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miércoles, 13 de abril de 2011

Canelo, una historia de lealtad

¿Hasta dónde puede llegar la fidelidad? Ésta es la conmovedora y real historia de amor y fidelidad entre un ser humano y un perro.


Canelo era el perro de un hombre que vivía en la ciudad de Cádiz a finales de la década de los 80.

Este hombre vivía solo. El perro era su más leal amigo y único compañero.

Cada mañana, se les podía ver paseando juntos por las calles de la ciudad. La compañía y el cariño mutuo los hacía cómplices en las miradas y hasta en los gestos.

Una vez a la semana, uno de esos paseos era hasta el Hospital “Puerta del Mar”, conocido como La Residencia, donde el dueño de Canelo, con problemas renales, se sometía a tratamiento de diálisis.

Canelo se quedaba siempre esperándolo en la puerta del hospital:

- “Espérame aquí, compañero”- , y Canelo esperaba pacientemente a su amigo. El hombre salía de su diálisis y, juntos, se dirigían a casa.

Ésta era una rutina que habían cumplido durante mucho tiempo.

Cierto día, el hombre sufrió una complicación en medio de su tratamiento y tuvo que ser internado. A los pocos días falleció.

Canelo siguió esperando la salida de su dueño tumbado junto a la puerta del hospital. Su dueño nunca salió.

El perro permaneció allí sentado, esperando. Ni el hambre ni la sed lo apartaron de la puerta. Día tras día, con frío, lluvia, viento o calor seguía acostado en la puerta del hospital esperando a su amigo para volver a casa.

Los días se transformaron en meses y los meses en años.

Los trabajadores del hospital y los vecinos de la zona, se percataron de la situación y sintieron la necesidad de cuidar al animal. Se turnaban para llevarle agua y comida e incluso lograron el indulto de Canelo en una ocasión en que alguien hizo una denuncia, diciendo que había atacado a su perro, y la perrera municipal se lo llevó para sacrificarlo.

Nunca se aburrió. Nunca se fue en busca de alimento. Nunca buscó una nueva familia. Sabía que si su único amigo había entrado por esa puerta, por allí debía volver a salir y él lo esperaría para volver juntos a casa.

La asociación “Agadén” (Asociación gaditana para la defensa y estudio de la naturaleza) se encargó de cuidar de él. Quisieron darlo en adopción, pero el perro siempre huía para regresar una y otra vez a la puerta del hospital a esperar a su querido y único amigo.

La gente de Cádiz lo cuidaba y Canelo se convirtió en el perro del pueblo, en el perro de todos.

El noble animal pasó 12 años esperando la salida de su amo con inquebrantable paciencia.

La espera llegó a su fin el 9 de diciembre de 2002, cuando Canelo murió atropellado, a las afueras del hospital, por un coche cuyo conductor se dio a la fuga.

Canelo nos dejó un inolvidable mensaje de amor. Solo vivía para encontrarse con su dueño y con la muerte, regresaba con él.

El pueblo gaditano, en reconocimiento al cariño, dedicación y lealtad de Canelo, puso su nombre al callejón anexo al hospital en el que solía merodear y un relieve en la pared recuerda a este excepcional animal.

Os dejo con el vídeo titulado "Siempre fiel" que es un precioso homenaje a Canelo.




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