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sábado, 24 de octubre de 2026

Relatos de los Padres del Desierto (IV)

Imagen generada mediante inteligencia artificial con Google Gemini (24-10-2026).

Paulo Coelho ha recopilado y compartido en diversas columnas, especialmente en “La Prensa Panamá” y en sus redes sociales, varias historias del “Verba Seniorum” (Dichos de los ancianos) sobre los Padres del Desierto, los ascetas cristianos que vivían en los alrededores de Alejandría, Egipto, en los siglos III y IV.

Fuente: “Más historias de los Padres del Desierto” en “La Prensa Panamá”.

Huir del león

Un grupo de monjes, entre los que se encontraba el gran abad Nicerio, paseaba por el desierto egipcio cuando ante ellos apareció un león.

Todos se pusieron a correr despavoridos.

Años más tarde, cuando Nicerio estaba en su lecho de muerte, uno de los monjes le preguntó:

—Padre, ¿recuerda el día que nos encontramos con el león?

Nicerio hizo un gesto afirmativo con la cabeza.

—Fue la única vez que lo vi sentir miedo —continuó el monje.

—Pero si yo no tuve miedo del león...

—Entonces, ¿por qué corrió con los demás?

—Pensé que era mejor huir una tarde de un animal, que pasar el resto de mi vida huyendo de la vanidad.


Agradar a Dios

Un novicio preguntó al abad Nicerio:

—¿Cuáles son las cosas que debo hacer para agradar a Dios?

—Abrahán aceptaba a los extraños, y Dios estaba contento. A Elías no le gustaban los extraños y Dios estaba contento. David estaba orgulloso de lo que hacía y Dios estaba contento. El publicano frente al altar se avergonzaba de lo que hacía y Dios estaba contento. Juan el Bautista fue al desierto y Dios estaba contento. Jonás fue a la gran ciudad de Nínive y Dios estaba contento.

“Por lo tanto, no existe fórmula para contentar a Dios. Pregunta a tu alma cuál es su voluntad: cuando recorres el camino de tus sueños, el mundo es un poco mejor”.


Respetar el límite

Los monjes de Esceta se reunieron a instancias del abad Paulo:

—Comenzaremos hoy un ayuno —dijo Paulo— y solo terminaremos cuando estemos preparados para tener la visión de un ángel.

Durante varios días, los monjes solo bebieron agua y rezaron. Estaban tan animados con la propuesta de Paulo que no sufrieron con el hambre hasta que, hacia el final de la primera semana, un viejo monje comenzó a pasarlo mal. Paulo se dio cuenta de que el hombre iba a morir y decidió interrumpir inmediatamente el ayuno.

En este momento, se le apareció al grupo un ángel y les dijo:

—Es importante que entendáis el sentido de la disciplina y del sacrificio, pero es aún mejor que conozcáis los límites de la naturaleza. No hace falta violar este límite para conseguir lo que se desea.


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