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miércoles, 28 de febrero de 2018

Lo que no podemos cambiar

Fuente: “365 ideas para cambiar tu vida” de Francesc Miralles.


Ya los sabios de la antigüedad aconsejaban que no nos preocupáramos por aquello que no tiene solución. Bastará con que nos ocupemos de aquello que está en nuestra mano cambiar.

Sobre lo que escapa de nuestro control, Thomas Lane Butts hace las siguientes reflexiones:

“Hay problemas en la vida que están fuera de nuestro alcance porque no tienen que ver con nosotros.

Las personas que amamos a veces tienen problemas que no podemos solucionar, aun cuando recurran a nosotros y reclamen nuestra ayuda. Dado que cambiar actitudes depende de uno mismo, desde fuera podemos guiar y aconsejar, pero no hacer el trabajo que corresponde al otro.

Sí podemos rectificar, en cambio, aquello que no nos gusta de nosotros. Si sentimos ira, frustración, odio o cualquier otro sentimiento negativo, podemos revertir estas emociones. Nadie más puede hacerlo por nosotros.”


Por lo tanto, el primer paso para no malgastar energía inútilmente es dejar de buscar la paja en el ojo ajeno y no pretender que las personas de nuestro entorno se comporten de una manera distinta a como son.

Los problemas personales de los demás entran en la esfera de lo que no podemos controlar, lo cual no significa que debamos negarle nuestra ayuda y consejo. Se trata más bien de suspender las expectativas sobre nuestra capacidad de cambiar a los demás.


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viernes, 23 de febrero de 2018

El ciego y la lámpara

Cuento tradicional zen.


Cuando un ciego se despedía de su amigo, éste le dio una lámpara.

—Yo no preciso de la lámpara, pues para mí, claridad u oscuridad no tienen diferencia —dijo el ciego.

—Cierto es —dijo su amigo—, pero si no la llevas tal vez otras personas tropiecen contigo.

—De acuerdo —repuso el ciego.

Tras caminar un rato en la oscuridad, el ciego tropezó con alguien.

—¡Uy! —gritó el ciego.

—¡Ay! —gritó el otro.

—¿Es que no has visto la lámpara? —preguntó enojado el ciego, a lo que el otro respondió:

—¡Amigo! Tu lámpara está apagada.

A veces, como al ciego, nos prestan una lámpara para que otros se sirvan de su luz. Caminamos creyendo firmemente que nuestra lámpara ilumina a los demás, pero ni siquiera somos capaces de percibir si está encendida o apagada.


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domingo, 18 de febrero de 2018

Las costuras del alma

José Luis Figuereo Franco, más conocido como El Barrio, es un cantautor español nacido en Cádiz (1970). En su estilo musical, único, se mezclan componentes del pop, del flamenco y del rock andaluz de los años 70 y 80. Desde que iniciara su carrera en el año 1996, ha editado doce discos y es uno de los artistas más exitosos del panorama musical español.

El octubre de 2017 se publicó su álbum “Las Costuras del Alma”. En él, El Barrio, metido en la piel de un viejo sastre de corazones, nos cuenta bellas historias.


   “Las costuras del alma”. El Barrio.


¿Quién puede describir cómo se siente el alma cuando alguien se va y desgarra tu recuerdo?

¿Sería, quizás, como cambiar un pleno día de sol por una madrugada; un día de verano por uno de invierno; una alegre bulería por una soleá?

¿Qué ocurre cuando la ilusión ha sido cosa de dos y te quedas solo con lo puesto?

¿Puede remendarse el alma cuando la soledad la parte en pedazos?

¿Puede un sombrero cobijarte bajo sus alas en los fríos meses de enero?

¿Cómo se puede desvestir el cansado traje de la soledad?

Cuando ya no sientes nada, falta la luz en tu mirada y la voz de tu interior se calla… ¿Cómo aliviar el dolor del alma?


miércoles, 14 de febrero de 2018

LLevar una máscara

Hoy, Miércoles de Ceniza, en muchos lugares de España tiene lugar el llamado “Entierro de la sardina” que anuncia el fin del Carnaval. En él se entierra simbólicamente al pasado, a lo socialmente establecido, para renacer con mayor fuerza y que surja una nueva sociedad transformada.

Hoy os propongo la lectura de un cuento, aparentemente infantil, del escritor cubano Enrique Pérez Díaz que se titula "La máscara de las brujas" y está incluido en el libro “Entre brujas vuela el cuento” que reúne nueve historias escritas por Enrique Pérez Díaz, Iliana Prieto Jiménez y María Aguiar Fons.

Tal vez, hoy sea un día adecuado para empezar a quitarnos la máscara…



Cuento para niños y no tan niños.

« Érase una brujita fea, muy fea, tan fea feúcha feota feísima que hasta ella misma se asustaba de verse. Los niños la temían mucho y daban gritos cuando pasaba frente a sus casas, y cualquier persona, al tenerla cerca, elegantemente se cubría la cara para no tropezar con su fealdad.

Ver a las otras brujas, que se pavoneaban por el reino luciendo sus mejores galas, le hacía suspirar de ansiedad y esperanza. Eran célebres. Asistían a numerosos aquelarres. Tenían excelentes relaciones con príncipes y reyes. Siempre se las tomaba en cuenta para los asuntos más importantes. Definitivamente, vivían muy felices.

Mas esta brujita era como si no existiera para las demás. A veces creía ser invisible o una sombra. Pero siempre, por más que tratara de consolarse, volvía a pensar, aterrada, en su fealdad sin remedio.

Un día, viendo su pesar, otra bruja le dijo:

—Pero ¿has creído acaso que la belleza existe en verdad? Ingenua. ¿En qué mundo vives? Toma.

—¿Y esto qué es? —preguntó.

—Una máscara. ¡Póntela!

—¿Para qué?

—¿Serás tonta, mujer? Verás que a partir de ahora todo cambiará. Te vas a acordar de mí. Y no te cobraré nada por esto. Será un favor.

—Ser como las otras es cuanto deseo. Poderlas igualar al menos en algo. Duele mucho que a una la consideren diferente.

Estuvo mucho tiempo dudando si ponerse o no la máscara. Cuanto más la miraba, más hermosa le parecía. Se la imaginaba ya sobre su rostro y entonces creía estar revestida de algo especial, un hechizo que la hacía invulnerable a las críticas, a las miradas, al qué dirán de los demás.

Mientras la sostenía en sus manos, aquella máscara de colores hermosos se sonreía prometiéndole un futuro de venturas. Imaginaba cuán feliz podría ser si dejaba que cubriera su rostro, mas luego, las dudas le hacían poner la bella y sonriente máscara sobre un diván.

Al fin, un día, en un rapto de entusiasmo, tomó el artefacto que desde un rincón le miraba sonriente incitante… se lo puso decidida en su cara y, volviéndose a un espejo que antes siempre mantuvo cubierto por un palo blanco, lo arrancó de un tirón y estuvo largo rato contemplándose.

—¡Aaaaahhhh! —suspiró extasiada—. Soy otra. ¡Quién lo diría! ¡Qué bella me veo! Nadie podría reconocerme. Ahora sí podré lucir con donaire mis caros y lujosos vestidos, las joyas que he ido heredando de mis tatarabuelas. Mi vida va a cambiar por completo. Lo sé.

Y, efectivamente, desde ese día todo cambió en la vida de la brujita. La gente se le acercaba. Los jóvenes discutían por su belleza. Muchas brujas la envidiaban. El mundo era diferente.

Pero solo durante un tiempo la brujita se sintió realmente feliz. Después, pensó que en verdad, engañando a los otros, no hacía más que engañarse a sí misma.

“¿Por qué fingir? ¿Acaso no nos pueden aceptar como somos en realidad? ¿Qué necesidad hay de llevar una máscara, una máscara que nunca dice nada de nuestro corazón, que con su equivocada sonrisa demuestra una alegría falsa y no el dolor que nos embarga cuando estamos tristes?”

Apesadumbrada por estos pensamientos, la bruja de dirigió hacia el cerro donde se realizaban los aquelarres… Tan ensimismada iba subiendo, que no se percató de algo: la lluvia fina comenzaba a bañarla. Al llegar a lo alto diluviaba y, para su sorpresa, allí estaban todas las brujas, dando gritos cada vez que una gota caía sobre su rostro arrastrando arco iris de colores, torbellinos de afeites, pelucas y postizos de todo tipo rodaban colina abajo.

Aquello parecía un gran carnaval del espanto, donde resultaba imposible discernir quién era más fea que quién, pues se veían brujas tan espantosas…

“¿Y yo me creía las más fea de todas?”, se dijo. “¡Qué engañada estaba!”

Entonces aprendió que en este mundo casi todas las brujas llevan una máscara y, aunque mucho les duela, jamás confiesan que viven engañándose y llenando de mentiras a los otros. De tanto esconderse tras las máscaras para evitar problemas, fingir lo que no son o encumbrarse de ambiciones, han llegado a olvidar cómo fue un día su verdadero rostro…

La brujita ahora es feliz. Cada amanecer lava su rostro en la fuente y ya no se asusta como antes de su imagen. En cuanto a los espejos, ya les perdió el miedo definitivamente. Cuando pasa frente a alguno nunca vacila en mirarse. Saca la lengua a más no poder, hace una y mil muecas y se aleja feliz agitando su escoba. »


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viernes, 9 de febrero de 2018

Vivir en otra dimensión


   "New Age" (Nueva Era). Jesús Miguel Ruiz.

Tengo muy en cuenta que hay una perspectiva superior. Dios decide si despertaré a un nuevo día. No se me escapa que hay en juego mucho más de lo que creo. Mientras tanto, solo tengo que VIVIR... Hoy es mi cumpleaños y quiero regalaros un soplo de aire fresco.


Fuente: "Reinventarse. Tu segunda oportunidad" de Mario Alonso Puig.

Cuando nos encontramos con nuestra verdadera naturaleza que es espiritual, poco a poco, vamos trascendiendo nuestro ego y empezamos a tener una experiencia completamente diferente de nosotros mismos y de la realidad: se ven muchas cosas que antes no se veían y se oyen cosas que antes no se podían oír. Las posibilidades que se abren son múltiples:

∞ Cuando la dimensión del Espíritu se hace realidad en nuestra consciencia, el mundo de lo no manifiesto, el mundo que no tiene forma, empieza a transformar nuestra personalidad. Todo esto tiene una enorme repercusión, no solo en cómo funcionan nuestros procesos mentales, sino también en nuestro cuerpo, en lo que hacemos y, sobre todo, en cómo lo hacemos.

∞ Desde esta dimensión, se experimenta el dolor cuando hay una pérdida, pero sin quedarse atrapado en el sufrimiento que arruina la vida.

∞ Aunque se estén viviendo unas duras circunstancias, existe una sensación de paz y de serenidad.

∞ Al ir trascendiendo las reacciones automáticas y los patrones habituales de respuesta, aparece la libertad de elegir.

∞ Desaparece la ilusión del tiempo y solo existe un presente continuo.

∞ Se ve la profunda interconexión de todo con todo. De alguna manera se descubre que el daño que se hace a otros, se lo hace uno a sí mismo.

∞ Hay un nivel de inteligencia, de sabiduría y de claridad inaccesibles desde el plano de la identidad y ello lleva a alcanzar la capacidad de comprender el origen de la conducta de los demás y de perdonar.

∞ En la nueva dimensión se experimenta el amor incondicional.

∞ Los que experimentan destellos de esta nueva Tierra o viven de forma habitual en ella, pueden orientar, explicar y describir, pero no pueden transmitir su experiencia, pues en la nueva dimensión no existe lenguaje.


OTROS CUMPLEAÑOS EN ESTE BLOG:

- Por fin soy yo (2012) - Mi alma tiene prisa (II) (2013) - Cosas que he aprendido (2015) - No me canso de buscarte (2016) - Yo confieso (2017) - Mis personajes y yo (2019)

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 - Todas las respuestas

domingo, 4 de febrero de 2018

Limpia tu lenguaje

Fuente:“Palabras Caballo” de Juan Miguel Fernández-Balboa.


La palabra soez está constantemente en boca de mucha gente de cualquier edad y condición social. A esto hay que añadir las que son utilizadas con singular frecuencia en programas televisivos de todo tipo (retransmisiones deportivas, películas, programas “basura”, etc.).

Ese patrón de lenguaje “ordinario” se emplea, supuestamente, para expresar la frustración ante ciertas situaciones adversas. Ello, no obstante, lejos de contribuir a solucionarlas, aumenta los ya altos niveles de agresividad y violencia en la sociedad.

También contribuyen a esto otros aspectos del lenguaje no menos deplorables: la mentira, la indiscreción, el cuchicheo, la calumnia y la infamia. Todas estas acciones y expresiones ofensivas, además del perjuicio que causan a otras personas, envilecen y degradan a sus autores.

Además, quien habla mal, utilizando la palabra vulgar, mintiendo o calumniando, (se) crea una realidad desfavorable.

Para evitarlo, hay que limpiar la palabra utilizando términos apropiados, cordiales, elegantes y elocuentes.

Los efectos de la palabra pulcra y veraz no se hace esperar. Por un lado, contribuye al autocontrol, al estado de ánimo positivo, al talante, a la serenidad del espíritu y, por el otro, favorece un ambiente sano, de confianza y amabilidad. La palabra crea realidad. Su uso, bueno o malo, tiene sus correspondientes consecuencias. La limpieza del lenguaje, te llevará a un notable cambio personal.


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