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miércoles, 14 de octubre de 2026

La ecuanimidad (II)

Imagen realizada con las ilustraciones de “geralt” y “Edurs34” en Pixabay.

Las siguientes reflexiones sobre la ecuanimidad, nos muestran cómo puede ayudarnos a despertar el cuento “El anillo del rey”. Si no lo conocéis o queréis recordarlo, podéis leerlo en este blog siguiendo el enlace.

Fuente: “Cuentos zen para el despertar” de Javier Gutiérrez Ornelas.

Nada es para siempre

La ecuanimidad es la capacidad de mantener la calma y la igualdad de ánimo ante las diferentes situaciones de la vida, ya sean positivas o negativas.

La ecuanimidad es una de las mayores fortalezas que un ser humano puede desarrollar. Se caracteriza por un equilibrio mental y emocional, sin apego ni aversión hacia las experiencias agradables o desagradables. La habilidad de mantenernos en nuestro centro en medio de la adversidad o la fortuna es totalmente liberadora y permite aceptar las diferentes situaciones de la vida con serenidad.

Esta fortaleza debe entrenarse, pues las personas tenemos la tendencia natural a fusionarnos cognitiva y emocionalmente con cada experiencia, lo que nos provoca vivir como yoyós: cuando las cosas van bien, subimos, cuando las cosas van mal, bajamos. Dejarnos llevar o arrastrar por los altibajos de la vida es muy desgastante.

Cuando estamos en medio de una situación adversa, solemos resistirnos a la realidad y caemos en procesos de aversión que nos llevan al sufrimiento y cuando estamos en medio de una experiencia agradable caemos en procesos de apego, que también nos llevan al sufrimiento. De esta manera, vivimos con miedo a perder lo que disfrutamos y miedo a vivir lo que nos desagrada garantizando, así, el sufrimiento.

Solemos tener las miras muy cortas y olvidamos que todo, absolutamente todo, pasa y nada es para siempre. Es de vital importancia recordar, en el momento mismo en que estamos viviendo una experiencia, que “eso también pasará”, no para dejar de disfrutarla cuando es agradable, sino, al contrario, para valorarla y disfrutarla aún más considerando que es fugaz y pasajera; o, cuando estamos viviendo un revés, no para evadir dicha experiencia o minimizarla, sino para darle su justa medida, para no ahogarnos en un vaso de agua y verla tal y como es.

La ecuanimidad es una capacidad que todos podemos adquirir y así poder desapegarnos de cada experiencia para verla con una más amplia perspectiva. Cuando viertes tinta china con un gotero en un vaso de agua, esta de torna negra, pero, si viertes esa misma cantidad en un cubo grande, el agua sigue tan transparente como antes. De la misma manera, la ecuanimidad diluye nuestros problemas y cuando consideramos la frase “esto también pasará”, nuestra mente, estrecha como un vaso de agua, se dilata tanto o más que un cubo y la situación se gestiona de una manera más amable y llevadera.

Desarrollar la profunda visión de “esto también pasará”, nos proporciona una energía y una visión tan amplia y poderosa que podemos actuar ante cada experiencia de formas nuevas y resilientes para poder salir de ellas íntegros e incluso fortalecidos.