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jueves, 23 de octubre de 2014

El cerebro humano prefiere el papel


He de reconocer que he sentido un gran alivio al leer el artículo titulado “¿Por qué el cerebro prefiere el papel?” publicado por el doctor Enrique Majul, director médico de la clínica universitaria Reina Fabiola de Córdoba (Argentina), en la edición digital de La Voz.

En dicho artículo se analiza, a su vez, otro de la reconocida revista norteamericana de divulgación científica “Scientifican American” (la versión española es la revista “Investigación y Ciencia”), que pretende explicar por qué muchos seguimos prefiriendo para leer el papel (libro tradicional, revistas, diarios…) en vez del formato electrónico.

Partimos de la base de que el ser humano no nace con circuitos cerebrales dedicados a la lectura ya que la escritura se inventó alrededor de cuatro milenios antes de Cristo. Es en la niñez, cuando nos enseñan a leer y a escribir, cuando el cerebro improvisa nuevos circuitos y para ello, usa parte de otros dedicados al habla, a cuya habilidad se suma la coordinación motora y la visión.

Parece ser que cuando leemos, el cerebro humano, que percibe el texto en su totalidad,  construye una representación mental del mismo como si se tratara  de una especie de paisaje físico.

Los libros de papel tienen una topografía más evidente que el texto en pantalla. Un libro de papel abierto presenta dos dominios claramente definidos: páginas de izquierda y derecha y un total de ocho esquinas en las que uno se orienta. Al pasar las páginas de un libro de papel se realiza una actividad similar a dejar una huella tras otra por un sendero, hay un ritmo y un registro visible del transcurrir de las hojas. Todas estas características permiten formar un mapa mental, coherente, del texto.

En definitiva, un libro de papel tiene muchos puntos de referencia física que gustan al cerebro,  que lo pide inconscientemente.

Por otro lado, muchos trabajos han llegado a la conclusión de que en pantalla se lee más lentamente y, además, se recuerda menos. En cuanto a la comprensión lectora, al comparar alumnos que leyeron en papel con otros que leyeron un texto en versión PDF en la pantalla, se concluyó que éstos obtuvieron calificaciones más bajas y presentaron mayores niveles de estrés y cansancio que las personas que leyeron en papel. Esto ocurre, tal vez,  porque la lectura basada en pantallas es mentalmente más exigente e incluso físicamente cansa más que la lectura en papel. La tinta electrónica refleja la luz ambiental al igual que la tinta de un libro de papel, pero las pantallas de ordenadores, teléfonos inteligentes y tabletas hacen brillar la luz directamente en los rostros de las personas y la lectura puede causar fatiga visual, dolores de cabeza y visión borrosa.

Muchas personas aseguran que cuando realmente quieren centrarse en un texto, lo imprimen en papel para una lectura más a fondo.

Las investigaciones más recientes sugieren que la sustitución del papel por pantallas a una edad temprana tiene desventajas. Los niños recuerdan más detalles de las historias que leyeron en el papel pese a que las digitales estaban complementadas con animaciones interactivas, vídeos y juegos, que en realidad desvian la atención lejos de la narrativa e impiden comprender incluso la esencia de las historias.

Tampoco podemos dejar atrás que los aspectos sensoriales de la lectura en papel importan a la gente más de lo que cabría suponer: la sensación de papel y tinta; la opción de suavizar o doblar una página con los dedos, el sonido distintivo de pasar una página, la posibilidad de subrayar, de detenerse y tomar nota, hacen que se elija más el papel. Para compensar este déficit sensorial, muchos diseñadores digitales tratan de hacer que la experiencia de los lectores electrónicos esté tan cerca de la lectura en formato de papel como sea posible, pero de momento…. no es lo mismo.

Como decía al principio, aunque pueda parecer una tontería, creo que muchas personas nos hemos sentido aliviadas al leer este artículo. De alguna manera, reconforta saber que no somos unos "dinosaurios" y que la ciencia nos ampara… Algo es algo.

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