Nunca antes en la historia de lo que consideramos el primer mundo, los niños y niñas tuvieron más recursos que en la actualidad. Los padres se desviven por procurarles todo lo que necesitan y más..., especialmente cuando disponen de poco tiempo y para mitigar el sentimiento de culpabilidad, regalan a sus hijos videoconsolas que cuestan una fortuna y que los tienen hipnotizados durante horas, ropa de marca, extraescolares que reducen aún más el tiempo que pasan con ellos… Sin embargo, nada de esto los convertirá en adultos felices y confiados.
En esta entrada veremos algunas claves que nos permitirán dar a nuestros hijos el regalo más valioso del mundo: confianza en ellos mismos y en su futuro, amor propio y relaciones sanas con los demás, es decir, autoestima.
- TiempoMuchos padres “modernos” hablan de “tiempo de calidad” y con ello se refieren a que una hora bien empleada con el niño, vale por tres de atención más ligera. Lamentablemente, los niños no lo ven así y, tal vez, en esa hora que le “sobra” al adulto no quieran, por ejemplo, contar aquello que les preocupa.
Para que pueda establecerse una relación de confianza, el ingrediente principal es uno solo: tiempo. De calidad, pero también en cantidad, para que los niños no se sientan solos o desatendidos.
- Amor incondicional y afecto“Incondicional” no significa que los padres tengan que tolerarlo todo, admitirlo todo y criar a un niño consentido, sino amar al niño por lo que es y como es, sin condiciones ni deseando que sea quien no es.
A menudo, el problema de la autoestima en los niños viene de que queremos que nuestros hijos sean aquello que no son. Se produce un rechazo a su verdadera naturaleza y, para adaptarse, sacrifican lo que son. De aquí nacen muchos problemas que pueden condicionarlos en la edad adulta.
Comparar es no aceptar. Es poner otro modelo, negando la esencia y los valores de la propia persona. Cada niño es un universo en sí mismo y nuestro hijo o hija es incomparable. Los padres que comparan a un niño con un hermano mayor o con el primo o con un niño de la escuela… están dañando la autoestima del pequeño.
El niño que se siente reconocido y aceptado lo tendrá más fácil para gozar de una autoestima saludable. Para ello, los padres necesitan tener una mirada apreciativa respecto al niño y si muestra unas habilidades determinadas, potenciar esas virtudes.
Además de querer a los hijos, cosa que hacen la inmensa mayoría de los padres, la expresión de ese afecto es fundamental. Hemos de criar a nuestros hijos con besos y abrazos y demostrarles cariño de manera real.
- Efecto Pigmalión positivoLa autoestima se forja a través de los mensajes que los padres dirigen a sus hijos. Frases del tipo “eres como tu tío”, cuando tienen una intención despectiva, “eres sucio”, “eres dejado”, “eres muy tímido”… se convierten en una profecía de autocumplimiento. Al ser etiquetados de forma negativa, los niños tienden a confirmar las expectativas que se tienen de ellos. Es el denominado efecto Pigmalión. Mucho fracaso escolar o casos de introversión graves tienen su origen en esta visión de los padres que les pesa como una losa.
Por supuesto, el efecto Pigmalión puede ser positivo si lo que transmitimos a los niños es confianza plena en sus capacidades.
- Enseñar con el ejemploPara que los niños aprendan una conducta adecuada, necesitan que se la mostremos a partir de lo que nosotros hacemos. Es muy importante saber que somos espejos enfrente de otros espejos y el niño integrará la autoestima que observe en su entorno. Por eso, sea cual sea la situación de los padres de un niño, siempre deben mostrarse respeto entre ellos.
Los padres tienen que ayudar a experimentar a los niños y permitir que se arriesguen, porque no hay nada más frustrante que escuchar: “No hagas esto, que no sabes o no puedes”. Hay que tomar las precauciones necesarias, pero con la supervisión de los adultos los niños pueden hacer muchas cosas (cocinar, cortar del césped…)
Del mismo modo que les reconoceremos cuando hagan bien las cosas, les diremos cuándo las pueden hacer mejor. Lo esencial es reforzar en los niños el sentimiento de que son capaces y si no están haciendo algo bien, explicarles cómo hacerlo correctamente.
- Reconocimiento y admiraciónReconocer con palabras y agradecer a los niños, por ejemplo, cuando acaban un libro o nos ayudan a poner y quitar la mesa…, es fundamental para la autoestima. Si además expresamos nuestra gratitud cuando hay alguien alrededor, como un amigo o familiar, el refuerzo será todavía más grande.
Estas “pequeñas victorias” o logros, además de reforzar la autoestima, pueden ayudarles a seguir adelante cuando, en momentos de “bajón” las recordemos: “¿Recuerdas cuando ganaste aquel partido?” “¿Recuerdas cuando decías que no podrías aprobar aquel examen y lo hiciste?” “¿Recuerdas cuando me ayudaste a pintar la valla del jardín?”
La autoestima de una persona crece si se siente respetada y admirada, pero no con una admiración gratuita. Hay padres que no les dicen a los niños lo que hacen mal y pueden acabar creando un niño consentido y un adulto narcisista. Al igual que hay atrofia de autoestima, también existe la hipertrofia. Aquellos padres que miman en exceso a sus hijos, que les dicen que son maravillosos y que lo hacen todo bien, acaban por crear monstruos.
Hemos de valorar objetivamente las cualidades, el esfuerzo y realizaciones de los niños y educarlos para que valoren esas mismas cosas en los demás.
- Creer en sus posibilidadesPara que los niños tengan una buena autoestima hemos de creer en sus posibilidades de transformarse.
Las personas que han nutrido su autoestima son resilientes, no caen en la crítica excesiva ni en la conmiseración, sino que trabajan en los hábitos y en el pensamiento positivo y transformador.
Una autoestima bien forjada da lugar a personas equilibradas: responsables, con valor y propósito, humildes, con capacidad de diálogo y voluntad de cooperar. No hay mejor tesoro que podamos brindar a nuestros hijos.
- Comprar a un hijo
- Educar en responsabilidad
- El exceso de protección a los hijos e hijas
- Enseñar con el ejemplo
- La necesidad de sentirse querido
