Con la denominación Padres del Desierto se conoce, en el cristianismo, a los monjes, ermitaños y anacoretas que aproximadamente en el siglo IV, tras la paz constantiniana, abandonaron las ciudades del Imperio romano y otras regiones vecinas para ir a vivir en las soledades de los desiertos de Siria y Egipto, concretamente en el desierto de Uadi Natrun (Scetes) de la provincia romana de Egipto. El primer Padre del Desierto fue Pablo de la Tebaida y el más conocido fue Antonio Abad.
Paulo Coelho publicó algunas historias sacadas del “Verba Seniorum” (Palabras de los Ancianos) o “Apophthegmata Patrum” (Dichos de los Padres), colección de sentencias, anécdotas y preceptos atribuidos a los Padres del Desierto y que transmiten la sabiduría ascética, espiritual y de convivencia de los primeros ermitaños cristianos. Estos textos se encuentran integrados en la gran recopilación conocida como “Vitae Patrum” (Vidas de los Padres).
Fuente: Estos cuentos están incluidos en “Cuentos seleccionados” de Paulo Cohelo.Aprendiendo a escoger
San Antonio vivía en el desierto, cuando se aproximó un joven.
—Padre, vendí todo lo que tenía y di el dinero a los pobres. Solo guardé unas pocas cosas para que me ayuden a sobrevivir aquí. Me gustaría que me enseñara el camino de la salvación.
San Antonio pidió al muchacho que vendiese también las pocas cosas que había guardado y con el dinero obtenido comprase carne en la ciudad. Al regreso, debía traer la carne atada a su cuerpo.
El muchacho obedeció. Al regresar, fue atacado por perros y halcones, que querían un pedazo de la carne.
—Ya estoy de vuelta —dijo el chico, mostrando el cuerpo arañado, mordido y las ropas en jirones—. ¿Por qué me mandó hacer esto?
—Para mostrarte que lo que trajiste de tu pasado no sirve en tu presente. Cuando tengas que escoger un nuevo camino, no traigas experiencias viejas. Aquellos que dan un paso nuevo, pero quieren mantener un poco de su antigua vida terminan desgarrados por los propios recuerdos.
El Camino del medio
El monje Lucas, acompañado de un discípulo, atravesaba una aldea. Un viejo preguntó al asceta:
—Santo hombre, ¿cómo me aproximo a Dios?
—Diviértete. Alaba al creador con tu alegría —fue la respuesta.
Los dos continuaron caminando. En este momento se acercó un joven:
—¿Qué hago para aproximarme a Dios?
—No te diviertas tanto —dijo Lucas.
Cuando el joven se hubo alejado, comentó el discípulo:
—Parece que no sabe usted muy bien si debemos divertirnos o no.
—La búsqueda espiritual es un puente sin barandillas atravesando un abismo —respondió Lucas—. Si alguien está muy cerca del lado derecho, le digo “ve hacia la izquierda”. Si se acercan al lado izquierdo , digo “hacia la derecha”. Porque los extremos nos alejan del Camino.
Cambiando de actitud
Un abad del monasterio de Esceta recibió a un joven que quería seguir el camino espiritual.
—Durante un año, paga una moneda a quien te agreda —le dijo el abad.
Durante doce meses el joven pagó una moneda siempre que era agredido. Al finalizar el año, volvió a presentarse ante el abad para saber cuál era el próximo paso.
—Ve hasta la ciudad a comprar comida para mí.
En cuanto el joven salió, el abad se disfrazó de mendigo y, tomando un atajo que conocía, se fue hasta la puerta de la ciudad. Cuando el joven se aproximó, comenzó a insultarlo.
—¡Qué bien! —dijo el joven al falso mendigo—. ¡Durante un año entero tuve que pagar a todos los que me agredían y ahora puedo ser agredido gratis, sin gastar nada!
Al oír esto, el abad se dio a conocer.
—Quien es capaz de no darle importancia a lo que los otros dicen es un hombre que está en el camino de la sabiduría. Tú ya no te tomas los insultos en serio y, por lo tanto, estás listo para el próximo paso.
- El engaño de las palabras
- El estanque y la luna
- El pozo
- Nada que limpiar
- Relatos de los Padres del Desierto (I)

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