Fuente: “Hermón. Caballo de Troya 6” de Juan José Benítez.
En un proyecto secreto, dos pilotos de la USAF (Fuerza Aérea Norteamericana) viajan en el tiempo al año 30 de nuestra era a la provincia romana de Judea para seguir los pasos de Jesús de Nazaret y comprobar cómo fueron sus últimos días.
Fascinados por la figura y el pensamiento de Jesús de Nazaret, deciden acompañar al Maestro durante su vida pública. Para ello deben actuar al margen de lo establecido oficialmente en la operación denominada “Caballo de Troya”. Jasón y Eliseo, así son conocidos los dos pilotos, retroceden al mes de agosto del año 25 de nuestra era. Buscan a Jesús y lo encuentran en el monte Hermón, permaneciendo allí durante cuatro semanas.
Todos los días, Jesús se marchaba al amanecer hacia los ventisqueros y solía volver sobre las tres o las cuatro de la tarde. Siempre volvía alegre, renovado, casi transfigurado… y, tras la cena, todas las noches, las ansiadas tertulias al amor de un buen fuego.
Primera semana en el Hermón.[…] «Jesús entró de nuevo en mis atropelladas ideas e intentó apaciguarlas.
—Os haré otra revelación…
Alimentó el suspense con unas gotas de silencio y, finalmente, cuando nos tuvo en la palma de la mano, anunció:
—Yo conozco al Padre. Vosotros todavía no… Os hablo, pues, con la verdad. ¿Sabéis cuál es el mejor regalo que podéis hacerle?
Eliseo y yo nos miramos. Ni idea…
—El más exquisito, el más singular y acertado obsequio que la criatura humana puede presentar al Padre es hacer su voluntad. Nada le conmueve más. Nada resulta más rentable…
Mi hermano, tan perplejo como yo, confundió el sentido de estas palabras.
—¿Quieres decir que debemos negarnos a nosotros mismos?
Jesús de Nazaret, comprendiendo, se apresuró a enmendar el error de Eliseo.
—Yo no he dicho eso. Hacer la voluntad del Padre no significa esclavitud ni renuncia. Tus ideas son tuyas. También tus iniciativas y decisiones. Hacer la voluntad de Ab-bā es confiar. Es un estilo de vida. Es saber y aceptar que estás en sus manos. Que Él dispone. Que Él dirige. Que Él cuida.
—Entiendo. Estás diciendo: “es mi voluntad que se haga su voluntad”.
—Exacto, Jasón. Tú lo has dicho. Cuando un hijo adopta esa suprema y sublime decisión, el salto hacia la fusión con la “chispa” interior es gigantesco. Esa es la clave. A partir de ahí, nada es igual. La vida cambia. Todo cambia. Y El Padre responde…
Nueva pausa. Inspiró profundamente. Con ansiedad. Y dijo algo que jamás olvidaríamos. Algo que, poco a poco, iríamos verificando.
—El Padre responde y una fuerza benéfica, arrolladora, se pone al servicio de esa criatura. Cuando el hombre dice “estoy en tus manos” lo da todo. Y convierte a ese hijo en un gigante. Ni él mismo llega a reconocerse. Es mucho más de lo que aparentemente es. […]
[…] —¿Una fuerza arrolladora?
—Sí, Jasón… Ese hombre, el que decide hacer la voluntad del Padre, se llena. Hasta sus más pequeños deseos se ven cumplidos. Sencillamente, como os he dicho, despierta a la gloria y al Amor de Ab-bā. Es el gran hallazgo. Su vida, a partir de ahí, es una continua y gratificante sorpresa. Es el principio de las más fascinante de las aventuras…
Y remachó con aquella inquietante seguridad:
—Ponerse en sus manos, hacer la voluntad de Ab-bā significa, además, saber…
—¿Saber?
—Sí, saber. Obtener respuestas…
Por ejemplo, ¿quién soy?
En ese momento es fácil. Eres un hijo del Amor. Un “regalo” del Padre. Un ser inmortal. Una criatura nacida en lo más bajo… destinada a lo más alto. Un hombre que empieza a correr. A correr hacia Él.
Por ejemplo: ¿qué hago aquí?
Al descubrir al Padre también es fácil…
Estás en este mundo para VIVIR.
El ingeniero no pudo contenerse.
—Claro, Señor. Obvio…
—No…
Jesús me señaló y prosiguió:
Escríbelo con mayúsculas… VIVIR… No he dicho vivir, tal y como vosotros lo entendéis. Si el Padre os ha puesto aquí es por algo realmente interesante… Interesante para vosotros. Escuchadme: ¡sois inmortales! Ahora os encontráis sujetos en esa envoltura carnal, pero, en breve, cuando entréis en los mundos que os tengo reservados, este cuerpo solo será un recuerdo. Un recuerdo cada vez más difuso… ¡VIVID, pues, la presenta experiencia! ¡VIVID con intensidad! ¡VIVID con amor! ¡Con sentido común! ¡Con alegría! Y recordad que solo tenéis esta oportunidad. Después, tras la muerte, VIVIRÉIS de otra forma…
Mi hermano y yo, impulsados por mil preguntas, nos pisamos las palabras. Pero Jesús, haciendo caso omiso, siguió a lo suyo.
—Por ejemplo: ¿cuál es mi futuro? Supongo que ya lo habéis adivinado. Lo sé, comentó, riéndose de sí mismo, me repito mucho… Insisto: vuestro destino el Él. No hay otra dirección. Vuestro futuro es llegar a Él. Ser como Él. Ser perfectos. Conocerle. Trabajar hombro con hombro…
—¿Seremos socios?
—Si decides ponerte en sus manos, si optas por hacer su voluntad… ¡ya eres su socio! Él hará en ti maravillas. Él te cubrirá con su Amor que te levantará del suelo. Y tus miedos, escucha bien, desaparecerán…
La noche, como nosotros, se quedó quieta. Absorta. Entusiasmada. Más aún: yo diría que esperanzada…
Sencillamente, nos tenía atrapados. Él lo sabía y cerró el círculo.
—… Si tu corazón se abre y se hace aliado de la vida, si te abandonas a su voluntad, nada, dentro o fuera de ti, te hará temblar. Como un prodigio, tu alma caminará segura. Nada, ¡nada te hará retroceder! Y esa sensación, ese sentimiento de seguridad te escoltará hasta el fin de tus días.
Pero no os equivoquéis. Al mismo tiempo que ese afortunado hombre crece, así desaparece…
—No entiendo…
—Es fácil. El Amor que se derrama desde el Padre es turbulento. No sabe del reposo. Y deberás irradiarlo. Compartirlo. Catapultarlo. No es de tu propiedad. Pues bien, un día, sin previo aviso, caerás en la cuenta de algo igualmente maravilloso: ¡no existes! ¡has desaparecido para ti mismo! ¡No cuentas! ¡No exiges! ¡No precisas! ¡No reclamas!
Y rubricó la revelación con la mejor de sus sonrisas.
—¡Habrás triunfado! En ese momento, al fin, habrás comprendido…
—¿Y qué pasa si me guardo ese Amor para mí mismo?
—Se escurriría, sin remedio, por la sentina del buque. Sería una lástima. Tendrías que empezar de nuevo… Aquel que intenta encarcelar la verdad…, la pierde. Sois hermanos. Y te diré más: eso que propones no sucede jamás en un auténtico “socio”. Te lo dije: se trata de un viaje sin retorno. Si Él te “toca”… nada es igual.
Y todo depende de tu voluntad… Si dices “sí”, si te abandonas en sus manos, si te dejas gobernar por ese “piloto” interior, romperás las barreras que te limitan. Y tu capacidad de asombro será desbordada una y otra vez. Todo, a tu alrededor, estará a tu servicio. Tu “sí” es el “sí” de Ab-bā. En palabras sencillas: habrás encontrado una mina de oro… ¡que funciona sola!
- El príncipe de este mundo
- El verdadero rostro de Dios (I)
- El verdadero rostro de Dios (II)
- Hijo del Hombre
- La mejor oración

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