


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- A veces lo normal puede ser extraordinario (2011). (Incluye anuncios 2009 y 2010) - Cuando amas lo que tienes... (2012) - Todo depende del cómo... (2013). (Incluye campaña de invierno 2013) - Las pequeñas cosas (2016)

domingo, 7 de julio de 2019

Mi propósito

"Si yo cambio, todo cambia" se ha empecinado en hacerse mayor y en pocos días ha cumplido nueve años…

   "People help the people". Birdy.

“Hay muchos tipos de conocimiento, pero hay uno que es mucho más importante que los demás, el conocimiento de cómo aprender a vivir; y ese conocimiento, muchas veces, se menosprecia.”
León Tolstoi



Fuente: “Vivir la vida con sentido” de Víctor Küppers.

En la presentación de este blog comento que en él transmito y comunico, a mi manera, lo que los expertos saben. Así de sencillo. Yo recojo y ordeno sus conceptos e ideas de la mejor forma que sé. No hay nada que yo haya inventado.

Este blog contiene, probablemente, cosas que conoces, sabes y has escuchado o leído en muchos otros sitios, pero soy maestra de escuela y sé que necesitamos, más que nos enseñen, que nos recuerden las cosas.

A veces las ideas tienen que escucharse muchas veces, de distintas formas, en momentos diferentes… Sé que muchas veces es la manera de explicarlas, el orden, a veces es una historia, un cuento… y, de repente, nuestra cabeza hace “click” y ¡lo tiene!

Vamos tan rápido por la vida que no tenemos tiempo de pararnos, de vez en cuando, a reflexionar para darnos cuenta de las cosas, verlo todo con perspectiva, priorizar, relativizar, corregir, coger fuerzas, reponer energías y poner en orden una vida que el entorno ya se encarga de desordenar.

El propósito del blog es ayudarte a reflexionar sobre tu vida, sobre las cosas que funcionan bien y las que deberías cambiar, para que tomes decisiones, para que realices cambios que te hagan ir por el camino que tú quieres recorrer y te lleven a ser mejor persona.

En este blog hay muchas ideas y propuestas, que probablemente ya conozcas, y te preguntarás si sirven para algo. La respuesta la tienes tú. Las buenas ideas no tienen utilidad, salvo que tú decidas llevarlas a la práctica. Solo así sirven, y mucho, para darle sentido a tu vida.

Todos deberíamos, en algunos momentos de nuestra existencia, cuestionar nuestra vida y analizar aquello por lo que nos esforzamos. Si no, viviremos para cumplir los objetivos de los demás, para trabajar y para cumplir obligaciones que no tienen sentido para nosotros. Sobreviviremos, iremos tirando, pero al final sucumbiremos ante el vacío.

Tenemos que aprovechar la vida, no podemos desperdiciarla. Hay que comprometerse. ¡Qué triste es pasar por la vida sin implicarse!

“Si yo cambio, todo cambia” es un blog sencillo y simple como la vida. La vida no es nada fácil, pero sí simple. Lo que ocurre es que nos gusta complicárnosla o que nos la compliquen. El tenis, por ejemplo, es un deporte simple: la pelota tiene que pasar por encima de la red y botar dentro de las líneas que delimitan la pista. Es simple, pero nada fácil…

La vida se resume en tres cosas:

- Decide qué tipo de persona quieres ser y qué tipo de vida quieres tener.

- Lucha por conseguirlo.

- Hazlo con alegría.

Al final, el único objetivo que tiene esta vida es luchar cada día para ser la mejor persona que podemos llegar a ser.

Explicar las cosas de este blog, me resulta sencillo. La dificultad está en la lucha diaria por aplicarlas y ahí yo sigo siendo una principianta…

Espero que este blog te parezca ameno y sencillo de leer y, sobre todo, que te ayude y te parezca útil.




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viernes, 5 de julio de 2019

Preguntas y respuestas para la vida II


Cuando le hicieron estas preguntas a Rumi, maestro espiritual persa del siglo XIII, esto fue lo que respondió:

¿Qué es el veneno?

–Cualquier cosa más allá de lo que necesitamos es veneno. Puede ser el poder, la pereza, la comida, el ego, la ambición, el miedo, la ira o lo que sea…

¿Qué es el miedo?

–La no aceptación de la incertidumbre. Si aceptamos la incertidumbre, se convierte en aventura.

¿Qué es la envidia?

–La no aceptación de la bienaventuranza en el otro. Si lo aceptamos, se torna en inspiración.

¿Qué es la ira?

–La no aceptación de lo que está más allá de nuestro control. Si aceptamos, se convierte en tolerancia.

¿Qué es el odio?

–La no aceptación de las personas como son. Si las aceptamos incondicionalmente, a continuación, se convierte en amor.


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- Preguntas y respuestas para la vida (I)

domingo, 30 de junio de 2019

Diógenes (II)

"El Cínico" (detalle Diógenes) de J. W. Waterhouse (1905)

Este cuento está incluido en el libro “Déjame que te cuente...” de Jorge Bucay

Dicen que Diógenes iba por las calles de Atenas vestido con harapos y durmiendo en los zaguanes.

Cuentan que, una mañana, cuando Diógenes estaba amodorrado todavía en el zaguán de la casa donde había pasado la noche, pasó por aquel lugar un acaudalado terrateniente.

—Buenos días —dijo el caballero.

—Buenos días —contestó Diógenes.

—He tenido una semana muy buena, así que he venido a darte esta bolsa de monedas.

Diógenes lo miró en silencio, sin hacer un movimiento.

—Tómalas. No hay trampa. Son mías y te las doy a ti, que sé que las necesitas más que yo.

—¿Tú tienes más? —preguntó Diógenes.

—Claro que sí —contestó el rico—, muchas más.

—¿Y no te gustaría tener más de las que tienes?

—Si, por supuesto que me gustaría.

—Entonces guárdate estas monedas, porque tú las necesitas más que yo.

—Pero tú también tienes que comer, y eso requiere dinero.

—Ya tengo una moneda —y la mostró—, y me bastará para un tazón de trigo hoy por la mañana y, quizás, algunas naranjas.

—Estoy de acuerdo. Pero también tendrás que comer mañana, y pasado mañana, y al día siguiente. ¿De dónde sacarás el dinero mañana?

—Si tú me aseguras, sin temor a equivocarte, que viviré hasta mañana, entonces quizá tome tus monedas…


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miércoles, 26 de junio de 2019

Aprender a decir "no"


Fuente: “Soluciones prácticas” de Bernardo Stamateas.

En todos los ambientes se establecen límites, normas, que debemos obedecer y respetar. Los límites son una frontera, una línea invisible que nos permite marcar la diferencia entre quiénes somos nosotros y quién es el otro. Fijar límites es una de las características de las personas emocionalmente sanas y son un signo de salud emocional y espiritual.

La gente cada vez se entromete más, se inmiscuye en la vida de los otros porque, como no tiene límites, tampoco respeta los de los demás.

La ausencia de límites es la razón por la que existe tanto abuso hacia el otro: intolerancia, falta de respeto, atropello, ira, arrebatos, maltratos… Nuestra sociedad no respeta los límites, ya sean físicos, emocionales, de jerarquía o impuestos de manera externa. La gente no tolera ningún límite y esta es la razón por la que cada vez se van formando más personas con características psicopáticas.

Necesitamos aprender a poner límites, pero, para poder poner límites al otro, primero debo establecerlos a mí mismo. Saber qué voy a permitir y qué no voy a aceptar.

Una de las tareas más importantes que necesitamos llevar a cabo para que el otro no invada nuestros límites es desarrollar la capacidad de decir “no”. Existen personas que no están habituadas a hacerlo. Consideran que, si dicen que no a algo, a una petición, a un reclamo o a un favor, perderán el afecto y el reconocimiento del otro. El hecho es que, al no poder expresar que no queremos o no podemos involucrarnos en esa demanda, podemos ser presa fáciles de los manipuladores. Alguien que no puede decir que no, es candidato a las actitudes abusivas del otro.

Es imposible quedar bien con todo el mundo siempre y en toda situación. Un “no” que le decimos a alguien (“no sé”, “no puedo”, “no tengo”) nos permite ponerle un límite a la omnipotencia. Todos somos capaces de hacer ciertas cosas y otras, no. Nadie lo puede todo. Poner límites a través de un “no” no solo va dirigido al otro, sino además a uno mismo. Quienes no se animan a decirles que no a los demás suelen esconder temor al enfado o el rechazo ajeno. Decir siempre que sí y estar disponibles las veinticuatro horas nos convierte en posibles objetos de atropello o despotismo.

Para lograr un equilibrio emocional, necesitamos combinar nuestros “sí” con algunos “no”. Tenemos derecho a decir “sí” y a decir “no”. Lo primero que tienes que recordar es que el otro tiene derecho a pedir, claro que sí, pero tú tienes derecho a decir “no”.


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jueves, 20 de junio de 2019

Deberes de vida


Hace un año, Manuel Gordillo, “el profe Manolo”, un maestro andaluz (de Córdoba) causó sensación con la peculiar lista de deberes para el verano que mandó a sus alumnos/as de 3º de Primaria del colegio público “Beatriz Galindo” de Bollullos de la Mitación (Sevilla). La lista de deberes se hizo viral al subirla una madre (María Carmona) a Facebook.

Se trata de una lista de cuarenta y cinco tareas de las que deben cumplirse, al menos, la mitad. Muchas son, sin que los niños/as se den cuenta, una oportunidad maravillosa para continuar aprendiendo. “El profe” no olvida la diversión, la cultura, los amigos/as, la familia, las tareas domésticas ni los objetivos más importantes: que los niños y niñas construyan unos cimientos emocionales fuertes, que se quieran, se acepten y cuiden, tengan empatía y aprendan de sus errores.

DEBERES PARA EL VERANO

* Hay que cumplir, al menos, la mitad de la lista.

1. Ver amanecer.
2. Aprender a jugar a un juego de mesa o de carta que desconocías.
3. Llamar o mandarle un mensaje a tres compañeros/as de clase.
4. Ver una película en familia.
5. Hacer limonada casera y tomarla bien fresquita.
6. Mirar las estrellas un buen rato.
7. Hacer helados o polos caseros.
8. Cuidar una planta.
9. Comer una fruta o verdura recién cogida.
10. Acostarse una noche muy tarde.
11. Tirarte a la piscina y salpicar todo lo que puedas.
12. Hacer un picnic en la playa o en el campo.
13. Hacer un collar o una pulsera para ti.
14. Ver fuegos artificiales.
15. Visitar un museo o una exposición.
16. Diviértete con globos de agua.
17. Visitar una ciudad o un pueblo que no conozcas.
18. Mirar las nubes y ponerles forma.
19. Disfruta de tus amigos/as y familiares.
20. Haz deporte, canta, baila y juega.
21. Quiérete, cree en ti y cuídate.
22. Disfrázate.
23. Caminar un buen rato sin zapatos.
24. Construir un castillo de arena legendario.
25. Hacer una ruta en bici o patinando.
26. Escribir y mandar una postal.
27. Recoger conchas en la playa.
28. No tirar nunca nada de basura al suelo, en la playa o en el campo.
29. Leer dos libros y algunos comics.
30. Aprender a cocinar algún plato, con algún adulto.
31. Lanzarte por un tobogán en el que nunca habías estado.
32. Aprender a hacer algo nuevo.
33. Comer brochetas de fruta.
34. Reírte hasta que te duelan las mejillas.
35. Dar todos los días al menos tres abrazos.
36. Pintar y decorar piedras.
37. Visitar una biblioteca.
38. Escribir una historia o un cuento.
39. Aprender tres chistes nuevos.
40. Ver una puesta de sol.
41. Construye una cabaña o un fuerte.
42. Decir te quiero mirando a los ojos.
43. Vuela una cometa.
44. Ocuparse de al menos dos tareas del hogar.
45. Hacer al menos dos amigos/as nuevos.

Este año, Manolo ha querido recoger su larga lista de tareas en un libro titulado "Deberes de vida".


Yo me comprometo este verano a cumplir, al menos, la mitad de esta lista de deberes.


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domingo, 16 de junio de 2019

Buen viaje y hasta luego


   "Intermezzo from cavalleria rusticana". Pietro Mascagni.

Los días en los que la luna acaricia mi ventana, súbitamente me despertáis. Su luz es vuestro abrazo. Emocionada, la contemplo por unos instantes y una paz infinita me devuelve al sueño.


Fuente: “El libro de los quizás” de Fran Russo.

Una de las cosas que más condicionan nuestra vida son las pérdidas de los seres queridos. No es cuestión de olvidar porque siempre formarán parte de nuestra vida. Lo importante es que no se conviertan en un recuerdo corrosivo que nos destruya y nos aleje de nuestro propósito, de nuestro camino. Debemos aprender a aceptar todo lo que nos sucede y ser responsables de nuestra vida.

La muerte no es más que un paso. Aunque ese paso fuera doloroso, lleno de injusticia y falto de sentido, no podemos juzgar ni tratar de entender todo. Sí podemos intuir que hay motivos detrás de todo lo que sucede. Que no podamos entender los motivos, ni asimilarlos, no significa que tengamos que negar esta realidad.

Nuestro dolor nos impide comprenderlo y aceptarlo. El dolor, al igual que el alcohol, es un velo que nos impide pensar y sentir con normalidad, ser quienes en verdad somos y actuar como deberíamos actuar.

Por supuesto, el duelo es comprensible y necesario. Somos seres emocionales y necesitamos encauzar el dolor, pero un duelo demasiado prolongado es un autocastigo que jamás desea la persona que se marcha. Si pudiéramos escuchar a esos seres que se van, oiríamos sus ruegos de que dejemos de llorar por ellos, que están bien, mucho mejor que nosotros.

Es momento de ir aprendiendo esta lección y no ser nosotros parte del problema para alguien que se marcha, atándolo a esta realidad en vez de dejarle ir. Nada ayuda nuestro llanto a esa persona una vez que se ha ido. A nivel espiritual, nuestro llanto ata a esa persona a este mundo en vez de dejarle libre y eso no es bueno. Debemos librarles de nuestras ataduras emocionales. Si aceptamos que ya no están y que por alguna razón su camino estaba fuera de este plano físico, le estamos enviando mucha luz, le enviamos un “buen viaje”, un “hasta luego” con todo nuestro corazón.

Esos seres que perdemos, nos alientan desde el otro lado a que sigamos adelante y nos aman con un amor tan puro que nosotros no podemos comprender. Si dejásemos atrás los velos del dolor llegaríamos a sentir ese amor, ese impulso que nos dan y su abrazo.

Recuerda que tú elegiste vivir esa experiencia y lo que crees una desgracia fue un pacto de amor que trasciende la vida y la muerte porque los lazos de amor verdadero jamás se romperán ni se desvirtuarán. Lo creas o no, lo comprendas o no, es así. Tarde o temprano, todos, absolutamente todos, lo comprobaremos. Reflexiónalo. No es fácil, pero reflexiónalo.


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miércoles, 12 de junio de 2019

La voz de las emociones

Fuente: “Soluciones prácticas” de Bernardo Stamateas .


Las emociones son voces que nos indican algo. El miedo es una voz que nos dice que existe un peligro. La tristeza es una voz que nos muestra una pérdida que tenemos que soltar. El enfado es una voz que nos anuncia que hay una piedra en el camino y necesitamos apartarla. La culpa es una voz que expresa que hay algo que reparar en nuestra vida.

Es importante reconocer nuestras emociones. No debemos negarlas ni taparlas. Aceptar lo que sentimos, que no es ni bueno ni malo, simplemente es. Una vez que podemos identificar una emoción, somos capaces de expresarla, de ponerla en palabras, de decirla.

Nos curamos hablando. Y, como contrapartida, lo que la boca calla el cuerpo lo expresa. Cuando desarrollamos el hábito de acumular emociones negativas, nuestro cuerpo, que es muy sabio, procurará siempre encontrar la manera de liberarlas. Nuestro organismo tiene sus propias “válvulas de escape” para hacer salir las emociones. Por lo general, lo hace por medio de la explosión. Aquel que grita, golpea o rompe, no está liberando la tensión de modo saludable. Otra válvula no saludable a la que nuestro cuerpo puede recurrir es una enfermedad. Así es como se genera el estrés que los expertos consideran “la plataforma emocional de diversas enfermedades”. El síntoma (gastritis, dolores articulares, excesivo cansancio) es la señal que el cuerpo envía para advertir que es preciso liberar la tensión acumulada.

A veces, no resulta fácil poner en palabras nuestras emociones ya que, por ejemplo, en una situación de violencia, muchas veces lo más prudente es huir, es decir, permanecer callado.

Necesitamos manifestar las emociones no expresadas porque, si no lo hacemos, se quedarán encapsuladas en nuestro cuerpo. Tragarnos las emociones, en lugar de ponerlas en palabras nos enferma, pero solamente hablar no es suficiente. Moverse (caminar o correr), bailar, nadar o cualquier otra actividad física de nuestra preferencia es altamente terapéutico, pues nos brinda la posibilidad de gastar energía física, activar nuestra masa muscular y eliminar el estrés acumulado.

Hay ejercicios que, a través de la expresión, nos permiten sacar lo que está guardado. Son, por tanto, actos sanadores.

El llamado “La silla vacía” consiste en poner una silla vacía delante de nosotros, imaginándonos que tenemos enfrente a esa persona o esa situación que nos produjeron emociones negativas. Expresaremos todo lo que no fuimos capaz de decir. Puede ser hablando, gritando o fluyendo en lo que surja. Lo importante es que verbalicemos todo. La silla, en realidad, no está vacía, pues en ella proyectamos nuestras fantasías y nuestras situaciones difíciles.

Escribir es también un proceso que ayuda a que la persona pueda descargar emociones, sentimientos e ideas. Además, la mano va más lenta que la mente y eso nos permite ordenar mientras escribimos todo aquello que sentimos. El ejercicio denominado “Escribir, leer, romper” consiste en escribir en un cuaderno pensando en esa vivencia guardada en nuestro corazón que no pudimos expresar en su momento. Podemos escribir todo lo que sentimos. Si tenemos una persona de confianza a la que nos gustaría contarle lo que hemos escrito, podemos leérselo. Esa persona solo debe escuchar sin emitir juicio, ni opinión, ni comentario. Si no queremos leérselo a nadie, en un lugar donde estemos solos, lo leemos en voz alta. En cualquier caso, luego debemos romperlo. Con este ejercicio escribimos lo que nos atormenta, lo verbalizamos y romperlo es un símbolo, no de que ya superamos el suceso, sino de que pudimos liberarnos de aquello que nos tenía aprisionados, sacarlo hacia fuera y quitarle su poder.

En muchas ocasiones he comentado que este blog me ayuda a gestionar mi equilibrio emocional porque cuando describo mi experiencia emocional por medio del lenguaje, se elimina mucha de la negatividad que pudiera contener. Por otro lado, llevo toda la vida practicando el ejercicio de la silla vacía, pero sin silla. Sola, cuando nadie me ve, segura en mi ambiente, “echo” fuera todas mis emociones negativas. Y cuando termino… ¡me quedo como nueva!


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viernes, 7 de junio de 2019

Tú decides

Esta historia está incluida en el libro “Soluciones prácticas” de Bernardo Stamateas.


Hace un tiempo fui a comprar un libro. Era una obra costosa que necesitaba para la universidad.

—Necesito este libro —le dije al vendedor.

—Uy, ¡ese libro es carísimo! —me respondió el muchacho.

—Sí, lo sé, pero lo necesito para un trabajo de investigación de la facultad.

—Mire, le he traído este —dijo, al tiempo que me mostraba un libro pequeño, un resumen de la obra original—. ¡Es mucho más económico!

—No, quiero el grande aunque sea caro —contesté.

—Este le va a servir. Le conviene porque va a ahorrar mucho dinero —insistió.

—No, no quiero este. Por favor, tráeme el libro grande —repetí una vez más.

El vendedor intentaba decidir por mí. Esto, lamentablemente, es algo cotidiano.

Cuando alguien decide por nosotros nos está invadiendo porque nadie debe tomar decisiones en nuestro lugar. Nos equivoquemos o no, las decisiones deben ser nuestras. El límite los marcamos nosotros.


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domingo, 2 de junio de 2019

El verdadero éxito

Fuente: “Tus tres superpoderes” de Mario Alonso Puig.


Cuando buscamos el éxito movidos por las pulsiones del ego, hacemos y hacemos para tener poder, fama y fortuna, y así ser alguien importante. Lo que deseamos es brillar y nos servimos de los demás para conseguir nuestros fines.

Cuando lo que buscamos es crecer y evolucionar para mejorar el mundo en el que vivimos, aunque sea un poco, se produce una transformación fundamental en nuestra forma de ser y de estar en el mundo. Es desde esta transformación interior desde donde empezamos a iluminar, a irradiar algo diferente con nuestros nuevos pensamientos, sentimientos, palabras y acciones. En lugar de servirnos de los demás, buscamos ayudarles a salir adelante y a alcanzar su plenitud. Lo que sale de nosotros, por salir no ahora del ego, sino del Ser, tiene un impacto radicalmente diferente en los demás, los cuales se sienten afectados a un nivel profundo sin entender de qué manera esto está sucediendo. Muchas personas comienzan a sentirse atraídas hacia nosotros como los beduinos se sienten atraídos por los oasis en los desiertos.


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