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viernes, 9 de octubre de 2026

Cuento de las flores mustias

Cuento para niños y no tan niños.

Imagen realizada con ilustraciones y vectores de Vecteezy, Freepik y PNGWing.

Fuente: “Cuentos de intriga de la hormiga Miga” de Emili Teixidor.

«En una ocasión las flores se pusieron enfermas. No les faltaba agua, ni aire, ni sol, pero de repente se empezaron a mustiar, luego empezaron a perder el color, después se les cayeron algunos pétalos y muchas hojas…, de tal manera que parecían hallarse en peligro de muerte.

—Están enfermas porque están tristes —dijo el poeta oficial de la nación—, y están tristes porque nadie les habla.

Entonces el gobierno organizó escuadrones de poetas para que se pasaran el día en parques y jardines, prados y bosques, y leyeran sus más delicados poemas a las flores.

¡Oh flor hermosa
cual bella rosa…!

Los poetas se pasaban el día recitando poemas delicadísimos a las flores.

¡Oh violeta
bella y coqueta…!

Pero las flores, al escuchar la lectura de esos poemas y otros parecidos, se ponían todavía más tristes, mustias y descoloridas.

—No acierto a adivinar qué necesitan para reanimarse… —exclamó el poeta oficial de la nación.

Y un cardo borriquero, que es de las plantas más resistentes junto a los cactos, porque almacenan humedades, aleja a los curiosos con sus pinchos y solo da flores de color púrpura de vez en cuando, o sea cuando le apetece, dijo con un hilillo de voz porque se había quedado como un saco vacío:

—¡Aunque las plantas tengamos las flores en el aire mirando al cielo, tenemos las raíces en la tierra y necesitamos también abono, algo de estiércol para alimentar la belleza de las flores y hacerles subir los colores a la cara! No todo el monte es orégano.

Y, entonces, llegaron jardineros robustos que abonaron la tierra de las flores mientras cantaban canciones divertidas, improvisadas y alegres como la que dice:

Fango, barro y basura
hacen la flor más pura.
Basura, fango y barro
las libran del catarro.
Barro, basura y fango
y a bailar el fandango.
Para que la flor no se pierda
hay que abonarla con… 💩

Y todas las flores se pusieron alegres y recobraron la lozanía y los colores».


domingo, 4 de octubre de 2026

Experimentar la presencia de Dios

Imagen, modificada, generada por Leonardo.Ai.

Fuente: “Hermón. Caballo de Troya 6” de Juan José Benítez.

El siguiente diálogo se produce entre Jesús de Nazaret y los dos pilotos de la USAF (Fuerza Aérea Norteamericana), Jasón y Eliseo, que llevaron a cabo la operación “Caballo de Troya”. Los dos militares encuentran a Jesús el año 25, cuando estaba solo en el Monte Hermón, y permanecen con Él cuatro semanas. Todos los días, Jesús se marchaba al amanecer hacia los ventisqueros, para orar con el Padre, y solía volver sobre las tres o las cuatro de la tarde y, tras la cena, tenían largas conversaciones al amor de un buen fuego.

En esta entrada he omitido algunas frases que no afectan al mensaje recogido.

«—En el reino del Ab-ba no hay descuidos. Todo se halla minuciosamente planificado. Y, aunque no lo creas, sois y seguiréis siendo la admiración de los universos. Vosotros, lo más denso y limitado, poseéis algo de lo que no disfrutan otras criaturas, creadas en perfección: tenéis la maravillosa virtud de ascender y progresar, sin saber, sin haber visto. Tenéis la envidiable capacidad de creer, de confiar, sin pruebas. Al Padre, de momento, solo puedes buscarlo con la ayuda de la confianza. Ese es el plan. Eso es lo establecido. Progresar. Progresar. Progresar… en este atormentado mundo, en los que te reservo después y siempre. Para llegar a la presencia de Ab-bā, primero debes recorrer un largo, muy largo, camino. Ese es el objetivo. Esa es la única razón de tu existencia: una aventura fascinante.

—Un largo camino… —dijo Eliseo—. Muchos, en nuestro mundo, piensan que Dios los estará esperando al otro lado de la muerte. Dicen y creen que los justos serán recibidos de inmediato en su presencia. Tú, en cambio, hablas de un largo recorrido…

En esos instantes, una enorme y hermosa mariposa cuadriculada en blanco y negro, una Euprepia oertzeni, atraída por la luz de la fogata, fue a posarse en el extremo de la rama con la que jugueteaba el Maestro y Jesús, aludiendo al bello ejemplar, respondió así:

—Dime, ¿crees que esa criatura está en condiciones de comprender que un Dios, su Dios, la está sosteniendo?

—No, Señor. Hay demasiada distancia.

—Tú lo has dicho. Hay demasiada distancia. Pues bien, la que ahora te separa de Ab-bā es infinitamente mayor… Si un mortal fuera transportado, tras la muerte, ante la presencia del Padre, en verdad te digo que reaccionaría como esa mariposa. No sabría, no tendría conciencia de dónde está ni de quién lo sostiene. Afortunadamente, vosotros sois mucho más que una mariposa y podéis estar seguros de que llegará el día, cuando hayáis crecido espiritualmente, cuando hayáis progresado, que veréis a Dios y comprenderéis.

—Pero, ¿tan grande es?

— No hay palabras. Sostiene y contempla los universos en el hueco de su mano. Es todo presente, pero está en el futuro. Es el único santo, porque es perfecto. Es indivisible y, no obstante, se multiplica sin cesar. Él te imagina y apareces…

—Hermoso, muy hermoso, pero la ciencia…

—No te equivoques… Ni la ciencia, ni la razón, ni tampoco la filosofía podrán demostrar jamás la existencia del Padre. Dios es más listo, imaginativo y amoroso de lo que supones. Él no está a merced de hipótesis o postulados. Él solo está a merced del corazón…

Entonces, señalando el revoloteo de la mariposa, afirmó:

—En eso le lleváis ventaja… Vosotros sí podéis experimentar a Dios. He dicho experimentar, no demostrar… En esa búsqueda, cuando el hombre persigue y ansía a Dios, su alma, al encontrarlo, nota, percibe, experimenta su presencia. Por ahora, eso es suficiente.

—¿Experimentar al Padre? Y eso, ¿cómo se hace?, ¿cómo se sabe?

—Cuando un ser humano “toca” al Padre, cuando Él te “toca”, el alma se pone en pie. Es una sensación única. Clamorosa. Y una magnífica seguridad te acompaña de por vida… Pero ese benéfico sentimiento es personal e intransferible. Es difícil de explicar, pero tan real como la visita de la ternura, de la compasión o de la alegría.

Y desviando la mirada hacia este absorto explorador me previno:

—Por eso, Jasón, porque se trata siempre de una experiencia, de un sentimiento personal, no escribas para convencer. Hazlo para insinuar. Para ayudar. Para iluminar… No “vendas”. No grites el nombre del Padre. No obligues. No discutas. Cada cual, según lo establecido, recibirá el “toque” a su debido tiempo. No hay prisa. Ab-bā sabe. Ab-bā reparte.

—Un Dios sin prisas —terció Eliseo—. Eso me gusta…

—Un Dios amor que ya está en ti».


martes, 29 de septiembre de 2026

Dejar de reaccionar

Imagen creada con IA por Microsoft Designer (04-03-2026).

Fuente: “Elige el amor frente a la dificultad”. Boletín informativo del Dr. Mario Alonso Puig.

A veces basta una palabra que duele, un conflicto en casa, un mal día en el trabajo o una discusión con alguien cercano y, de pronto, sin darnos cuenta, saltamos, subimos el tono o atacamos para no sentirnos vulnerables. No es que seamos así. Es que nuestro sistema nervioso está en modo defensa. Reaccionamos porque estamos cansados, tensos o heridos y el cerebro, cuando se siente amenazado, busca protegerse.

La gran noticia es que entre lo que nos ocurre y nuestra respuesta, existe un pequeño espacio en el que vive nuestra libertad y en ese instante en el que notamos que nos “encendemos”, podemos elegir otra respuesta y decidir quienes queremos ser. Esto no significa “hacer como si no pasara nada”. No se trata de negar lo que duele. Se trata de elegir lo que construye. Una cosa es el dolor y otra es lo que hacemos con él.

En medio de un conflicto, lo fácil es reaccionar, pero, responder con amor, desde nuestra mejor versión, denota fuerza interior y coraje, aunque muchas personas lo confundan con debilidad.

Tenemos que empezar a practicar. Cuando una situación cotidiana nos altere y nos incomode, respiremos una vez lento y probemos a responder con un poco más de calma, de escucha o amabilidad. A veces, lo que transforma un momento son pequeños gestos: hablar un poco más suave, hacer una pausa antes de contestar, escuchar sin interrumpir, decir: “ahora mismo estoy tenso, dame un momento” o, incluso, ofrecer cercanía: una mano en el hombro, una mirada limpia…

Puede parecer poco, pero nuestro cerebro lo entiende como un mensaje claro: “No estoy en guerra” y comprobaremos que no necesitamos controlar todo, para sentirnos mejor.


jueves, 24 de septiembre de 2026

La solidaridad es buena para la salud

Imagen realizada con el vector, modificado, de “OpenClipart-Vectors” en Pixabay.

Fuente: “Somos fuerza” de Patricia Ramírez.

Estamos acostumbrados a nuestros “normales” (tener agua caliente, comer fruta fresca cada día, expresar nuestra opinión sin censura, ir al colegio, a la universidad, a tener atención sanitaria gratuita…). Ser solidario permite conectar con aquellos para los que no es normal nada de eso, con quienes sufren o están afectados por alguna desgracia. Esto nos humaniza y nos permite empatizar y ser conscientes de que no todos tienen las misma ventajas, comodidades, bienestar y libertades.

La vida no es solo la que uno percibe, sino la que viven millones de personas distintas a nosotros. La solidaridad nos permite adquirir la perspectiva adecuada y relativizar. Ayudar y colaborar con gente desfavorecida ofrece una imagen distinta y relativa de los problemas. La conexión que se genera hace que la persona altruista salga reforzada y se sienta bien, con lo que disminuye sus niveles de estrés y mejora su estado anímico.

En esta sociedad en la que estamos acostumbrados a un nivel de bienestar, comportarnos de forma solidaria con las personas en desventaja es educar en valores a nuestros hijos. Existen multitud de maneras de hacerlo. Solo hay que elegir la fundación u ONG con cuyo proyecto te identifiques y animar a tus hijos, bajo tu compañía, a que donen parte de su tiempo, de su amabilidad, de sus recursos o juguetes para ayudar a los demás. Esto, además, les ayudará a abrir su mente, a conocer otras culturas, otros problemas, otras perspectivas. Y esto es educación. Las experiencias que puedan contar los niños con cáncer, los refugiados o los niños que están en casas de adopción enseñan sobre la vida. Una vida distinta de la que disfrutan tus hijos. Los niños pueden ocuparse de sus iguales o de animales, de la naturaleza o del reciclaje. Hay causas para todos los gustos y colores. Siempre hay algo que podemos hacer para contribuir a una sociedad mejor.

Entre las ventajas de comportarse de forma solidaria está la mejora del estado de ánimo. Muchas personas que sufren depresión han visto en el trabajo voluntario y en ser solidarios una forma de empatizar con quien sufre en mayor grado. La solidaridad les sirve para sentirse útiles dentro de un trastorno que produce apatía y sentimiento de baja autoestima, incluso de desprecio hacia uno mismo por no verse capaz de nada. La solidaridad genera sonrisa en quien la recibe y en ti mismo, pues te sientes bien por ser capaz de hacer feliz a otros. Cuando contribuyes a la felicidad de otras personas, mejora tu estado de ánimo. Es algo que se contagia.

Ser solidario tiene un componente “egoísta”, en el sentido en que tú también te sientes bien. Las conductas se mantienen por los beneficios y consecuencias que generan. El hecho de que ser altruistas nos haga percibirnos como buenas personas, hace que nuestro esfuerzo se refuerce y queramos repetirlo. ¿Qué ocurriría si ser altruista nos dejara indiferentes? Que dejaríamos de serlo. Muchos son los estudios que se han dedicado a averiguar si existen factores de la personalidad del altruista y si existe alguna conducta tan altruista como para no generarnos satisfacción, como podría ser la donación de sangre. Pero el mero hecho de saber que estás colaborando con el bienestar social, que estás ayudando a salvar vidas, que eres partícipe de una sociedad que te necesita, hace que te sientas bien.

Ser solidario también aumenta el grado de confianza que tenemos en el otro. Nos gusta relacionarnos con persona con valores, que dedican tiempo a los demás, que se alejan del mundo materialista en el que vivimos y que son capaces de compaginar su vida con la ayuda a otros. La imagen de una persona solidaria suele ser positiva. Con ello también mejora la autoestima de quien se comporta de forma altruista.

Al ser solidarios, no solo contribuimos a tener un mundo mejor, también nuestro cerebro cambia. Genera sustancias químicas como la dopamina, la serotonina y la oxitocina. Además de la liberación de estos neurotransmisores encargados de hacernos sentir placer, nuestro organismo segrega inmunoglobulina A, que permite que el sistema inmunitario nos proteja. Así que ser solidario nos hace ser más longevos y tener mejor salud.

Las personas solidarias tienen mayor capacidad para cohesionar equipos e integrar en ellos a personas de perfil muy variado. La conexión que generan suele ser consistente y transmiten compromiso, lealtad y entusiasmo.

Al margen del propio bienestar, cuando una persona pone sus talentos al servicio de los demás, su protagonismo con el desarrollo de la sociedad aumenta y alcanza un sentido de misión atractivo y sumamente contagioso.

Tú puedes formar parte de esta cadena. Tú puedes ser altruista. Cada vez que realizas un acto generoso y contribuyes a la felicidad del otro, consigues que esa persona quiera hacer lo que tú haces y que otros se sientan bien. Así que cuantos más participemos de esta cadena, mayor será el nivel de solidaridad entre todos.


sábado, 19 de septiembre de 2026

Cuento de la bruja farmacéutica

Cuento para niños y no tan niños.

Imagen realizada con las ilustraciones de “upklyak” en Magnific (recortada) y de PNGWing.

Autor: Emili Teixidor (“Cuentos de intriga de la hormiga Miga”).

Una bruja arrepentida decidió reconvertirse en farmacéutica y abrió una farmacia con los ahorros que había conseguido en su vida anterior de trabajo brujeril.

Pero se difundió por el barrio el rumor de que la nueva farmacéutica había ejercido de bruja en su vida anterior, y nadie acudía a comprarle las medicinas por un miedo que no sabían explicarse. Como si el arrepentimiento no fuera medicina buena.

Tan fuerte fue el rechazo del barrio que la bruja tuvo que volver a su antiguo trabajo entre alambiques, hornos y probetas, mezclando sustancias exóticas, extrayendo jugos de las plantas y experimentando con pieles de reptiles.

Con el dinero que obtuvo por el traspaso de la tienda a un farmacéutico titulado, con fama de serio y honrado, la bruja instaló un laboratorio lejos de la ciudad.

Y ahora el farmacéutico titulado vende en cajitas y cápsulas las pócimas y potingues que le manda la bruja desde su Laboratorio de Industrias Farmacéuticas Jabru Asociados, con más de doscientas especialidades y un centenar de químicos trabajando a sus órdenes.


lunes, 14 de septiembre de 2026

El arte de decir “no” sin explicaciones

Imagen realizada con el vector de “Nadezhda Buravleva” en Vecteezy.

Fuente: “Aprende a decir NO sin justificaciones necesarias” de Álex Rovira Celma.

«Hablemos del arte fundamental de decir “no” sin dar explicaciones ni justificarse.

En una sociedad donde la productividad y la disponibilidad constante se han convertido en las virtudes supremas, aprender a decir “no” sin ofrecer explicaciones se ha transformado en un acto revolucionario de autocuidado y de establecimiento de límites saludables.

Esta habilidad, saber decir “no” sin dar explicaciones, aunque aparentemente es muy simple, representa para muchas personas uno de los mayores desafíos en su propia vida porque la justificación puede ser una trampa. No digo que no nos tengamos que justificar, pero hay veces que no es necesario.

Cuando un “no” lo acompañamos inmediatamente de una explicación, estamos cediendo inconscientemente a una presión social invisible, pero poderosa y esta necesidad de justificarnos, revela una verdad incómoda y es que todavía no nos sentimos completamente legitimados para establecer nuestros propios límites. Cada explicación que ofrecemos se convierte, sin quererlo, en una invitación al debate, una puerta abierta a la negociación de nuestras decisiones personales y es que el “no”, tiene mucho poder. Un “no” directo y sin explicaciones es como una puerta cerrada con llave, clara, definitiva y segura.

No es un acto de descortesía. Es un acto de autorrespeto. Es un acto de claridad en tu comunicación. Cuando eliminas la justificación, eliminas también la posibilidad de que tus límites sean cuestionados o debatidos, incluso constantemente. Es una declaración silenciosa, pero poderosa, de que tus decisiones son válidas por sí mismas, sin necesidad de defensa o explicación constante. Por tanto, desmontemos el mito de la rudeza. Existe un temor generalizado a que un “no” sin explicaciones sea percibido como grosero o antipático. Sin embargo, esta percepción está más relacionada con nuestros propios miedos que con la realidad porque un “no” amable, claro, pero firme y directo, puede ser expresado con respeto y, a menudo, es mucho más considerado que una explicación elaborada que podría no ser completamente verdadera o honesta y que podría crear falsas expectativas o esperanzas.

Es un camino a la autenticidad. Aprender a decir “no” sin explicaciones, es un viaje hacia el respeto hacia ti e, incluso, hacia el otro porque cada vez que resistes el impulso de justificarte, estás afirmando que tus decisiones son válidas por sí mismas. Este es un acto de autoafirmación que fortalece tu respeto, tu autorrespeto, y, paradójicamente, puede mejorar tus relaciones con los demás, establecer límites claros y honestos, pero uno tiene que ser consciente. El arte de decir “no” sin explicaciones requiere práctica y consciencia. Estos son algunos pasos:

1º: Reconoce que no necesitas justificar cada decisión que tomas. Algunas sí, pero muchas no.

2º: Acepta que el malestar inicial del otro y también tu malestar, son parte del proceso de crecimiento.

3º: Observa cómo las relaciones sanas respetarán tus límites sin explicaciones.

4º: Comprende que un “no” claro es más respetuoso que un “sí” que no acaba de definirse, porque ese “no” que te ahorra tiempo, energía y explicaciones que, a veces, se eternizan, va a redundar en tu bienestar personal.

La capacidad de decir “no” sin explicaciones, tiene un impacto profundo en tu bienestar emocional y mental, libera una cantidad enorme de energía que normalmente gastamos en justificar nuestras decisiones, lo que queremos hacer, lo que no hemos hecho y, sobre todo, reduce el estrés asociado con la necesidad de complacer a los demás. Ahí está el tema: complace, complace, complace… Esta práctica nos permite vivir de manera más auténtica y nos ahorra mucho tiempo y “comidas de coco”.

En definitiva, decir “no” sin explicaciones no es un acto de rebeldía gratuito o de descortesía o falta de amabilidad, sino una práctica de claridad comunicativa y de autorrespeto. Es una habilidad que, una vez dominada, te permite vivir de manera mucho más auténtica y menos condicionada por las expectativas de otros.

Al final, un “no” sin explicaciones es un “sí” a ti, a tu tiempo, a tu derecho a establecer límites, a tu salud o hacer lo que te apetece sin complacer a los demás.

La próxima vez que sientas el impulso de justificar tu “no”, sería bueno recordar que hay y habrá situaciones en las que tu decisión es válida por sí misma. No necesita defensa ni explicación.

En este simple acto de contención, reside un enorme poder transformador que puede cambiar significativamente la calidad de tus relaciones y la calidad de tu vida en general. Así que, como dijo la gran Maya Angelou, permitámonos, de vez en cuando, decir “no” sin explicar el porqué. Es sanísimo».


miércoles, 9 de septiembre de 2026

Claves de la autoestima en los niños

Foto, modificada, de Andrea Piacquadio en Pexels.

Fuente: “Cuentos para quererte mejor” de Álex Rovira y Francesc Miralles.

Nunca antes en la historia de lo que consideramos el primer mundo, los niños y niñas tuvieron más recursos que en la actualidad. Los padres se desviven por procurarles todo lo que necesitan y más..., especialmente cuando disponen de poco tiempo y para mitigar el sentimiento de culpabilidad, regalan a sus hijos videoconsolas que cuestan una fortuna y que los tienen hipnotizados durante horas, ropa de marca, extraescolares que reducen aún más el tiempo que pasan con ellos… Sin embargo, nada de esto los convertirá en adultos felices y confiados.

En esta entrada veremos algunas claves que nos permitirán dar a nuestros hijos el regalo más valioso del mundo: confianza en ellos mismos y en su futuro, amor propio y relaciones sanas con los demás, es decir, autoestima.

- Tiempo

Muchos padres “modernos” hablan de “tiempo de calidad” y con ello se refieren a que una hora bien empleada con el niño, vale por tres de atención más ligera. Lamentablemente, los niños no lo ven así y, tal vez, en esa hora que le “sobra” al adulto no quieran, por ejemplo, contar aquello que les preocupa.

Para que pueda establecerse una relación de confianza, el ingrediente principal es uno solo: tiempo. De calidad, pero también en cantidad, para que los niños no se sientan solos o desatendidos.

- Amor incondicional y afecto

“Incondicional” no significa que los padres tengan que tolerarlo todo, admitirlo todo y criar a un niño consentido, sino amar al niño por lo que es y como es, sin condiciones ni deseando que sea quien no es.

A menudo, el problema de la autoestima en los niños viene de que queremos que nuestros hijos sean aquello que no son. Se produce un rechazo a su verdadera naturaleza y, para adaptarse, sacrifican lo que son. De aquí nacen muchos problemas que pueden condicionarlos en la edad adulta.

Comparar es no aceptar. Es poner otro modelo, negando la esencia y los valores de la propia persona. Cada niño es un universo en sí mismo y nuestro hijo o hija es incomparable. Los padres que comparan a un niño con un hermano mayor o con el primo o con un niño de la escuela… están dañando la autoestima del pequeño.

El niño que se siente reconocido y aceptado lo tendrá más fácil para gozar de una autoestima saludable. Para ello, los padres necesitan tener una mirada apreciativa respecto al niño y si muestra unas habilidades determinadas, potenciar esas virtudes.

Además de querer a los hijos, cosa que hacen la inmensa mayoría de los padres, la expresión de ese afecto es fundamental. Hemos de criar a nuestros hijos con besos y abrazos y demostrarles cariño de manera real.

- Efecto Pigmalión positivo

La autoestima se forja a través de los mensajes que los padres dirigen a sus hijos. Frases del tipo “eres como tu tío”, cuando tienen una intención despectiva, “eres sucio”, “eres dejado”, “eres muy tímido”… se convierten en una profecía de autocumplimiento. Al ser etiquetados de forma negativa, los niños tienden a confirmar las expectativas que se tienen de ellos. Es el denominado efecto Pigmalión. Mucho fracaso escolar o casos de introversión graves tienen su origen en esta visión de los padres que les pesa como una losa.

Por supuesto, el efecto Pigmalión puede ser positivo si lo que transmitimos a los niños es confianza plena en sus capacidades.

- Enseñar con el ejemplo

Para que los niños aprendan una conducta adecuada, necesitan que se la mostremos a partir de lo que nosotros hacemos. Es muy importante saber que somos espejos enfrente de otros espejos y el niño integrará la autoestima que observe en su entorno. Por eso, sea cual sea la situación de los padres de un niño, siempre deben mostrarse respeto entre ellos.

Los padres tienen que ayudar a experimentar a los niños y permitir que se arriesguen, porque no hay nada más frustrante que escuchar: “No hagas esto, que no sabes o no puedes”. Hay que tomar las precauciones necesarias, pero con la supervisión de los adultos los niños pueden hacer muchas cosas (cocinar, cortar del césped…)

Del mismo modo que les reconoceremos cuando hagan bien las cosas, les diremos cuándo las pueden hacer mejor. Lo esencial es reforzar en los niños el sentimiento de que son capaces y si no están haciendo algo bien, explicarles cómo hacerlo correctamente.

- Reconocimiento y admiración

Reconocer con palabras y agradecer a los niños, por ejemplo, cuando acaban un libro o nos ayudan a poner y quitar la mesa…, es fundamental para la autoestima. Si además expresamos nuestra gratitud cuando hay alguien alrededor, como un amigo o familiar, el refuerzo será todavía más grande.

Estas “pequeñas victorias” o logros, además de reforzar la autoestima, pueden ayudarles a seguir adelante cuando, en momentos de “bajón” las recordemos: “¿Recuerdas cuando ganaste aquel partido?” “¿Recuerdas cuando decías que no podrías aprobar aquel examen y lo hiciste?” “¿Recuerdas cuando me ayudaste a pintar la valla del jardín?”

La autoestima de una persona crece si se siente respetada y admirada, pero no con una admiración gratuita. Hay padres que no les dicen a los niños lo que hacen mal y pueden acabar creando un niño consentido y un adulto narcisista. Al igual que hay atrofia de autoestima, también existe la hipertrofia. Aquellos padres que miman en exceso a sus hijos, que les dicen que son maravillosos y que lo hacen todo bien, acaban por crear monstruos.

Hemos de valorar objetivamente las cualidades, el esfuerzo y realizaciones de los niños y educarlos para que valoren esas mismas cosas en los demás.

- Creer en sus posibilidades

Para que los niños tengan una buena autoestima hemos de creer en sus posibilidades de transformarse.

Las personas que han nutrido su autoestima son resilientes, no caen en la crítica excesiva ni en la conmiseración, sino que trabajan en los hábitos y en el pensamiento positivo y transformador.

Una autoestima bien forjada da lugar a personas equilibradas: responsables, con valor y propósito, humildes, con capacidad de diálogo y voluntad de cooperar. No hay mejor tesoro que podamos brindar a nuestros hijos.



viernes, 4 de septiembre de 2026

El significado del éxito

Foto, modificada, de Magnific.

El poema “Success” (“Éxito”) fue escrito por la estadounidense Bessie Anderson Stanley (1879–1952) para participar en un concurso de la revista “Brown Book Magazine” en 1904, en el que había que contestar a la pregunta “¿Qué es el éxito?” en menos de cien palabras. Su propuesta ganó el primer premio. A pesar de la difusión que ha tenido este poema, que fue presentado en forma de ensayo, Stanley nunca fue una escritora de renombre. Tras su muerte, el texto fue grabado en su lápida.

El poema se ha atribuido, erróneamente, a Ralph Waldo Emerson o a Robert Louis Stevenson y en él se redefine el éxito en la vida como una existencia con propósito que impacte positivamente en el mundo y en los demás.

En su redifusión, la versión original ha sido parafraseada en múltiples ocasiones. En esta entrada he incluido la versión más conocida en español:

“Éxito” (poema de Bessie Anderson Stanley)

Ha alcanzado el éxito quien ha vivido bien,

ha reído a menudo y ha amado mucho;

quien se ha ganado el respeto de hombres inteligentes

y el amor de niños pequeños;

quien ha ocupado su lugar y cumplido su tarea;

quien deja el mundo mejor de como lo encontró,

sea por una amapola mejorada,

un poema perfecto o un alma rescatada;

quien nunca dejó de apreciar la belleza de la tierra

ni falló en expresarla;

quien siempre buscó lo mejor en los otros

y dio lo mejor de sí mismo;

aquel cuya vida fue una inspiración

y cuya memoria es una bendición.


domingo, 30 de agosto de 2026

El verdaderamente importante

Imagen realizada con el vector, modificado, de “upklyak” en Freepik y varias ilustraciones de PNGWing .

Este cuento está incluido en “El libro de la serenidad” de Ramiro A. Calle.

Nasrudín se dirigió al templo al atardecer. Después de la oración, varios devotos comenzaron a charlar con él y aprovecharon para preguntarle por su esposa. Nasrudín dijo:

—Se ha quedado en casa.

—¿A qué se dedica ella? —quisieron saber.

—¡Bah! Ella hace cosas sin importancia; pequeñas cosas, sí. Se encarga de las tareas propias del hogar, cuida a los hijos, les ayuda en sus estudios y les procura la mejor educación posible; acude al mercado y adquiere los alimentos; cuando hay que hacer reparaciones en casa, las hace y se dedica a pintar las paredes cuando es necesario; saca agua del pozo y se encarga de regar diariamente la huerta y de atenderla; se ocupa de mi anciana madre y a veces va a casa de nuestros familiares a echarles una mano. ¡Cosas sin importancia!

—¿Y tú qué haces? —le preguntaron entonces los amigos.

—¡Ah, amigos míos, yo soy el verdaderamente importante! Yo soy el que se encarga de investigar si Dios existe o no.


martes, 25 de agosto de 2026

El otro lado (II)

Fuente: “Hermón. Caballo de Troya 6” de Juan José Benítez.

En un proyecto secreto, conocido como “Caballo de Troya”, dos pilotos de la Fuerza Aérea Norteamericana viajan en el tiempo al año 30 de nuestra era, a Judea, para comprobar cómo fueron los últimos días de Jesús de Nazaret. Fascinados por su figura y pensamiento, deciden acompañar al Maestro durante su vida pública. Para ello, actúan al margen de lo establecido en la operación. Jasón y Eliseo, así son conocidos los dos pilotos, retroceden al mes de agosto del año 25 de nuestra era. Buscan a Jesús y lo encuentran en el monte Hermón, permaneciendo con Él durante cuatro semanas.

Todos los días, Jesús se marchaba al amanecer hacia los ventisqueros y solía volver sobre las tres o las cuatro de la tarde. Siempre volvía alegre, renovado, casi transfigurado… y, tras la cena, todas las noches, las ansiadas tertulias…

Imagen creada con IA por Microsoft Designer (30-01-2026).

7 de septiembre del año 25. Tercera semana en el Hermón.

Eliseo, deseoso de retornar al tema capital, volvió por sus fueros.

—Señor, si el cuerpo se queda aquí, en la tierra, ¿qué sucede con la memoria? Cuando pase al “otro lado”, cuando tus ángeles me resuciten, ¿recordaré?

El Maestro, dulcificando el tono, replicó:

—En el “otro lado” recordarás y serás recordado. Reconocerás y serás reconocido. Ninguna de tus cualidades se perderá.

—¿Recordaré todo?

—Todo lo que merezca la pena. Todo lo que te haya emocionado y servido para prosperar. El resto, las tendencias puramente animales, los vicios y los defectos desaparecerán con el cerebro físico

—Por cierto, Señor, ¿veremos allí a nuestros padres?

—Por supuesto, Jasón. A tus padres y a todos sus seres queridos. Ellos te ayudarán, pero, insisto, aquel lugar no es como este. Allí no existen los lazos familiares, tal y como vosotros los interpretáis aquí, en la Tierra. En esa nueva realidad, en “MAT-1”, como tú dices, el Amor es tan pleno, intenso y limpio que los pequeños Dioses no echan de menos los antiguos y limitadísimos afectos humanos. Vuestra alma inmortal, libre al fin, quedará tan deslumbrada que nada de lo que ahora estimáis como prioritario os hará sombra.

—¿“Chispa” y alma inmortal son la misma cosa?

—No, Jasón, no son lo mismo. Pero no te atormentes. Todo será revelado… en su momento. Esa presencia divina, la “chispa”, cuando mueras, se ocupará de custodiar tu memoria. Ella la mantendrá a salvo hasta el momento de tu resurrección. La mente, como parte integrante de tu cerebro físico, se disolverá con el cuerpo.

Entonces, retornando a mi pregunta, completó:

—El alma inmortal es otra criatura, independiente de la memoria y de la mente física. El alma es acogida tras la muerte por tu ángel guardián. Él la mima y la conserva, también hasta el sublime instante de la resurrección.

Difíciles palabras, pero eran sus palabras. Y creímos lo que decía.

Sonrió compasivo y recalcó:

—Tened calma. Mi Padre es sabio. Él sabe… Confía en mí.

—Señor —lo interrogué perplejo—, ¿y qué sucede en el instante exacto de la resurrección?

—Sencillo: alma y memoria se reúnen. Y caminan juntas… para siempre.

—¿Y la “chispa”?

—También te lo dije: no te abandona jamás. Es es tercer “viajero” hacia la Perfección.

—Y ese “viaje”, Señor, ¿cuánto dura?

—Si lo expreso en términos humanos, no lo comprenderías.

—¿Me aburriré?

—Lo dudo…

—¿Y cuánto tiempo permaneceré como “MAT-1”?

—Lo justo y necesario. No mucho…

—Señor, ¿qué te ocurre? Estás muy lacónico.

—Compréndelo. No está bien que me tires de la lengua…

Eliseo, como siempre, no escuchó.

—¿Y después? ¿Qué pasará cuando, al fin, sea un “hombre-luz”?

—¡Sorpresa!

—Entiendo…Veré al Jefe.

El Maestro, malévolo, negó con la cabeza.

—¿No? ¡Pues sí que está lejos!

—Por cierto, Señor —intervine, planteando un asunto que, al menos para mí, no había quedado claro—, en esos mundos, al pasar de un “MAT” a otro, ¿se muere de nuevo?

El Galileo sonrió y, mirándome como a un niño, sentenció rotundo:

—No.

—Entonces, solo se muere una vez…

—Exacto. Os lo he dicho: Ab-bā es poderoso, pero prefiere la imaginación. Decidme: ¿sabéis de algo en la Naturaleza que se repita?

Silencio.

—No —me rendí—, que yo sepa, nada es igual.

—Muy bien, Jasón. ¿Y por qué el fenómeno de la muerte iba a ser una excepción? Tu Padre “sabe”…

—¿Por qué nadie vuelve después de la muerte?

—Te equivocas. Yo lo haré.

— Ya me entiendes… Me refiero a los seres humanos.

— Son las reglas. Vosotros también tenéis las vuestras…

—Qué cielo más raro…

—No, eso no es el cielo. Os lo dije: tenéis una idea equivocada. El cielo, el Paraíso, está mucho más allá. Ahora es imposible que captéis su auténtica naturaleza. En los mundos que os aguardan tras la muerte tan solo intuiréis esa inmensa, inmensa maravilla.

—¡Dios bendito! —estalló mi amigo—. ¿Cómo vamos a transmitir todo esto a nuestro mundo? La ciencia no lo aceptará…

—Mis queridos hijos: ¡dejad en paz a la ciencia! No estáis aquí para convencer a nadie. Solo para transmitir. Dejad que la verdad toque los corazones. Con eso es suficiente.

Eliseo, terco no aceptó. Entonces rememorando el vuelo de la bella mariposa que se posó en su vara, Jesús de Nazaret puso un elocuente ejemplo:

—Queridos míos, la filosofía que rige los universos no puede ser entendida por la inteligencia material. Nos os preocupéis…

Respondedme: si los hombres de ciencia no tuvieran la posibilidad de comprobar la metamorfosis de una mariposa, ¿aceptarían que esa criatura ha sido primero una oruga? Dejad que pasen al “otro lado”. Entonces verificarán que las leyes que gobiernan esas otras realidades son tan físicas y rígidas como las del tiempo y el espacio. La sorpresa, entonces, los desconcertará. Vosotros sois testigos. El Hijo del Hombre, una “oruga” más, hará el milagro y se convertirá en “mariposa”

Insisto: limitaos a ser mensajeros de mi palabra.

—Por cierto, Señor, ya que lo mencionas, tenemos una ligera idea, pero nos gustaría confirmarlo… ¿Qué ocurrió, perdón, que ocurrirá, con tus restos mortales? ¿Cómo desaparecerán de la tumba?

—Cosa de ángeles…

Esbozó una pícara sonrisa y añadió:

—Tendréis que preguntárselo a ellos. Yo no tuve nada que ver.

Titubeó unos instantes y redondeó:

—Mejor aún: interrogaos a vosotros mismos. En cierto modo también sois ángeles y conocéis esas “técnicas”.

Entendí. Casi sin palabras, el Maestro vino a ratificar nuestras sospechas. La misteriosa desaparición del cuerpo obedeció, muy probablemente, a una “manipulación” del tiempo. Alguien, sus ángeles, “condensó” o “concentró” en décimas o centésimas de segundo los años que hubieran sido necesarios para ultimar un proceso normal de putrefacción. Y la materia orgánica, mágicamente, se extinguió.

—No caigáis en el error de asociar ese gesto de piedad y respeto, por parte de los míos, con la realidad de mi vuelta a la vida. Mi resurrección no depende de nadie. Yo soy la Vida.

Mensaje recibido.

Y exclamó, cerrando aquella inolvidable conversación:

—¡Llenaos de esperanza!... ¡La muerte solo es un sueño!... ¡Sois inmortales por expreso deseo de Ab-bā!... ¡Sois hijos de un Dios!... ¡Transmitidlo!

¿Transmitir la esperanza? ¿Seré capaz?

Que Él me ayude…


* Ver entrada: El otro lado (I).

jueves, 20 de agosto de 2026

Usar la imaginación (V)

Cuento para niños y no tan niños.

Imagen creada con IA por Microsoft Designer (06-02-2026).

Cuento del perro comprado

Autor: Emili Teixidor. “Cuentos de intriga de la hormiga Miga”.

«Este era un perro muy fiel que no tenía dueño.

Pero como no tenía dueño, no podía ser fiel a nadie, así que decidió buscarse un amo al que servir y serle fiel. Eso era lo que más deseaba.

Se colocó en perro en una esquina muy transitada a ver si algún amo o ama se fijaba en él y aceptaba sus servicios y su fidelidad.

Pero la gente pasaba a su lado apresurada y preocupada y no se daba cuenta de su presencia. Y los pocos que lo hacían, le miraban con disgusto y exclamaban:

—¡Huy, un perro abandonado, sin dueño!

—¡Un perro de la calle, nunca lo adoptaría!

—¡Un perro sin familia conocida!

En vista del fracaso, el perro decidió seguir al transeúnte que le pareciera más adecuado para ser su dueño y continuar detrás de él hasta que aceptara su compañía.

El primero fue un hombre importante que, antes de entrar en un restaurante de lujo en el que no admitían perros, le dio una patada y le obligó a largarse.

El segundo era una viejecita amable, que llamó al servicio de recogida de perros abandonados del ayuntamiento para que se preocuparan por el perro perdido. El perro huyó despavorido antes de que llegaran los guardias.

Y el tercero fue un chico que se agachó para acariciarlo y preguntarle si quería estar con él, si quería ser suyo; pero sus padres se enfadaron al darse cuenta de que se paraba en la calle para hablar con un perro y le obligaron a levantarse enseguida y a seguir a su lado haciéndole prometer que nunca más tocaría a un perro de la calle.

El perro suelto se quedó muy triste, porque aquel parecía un buen amo. Pero al poco rato del encuentro el chico volvió, esta vez solo, lo recogió en un gesto rápido y mientras lo llevaba corriendo a una tienda de animales de compañía, le explicó que obedeciera sin rechistar todo lo que le ordenara el dueño del negocio, que confiara en él, que se había escapado un momento de un restaurante cercano con la excusa de ir al servicio.

El dueño lo lavó y cepilló en un momento, lo arregló bien, le puso un collar de terciopelo en el cuello y lo colocó en el escaparate de la tienda, con una caseta al lado, rodeado de espigas verdes.

Al poco rato pasaron por delante de la tienda la familia antipática y el chico amable, y el muchacho hizo detener a sus padres ante el escaparate para admirar la belleza del perro expuesto. Dijo que quería ese perro de regalo, que era lo que le apetecía más del mundo. Que así evitaría la tentación de llevarse a casa los perros de la calle. Los padres accedieron encantados, y así fue como el perro perdido halló un amo que merecía su fidelidad.

Los padres dijeron:

—Para conocer bien el precio de las cosas, lo mejor es comprarlas.

El chico le dijo al perro:

—La amistad es libre, no se compra ni tiene precio. La encuentras y la aceptas libremente.

Y el perro pensó:

—Este chico ha luchado por mí y yo lo acepto como amo y le seré fiel sin límite ninguno».


sábado, 15 de agosto de 2026

Beneficios de la gratitud

Foto (generada por IA) de “Geralt” en Pixabay.

Fuente: “Esencial” de Xabier Guix, Francesc Miralles y Álex Rovira.

La gratitud es uno de los dones más poderosos que podemos cultivar a lo largo de la vida, pues nos permite conectar con la belleza de la vida y su abundancia, en lugar de centrarnos exclusivamente en lo que nos falta, lo que está mal o lo que debería ser de otra manera.

La práctica de la gratitud no solo enriquece nuestra experiencia personal, sino que transforma a la vez las relaciones con los demás, así como el mundo que nos envuelve.

La gratitud tiene el poder de reconfigurar la mente y es sanadora. Cuando somos agradecidos, activamos circuitos cerebrales que mejoran el estado de ánimo, reducen el estrés y la ansiedad, mejoran el sueño y fortalecen el sistema inmunológico. No hay prescripción médica que lo supere, sin costes ni efectos secundarios.

La neurociencia confirma que, cada vez que agradecemos lo que tenemos en lugar de ver lo que nos falta, el cerebro nos premia incrementando la producción de dopamina y serotonina, neurotransmisores asociados a la felicidad.

Cuando estamos agradecidos, el miedo desaparece y aparece la abundancia. La gratitud también se vincula con la creatividad y la acción. El acto de agradecer nos centra en el presente y nos conecta con una sensación de plenitud.

La gratitud no es solo una reacción ante lo recibido, sino también una herramienta para visualizar y atraer aquello que queremos conseguir. Se trata de agradecer algo como si ya lo hubiéramos conseguido. Por supuesto, un agradecimiento sincero y sentido.

Otro beneficio de la gratitud es su relación con el perdón. No podemos estar agradecidos si vamos cargados de rencores y resentimientos. El perdón permite liberarnos de esos pesados lastres, dejando espacio para la gratitud. Solo dejando ir el pasado y agradeciendo el presente, se puede crear un futuro mejor. Lo mismo sucede con las preocupaciones. Si las mantenemos en la mente durante demasiado tiempo, nos pesan cada vez más y nos impiden ver lo que tenemos delante.

Conocemos la gratitud no solo cuando la gozamos, sino cuando experimentamos también su falta. La ingratitud no es la incapacidad de recibir, sino la incapacidad de devolver, ni que sea un poco, de la alegría recibida o sentida por lo que nos han dado. La ingratitud abunda. Podemos comprobarlo a diario, pero tenemos que tener en cuenta que la gratitud no es exigible, es gratuita y no entiende de medidas.

Cumplir con el mandato de dar siempre las gracias, es una gratitud de interés disfrazado, de quedar bien. La gratitud no puede ser un toma y daca, un trueque. La verdadera gratitud es el don de compartir por el amor de compartir. Por eso es una virtud.


lunes, 10 de agosto de 2026

No te aferres al pasado

Foto, modificada, de “Magnific”.

Fuente: “La riqueza que el dinero no puede comprar” de Robin Sharma.

Respeto mucho a las personas mayores. Han vivido tanto que a menudo son las más amables, divertidas y reflexivas, pero muchas de ellas pasan horas hablando de hazañas que consiguieron, aventuras que corrieron en su juventud y contando anécdotas de hace muchos años. Acaba siendo aburrido.

En ningún caso juzgo, pero, es mi opinión, esas personas se han quedado estancadas. Han caído en la trampa de creer que sus mejores días han quedado atrás. Han perdido muchas de sus esperanzas. No ven tiempos mejores en un futuro, porque la cantidad de días que les quedan por delante es mucho menor que la de los días pasados.

Y así, se aferran a sus historias. Recuerdan los momentos especiales una y otra vez.

Ten cuidado, evita caer en este error y, a medida que te hagas mayor, haz que lo que esté por venir sea aún mejor.


miércoles, 5 de agosto de 2026

Lo que pudo haber sido y no fue (II)

Imagen, modificada, creada con IA por Microsoft Designer (03-02-2026).

Los tres monjes y el diablo

Este tipo de historias sobre enfrentamientos entre el diablo y personajes religiosos suelen formar parte de la tradición popular. Se puede encontrar una versión de esta historia narrada por el sacerdote Jesús María Silva Castignani.

El demonio se apareció a tres monjes y les dijo: “si les diera potestad para cambiar algo del pasado, ¿qué cambiarían?”.

El primero de ellos, con un gran fervor apostólico respondió: “Impediría que hicieras caer a Adán y Eva en el pecado para que la humanidad no pudiera apartarse de Dios”.

El segundo, un hombre lleno de misericordia, le dijo: “Impediría que tú mismo te apartases de Dios y te condenaras eternamente”.

El tercero de ellos era el más simple y, en vez de responder al tentador, se puso de rodillas, hizo la señal de la cruz y oró diciendo: “Señor, libérame de la tentación de lo que pudo ser y no fue”.

El diablo, dando un grito estentóreo y estremeciéndose de dolor se esfumó. Los otros dos, sorprendidos, le dijeron: “hermano, ¿por qué has reaccionado así?”.

Él les respondió: “primero: nunca debemos dialogar con el enemigo.

Segundo: nadie en el mundo tiene poder para cambiar el pasado.

Tercero: el interés de Satanás no era probar nuestra virtud, sino atraparnos en el pasado, para que descuidemos el presente, el único tiempo en el que Dios nos da su gracia y podemos cooperar con ella para cumplir su voluntad”.

De todos los demonios, el que más atrapa a los hombres y les impide ser felices es el de “lo que pudo ser y no fue”.


lunes, 3 de agosto de 2026

Amanecer (IV)

Amanecer en Roquetas de Mar (Almería). Fotografía de Luma Olivares.

Fuente: “365 ideas para cambiar tu vida” de Francesc Miralles.

Cuando a la orilla del mar en calma, en soledad elegida y armonía con la naturaleza, contemplo el amanecer, se produce un momento sublime en el que se origina el reconocimiento a nivel emocional de algo muy profundo, que no soy capaz de expresar con palabras.

Son momentos en los que se mezclan la belleza y la tristeza y me embarga un sentimiento de extraña melancolía, serena, que no acabo de comprender, pero que refleja mi existencia y mi destino como ser humano.

Tal vez, me sienta triste porque no puedo retener el momento… Pienso que puede ser el último de mi vida y por eso, el amanecer a la orilla del mar, en soledad elegida y armonía con la naturaleza, me invita a vivir el aquí y ahora.


jueves, 30 de julio de 2026

El otro lado (I)

Fuente: “Hermón. Caballo de Troya 6” de Juan José Benítez.

En un proyecto secreto, conocido como “Caballo de Troya”, dos pilotos de la Fuerza Aérea Norteamericana viajan en el tiempo al año 30 de nuestra era, a Judea, para comprobar cómo fueron los últimos días de Jesús de Nazaret. Fascinados por su figura y pensamiento, deciden acompañar al Maestro durante su vida pública. Para ello, actúan al margen de lo establecido en la operación. Jasón y Eliseo, así son conocidos los dos pilotos, retroceden al mes de agosto del año 25 de nuestra era. Buscan a Jesús y lo encuentran en el monte Hermón, permaneciendo con Él durante cuatro semanas.

Todos los días, Jesús se marchaba al amanecer hacia los ventisqueros y solía volver sobre las tres o las cuatro de la tarde. Siempre volvía alegre, renovado, casi transfigurado… y, tras la cena, todas las noches, las ansiadas tertulias…

Imagen creada con IA por Microsoft Designer (30-01-2026).

... «Y así, mágicamente, fue a hablarnos de “algo” a lo que nunca quise enfrentarme. Una realidad, sin embargo, a la que nadie escapa.

Eliseo le puso el tema en bandeja.

—Ya que hablas de la muerte, Señor, dime: ¿no te asusta?

La respuesta fue categórica. Fulminante.

—Responde primero otra pregunta: ¿te asusta dormir?

—No, pero no veo la relación…

—Es lo mismo.

—¿Morir es dormir?

—Así es. Solo eso.

—¿Y después?

—Después… ¡la vida!

—Un momento —se despachó Eliseo, muy consciente de la gravedad de lo que se estaba planteando—, ¿hablas en serio o en parábola?

Jesús contuvo la risa.

—Muy en serio…

Silencio sepulcral… Y nunca mejor dicho.

Eliseo y yo nos miramos. Ante semejante y categórica afirmación solo cabía creer o no creer. El problema era que aquel Hombre jamás mentía. Si Él aseguraba que tras la muerte hay vida… no teníamos alternativa. ¡Hay vida!

—Es que es muy fuerte, Señor…

—Sí, lo sé. Esa es otra de las razones de mi presencia entre los humanos. Cuando llegue el momento… ya sabéis a qué me refiero, lo verán con sus propios ojos. Verán al Hijo del Hombre resucitado de entre los muertos. Y lo verán con una forma idéntica a la que todos disfrutaréis tras el sueño de la muerte.

—Pero, Señor, tú eres Dios. Tú sí puedes hacerlo. Nosotros, en cambio…

—No, hijo mío. Mi resurrección pondrá de manifiesto la gloria del Padre, pero también tendrá una segunda y no menos importante justificación: la esperanza. Te lo dije: sois inmortales. Seréis resucitados.

—¿Seremos? ¿Por quién?

—Justamente por mis ángeles.

—¿Por los pájaros?

Tercié en la charla, amonestando a mi compañero. No era momento para bromas. Jesús, sin embargo, me lo reprochó.

—Querido amigo, deja a tu hermano que se exprese. Cuanto más importante y serio es un asunto, más humor necesita… El sentido del humor, no lo olvides, no fue inventado por el hombre. Es cosa de los cielos.

Eliseo, crecido, fue a los detalles. Y yo, sinceramente, lo agradecí.

—Pero, ¿dónde?, ¿cómo?

El Maestro, feliz, solicitó calma. Y fue desgranando algunas informaciones.

—¿Recuerdas?: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas…”.

Asentimos impacientes.

—Pues eso. En mi reino hay unas estancias… digamos que “especiales”, en las que volvéis a la vida. A la verdadera vida.

Nos observó complacido.

—Tras la muerte, tras ese fugaz sueño, apareceréis en un mundo distinto.

—¿Con casas?, ¿con árboles?, ¿con ríos?...

—Sí, mi impulsivo amigo, igual que este…, pero distinto. Decidme. ¿imagináis unos cuerpos, una materia, que son y no son materia? ¿estáis capacitados para comprender una carne que, además es luz?

¿Carne y luz al mismo tiempo? No, no éramos capaces de asimilar ese concepto.

Eliseo, de pronto, recordó algo que discutimos largamente en la cumbre del Ravid. Y, ni corto ni perezoso, expuso su original y gratificante teoría sobre “MAT-1”.

El Maestro escuchó atenta y visiblemente conmovido. Cuando Eliseo concluyó, sencillamente, le sonrió, aprobando su hipótesis con varios y afirmativos movimientos de cabeza.

Fue suficiente.

—¡Lo sabía!... ¡Mitad materia, mitad luz!

Pero el rabí, interviniendo, lo deshinchó en parte:

—Más o menos…

Imagen realizada con las ilustraciones de “JESUS_is_our_only_HOPE” en Pixabay y PNGEgg

Acto seguido, enlazando con algo que repetiría hasta la saciedad advirtió:

—¿Comprendéis ahora por qué os pido con tanta insistencia que VIVÁIS la vida? ¿Entendéis por qué he dicho que estoy aquí para experimentar la existencia humana?

—Déjame adivinarlo. Parece simple… Esta forma de vida es única. Allá en esos mundos especiales, tendremos otros “cuerpos”… distintos. No podremos vivir como ahora. ¿Te refieres a eso? ¿Estás hablando, Señor de apreciar y aprovechar esta oportunidad? ¿Nos estás diciendo que VIVAMOS la vida porque no disfrutaremos de otra semejante?

No respondió. Nos dejó en suspenso unos segundos y, al percibir nuestra ansiedad, sonrió feliz, exclamando:

—¡Perfecto, Jasón! VIVID intensa y generosamente. Saboread la vida. Disfrutad cada instante. Sabed que esta oportunidad, como dices, es única. Nunca volveréis a este estado. Amad la vida. Respetadla. Compartidla. Usadla con inteligencia y moderación. Os lo dije: es un regalo del Padre.

Mi hermano, entonces, estalló como un volcán, interrogándolo sin respiro.

—Y ahí, Señor, ¿qué se hace?

—Te lo estoy diciendo, pero no escuchas: despertar.

—Pero, ¿a qué?

—A la verdadera, a la definitiva vida. Ahí comienzas. Ahí arrancas hacia el Padre.

—¿Se trabaja?

—Por supuesto, aunque al principio todos necesitáis una “limpieza”…

Notó nuestra perplejidad y aclaró:

—Cuando seáis despertados en ese mundo, todo, prácticamente, será idéntico a lo que acabáis de dejar aquí. Os lo repito: es un simple despertar. Pero los defectos y vicios de la naturaleza humana seguirán pesando… en parte. Y los míos se ocuparán entonces de “limpiarlos”. No os preocupéis: la “cura” es rápida y sin dolor. Comprendedlo: en esa otra realidad no cabe la densa y torpe herencia que arrastráis. Os prepararán para un largo, muy largo, camino hacia Dios. Un camino cada vez más espléndido. Una senda en la que, poco a poco, la luz dominará a la materia. Y llegará el día en que solo seréis eso: luz

—Entonces veremos a Dios…

—¡Tranquilo muchacho! A Dios lo verás… a su debido tiempo.

—Mitad luz, mitad materia… ¿Y cómo se sostiene esa materia? ¿se come en el “otro lado”?

—Se come y se bebe… pero no lo que tú crees.

Esa afirmación del rabí coincidía con lo detectado por nosotros durante la aparición número catorce del Resucitado, en la mañana del sábado, 22 de abril del año 30, en la colina de la “Ordenación” (hoy llamada de las Bienaventuranzas). En aquella oportunidad, el instrumental de la “cuna” detectó en el “cuerpo glorioso” una clara ausencia del sistema circulatorio y digestivo, tal y como lo entendemos en la Tierra. Él no lo dijo, pero quien esto escribe hizo sus propias deducciones: quizá en ese nuevo mundo, en ese nuevo estado —en “MAT-1”, como decía mi compañero—, los “alimentos”, integrados por esa enigmática sustancia (mitad materia, mitad energía), fueran absorbidos total y absolutamente. En otras palabras: una “alimentación” sin desechos. En cuanto a la carencia de aparato circulatorio, la explicación podía ser muy similar. Aunque la ciencia no está capacitada todavía para entenderlo, quizá esos “cuerpos” no se vean en la necesidad de respirar. O, si lo hacen, quizá se nutren de oxígeno, o de lo que sea, por contacto directo de la “piel” con el medio ambiente.

Lo sé. Puras especulaciones… Sin embargo, por ahí apuntaron las respuestas del Hijo del Hombre.

Como decía el Maestro, “quien tenga oídos…”.

—Seréis como ángeles…

—¿Con esposa o sin esposa?

—En esa nueva realidad no se precisa el sexo, tal y como lo entendéis en la Tierra. Allí no existen esas inclinaciones. Entre otras razones, porque la carne, el cuerpo material, no pasa al “otro lado”. Aquí queda y aquí desaparece.

—Dices que somos inmortales. Así nacemos. Entonces, ¿por qué no resucitamos por nosotros mismos? ¿Por qué se precisa de tus ángeles?

Jesús tropezó con el gran problema: la limitación de la mente humana. Aun así, el rabí lo intentó.

—Hijo mío, no es mucho lo que puedo decirte… por ahora. Hay criaturas del tiempo y del espacio que no estrenan siquiera su inteligencia. Por múltiples razones se ven privadas de un mínimo de espiritualidad. Pues bien, según lo establecido por Ab-bā, esos humanos no son “despertados” tras la muerte. Deben esperar, en un sueño colectivo, a que llegue su hora. Y no preguntes más. Acepta mi palabra…

Entonces creí entender una de las misteriosas frases del Resucitado, pronunciada el 5 de mayo del año 30, en la aparición en la casa de Nicodemo, en la Ciudad Santa: “…Más que por esto (se refería a su resurrección), vuestros corazones deberían estremecerse por la realidad de esos muertos de una época que han emprendido la ascensión eterna poco después de que yo abandonara la tumba de José de Arimatea…”.

—Solo una cuestión, Señor. Otros muchos seres sí disponen de ese mínimo de inteligencia y espiritualidad. ¿Por qué no se resucitan por sí mismos?

—Sois inmortales, sí, y por derecho propio. Así lo ha querido Ab-bā. Pero no confundas inmortalidad con vida.

—No comprendo… ¿No es lo mismo?

—Sí y no. La vida precede siempre a la inmortalidad. Esta, en definitiva, depende de aquella. Y no olvides que la vida es una prerrogativa del Padre. Yo dispongo de ese poder por su inmensa generosidad. Vosotros, en cambio, no estáis capacitados para ponerla en pie…

Mi hermano le interrumpió.

—¿Quieres decir que el hombre nunca creará vida?

—Así es. Mientras pertenezca al reino de lo material… nunca lo conseguirá. ¡Nunca!

Aquel “¡nunca!” sonó rotundo. Yo diría que premonitorio. Todo un aviso para nuestro mundo. Y añadió con idéntica contundencia:

—No lo olvidéis: la vida es sagrada. Es patrimonio del Padre. Abortarla, suprimirla o herirla es un desprecio a quien la entrega gratuitamente.

Mensaje recibido».


domingo, 26 de julio de 2026

El cuervo

Imagen realizada con las ilustraciones de “Marcelkessler” en Pixabayy de PNGWing

Adaptación del cuento incluido en el libro “Cuentos zen para el despertar” de Javier Gutiérrez Ornelas.

En un hermoso bosque meditaba un maestro zen reconocido por su poder de hablar con los animales y obrar milagros. La sombra de un frondoso pino le daba cobijo y su aroma impregnaba el ambiente.

El maestro sintió que sobre su cara caían unas gotas de agua. Entonces, abrió los ojos, dirigió la mirada a la copa del árbol y vio a un cuervo que, posado en sus ramas, lloraba desconsolado. Eran sus lágrimas las que caían en su rostro.

El maestro le preguntó:

—¿Por qué lloras, amigo cuervo?

El ave le contestó:

—Lloro porque soy muy infeliz: soy muy feo, nadie me quiere, todos me espantan y nadie me da alimento. ¿Podrías, poderoso maestro, por favor, convertirme en otra ave? Ya no quiero ser un cuervo.

El maestro zen le confirmó:

—Sí puedo, pero antes ve con el ave que quieres ser y pregúntale si es plenamente feliz.

Entonces el cuervo secó sus lágrimas y, motivado, voló hasta el lago donde nadaba un cisne y le dijo:

—Señor cisne, ¿es usted plenamente feliz con su elegante cuerpo y su hermoso color blanco?

El cisne le manifestó:

—Si quieres encontrar un ave realmente feliz, ve hasta el zoológico y pregúntaselo al pavo real; es el ave más hermosa del mundo.

El cuervo se entusiasmó nuevamente, imaginándose ya con todos los colores y la majestuosidad de un pavo real, y fue a verlo:

—Señor pavo real, usted que es tan hermoso, tiene una cola maravillosa, un bonito plumaje y un bello penacho, ¿es plenamente feliz?

El pavo real le respondió:

—Soy el ave más infeliz del mundo. Antes de ser encerrado en este zoológico, las personas me perseguían para quitarme, lastimándome, mis plumas para decorar sus atuendos. Ahora vivo aquí, sin poder moverme libremente, solo para deleitarles y me acosan para que abra la cola sin dejarme descansar ni un momento.

El cuervo, sorprendido y decepcionado, le preguntó:

—Entonces, ¿cuál crees que es el ave más feliz del mundo?

El pavo real le contestó:

—El ave más feliz del mundo eres tú. Yo quisiera ser un cuervo como tú para que nadie me arrancara las plumas, ni me encarcelaran ni me acosaran y poder, como tú, volar libre por el cielo.

El cuervo, sorprendido y maravillado consigo mismo, regresó al árbol donde meditaba el maestro zen y le dijo:

—Querido maestro, ya no quiero ser cambiado por ninguna otra ave.

El cuervo emprendió feliz su vuelo y el monje sonrió y siguió meditando.