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jueves, 5 de octubre de 2017

A su imagen y semejanza

La creación de Adán (detalle). Miguel Ángel. Capilla Sixtina. Roma. Ciudad del Vaticano.

Fuentes: “Pensamientos cotidianos” de Omraam Mikaël Aïvanhov y “El día del relámpago” de J.J. Benítez.

En el libro del Génesis está escrito que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. “Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”…

Judíos y cristianos llevamos citando durante siglos este versículo, pero no profundizamos en el significado de esta revelación y continuamos quejándonos de no recibir respuesta a nuestras oraciones.

Decir que Dios nos creó a su imagen, significa que introdujo en nosotros una quintaesencia de Él mismo, de la misma luz, de la misma pureza, del mismo poder…

Él nos habita y nos reclama susurrando…

Cuando descubrimos que estamos habitados por Dios, los esfuerzos que hacemos por conseguir conectar con “la chispa” divina, hace brotar una luz y una fuerza que nos vivifica y que son la respuesta que Dios da a nuestras oraciones.


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