Eladia Blázquez.
Hoy solo quiero agradecer todo lo vivido durante sesenta y cuatro años y merecer la vida que se me regala.
Imagen: “dilsadakcaoglu” en Pixabay.La vida nos ha sido dada. No somos mera existencia, sino vida plena abierta a recibir todas las experiencias que nos sean dadas.
Hemos venido a la vida sin un manual de instrucciones y vamos aprendiendo a medida que maduramos. Integrar la gratitud en nuestro día a día y dejar de buscar la felicidad en lugares lejanos para hacerlo en nuestro interior, son dos signos claros de madurez.
Que la vida sea un regalo no significa que todo vaya a ser bonito ni que podamos hacer con ella lo que nos dé la gana.
Cuando en la vida ocurren cosas que no esperábamos que ocurrieran y que no se pueden evitar, nos quejamos, sufrimos y nos cuesta dar las gracias. Una vida plena y agradecida debería serlo también cuando las experiencias son menos gratas. De los sinsabores de la existencia aprendemos y de ellos nacen nuevas oportunidades, lecciones de vida, capacidad de resiliencia y la búsqueda incesante de sentido. Un viejo axioma dice: “lo que viene, conviene”.
La gratitud es reconocer lo que somos y tenemos sintiendo alegría por ello.
Se trata de entregarnos incondicionalmente a lo inevitable, pero no con resignación, y de agradecer lo que hemos vivido. El simple hecho de estar aquí, de respirar, de sentir, ya es motivo suficiente para dar las gracias.
Nada puede ser mejor recibido que el regalo de la vida. Podríamos no haber nacido. En cambio, la vida nos fue dada. Es pura gracia y es por eso que hay que honrarla y comprometernos a vivirla plenamente.
- El gran secreto de la vida
- El milagro de ser humano
- El misterio de la vida
- El propósito fundamental de la vida
- Sentir la vida
No hay comentarios
Publicar un comentario en la entrada