Un relato popular contemporáneo cuenta que un antropólogo acudió a un anciano hopi para grabar algunas de sus canciones. El anciano lo llevó al borde de un precipicio y cantó una melodía. Mientras grababa, el antropólogo tomaba notas y después le preguntó:
―¿De qué va esta canción?
El anciano respondió:
―Explica cómo las nubes atraviesan el desierto y consiguen descargar en nuestros huertos y jardines y crece la comida para nuestros hijos.
El anciano cantó otra canción, y el antropólogo le preguntó:
―¿Y esta, de qué va?
Y el otro le dijo:
―Esta es sobre mi mujer, cuando va a la sagrada fuente para recoger agua y preparar la comida para nosotros, y medicinas, porque sin esta sagrada fuente no viviríamos mucho tiempo.
Así pasaron toda la tarde. Cada vez que el anciano cantaba una canción el antropólogo preguntaba “¿y esta de qué habla?”. Y él se lo explicaba: es sobre tal o cual cosa, un río, la lluvia, el agua.
Al antropólogo le surgió una nueva pregunta:
―¿Ustedes solo cantan sobre el agua?
Y el anciano explicó:
―Sí. Durante miles de años hemos aprendido a vivir aquí. Es debido a su escasez que esta agua es tan importante para nuestras familias, nuestra gente, nuestras naciones, que la mayoría de nuestras canciones hablan de esta necesidad principal. Y, oiga, he podido escuchar muchas canciones de la música americana moderna, y parece que la mayoría hablan de amor ¿Por qué? ¿Es porque no tienen mucho?
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