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domingo, 27 de octubre de 2013

Los Guardianes del Destino

Fuente: Libro de Urantia.


En mi deseo por conocer a los ángeles, especialmente a mi Ángel Guardián, "tropecé" con el Libro de Urantia cuya comprensión excede, con mucho, mi humilde condición de mortal ser humano. Cada vez que intento abordarlo, termino literalmente perdida, agotada y angustiada en un universo infinito rebosante de incontables órdenes de personalidades.
A pesar de esto, no sé muy bien por qué, de vez en cuando, vuelvo a leer algunos capítulos. Tal es el caso de los dedicados a los guardianes seráficos del destino. De ellos, he entresacado las ideas que considero pueden ser más interesantes y trato de exponerlas, en la medida de lo posible, de forma asequible y, sobre todo, afectuosa.

“ Le Coeur des Anges”. Michel Pépé.

El cuerpo angélico de nuestro universo lo constituyen los serafines con sus querubines y sanobines vinculados.

Asistir a los seres humanos es un privilegio exclusivo de los serafines. Las demás categorías de ángeles no pueden funcionar, ni siquiera temporalmente, como ángeles asistentes de los seres humanos.

Los serafines son de origen y naturaleza espirituales. No tienen cuerpos materiales y son invisibles a los mortales. Ellos nos perciben como somos en la carne y comprenden intelectualmente la vida mortal. Tienen emociones y sensaciones de naturaleza espiritual que son, en cierta manera, comparables a las emociones humanas, pero, aunque son enormemente personales y afectuosos, no están caracterizados por la emoción sexual.

Aman a los seres humanos. Conocen nuestras luchas morales y dificultades espirituales. La única emoción que es para ellos difícil de comprender es la herencia del temor animal que ocupa tanto lugar en la vida mental del ser humano. Los ángeles encuentran difícil comprender por qué permitimos que nuestros poderes intelectuales más elevados, incluso nuestra fe religiosa, estén tan dominados por el temor, por el pánico irracional del miedo y de la ansiedad.

Aunque en la condición personal los ángeles no están muy alejados de los seres humanos, son en gran parte como seremos tras la muerte, poseen poderes mucho más allá de nuestra comprensión.

Se asigna como guardianes del destino solo a los serafines más expertos, que siempre se ofrecen voluntariamente porque a través del servicio a los mortales, logran su ascensión espiritual.

Los serafines generalmente sirven en pares. Son negativo y positivo, pero en sus contactos con los seres humanos, casi siempre funcionan como individuos.

Cuando un par seráfico acepta la asignación de custodia, sirve a ese ser humano por el resto de su vida. Uno de los dos está siempre de centinela y el otro se vuelve el registrador de la empresa. El guardián es reemplazado periódicamente por su complemento para descansar y volver a cargarse de energía vital.

Entre las cosas más importantes que hace el guardián del destino están coordinar las numerosas influencias espirituales que residen y rodean la mente y el alma del ser humano y custodiar la identidad e integridad personal durante el intervalo entre la muerte física y la resurrección.

Los ángeles no manipulan la voluntad de los mortales. Bajo ninguna circunstancia interfieren con la libre acción del libre albedrío humano. Ni los ángeles ni ninguna otra orden de personalidad universal tienen poder ni autoridad para limitar o cercenar las prerrogativas de la elección humana.

A los serafines no les conciernen directamente nuestras oraciones. Ejecutan los mandatos de sus superiores y funcionan a pesar de nuestros antojos pasajeros o de nuestros estados cambiantes de ánimo. Esto no implica que podamos hacer más fácil o más difícil sus tareas.

En la vida de la carne,  la inteligencia de los ángeles no está directamente disponible para los hombres mortales. Son simplemente guardianes. Somos nosotros los que debemos trazar nuestro propio curso de acción y solo entonces, actúan para hacer el mejor uso posible del curso que hemos elegido.

No son nuestros jueces ni acusadores.

Los seres humanos, generalmente, no tenemos conciencia de los serafines en esta vida, pero tras la resurrección los conoceremos, los apreciaremos y a lo largo de nuestra ascensión espiritual serán nuestros compañeros.

Los ángeles guardianes se asignan según la inteligencia, la espiritualidad y el destino humanos.

Los seres humanos que no tienen capacidad en su mente para ejercer un poder de voluntad normal, son cuidados por una compañía de serafines.

La mayor parte de los hombres y mujeres -del tipo normal, promedio de mente humana- se divide, desde el punto de vista del ministerio seráfico, en siete clases de acuerdo con su estado al ir alcanzando los círculos de progreso humano y desarrollo espiritual.


Los seres humanos comenzamos en el séptimo círculo y avanzamos en la tarea de autocomprensión, autoconquista y autodominio, de círculo en círculo, hasta alcanzar el primero o círculo interior de comunión con el Ajustador residente (“fragmento” de Dios que reside en el ser humano). Si la muerte natural sobreviene antes de alcanzar el primer círculo, la progresión se trasladará a los mundos de estancia (mundos en los que, tras la resurrección, se reanuda la vida).

Los seres humanos que se encuentran en el círculo inicial o séptimo, cuentan con un ángel guardián -un par seráfico- al cuidado y custodia de mil mortales. En el sexto círculo se asigna un par seráfico para quinientos, en el quinto para cien y en el cuarto para diez mortales.

Cuando una mente mortal rompe la inercia de la herencia animal y alcanza el tercer círculo de la intelectualidad humana y de la espiritualidad adquirida, un ángel personal se dedicará desde ese momento entera y exclusivamente a este mortal ascendente.

Los serafines intentan continuamente promover en la mente humana las decisiones que cumplen los círculos. Lo hacen, no de la manera en que lo hace el Ajustador, operando desde adentro y a través del alma, sino desde afuera hacia adentro manipulando el medio social, ético y moral de los seres humanos.

Existen otros grupos de seres humanos que tienen guardianes personales:

Cuando un mortal, consciente o inconscientemente, sigue la guía de su Ajustador residente y decide vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, se le asigna un guardián personal. Esta cuestión, que es sumamente íntima y personal, se refleja principalmente en las acciones de cada uno ("por sus frutos los conoceréis").

También cuentan con un serafín personal los mortales llamados a formar parte de los cuerpos de reserva del destino (personas con gran alcance intelectual y espiritual que contribuyen a estabilizar moralmente a la humanidad y mantener la espiritualidad. Son personas prudentes, que no buscan llamar la atención, pero brillan tanto en su forma de ser que sus obras los hacen reconocibles. Gracias a ellos se produce el avance de la humanidad).

Dios penetra el alma con idéntica intensidad, pero lo hace más abundantemente sobre el espíritu que lo reclama. Por eso, aunque no siempre sea personal, TODOS tenemos un Ángel Guardián.

Como señalo en la entrada Mi Ángel Guadián, algún día lo conoceremos, o mejor, lo reconoceremos y en su momento, tal vez, iniciemos juntos otro largo camino, pues a muchos de los fieles guardianes seráficos se les permite seguir la andadura ascendente con sus pupilos humanos y compartir el destino de la naturaleza humana.

Aunque no fuéramos reunidos en servicio eterno, estaríamos siempre en comunicación, pues las asociaciones íntimas y los contactos afectivos de los mundos de origen humano no son nunca olvidados ni jamás completamente rotos.

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