Paulo Coelho publicó algunas historias sacadas del “Verba Seniorum” (Palabras de los Ancianos) o “Apophthegmata Patrum” (Dichos de los Padres), colección de sentencias, anécdotas y preceptos atribuidos a los Padres del Desierto y que transmiten la sabiduría ascética, espiritual y de convivencia de los primeros ermitaños cristianos. Estos textos se encuentran integrados en la gran recopilación conocida como “Vitae Patrum” (Vidas de los Padres).
Fuente: Estos cuentos están incluidos en “Cuentos seleccionados” de Paulo Cohelo y en “Más historias de los Padres del Desierto” en “La Prensa” Panamá.La manera de agradar al Señor
Cierto novicio fue en busca del abad Macario y le pidió consejo sobre la mejor manera de agradar al Señor.
—Ve hasta el cementerio e insulta a los muertos —le dijo Macario.
El hermano hizo lo que le ordenaban, y al día siguiente volvió a Macario.
—¿Te respondieron? —preguntó el abad.
El novicio dijo que no.
—Entonces vuelve allá y elógialos.
El novicio obedeció. Aquella misma tarde volvió al abad, que de nuevo quiso saber si los muertos habían respondido.
—No —dijo el novicio.
—Para agradar al Señor, actúa de la misma manera —comentó Macario—. No cuentes ni con el desprecio de los hombres ni con sus halagos. De esta manera podrás construir tu propio camino.
Hacer nuestra parte
El muchacho cruzó el desierto y, finalmente, llegó al monasterio de Esceta. Allí pidió permiso para asistir a una de los sermones del abad, permiso que le fue concedido.
Aquella tarde, el abad discurrió sobre la necesidad de meditar utilizando la imagen del Sagrado Corazón. A continuación, habló de la importancia del silencio. Finalmente, cuando terminó el sermón, pidió al muchacho recién llegado que ayudara en la construcción de un camino hasta una aldea cercana al monasterio.
—¿Por qué? —preguntó el muchacho—. A fin de cuentas, lo importante es rezar.
—Rezar es muy importante —dijo el abad—, pero rezarás aún mejor si con tus manos consigues descubrir un modo de comunicarte con tu vecino.
El trabajo en la labranza
El muchacho cruzó el desierto y llegó finalmente al monasterio de Esceta, cerca de Alejandría. Allí pidió para asistir a una de las conferencias del abad, y le dieron permiso.
Aquella tarde el abad disertó sobre la importancia del trabajo en la labranza.
Al terminar, el chico dijo a uno de los monjes:
—Estoy muy impresionado. Pensé que iba a encontrar un sermón iluminado sobre las virtudes y los pecados, y el abad solo habló de tomates, irrigación y cosas así. Allí de donde yo vengo todos creen que Dios es misericordia y que basta rezar.
El monje sonrió y respondió:
—Aquí nosotros creemos que Dios ya hizo su parte y ahora nos corresponde a nosotros continuar el proceso.
- El apego
- El esclavo
- Las mulas
- Relatos de los Padres del Desierto (I)
- Relatos de los Padres del Desierto (II)
