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miércoles, 14 de enero de 2026

Lenguaje políticamente correcto


Fuente: “El carrusel sin fin del lenguaje políticamente correcto” de Juan M. Blanco en la web “Desidentia. Pensar está de moda”.

Muchas personas sostienen que el objetivo de la corrección política del lenguaje es evitar que la gente se sienta ofendida o insultada por ciertos términos considerados degradantes, pero no consideran que la connotación ofensiva no depende tanto de la palabra como del tono en que se pronuncia, de la expresión corporal o del contexto y, por supuesto, de la sensibilidad del receptor. Está claro que, con tono y contexto agresivo, cualquier palabra puede ser ofensiva o, al contrario, una palabra aparentemente insultante puede resultar amigable en un ambiente de complicidad y sentido del humor.

Los teóricos de la corrección política del lenguaje, pretenden arreglar el mundo inventando vocablos perfectos y descontaminados, pero su uso los desgasta, los devuelve a la vida real y adquieren la antigua connotación. Entonces comienza la búsqueda de un nuevo eufemismo que lo reemplace y así sucesivamente en un movimiento cíclico, como un carrusel que siempre acaba regresando al mismo lugar.

La sustitución constante de una palabra por otra genera la degradación del lenguaje porque los nuevos vocablos son cada vez más ambiguos, más absurdos y con significados cada vez más apartados de la realidad que pretenden describir y, además, las nuevas expresiones son tan redundantes, tan ajenas a la economía del lenguaje, que dificultan la expresión.

Por ejemplo: el término inválido, utilizado durante siglos en el ejército para aquellos soldados mutilados que, por tanto, ya no eran válidos para el servicio, comenzó a considerarse ofensivo. Fue sustituido por el término minusválido, pero pronto también se convirtió en tabú y se cambió por el de discapacitado que, a su vez, cayó en desgracia y fue reemplazado por el de “personas con capacidades distintas”, un eufemismo de eufemismos completamente ajeno a lo que se pretende describir, pues cualquier persona entraría en esta definición.

En otras ocasiones, rizando el rizo, se vulnera el principio de economía del lenguaje con el pretexto de utilizar un “lenguaje no sexista”: “los perros y las perras son los mejores amigos y las mejores amigas de los hombres y de las mujeres”.

El supuesto de la corrección política es que la modificación del lenguaje y de los significados, redundará en un cambio del pensamiento y de las actitudes. Pero es ahí donde fracasa el intento de modelar la sociedad a través del lenguaje, pues las palabras no son pensamientos, sino meras representaciones. Se puede cambiar la palabra, pero el nuevo vocablo acaba, tarde o temprano, impregnado por el antiguo concepto. Ni el concepto ni el pensamiento de la gente se renueva con el cambio de nombre.

El activista W. E. B. Du Bois, tras haber sido censurado por usar la palabra “negro”, respondió: “Es un error juvenil confundir los nombres con las cosas. Las palabras solo son signos convencionales para identificar objetos o hechos: pero son estos últimos los que cuentan. Hay personas que nos menosprecian por ser negros; pero no nos van a despreciar menos por hacernos llamar “hombres de color” o “afroamericanos”. No es la palabra… es el hecho”.

Para forzar el uso de los nuevos términos, se acometen campañas para deslegitimar las antiguas palabras, ahora incorrectas, acusando a quienes las usan de sexistas, racistas, homófobos etc. y se anima a ciertos colectivos a sentirse ofendidos por palabras que no poseen intención denigratoria. Se crea así una policía del lenguaje que identifica, a través de su léxico, a partidarios y adversarios de un conflicto generado artificialmente.

Quizá alguien pudiera pensar que los apóstoles de la corrección política persiguen fines bondadosos, pero no es así, pues, utilizando un doble rasero, justifican la descalificación y el ataque a quienes no comulgan con la corrección política.

La solución a este despropósito es no caer en el juego del carrusel de eufemismos. Utilizar los términos con rigor, de manera neutral y objetiva, tratando de manera respetuosa e igual a todas las personas, con independencia del colectivo al que pertenezcan.

Quiero acabar esta entrada con sentido del humor. Os dejo con “Los suceptibles”, chirigota callejera de Cádiz, que en el carnaval del 2018 interpretaron el pasodoble “Políticamente correcto” en el que hacen unos “arreglillos” a la letra, actualmente desfasada y políticamente incorrecta, del pasodoble de la comparsa “Los Tarantos” de Antonio Martín que obtuvo el primer premio del COAC (Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas) de Cádiz en 1970. Debajo del vídeo he añadido el pasodoble original cuya letra tiene cincuenta y cinco años y, por tanto, hay que contextualizarla sin juzgarla anacrónicamente.

* Cuando abras el vídeo, selecciona la resolución más alta disponible (720p) en configuración (icono engranaje).


 Comparsa “Los Tarantos” (1970). Pasodoble.


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