Página de inicio │ Presentación │ Frases y citas para el cambio │ Con una boca prestada │ Libro de visitas

ÍNDICES POR TEMAS O ETIQUETAS

Cuentos e historias para despertar │ Redescubrimiento personal │ Reflexiones │ Algo personal │ Pequeños grandes mensajes │ Un mismo sentir │ Educación y escuela │ El espíritu de la Navidad │ Natural_mente │ Pausa publicitaria │ Así es mi Tierra │ Con mucho arte │ Algo para recordar │ La historia más grande jamás contada.

viernes, 9 de octubre de 2026

Cuento de las flores mustias

Cuento para niños y no tan niños.

Imagen realizada con ilustraciones y vectores de Vecteezy, Freepik y PNGWing.

Fuente: “Cuentos de intriga de la hormiga Miga” de Emili Teixidor.

«En una ocasión las flores se pusieron enfermas. No les faltaba agua, ni aire, ni sol, pero de repente se empezaron a mustiar, luego empezaron a perder el color, después se les cayeron algunos pétalos y muchas hojas…, de tal manera que parecían hallarse en peligro de muerte.

—Están enfermas porque están tristes —dijo el poeta oficial de la nación—, y están tristes porque nadie les habla.

Entonces el gobierno organizó escuadrones de poetas para que se pasaran el día en parques y jardines, prados y bosques, y leyeran sus más delicados poemas a las flores.

¡Oh flor hermosa
cual bella rosa…!

Los poetas se pasaban el día recitando poemas delicadísimos a las flores.

¡Oh violeta
bella y coqueta…!

Pero las flores, al escuchar la lectura de esos poemas y otros parecidos, se ponían todavía más tristes, mustias y descoloridas.

—No acierto a adivinar qué necesitan para reanimarse… —exclamó el poeta oficial de la nación.

Y un cardo borriquero, que es de las plantas más resistentes junto a los cactos, porque almacenan humedades, aleja a los curiosos con sus pinchos y solo da flores de color púrpura de vez en cuando, o sea cuando le apetece, dijo con un hilillo de voz porque se había quedado como un saco vacío:

—¡Aunque las plantas tengamos las flores en el aire mirando al cielo, tenemos las raíces en la tierra y necesitamos también abono, algo de estiércol para alimentar la belleza de las flores y hacerles subir los colores a la cara! No todo el monte es orégano.

Y, entonces, llegaron jardineros robustos que abonaron la tierra de las flores mientras cantaban canciones divertidas, improvisadas y alegres como la que dice:

Fango, barro y basura
hacen la flor más pura.
Basura, fango y barro
las libran del catarro.
Barro, basura y fango
y a bailar el fandango.
Para que la flor no se pierda
hay que abonarla con… 💩

Y todas las flores se pusieron alegres y recobraron la lozanía y los colores».