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martes, 20 de mayo de 2014

Duelo de los elefantes por su amigo muerto


Un rasgo que distingue al ser humano de otros animales es la importancia que le da a la muerte de sus seres queridos. Se pensaba que solo el ser humano era capaz de desarrollar rituales funerarios porque la mayoría de los animales muestran muy poco interés en los restos o cadáveres de otros ejemplares de su propia especie. No así los elefantes.

Sabemos que los elefantes tienen capacidad de desarrollar relaciones de duelo por los miembros de su especie ya fallecidos, pero es sorprendente que estos animales pueden comportarse de la misma manera respecto a un humano como sucedió en Sudáfrica al fallecer Lawrence Anthony (1950-2012), un hombre que dedicó buena parte de su vida a rescatar animales salvajes y a rehabilitar, curar y proteger elefantes de todo el mundo. Inexplicablemente, dos manadas de elefantes supieron de su muerte y viajaron hasta su casa para rendir homenaje a su amigo.

Nacido en Johannesburgo, Lawrence Anthony, propietario y director de la reserva de caza Thula Thula situada en la región KwaZulo de Sudáfrica, fue fundador de la asociación privada, con orientación científica, para la protección del medio ambiente “Organización de la Tierra”.

Durante la invasión norteamericana a Irak en 2003, logró rescatar a los pocos animales que habitaban en el zoológico de Bagdad y que habían sobrevivido a los combates. En la guerra civil en la República Democrática del Congo, logró que las dos facciones parasen los combates para poder rescatar a los cuatro únicos rinocerontes blancos que no habían sido víctimas de la guerra.

Sus experiencias en el rescate de animales los ha plasmado en tres libros: “El arca de Babilonia: el increíble rescate del zoo de Bagdad durante la guerra”, “Los últimos rinocerontes” y el “El encantador de elefantes”. En éste último, relata cómo se dedicó a salvar y rehabilitar manadas de elefantes salvajes denominados "delincuentes", destinados a ser fusilados, que llegaban, descontrolados y traumatizados por las vejaciones sufridas en manos de los cazadores, a la reserva de Thula Thula. Decidió dormir y comer junto a ellos para ganarse su confianza, logrando calmarlos como ningún otro hombre lo había hecho. Su fama como experto en elefantes se extendió y cuando había que curar a un elefante se lo enviaban a él.

Lawrence murió en marzo de 2012, a los 61 años de edad, como consecuencia de un infarto de miocardio.

Cuentan que dos días después de haber fallecido, dos manadas de elefantes salvajes, que estuvieron hacía tiempo bajo su cuidado, llegaron, conducidas por sus matriarcas, en procesión solemne, un elefante detrás de otro, tras recorrer desde su hábitat, durante 12 horas, unos 20 km, hasta la casa de Lawrence en la reserva de Thula Thula para a rendir tributo a su amigo muerto.

Las manadas llegaron por separado. Un total de 31 elefantes estuvieron dando vueltas en la propiedad durante dos días sin comer ni beber. En la mañana del tercer día, en silencio y en fila india, se fueron por donde habían venido.

Según los testigos presenciales, entre ellos la esposa, Francoise Malby, y los dos hijos de Lawrence, los elefantes parecían tristes, como si hubieran acudido a mostrar sus condolencias y afirman que los elefantes no habían vivido en los alrededores de la vivienda desde hacía más de año y medio.

¿Cómo supieron que su amigo había fallecido?

Un hecho extraordinario y conmovedor protagonizado por los elefantes salvajes que durante tantos años él había defendido de los traficantes de marfil y que querían honrar a su amigo que les había salvado la vida.

Hay una red de energía que fluye a través de todos los seres vivientes. Todo es posible a través del flujo de la energía que todo lo penetra.



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