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jueves, 31 de diciembre de 2020

Toma las riendas de tu vida

Felicitación del Año Nuevo 2021


 “Terre Enchanteresse”. Michel Pépé.

Fuente: “Cuentos para reparar alas rotas” de Nekane González y Virginia Gonzalo.

«Existen hilos que nos unen a algunas personas; en cambio, hay otros que nos atan a ellas.

La diferencia reside en que, mientras que los primeros nacen para hacernos grandes, los otros surgen para mantenernos pequeños.

Cada mañana tienes la oportunidad de definir qué quieres hacer con tu día, recuperar el control de tus sueños y dejar de cumplir expectativas ajenas para enfrentarte al desafío más bonito de todos: tomar las riendas de tu vida.

Tus decisiones, tu tiempo y tus prioridades son tuyas. A la hora de delimitar tu espacio, no des por hecho las cosas, sé fiel a tus valores y flexible cuando lo creas conveniente; prioriza tus intereses sin justificarlos y mira por ti sin disculparte.

Tienes derecho a decir “no”, a rechazar lo que no te convenga y a expresar molestia cuando la sientas. Recuerda que, a veces, no es imprescindible responder a todas las peticiones en ese preciso momento, sino que puedes tomarte el tiempo suficiente para pensar si quieres decir “sí” o si, por el contrario, necesitas enunciar un rotundo “no”. Recuerda que aplazar una respuesta cuando el objetivo es conectarte con tu propia honestidad no es un gesto de negación, sino de autoafirmación.

Y afirmar es decirte sí a ti mismo, sin condiciones. Sí a vivir en primera persona. Sí a romper con lo establecido. Sí a sentir que tus deseos y decisiones están, como mínimo, a la misma altura que los del resto. Sí a creer que mereces todo lo bueno que te ocurre y aquello que está por venir.

El día que descubres que los hilos de tu vida solo los manejas tú, se abre ante ti todo un mundo de posibilidades.

El día que empiezas a dibujar tu frontera, lejos de delimitarte, te sorprenderá lo amplio que puede llegar a ser tu horizonte.

El día que sostienes con soltura los hilos que te hacen grande y cortas aquellos que te hacen sentir pequeño, un mundo nuevo se abre paso ante tus ojos.

El día que decides tomar el control de tu vida, comienza la relación de amor más auténtica y duradera de todas: la tuya contigo».

¡FELIZ AÑO NUEVO!


ALGUNAS ENTRADAS RELACIONADAS EN ESTE BLOG:

- El poder de cambiar (2020)
- Fluye con la vida (2019)
- Decálogo de libertad (2018)
- Te desafío (2017)
- Para vivir... (2016)

martes, 29 de diciembre de 2020

A este lado del cristal

El grupo musical “La Oreja de Van Gogh” está preparando la gira “Un susurro en la tormenta”, que tienen previsto iniciar el próximo mes de marzo.

En los ensayos surgió y grabaron ellos mismos, a modo de felicitación de Navidad, la breve, pero intensa balada “A este lado del cristal”. La canción tiene un gran mensaje: en estas fiestas, tan diferentes y difíciles, no es necesario contar con las celebraciones en las calles, pues lo que verdaderamente importa, nuestro mayor regalo, lo solemos tener cerca de nosotros, en nuestra casa, y son los pequeños detalles los que hacen especiales estas fiestas.

Aún nos quedan muchos motivos para celebrar.

“Asomada a la ventana veo la plaza desierta.
Solo el viento, que se aburre, mueve algunas hojas secas.
No hay canciones, luz ni niños. Solo una noche cualquiera.
¿A quién queremos engañar? Si ni parece Nochebuena…

Miro al cielo y enfadada exijo alguna explicación,
pero todas mis palabras se convierten en vapor.
Tengo frío y siento rabia, cierro de golpe la ventana
y es entonces cuando veo tu mirada reflejada.

Y de pronto, qué tonta, lo comprendo:
a este lado del cristal está todo lo que quiero.
Si podemos abrazarnos, lo demás puede esperar.
¿No es acaso un buen motivo como para celebrar?

Entonces me seco los ojos
y me siento a tu lado en nuestro sofá.
Me apoyo despacio en tu hombro
y me escucho decirte en voz alta: ¡Feliz Navidad!”.


jueves, 24 de diciembre de 2020

Deja que fluya el bien

Felicitación de Navidad del año 2020


 “Away in a Manger” (Lejos en un pesebre). Coro “The Cathedral Singers”.

Fuente: “Aprendiz de sabio” de Bernabé Tierno.

Que cualquier persona que hoy llegue hasta ti y se ponga en contacto contigo, por cualquier motivo, se lleve algo bueno de ti, algo que le reconforte y le haga sentirse bien consigo mismo: una sonrisa, una palabra de aliento, una alabanza, un pequeño detalle…

Muéstrate hoy feliz y muy agradecido por vivir, por tener salud, porque hay personas que te quieren, por todo lo que has recibido y recibes de los demás.

Adquiere la saludable y reconfortante costumbre de bendecir y desear el bien a cuantos te rodean, de ser agradecido y de sentir gozo por lo que eres y por lo que tienes.

El intercambio dinámico del universo —la ley del dar y del recibir— se cumple inexorablemente. Por eso, no ceses de generar acciones nobles y saludables, que producen un gran bien en tus semejantes y se convierten en un bien mayor para ti mismo. Tampoco te olvides de tratar con afecto y comprensión al mejor amigo que tienes y que nunca puede fallarte y que eres tú mismo.

Sé consciente de toda la energía y potencialidad que recorre tu ser y no ceses de disfrutar de todos los dones que te ofrece la vida y la naturaleza. Disfrútalos, mientras pasen por tu vida, pero no intentes retenerlos; deja que fluyan, que circulen, que salgan de tu persona hacia tus semejantes.

Percibe tu individualidad, tu singularidad y tu grandeza. Sé consciente de tu importancia, a pesar de tu pequeñez, haciendo buenas las palabras de Duane Elgin: «Nadie puede ocupar tu lugar. Cada uno de nosotros teje una hebra en la tela de la creación. Nadie puede tejer esa hebra por nosotros».

Aprende a ser siempre, estés donde estés, correa de transmisión del bien, porque nuevos gozos y bienes esperan su momento para llegar a tu vida.

FELIZ NAVIDAD


miércoles, 23 de diciembre de 2020

Un cuento por Navidad (III): El niño descalzo

Cuento para niños y no tan niños

En ocasiones, el alma agradece ese almíbar capaz de traer al presente un poco del calor del hogar de tu niñez.


 “Petit Papa Noël”. Nana Mouskouri.

El niño descalzo (Cuento tradicional francés)

Hace mucho tiempo, en un remoto pueblo de Francia, vivía un niño llamado Pierre que era huérfano. Había perdido a sus padres cuando era muy pequeño y vivía con su tía, una mujer egoísta y avariciosa, que nunca había sido cariñosa con él. Vivían en una casa ruinosa, muy incómoda y fría en invierno. Sin embargo, el pequeño, que soportaba los malos tratos de su tía, tenía un corazón noble y bondadoso y era amable con los demás.

Pierre andaba siempre descalzo, pues su tía, que era muy tacaña, no le compraba zapatos desde hacía mucho tiempo. Cuando llegó el invierno, el niño se talló unos zuecos de madera para poder proteger sus pies de la nieve.

El día de Nochebuena, como cualquier niño, se encontraba muy nervioso por la llegada de Papá Noel. Dejaría sus zuecos junto a la ventana para que pudiera dejarle regalos.

Al salir de la Misa del Gallo, Pierre vio a un niño vestido de blanco que tiritaba de frío en un rincón de la calle. Estaba descalzo y a Pierre le dio tanta pena, que se quitó uno de sus zuecos y se lo dio.

Al regresar a casa, su tía se enfureció al verle:

—¡Ya has perdido uno de tus zuecos! —le regañó— ¡Pues no voy a dejar que gastes otro tronco de leña para tallar uno nuevo! Ahora te vas a la cama sin cenar.

Pierre se fue muy triste a la cama, pero, antes, dejó el zueco que le quedaba junto a la ventana.

A la mañana siguiente, corrió a ver su zueco y se quedó impresionado. ¡Papá Noel le había dejado un par de relucientes zapatos, un abrigo, un gorro, una bufanda, unos guantes, un cuaderno, lápices de colores y una pelota!

Fue corriendo a la ventana y, al mirar al cielo, descubrió el trineo de Papá Noel que se alejaba. A su lado iba un niñito vestido de blanco, que sostenía el zueco que él le había regalado. ¡El niño al que le regaló su zueco era el Niño Jesús!

En la medida en que des al mundo, el mundo te lo devolverá con creces. Dar para recibir. Sé generoso con quienes te rodean.


domingo, 20 de diciembre de 2020

Vivir en el cielo

Felicitación de Navidad del año 2020 para los seguidores del blog

Como cada año, quiero felicitar en Navidad a los seguidores del blog “Si yo cambio, todo cambia” a través de Blogger, Facebook, Twitter, Pinterest o correo electrónico, con un pequeño “gran mensaje”.


 “Immanuel”. Michael Car.

Fuente: “Escúchate” de Prem Rawat.

Me gustaría que supieras que, cualesquiera que sean tus creencias, hay un cielo aquí en la tierra para ti, un cielo que apreciar y del que disfrutar de múltiples maneras.

El cielo es el lugar donde uno se siente pleno. Encontraremos este cielo si abrimos los ojos y el corazón hacia él; si lo percibimos en el aquí y ahora; si apreciamos la importancia y el milagro de cada momento; si reconocemos lo hermoso de estar hoy en este planeta; si nos damos cuenta del regalo de la existencia. Está ahí cada vez que respiramos.

El cielo empieza para nosotros cuando vivimos en paz.

Ver aparecer los primeros rayos de sol es celestial.

Sentir el calor de ese sol que sale, trayendo el día y todas sus posibilidades, es celestial.

Oír los coros de pájaros al amanecer, cantando la dicha de sus corazones, es celestial.

Ver una ballena desafiando la ley de la gravedad durante unos gozosos segundos es celestial.

Sentir el viento fresco en la cara es celestial.

Beber agua bien fría en un día caluroso es celestial.

Comer fruta madura directamente del árbol es celestial.

Ver, durante el crepúsculo, cómo se hunde el sol en el horizonte, despidiéndose del día e invitándonos a descansar, es celestial.

Saber que siempre hay un amanecer y un atardecer teniendo lugar en algún sitio de este hermoso planeta es celestial.

Ver las formas de los campos matizadas por la suave luz de la luna es celestial.

Oír el ulular del búho en la oscuridad del bosque es celestial.

Ver estrellas fugaces, súbitas y sublimes, es celestial.

Ver sonreír a alguien a quien amas es celestial.

Sentirse contento es celestial.

Notar la divinidad en el aliento es celestial.

Estos sentimientos, que son la alegría de la vida, la dicha de existir, están ahí para que todos los saboreemos; dondequiera que vivamos, sea cual sea nuestra edad, creamos lo que creamos, seamos quien seamos.

¡FELIZ NAVIDAD!


viernes, 18 de diciembre de 2020

Breves historias de grandes valores

Fuente: Estas pequeñas historias me las enviaron por WhatsApp. Desconozco su autor/a.

Estas seis pequeñas y sencillas historias definen, con muy pocas palabras, otros tantos valores con mayúsculas. Todo un regalo.

❂ Un día, los habitantes de un pueblo decidieron rezar para pedir que lloviera. La gente se reunió en el lugar acordado para la oración, pero solo un niño acudió con paraguas. Eso es FE.

❂ Cuando lanzas a un niño pequeño por los aires y se ríe, es porque sabe que lo cogerás. Eso es CONFIANZA.

❂ Cada noche nos vamos a dormir sin la seguridad de que estaremos vivos a la mañana siguiente y, sin embargo, ponemos el despertador para levantarnos. Eso es ESPERANZA.

❂ Hacemos grandes planes para mañana a pesar de que no conocemos el futuro. Eso es SEGURIDAD.

❂ Vemos el sufrimiento en el mundo y, a pesar de ello, nos casamos y tenemos hijos. Eso es AMOR.

❂ Había un anciano con la siguiente leyenda escrita en su camiseta: “No tengo 70 años. Tengo 16 con 54 años de experiencia”. Eso es ACTITUD.


domingo, 13 de diciembre de 2020

La necesidad de sentirse querido

Fuente: “Parábolas para vivir en plenitud” de Antonio Pérez Esclarín.


El leñador y su esposa

El cuento “El leñador y su esposa” es una adaptación del cuento que Paulo Coelho incluye en el artículo “La necesidad de recibir: No sentirse inferior”

Había un leñador, fuerte y robusto, que contrajo matrimonio con una mujer totalmente distinta: delicada, suave, con unos dedos prodigiosos con los que realizaba unos extraordinarios bordados.

El leñador estaba muy orgulloso de su esposa y pasaba todo el día en el bosque para que no faltara nada en la casa.

Tuvieron tres hijos que crecieron, estudiaron, se casaron y se fueron a vivir lejos de la casa de sus padres.

Cuando quedaron solos, el hombre siguió trabajando con el mismo afán. A pesar de los años, no disminuía su extraordinaria fortaleza. La mujer, sin embargo, fue languideciendo, dejó de bordar, perdió el apetito, dejó de salir de la casa y pasaba casi todo el día en la cama.

El esposo no sabía qué hacer y se la pasaba dando vueltas como un león enjaulado. Una noche, la esposa empezó a arder de fiebre y una palidez de muerte devoró su rostro.

El leñador tomó en sus manos toscas los delicados dedos de la esposa y comenzó a llorar:

–No me dejes, por favor, no me dejes –gritaba entre sollozos.

La mujer hizo un gran esfuerzo por levantar su pregunta sobre la llamarada de su fiebre:

–¿Por qué estás llorando?

–¡Porque te necesito!

Una chispa suave avivó los ojos de la esposa:

–¿Por qué no me lo dijiste antes? Yo creía que cuando los hijos crecieron y se fueron, ya mi vida no servía para nada. Me sentía tan débil y tan frágil y te veía tan fuerte y tan seguro de ti mismo…

–Me daba pena decirte lo mucho que te necesitaba. Pensaba que no te merecía. Tenía tanto miedo de perderte…

Desde ese momento, la mujer volvió a recuperar la salud, empezó de nuevo a pasear por el bosque y sus dedos recobraron su agilidad y su arte. Su vida había vuelto a tener sentido porque alguien la necesitaba. Alguien era capaz de recibir lo que ella tenía: amor.

No basta querer, es necesario que el otro se sienta querido, que experimente y compruebe el amor. Muchas veces, basta un gesto cariñoso, una simple palabra: “te quiero”, “te necesito”, “cuenta conmigo”…

No nos han educado para expresar nuestros sentimientos y con frecuencia nos privamos de expresar nuestro amor. Pensamos que la otra persona va a pensar que somos sensibleros o cursis y, en muchas ocasiones, expresamos cosas bellas de las personas cuando han fallecido y no pueden oírlas. Ya es tarde…

Todos necesitamos sentirnos valorados y queridos. Todos necesitamos ser reconocidos y apreciados. Todos tenemos hambre de refuerzos positivos. Todos queremos experimentar que somos importantes para los demás y que se valoran nuestros logros y nuestra manera de ser.

Es cierto que solo si uno se acepta y quiere, podrá aceptar y querer a los demás, pero no es menos cierto que la autoestima parte siempre de la estima del otro y es imposible quererse si uno no ha experimentado el amor.


martes, 8 de diciembre de 2020

Preludio

Va transcurriendo y llegando a su fin este año especialmente duro y amargo para tantos y tantos seres humanos en el planeta Tierra y hoy, día de la Inmaculada, es, tradicionalmente, el preludio de la Navidad.

Un año más, quiero enseñaros el belén de mi casa. Muchos lo conocéis, así que no voy a repetiros su descripción y características. Si a alguien le interesan, puede encontrarlas en entradas de años anteriores. En el índice de la etiqueta “El Espíritu de la Navidad” hay un apartado dedicado a los belenes.

Todos los años suelo hacer, con fotos del belén, un vídeo con el que felicito, por Navidad, a familiares, amigos y conocidos y hago una entrada en el blog a la que le pongo el mismo título que el de su música de fondo: “Magníficat”, “Un soplo de aire fresco”, “Meditando con Dios”, “Pura luz”, “La cuna de la vida”… y, este año, “Preludio”, obra musical instrumental del compositor griego Yanni, incluida en su álbum “Tribute” (1997).

Esta entrada quiero dedicarla a cuántos están luchando, como enfermos o como sanitarios, por superar la Covid-19, a todas las personas que han muerto y a sus familiares que se han quedado con la desolación y la pena de no haber podido, ni siquiera, acompañarles y a los que responsablemente se esfuerzan, cada día, por conseguir no expandir este virus.

Preludio es, ante todo, aquello que precede y sirve de entrada, preparación, anticipación, anuncio o comienzo de algo. Que esta Navidad sea el preludio de un nuevo año en el que los seres humanos logremos superar y vencer a esta pandemia que tanto ha cambiado y cambiará nuestras vidas.

Recibimos muchos mensajes que nos advierten de que esta Navidad debe ser diferente si queremos que vuelva a ser igual que siempre, pero me gustaría señalar que hay otra Navidad que nunca cambiará. La Navidad de la que hablo, no podemos encontrarla en el ambiente festivo que suele rodear estos días. Tal vez, podamos encontrarla si somos capaces de ver la luz en la mirada de los seres humanos. Una luz que nace en su interior porque Dios reside personalmente, humilde y silencioso, en cada espíritu. Somos seres extraordinarios. Somos hijos de Dios y hemos recibido el inviolable patrimonio de la inmortalidad. Este es el mensaje que Jesús vino a traernos. Esta es la otra Navidad.

Deseo que os guste.

Música: “Preludio” de Yanni y “Arameic lord's prayer” (fragmento) de Daniela de Mari.


ALGUNAS ENTRADAS RELACIONADAS EN ESTE BLOG:

- Magníficat (2019)
- Un soplo de aire fresco (2018)
- Meditando con Dios (2017)
- Pura luz (2016)
- La cuna de la vida (2015)

viernes, 4 de diciembre de 2020

D.E.V. (Disfrute en vida)

El nuevo anuncio de Campofrío para estas Navidades, dirigido por Daniel Sánchez Arévalo y Paco Plaza, lleva por título D.E.V. (Disfrute En Vida).

En un año en el que el coronavirus SARS-CoV-2 se ha cobrado miles y miles de vidas, los guionistas han querido expresar, con un toque de humor, el sentimiento que genera la muerte en el ser humano. La protagonista del anuncio, de negro y con guadaña en mano, es la muerte, interpretada por Quique San Francisco.

A lo largo del anuncio, que dura algo más de tres minutos, se pone de relieve cómo las personas ignoramos a la muerte y preferimos comportarnos como si no existiera e incluso somos incapaces de pronunciar la palabra muerte y, para nombrarla, empleamos diversos eufemismos (“criar malvas”, “quedarse tieso” o “irse al otro barrio”). Tan solo las personas que han vivido como han querido, no tienen miedo a la muerte y son capaces de enfrentarse a ella.

En el anuncio se hace un homenaje al periodista deportivo Michael Robinson, al cantante Pau Donés, fallecidos ambos este año, y a Chiquito de la Calzada que siempre es recordado en el anuncio navideño de Campofrío.

Además de Quique San Francisco, intervienen Silvia Abril, Juan Echave, Buenafuente, el pianista James Rhodes y María Galiana.

El tema de la muerte es complicado de tratar, pero Campofrío no ha querido dar la espalda a las circunstancias en que vivimos y, con humor, hace una crítica social. Al fin y al cabo, la muerte forma parte de la vida y, a pesar de que este 2020 ha sido un año trágico, el eslogan de la campaña nos señala que “cualquier día, por insignificante, extraño o difícil que parezca, merece la pena ser vivido”. El anuncio, dedicado a todos los que han muerto este año y a los que seguimos intentando disfrutar cada día del regalo de la vida, es, en definitiva, un canto a la vida.

D.E.V. (Disfrute en vida).



domingo, 29 de noviembre de 2020

Educar offline


Fuente: “Cómo hacer que te pasen cosas buenas” de Marian Rojas Estapé.

El siglo XXI es el siglo de la hiperestimulación; gracias —o pese— a las “nuevas” tecnologías, el cerebro se ve expuesto y obligado a procesar cantidades ingentes de datos que llegan a nuestros sentidos, fundamentalmente la vista, que irrumpen en oleadas o de forma simultánea. Esta hiperestimulación tiene graves consecuencias; los niños y jóvenes, acostumbrados a este bombardeo, precisan estímulos cada vez más fuertes e intensos para motivarse. Esto merma su curiosidad, asombro y ganas de querer aprender algo que vaya más allá del mundo digital. Se encuentran desmotivados y su creatividad e imaginación completamente anuladas. No solo eso, desde la infancia, se los acostumbra a un ritmo de vida y a una intensidad que dificulta la serenidad y el disfrute del silencio. Se puede afirmar que saltan constantemente de un estímulo a otro.

No olvidemos que el éxito en la vida lo logran las personas que son capaces de concentrarse y enfocarse en lo que realmente desean, siendo capaces de perseverar en el propósito. La atención del cerebro se desarrolla en la corteza prefrontal. Esta zona se encarga de la voluntad, el autocontrol y la planificación de una tarea. Hay que desarrollar esta zona del cerebro en los niños desde pequeños. Es una de las más importantes de la mente.

Veamos cómo se desarrolla la corteza prefrontal desde el nacimiento. Un bebé comienza a prestar atención cuando ve luz; a los meses de vida, su atención se focaliza donde encuentra luz, movimiento y sonido. El gran reto de la educación consiste en conseguir que los niños presten atención a “cosas” no móviles ni luminosas: papel, comida, escritura, lectura, deberes… Se trata de que sean capaces de concentrar su atención de forma voluntaria.

Si en ese instante de su vida damos a los niños teléfonos o tabletas, la atención del niño vuelve a luz-movimiento-sonido. No es un avance en su corteza prefrontal, sino un retroceso claro, ya que el niño se motiva y responde como cuando era bebé. La única diferencia es que los sonidos son más intensos y las luces y movimientos cambian a una velocidad más vertiginosa.

El cerebro de los jóvenes necesita aprender a focalizar su atención, a desarrollar de manera sana la zona frontal del cerebro responsable de la voluntad y del autocontrol. Una exposición excesiva a la pantalla inhibe el correcto funcionamiento con un claro déficit en la atención y en la concentración. Hoy existe una gran corriente sobre la importancia de la meditación, en particular, el mindfulness —atención plena—. Enseñamos a los jóvenes a no concentrarse y de adultos luchamos por recuperar la capacidad de autocontrol de nuestra mente y atención. Realmente hay algo que no estamos haciendo bien.

La hiperconectividad se encuentra íntimamente relacionada con la hiperactividad. El famoso TDAH —Trastorno por déficit de atención e hiperactividad— guarda un estrecho vínculo con ello. Los jóvenes diagnosticados de TDAH poseen grandes dificultades en la concentración y atención y baja tolerancia ante la frustración. El uso prolongado de las tecnologías produce alternativas gratificantes, fáciles y atractivas, pero dificulta el ser capaces de prestar atención a estímulos no digitales.

Hay que educar offline. Sí, sobre todo a nivel emocional y social. La comunicación cara a cara es el mejor modo de aprender a leer las emociones del otro. No olvidemos que la tan conocida inteligencia emocional es una de las claves del éxito en la vida. La pantalla es la peor educadora para lograrla. Aísla y encapsula al niño de todo lo que le rodea. Frena la capacidad de entender las emociones, de conectar con las personas, con sus emociones y anula la capacidad de expresar lo que uno siente mirando a los ojos de la persona que tiene enfrente.

Los jóvenes conectan más fácilmente con una pantalla, una red social o un videojuego que con la naturaleza, las personas y la realidad.

No se trata de negar la tecnología, ni negar el avance digital, sino de saber introducirla de forma sensata y escalonada en la vida de los niños y adolescentes, enseñándoles a ellos mismos a controlar el acceso a las aplicaciones y a los contenidos.

Decidamos realmente educar para conectar primero con la realidad de las cosas, las emociones de las personas y la naturaleza. Hecho esto, estaremos preparados para adentrarnos, paso a paso, en el mundo digital.


miércoles, 25 de noviembre de 2020

Violeta, la marioneta


Este cuento está incluido con el título de “El encanto de Violeta” en el libro “Cuentos para reparar alas rotas” de Nekane González y Virginia Gonzalo.

«Cada tarde, junto a su titiritero, Violeta se preparaba para el gran espectáculo. Cientos de niños acudían a diario a su teatrillo ambulante para disfrutar de una obra que cobraba especial belleza cuando ella salía al escenario.

Violeta era una marioneta diferente al resto. Gracias a sus sofisticadas articulaciones, lograba hacer espectaculares rotaciones, difíciles de conseguir por el resto de títeres, logrando con ello embelesar al público.

No obstante, su vida era monótona. Desde hacía años, representaba la misma función allá donde iban. Además, se pasaba buena parte del día recibiendo los cuidados del titiritero, que procuraba mantener su maleable cuerpo en perfecto estado para poder seguir haciendo sus complejos números con Violeta. Su aburrida rutina no le permitía dedicarse a aquello con lo que siempre había soñado: ser acróbata. Desde siempre, Violeta había destacado por su equilibrio, agilidad y coordinación. Sin embargo, cuando el titiritero se cruzó en su vida, quedó prendado de su elasticidad y la destinó a vivir siendo una marioneta para siempre.

Si bien durante largo tiempo el titiritero le ofrecía todas las atenciones necesarias, con el paso del tiempo empezó poco a poco a descuidarla.

Un día, en medio del escenario, cuando comenzaba a dar los primeros pasos del baile de la obra que representaba, el hilo que se unía a una de sus extremidades se enredó con el que daba movimiento al brazo del mismo lado de su cuerpo. Al tiempo que ella intentaba desenredarse, su titiritero trataba de mover la caña desde donde la manejaba, creando un nuevo nudo entre los hilos restantes.

Finalmente, abatida, dejó que el artista hiciera su trabajo. Sin embargo, con varios nudos cerca de sus pies, estaba condenada a caerse. Al mismo tiempo, el resto de finos hilos habían dado varias vueltas alrededor de su cuerpo, aprisionándola y privándola de cualquier movimiento. Violeta cayó al suelo, para desconcierto del público.

En ese momento, un gran silencio se impuso en los alrededores del escenario. En sus intentos por iniciar cualquier maniobra que la sacara de semejante situación, Violeta comenzó a escuchar de fondo las risas de la gente. Avergonzada y sin saber qué hacer, forzó uno de los hilos que había anudado su brazo a la cintura con tanta fuerza que, de repente, las hebras se empezaron a rasgar hasta romperse por completo.

De pronto, el brazo de Violeta se desplomó contra el suelo del escenario. Sintió una extraña sensación de dolor, pues estaba acostumbrada a que la movilidad de sus extremidades dependiera de las manos de su titiritero.

Aquel fue el final de Violeta. Con la rotura de uno de sus hilos, la función se dio por terminada, y con ella, su carrera como marioneta. El coste de la reparación era más caro que remplazarla por otra, y su dueño, sabedor de ello, no dudó ni un segundo en guardarla en una caja y hacerse con una marioneta nueva.

—¡Lo siento, querida! Hasta aquí nuestro espectáculo juntos… ¡Fue bonito mientras duró!

Y así fue cómo pasó de ser la estrella del espectáculo a formar parte de una caja vieja llena de trapos, cinchas y otras herramientas que el titiritero guardaba. A través de un hueco podía divisar, a lo lejos, cómo su nueva sustituta hacía su papel y, a pesar de no tener su flexibilidad, cumplía la misma función. Fueron unos días muy tristes para Violeta, quien, durante todo este tiempo, se había sentido irremplazable. Jamás pensó que podría llegar a ser sustituida por otra marioneta, que, además, en lugar de elegantes hilos, tenía simples cuerdas de yute en sus articulaciones y no gozaba de su agilidad.

Con el paso de los días, Violeta fue deteriorándose, y la ausencia de cuidados hizo que el brillo de sus hebras fuera perdiendo luz. Se sentía frustrada y atrapada en aquel lugar oscuro donde llegaban los aplausos de la función que ella solía representar y ahora protagonizaba otra marioneta. En uno de sus habituales enfados por estar privada de libertad, forzó uno de los hilos que, al no recibir el mimo y la atención de antes, se resquebrajó rápidamente y dejó libre el otro brazo de Violeta. Como la primera vez en el escenario, al principio sintió dolor. Sin embargo, tras unos segundos, una sensación de alivio recorrió todo su cuerpo y sus delicados dedos comenzaron a moverse.

Tras ellos, empezó a girar las muñecas por sí misma, doblar sus codos y, finalmente, levantó ambos brazos. ¡No podía creer que estuviera moviendo gran parte de su cuerpo por sí misma!

Invadida por una extraña y nueva sensación de libertad, se armó de coraje y, con todas sus fuerzas, arrancó los dos hilos que aún la mantenían atada a la caña desde donde había sido manejada de por vida. Primero, la pierna derecha; después, la izquierda y, casi sin darse cuenta, Violeta rompió todos los hilos que durante tanto tiempo creyó que le ofrecían la felicidad que necesitaba.

Tras adaptarse a sus nuevos movimientos, con cuidado de no perder el equilibrio, se puso en pie. Fueron los segundos más felices de su vida: ¡consiguió dar el primer paso por sí misma! Logró agarrarse a las paredes de la caja donde estaba guardada y, cuidadosamente y muy poco a poco, pudo salir de ella. Una vez fuera, se aseguró de dar los siguientes pasos sin caerse y, al sentir que era libre de moverse a su antojo, dio un pequeño salto. Y luego otro, y luego otro… demostrándose a sí misma que, a pesar del paso del tiempo, conservaba la agilidad de antaño. Sus movimientos volvían a ser tan armónicos y coordinados como hacía años y sintió que podía cumplir su sueño de ser acróbata.

Y fue entonces cuando consiguió aquello que en lo más profundo de su pequeño corazón de marioneta anhelaba: ser, por fin, libre».


viernes, 20 de noviembre de 2020

Las culpas inexistentes

Fuente: “Las siete llaves” de Álex Rovira y Trías de Bes.

Muchas de las películas de Disney están basadas en una culpa inexistente y la trama siempre es la misma: la culpa dificulta la consecución del destino y sume al protagonista en la vergüenza, la tristeza, la ocultación, la huida y la autoeliminación. El protagonista casi siempre se evade y, alienado de la realidad, se aísla en un mundo aparte para poder vivir sin la losa de la culpa.

Un claro ejemplo lo tenemos en la maravillosa película de Disney “El rey león”. El pequeño Simba se cree culpable y responsable de la muerte de su padre que es arrollado por una estampida de bisontes en un desfiladero. El protagonista, que se siente indigno, carga con una losa que le imposibilita asumir su cargo, su destino y su función: ser el rey de la manada y de los animales de su ecosistema.

Cuando Simba conoce a Pumba y Timón (la mofeta y el jabalí) cantan la célebre canción “Hakuna matata”, que significa “No hoy problemas”. La estrategia de Pumba y Timón es desentenderse de las obligaciones y del propósito vital, del destino que realmente espera a Simba, y esconderlo en una vida paralela donde ser felices. Pero esa felicidad es falsa y, en consecuencia, efímera. Les proporciona una dicha en una burbuja temporal, la de la huida. Pero su misión, lo que Simba está llamado a ser, siempre golpeará su puerta. Cuando se despoja de la culpa, afronta su responsabilidad, ajusta cuentas con Scar, su tío, el verdadero perpetrador del asesinato, lo vence y recupera el cetro de la manada y de la sabana.

El rey león es una película sobre el sentimiento de culpa, la huida de la realidad y el autocastigo que estos generan.

Una culpa inexistente es una responsabilidad que constantemente se te atribuye y por la que se te reprocha errónea o injustamente.

Te la puede atribuir y crear otra persona, pero eres tú quien, en última instancia, la haces tuya y la incorporas como una culpa real. Si cargas a cuestas en tu vida con una culpa que no te corresponde, el responsable, en definitiva, y aunque suene duro, eres tú.

Tú no creas culpas por ti solo. Las forjan otros consciente o inconscientemente. Otras personas “culpabilizadoras” han ido tejiendo poco a poco esa sensación de autoría, de hacerte creer que eres la causa de un dolor, de una afrenta, de la tristeza que ellos sienten. Pero eres tú quien, a la postre, te la echas a la espalda.

Vivir con culpas inexistentes es cargar con una mochila que es la responsabilidad de otras personas. Pongamos algunos ejemplos: Tú no eres responsable de la separación de tus padres; de los problemas económicos de tu hermano; de la depresión de un amigo; de la enfermedad de tu pareja… Tú no puedes vivir las vidas de los demás. Puedes ayudar, puedes amar, ser paciente, pero no sentirte culpable del dolor, de los fallos, de los errores o de los fracasos ajenos. La felicidad del otro no es responsabilidad más que de sí mismo.

Asumir una culpa inexistente es asumir la responsabilidad de un daño que no has producido y te lleva a pagar un precio muy alto. Cuando te sientes culpable, te sientes indigno. La falta de dignidad te conduce hacia la falta de respeto por ti mismo. La culpa inhibe el gozo, el disfrute, la alegría de vivir, el deseo de sonreír ante las pequeñas cosas cotidianas. La culpa es como una sombra que anula tu capacidad de disfrutar de las cosas buenas que tiene la vida.


sábado, 14 de noviembre de 2020

Compartir como siempre

Anuncio de la Lotería de Navidad 2020

La campaña de la lotería de Navidad de este año, que tiene por lema “Compartir como siempre. Compartir como nunca”, hace una retrospectiva histórica desde los años cuarenta del siglo pasado hasta nuestros días en los que la crisis sanitaria ha impuesto la distancia social y el uso de mascarillas. En la campaña, se pone de relieve cómo la Lotería de Navidad ha estado siempre, a lo largo de las décadas, presente en la vida de los ciudadanos de nuestro país y ha sido testigo de su evolución.

El anuncio comienza en una pequeña estación de tren, en los años de la postguerra, en la que un padre despide a su hijo y antes de irse le da un décimo de lotería de Navidad. Continúa con dos novios en los cincuenta, un emigrante en Alemania en los sesenta y va pasando de década en década, hasta llegar al momento actual, mostrando cómo, en diferentes situaciones, se repite el mismo gesto: compartir la suerte. En este recorrido histórico se hace, como no, un guiño al popular calvo de la lotería y, como colofón, se ponen dos finales diferentes con lo que, en realidad, se han generado dos anuncios. Uno, titulado “Vecinas”, protagonizado por dos vecinas, una mayor (Carmen) y otra joven (Marina), y el otro, “Hermanos”, protagonizado por dos hermanos mayores que deciden olvidar las rencillas del pasado.

Por tercer año consecutivo se ha encargado a la agencia Contrapunto BBDO. Su coste ha sido similar al de otros años, unos 860.000 euros, y se ha rodado en Barcelona y alrededores.

En algunas redes sociales se ha señalado el fallo de racord que hace desaparecer, por arte de magia, en el anuncio “Vecinas”, la mascarilla de la joven Marina, rompiendo, así, la continuidad entre planos.

Este año el anuncio de la lotería no ha conseguido emocionarme. Creo que no se nos ha permitido adentrarnos en unas historias en las que se quedan muchas cosas en el aire. Tal vez ese era el objetivo: provocar una emoción contenida, pues ya tenemos bastante con lo que tenemos, pero yo he echado mucho de menos la que me producían los anuncios de otros años.



domingo, 8 de noviembre de 2020

La emoción azul

La fuerza de la tristeza


Fuente:“Intensa-mente” de Sònia Cervantes.

La tristeza es una emoción normal, necesaria y útil. Esconderla o evitarla sería como negar nuestra condición de ser humano. Estar triste es tan normal como estar alegre, con miedo, enfadado o sorprendido.

En el mundo en el que vivimos, la tristeza tiene muy mala prensa y está estigmatizada. Sin embargo, como cualquier emoción, tiene un valor, una utilidad, una motivación y un objetivo. Camuflarla, disfrazarla o reprimirla es agotador y, sobre todo, inútil.

Cuando llega la tristeza nos apagamos. Hasta nuestro cerebro lo hace y, de hecho, en las pruebas neurológicas funcionales de personas deprimidas, aparece, de ahí el título de esta entrada, prácticamente azul (los colores más cálidos indican la activación de ciertas áreas del cerebro). Perdemos el apetito, nuestros movimientos son más lentos, nos cuesta dormir o, por el contrario, solo queremos hacer eso, tenemos dificultades para concentrarnos en nuestras tareas diarias o en nuestro trabajo, no paramos de tener pensamientos que alimentan la tristeza, no tenemos ganas de hacer nada y nos apetece muy poco ver a la gente… Todo es normal. Es humano y debemos llorar si nos apetece.

Es tanto el malestar que nos provoca la tristeza, que no le damos el espacio y el tiempo que necesita para que cumpla su función y sea beneficiosa para nuestra salud mental y aprendizaje.

¿Cuántas veces hemos dicho o nos han dicho “no estés triste”, “vamos, alegra esa cara”, “tienes que hacer un esfuerzo por sonreír”? Son frases demoledoras para quien está triste, pues implican falta de empatía e invitan a reprimir emociones. Tenemos que darnos permiso para estar tristes. No debemos esforzarnos en no estar tristes, sino en acabar, si está en nuestras manos, con lo que nos provoca la tristeza o en aprender a gestionarla.

Cuesta creer que sirva para algo estar mal, que sea útil y necesario tener que sufrir. Sin embargo, si hacemos un repaso de los momentos cruciales de nuestra vida enseguida nos daremos cuenta de que los cambios trascendentales e importantes se produjeron tras haber estado francamente fastidiados o después de haber tocado fondo. Evidentemente, nunca hubiéramos querido pasar por esos momentos, pero, con el transcurso del tiempo, los recordamos como auténticos maestros en esto de ir avanzando por la vida.

Hemos de recapacitar acerca de la fuerza que tienen esos momentos en nuestra vida. Cuando estamos tristes nos sentimos muy vulnerables, pero es entonces cuando podemos ser capaces de ver nuestras fortalezas. La tristeza, cuando llega, nos obliga a parar, pero en realidad es una parada técnica para luego reanudar la marcha. Aunque nos parezca lo contrario, la tristeza actúa a modo de despertador para que respondamos. Las personas que están bien tienden a dejar todo tal y como está. Son las personas que se sienten tristes las que tienen motivos para hacer cosas que cambien una situación que no es de su agrado.

Para no anular ese mecanismo de activación hacia la acción y el cambio, es muy importante reconocer la emoción y no negarla. Cuando la tristeza aparece en nuestra vida debemos escucharla porque quiere decirnos algo importante y solo así podremos actuar en consecuencia.

Estar triste no es tan terrible como nos han hecho creer. Que nos provoque dolor y sufrimiento no implica que sea dañino. En realidad, es necesario. Si existe, por algo será. Sin tristeza no podríamos ser capaces de superar pérdidas, desilusiones o fracasos. Del mismo modo que el miedo, la tristeza nos protege. Como estamos con la energía por los suelos y sin ganas de hacer nada, nos obliga a utilizar solo ciertos recursos para no malgastar la poca energía de la que disponemos. Este hecho favorece que no miremos tanto a nuestro alrededor y empecemos a focalizar más la atención en nosotros mismos, nos volvemos más autocríticos y nos empuja a aceptar lo que no se puede cambiar y las pérdidas dolorosas. La tristeza es una gran fuente de autoconocimiento.

Tal vez, nunca te habías planteado esta visión de la tristeza. Nos queda revisar, en una próxima entrada, qué podemos hacer para aceptarla en nuestra vida y que no nos lleve por delante.

* Ver “La emoción azul (II)”.


miércoles, 4 de noviembre de 2020

Cuestión de actitud (II)


Este cuento está incluido en el libro “365 ideas para una vida plena” de Mario Alonso Puig.

Cuenta una vieja historia que había tres trabajadores que estaban colocando piedras para construir lo que parecía a simple vista un simple muro.

Uno de ellos, lleno de frustración y amargura, pensaba en lo desgraciado que era porque no sabía hacer otra cosa y ese era el único trabajo que había podido conseguir.

Otro de aquellos obreros, con cara de profunda resignación, hacía su trabajo pensando que, aunque él no disfrutaba haciéndolo, al menos podía así dar de comer a su familia.

El tercer hombre, con rostro sonriente, ponía piedras con ilusión porque sentía que estaba formando parte de algo muy grande: él estaba construyendo una catedral.

Tres seres humanos haciendo aparentemente lo mismo y, sin embargo, haciéndolo desde un lugar de su persona completamente diferente. Uno desde la amargura, otro desde la resignación y, el último, desde la ilusión.

Nuestra vida es esa “catedral” que construimos día a día. Si lo hacemos con entusiasmo, confianza y determinación sentiremos que estamos haciendo algo de extraordinario valor.


viernes, 30 de octubre de 2020

Desde mi propia cultura

Mariposas de aceite

Desde hace un tiempo vengo reivindicando la celebración del Día de Todos los Santos, de acuerdo con nuestra cultura, siguiendo nuestras costumbres y tradiciones y, cada año, por estas fechas, no puedo evitar indignarme al ver a España invadida por la fiebre de Halloween.

El proceso de globalización al que estamos sometidos, va difundiendo mundialmente modos, valores y tendencias que fomentan la uniformidad de gustos y costumbres y, por desgracia, “lo universal” se está convirtiendo en el imperio homogéneo, uniforme y estandarizado de una única forma cultural dominante.

En el caso de Halloween, es la “industria cultural” del gigante norteamericano la que se ha encargado de difundir por todos los puntos del Planeta, un Halloween que ha perdido su trasfondo espiritual (la palabra Halloween procede de la contracción inglesa All Hallows'Eve que en español significa “víspera de Todos los Santos”) y se ha convertido en una fiesta en la que imperan los disfraces, calabazas, telarañas, brujas, fantasmas, esqueletos, vampiros, zombis…, los sustos y el terror. Se trata de un día que empuja al consumo. Por eso, apoyándose en la necesidad de vender, los centros comerciales y las televisiones le prestan una gran atención.

Los “profes” de inglés también han aportado su “granito” de arena haciendo que esta fiesta sea popular en muchos colegios donde los niños acuden a clase disfrazados. Creo que, para conocer y estudiar las costumbres de un pueblo, no hace falta imitarlas cada año ni, mucho menos, adoptarlas. De todas formas, me cuesta entender, con lo que hemos denostado al infeliz lobo feroz, que los niños vayan a la escuela con disfraces que inciden en aspectos de horror, miedo, sangre, monstruos... y todos tan contentos.

Pero ahí voy a dejarlo porque, en esta entrada, quiero hacer una reflexión sobre lo local y lo universal. Para ello, me he basado en la reciente Encíclica “Fratelli tutti” del Papa Francisco.

En la actualidad hay, por un lado, una falsa apertura a lo universal que procede de la superficialidad vacía de quien no es capaz de amar a su propio pueblo y penetrar en el fondo de su cultura, pero hay también, por otro lado, narcisismos localistas que esconden un espíritu cerrado que prefiere crear murallas defensivas y convertir su cultura en un museo folklórico de ermitaños incapaces de valorar la belleza de las culturas diferentes.

Las demás culturas no son enemigos de los que hay que defenderse, sino que son distintos reflejos de la riqueza inagotable de la vida humana. Es en contraste y sintonía con otras culturas, la forma en la que cada uno puede reconocer mejor las peculiaridades de su cultura, su riqueza, sus posibilidades y sus límites.

No hay apertura entre pueblos sino desde el amor a la tierra y a los propios rasgos culturales, pero, al mismo tiempo, no es posible ser sanamente local sin una sincera y amable apertura a lo universal, sin dejarse enriquecer por otras culturas. El mundo crece y se llena de nueva belleza gracias a sucesivas síntesis que se producen entre culturas abiertas, fuera de toda imposición cultural.

No conviene, por tanto, perder de vista lo local porque es lo que nos hace caminar con los pies sobre la tierra. La solución no es una apertura que renuncie al propio tesoro. Hay que ampliar la mirada, pero hay que hacerlo sin desarraigos. Es necesario hundir las raíces en la tierra fértil y en la historia del propio lugar y, al igual que cuidamos nuestra casa, debemos amar, cuidar y proteger nuestra cultura.


domingo, 25 de octubre de 2020

El planeta azul llamado Tierra

Fuente: “Parábolas para vivir en plenitud” de Antonio Pérez Esclarín.

«Los científicos del planeta V3 perteneciente a la galaxia Imaginaria, lograron reunir una serie de indicios de que existía vida en aquel minúsculo planeta azul. Y enviaron unos emisarios para que averiguaran.

Estuvieron un tiempo camuflados viviendo con los terrícolas, sin darse a conocer. Cuando regresaron a su galaxia y a su planeta, presentaron un largo informe, del que copiamos algunos trozos:

“—Sí. Hay vida, y muy variada, en el planeta azul, cuyos habitantes llaman Tierra. Está habitado por unos seres muy violentos que han desarrollado una enorme capacidad de destrucción. Gastan inmensas fortunas para aniquilarse unos a otros, pero no son capaces de combatir la pobreza, la miseria y el hambre. Tienen almacenada una enorme cantidad de armas nucleares con las que podrían acabar varias veces con todo vestigio de vida. Mientras algunos tiran los alimentos, gastan enormes cantidades para bajar de peso y hasta se operan para quitarse la gordura, otros muchos mueren de hambre. Les encanta matar los árboles, los ríos y hasta están empecinados en acabar con los océanos en los que descargan basuras y materiales tóxicos. Algunos viven en palacios y tienen varias mansiones, mientras otros muchos duermen en la calle por no tener cobijo. La mayoría afirma creer en Dios, pero a quien verdaderamente adoran es al dinero al que sacrifican vidas y personas. Sobresalen por su incoherencia y sus mentiras: aseguran que todos son iguales y hasta lo proclaman en sus constituciones, pero se desprecian unos a otros, se esclavizan y tienen unas diferencias de sueldos y de niveles de vida increíbles. Dicen que quieren mucho a los niños, pero algunos los golpean, los abandonan, los ponen a trabajar en condiciones vergonzosas, los prostituyen y hasta matan. En algunos países los están sustituyendo por mascotas”.

Seguía el informe presentando una gran variedad de datos y de situaciones increíbles. Y los autores lo cerraban de este modo: “Por todo esto, concluimos que los habitantes del planeta Tierra han desarrollado un tipo de inteligencia irracional y autodestructiva, totalmente desconocida por nosotros. Mucho nos tememos que, si siguen así, pronto culminarán su tarea y lograrán destruirse por completo”.

Ciertamente, el planeta Tierra parece haber perdido la brújula y anda a la deriva. Tras tanto desarrollo científico y tecnológico, impera el darwinismo social, la ley de la selva, la sobrevivencia de los más fuertes. Las desigualdades se agigantan de un modo vergonzoso entre países y entre grupos dentro de cada país. Los 225 personajes más ricos en el mundo acumulan una riqueza equivalente a la que tienen los 2.500 millones de habitantes más pobres, es decir, el 47% de la población total. Los tres personajes más acaudalados del planeta tienen activos que superan el PIB (Producto Interior Bruto) combinado de los 48 países más pobres. Mil millones de personas viven con menos de un dólar diario, mientras que unos pocos multimillonarios aumentan sus fortunas en 500 dólares cada segundo. Algunos países de América Latina baten el récord mundial de las desigualdades sociales. En México, 24 familias tienen ingresos superiores a 24 millones de mexicanos. Algunos ejecutivos mexicanos ganan hasta 124 veces más que sus obreros. En Brasil, el 10% de la población acapara el 60% del ingreso nacional.

Una de las mayores preocupaciones de los privilegiados es cómo consumir sin engordar y, solo en Estados Unidos, se realizan al año más de cuatrocientas mil liposucciones para quitarse la grasa, mientras que cada día mueren de hambre unos 35.000 niños. El hambre y la pobreza ocasionan cada año más muertes que todas las víctimas de la Segunda Guerra Mundial. Cada minuto se gasta más de un millón de dólares en armas, lo que supone ochocientos mil millones de dólares al año. Un solo tanque moderno equivale al presupuesto anual de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación). Las grandes potencias tienen almacenadas más de 60.000 bombas nucleares, que equivalen a cuatro toneladas de explosivos por cada habitante del planeta. Bastaría el precio de un avión norteamericano B-2 para alimentar a los 13 millones de africanos y africanas que no tienen nada, absolutamente nada que comer.

Cuanto mayor es el éxito en la invención y creación de nuevas armas cada vez más sofisticadas y eficaces, más fracasamos en construir la paz.

A la cruda y espantosa miseria de miles de millones de personas, habría que añadir la creciente miseria humana y espiritual de los satisfechos. Millones se deshumanizan al tener que vivir en condiciones inhumanas, otros se deshumanizan al volverse insensibles ante el dolor de sus semejantes. Muchos matan para tener, otros matan –o mandan matar– para defender lo que tienen y para impedir que los demás tengan. Los miserables asaltan con cuchillos y pistolas, los poderosos aniquilan con *combas inteligentes.

La selva humana está resultando mucho más cruel que la de los animales: estos no acaparan o amontonan, ni privan a los demás, si están hartos. Algunos gobiernos, para atraer la inversión extranjera, han contribuido a degradar y súper-explotar la fuerza de trabajo, volviendo a situaciones de esclavitud que parecían definitivamente superadas. Particularmente graves son las condiciones de trabajo que impone el capital transnacional en las *maquilas. Las mujeres, que son preferidas para este tipo de trabajo, deben someterse a pruebas de embarazo, trabajan jornadas de 14 horas o más, son vigiladas permanentemente y no se les permite ni ir al baño, a no ser en unos pocos minutos previamente reglamentados. Les está prohibida toda forma de organización para velar por sus derechos, sufren con frecuencia maltratos y acoso sexual, y la mayoría gana menos de un dólar diario. En 1997, Michael Jordan ganó por su publicidad de los zapatos Nike, más que los 30.000 obreros indonesios de dicha industria.

En un mundo que invita a todos al festín del consumo y del tener, pero cierra las puertas a las mayorías que no pueden pagar la entrada, aumenta de un modo vertiginoso la violencia. Violencia del exhibicionismo de los que tienen, ostentan y derrochan, violencia de los que buscan tener a cualquier precio (asalto, robo, prostitución, tráfico de drogas, de niños, de órganos…), violencia de los aparatos represivos, que en vano intentarán poner orden en un mundo estructuralmente desordenado. Las cárceles inhumanas e inmundas, donde se cultiva con tenacidad el odio y la violencia, verdaderas escuelas de delincuencia, se llenan y rellenan de pobres (raramente un delincuente de cuello blanco y corbata va a la cárcel o, si va, es a una cárcel “especial”), y la seguridad es un privilegio del que cada vez pueden disfrutar menos personas. En muchas ciudades y barriadas, seguir con vida es tan solo cuestión de suerte. Cada lunes, los periódicos de las principales ciudades del sur ofrecen el balance de víctimas por la delincuencia como un abultadísimo parte de guerra.

Por todas partes impera el desorden y la violencia. Mueren los ríos y los árboles, cada vez se siente más débil y lejano el canto de los pájaros, la contaminación nos tapa las estrellas y el hueco en la capa de ozono amenaza con engullir la vida. Llenos de ruidos y de prisas, somos incapaces de escuchar los lamentos de la tierra herida, los gritos de hambre y de dolor de nuestros hermanos, y el rumor sordo de nuestra creciente soledad».

* Comba: Maza, martillo grande. Golpe dado con el puño en la cabeza.
* Maquila: Trabajo de manufactura textil parcial realizado por encargo de una empresa.



martes, 20 de octubre de 2020

Te echo de menos

A mi madre. Tu huella marcará mi historia personal para siempre.


 “Te echo de menos” (Versión Gospel). Beatriz Luengo.

Fuente:“Cuentos para crecer por dentro ” de Nekane González y Virginia Gonzalo.

Tal vez sea yo quien dirija mis pasos con las decisiones que tomo, pero estoy convencida de que hay otro tipo de circunstancias que no dependen exclusivamente de mí, es lo que yo llamo “causalidades”. Compartir nuestras vidas durante cuarenta y seis años, fue mi gran “causalidad” y cuando te fuiste, pusiste en mi vida el mejor broche de oro que jamás podría imaginar. Hoy es, para mí, un día realmente importante. Es por eso que quiero acariciar tu corazón de una de las maneras más bonitas que conozco: con el agradecimiento.

Gracias por ocupar un lugar privilegiado en mi vida y en mi corazón. Sin ti, jamás sería la que soy.

Gracias por ser la brújula de mi vida.

Gracias por ser mi persona-hogar.

Gracias por cada paso juntas.

Gracias por tanto amor y paciencia.

Gracias por tu confianza y apoyo incondicional.

Gracias por la complicidad y por latir en la misma sintonía.

Gracias por darme alas y ser el viento que hacía posible batirlas.

Gracias por enseñarme a sortear los obstáculos y a reparar alas rotas.

Gracias por regalarme tu especial forma de ver el mundo.

Gracias por cuidar mi sueño y enseñarme a echar siempre el corazón por delante.

Gracias por tu especial manera de decirme con palabras lo que mi corazón pedía a gritos.

Gracias por ser uno de los espejos que siempre me recordará mi esencia.

Gracias por enseñarme a aligerar mi equipaje.

Gracias por ser irrepetible.

Gracias por ser regalo.

Gracias por tanto cielo.

Gracias por ser punto cardinal, de apoyo y de regreso… a casa.

Gracias por tu último abrazo, que nunca termina y es un “hasta pronto”.

G-R-A-C-I-A-S.

Así, en grande y despacito.

viernes, 16 de octubre de 2020

El aburrimiento


Fuente: “Lo bueno de tener un mal día” de Anabel González.

El aburrimiento es un sentimiento difícil de definir en positivo, ya que tiene que ver con la falta de estimulación. Puede derivarse de la repetición, de la saciedad (tener demasiado) o de la falta de desafíos.

Algunas personas se dejan absorber por esta sensación, incluso la disfrutan y la asocian al descanso, mientras que para otras tiene una connotación negativa y dedican grandes esfuerzos a evitarla; para algunos, el aburrimiento tiene relación con la falta de significado de la vida y el mundo, y se conecta con sensaciones de vacío.

El aburrimiento puede funcionar como un motor en positivo, pero muchas cosas pueden obstaculizar que nos empuje hacia la creatividad, la exploración o la estimulación. El temor ante lo que los cambios suponen, las pegas que no ponemos a nosotros mismos ante cualquier iniciativa (diversas variantes de “me da pereza” o “no me apetece”), las dificultades vitales objetivas para disponer de estímulos (muchas personas no se pueden permitir trabajos estimulantes o viven en contextos sociales que no se lo ponen fácil) pueden anclarnos en el aburrimiento.

La sensación de aburrimiento es importante en la infancia, como también el modo en que los adultos le han ayudado a gestionarlo. Hoy en día, entusiasmados con la estimulación precoz de los niños, y embarcados en la sobredosis de actividades extraescolares, hay poco espacio para que los niños puedan aburrirse y poner su cabeza a tener ocurrencias. De hecho, los pocos momentos en los que los niños tienen el privilegio de aburrirse suelen ser anestesiados con teléfonos inteligentes y tabletas para que se entretengan. Quizás como sociedad hemos de empezar a darle algo más de valor al sano aburrimiento, generador de pensamiento reflexivo y creatividad.

Pero esto de llevar mal el aburrimiento no es patrimonio de los niños, muchas personas adultas tienen dificultades para tolerar el aburrimiento. Como cualquier emoción o sentimiento que la persona no se permite sentir, el hecho de tratar de evitarlo generará complicaciones en el funcionamiento psicológico. Cuando el aburrimiento se siente como intolerable, puede llevar a buscar sensaciones intensas, nos parece más importante esa intensidad que el hecho de que sean beneficiosas o no. Podemos así perseguir cualquier estímulo potente a través de las drogas o de actividades de riesgo, las relaciones de alto calibre emocional (da igual de qué tipo), con todos los problemas que de esto se pueden derivar.

El equilibrio respecto al aburrimiento es tratar de tener una vida lo más estimulante posible dentro de nuestras posibilidades, pero preservando la capacidad de aburrirnos.

Ser capaces de aburrirse sin llevarlo mal es un indicador de equilibrio emocional.