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martes, 29 de septiembre de 2026

Dejar de reaccionar

Imagen creada con IA por Microsoft Designer (04-03-2026).

Fuente: “Elige el amor frente a la dificultad”. Boletín informativo del Dr. Mario Alonso Puig.

A veces basta una palabra que duele, un conflicto en casa, un mal día en el trabajo o una discusión con alguien cercano y, de pronto, sin darnos cuenta, saltamos, subimos el tono o atacamos para no sentirnos vulnerables. No es que seamos así. Es que nuestro sistema nervioso está en modo defensa. Reaccionamos porque estamos cansados, tensos o heridos y el cerebro, cuando se siente amenazado, busca protegerse.

La gran noticia es que entre lo que nos ocurre y nuestra respuesta, existe un pequeño espacio en el que vive nuestra libertad y en ese instante en el que notamos que nos “encendemos”, podemos elegir otra respuesta y decidir quienes queremos ser. Esto no significa “hacer como si no pasara nada”. No se trata de negar lo que duele. Se trata de elegir lo que construye. Una cosa es el dolor y otra es lo que hacemos con él.

En medio de un conflicto, lo fácil es reaccionar, pero, responder con amor, desde nuestra mejor versión, denota fuerza interior y coraje, aunque muchas personas lo confundan con debilidad.

Tenemos que empezar a practicar. Cuando una situación cotidiana nos altere y nos incomode, respiremos una vez lento y probemos a responder con un poco más de calma, de escucha o amabilidad. A veces, lo que transforma un momento son pequeños gestos: hablar un poco más suave, hacer una pausa antes de contestar, escuchar sin interrumpir, decir: “ahora mismo estoy tenso, dame un momento” o, incluso, ofrecer cercanía: una mano en el hombro, una mirada limpia…

Puede parecer poco, pero nuestro cerebro lo entiende como un mensaje claro: “No estoy en guerra” y comprobaremos que no necesitamos controlar todo, para sentirnos mejor.


jueves, 24 de septiembre de 2026

La solidaridad es buena para la salud

Imagen realizada con el vector, modificado, de “OpenClipart-Vectors” en Pixabay.

Fuente: “Somos fuerza” de Patricia Ramírez.

Estamos acostumbrados a nuestros “normales” (tener agua caliente, comer fruta fresca cada día, expresar nuestra opinión sin censura, ir al colegio, a la universidad, a tener atención sanitaria gratuita…). Ser solidario permite conectar con aquellos para los que no es normal nada de eso, con quienes sufren o están afectados por alguna desgracia. Esto nos humaniza y nos permite empatizar y ser conscientes de que no todos tienen las misma ventajas, comodidades, bienestar y libertades.

La vida no es solo la que uno percibe, sino la que viven millones de personas distintas a nosotros. La solidaridad nos permite adquirir la perspectiva adecuada y relativizar. Ayudar y colaborar con gente desfavorecida ofrece una imagen distinta y relativa de los problemas. La conexión que se genera hace que la persona altruista salga reforzada y se sienta bien, con lo que disminuye sus niveles de estrés y mejora su estado anímico.

En esta sociedad en la que estamos acostumbrados a un nivel de bienestar, comportarnos de forma solidaria con las personas en desventaja es educar en valores a nuestros hijos. Existen multitud de maneras de hacerlo. Solo hay que elegir la fundación u ONG con cuyo proyecto te identifiques y animar a tus hijos, bajo tu compañía, a que donen parte de su tiempo, de su amabilidad, de sus recursos o juguetes para ayudar a los demás. Esto, además, les ayudará a abrir su mente, a conocer otras culturas, otros problemas, otras perspectivas. Y esto es educación. Las experiencias que puedan contar los niños con cáncer, los refugiados o los niños que están en casas de adopción enseñan sobre la vida. Una vida distinta de la que disfrutan tus hijos. Los niños pueden ocuparse de sus iguales o de animales, de la naturaleza o del reciclaje. Hay causas para todos los gustos y colores. Siempre hay algo que podemos hacer para contribuir a una sociedad mejor.

Entre las ventajas de comportarse de forma solidaria está la mejora del estado de ánimo. Muchas personas que sufren depresión han visto en el trabajo voluntario y en ser solidarios una forma de empatizar con quien sufre en mayor grado. La solidaridad les sirve para sentirse útiles dentro de un trastorno que produce apatía y sentimiento de baja autoestima, incluso de desprecio hacia uno mismo por no verse capaz de nada. La solidaridad genera sonrisa en quien la recibe y en ti mismo, pues te sientes bien por ser capaz de hacer feliz a otros. Cuando contribuyes a la felicidad de otras personas, mejora tu estado de ánimo. Es algo que se contagia.

Ser solidario tiene un componente “egoísta”, en el sentido en que tú también te sientes bien. Las conductas se mantienen por los beneficios y consecuencias que generan. El hecho de que ser altruistas nos haga percibirnos como buenas personas, hace que nuestro esfuerzo se refuerce y queramos repetirlo. ¿Qué ocurriría si ser altruista nos dejara indiferentes? Que dejaríamos de serlo. Muchos son los estudios que se han dedicado a averiguar si existen factores de la personalidad del altruista y si existe alguna conducta tan altruista como para no generarnos satisfacción, como podría ser la donación de sangre. Pero el mero hecho de saber que estás colaborando con el bienestar social, que estás ayudando a salvar vidas, que eres partícipe de una sociedad que te necesita, hace que te sientas bien.

Ser solidario también aumenta el grado de confianza que tenemos en el otro. Nos gusta relacionarnos con persona con valores, que dedican tiempo a los demás, que se alejan del mundo materialista en el que vivimos y que son capaces de compaginar su vida con la ayuda a otros. La imagen de una persona solidaria suele ser positiva. Con ello también mejora la autoestima de quien se comporta de forma altruista.

Al ser solidarios, no solo contribuimos a tener un mundo mejor, también nuestro cerebro cambia. Genera sustancias químicas como la dopamina, la serotonina y la oxitocina. Además de la liberación de estos neurotransmisores encargados de hacernos sentir placer, nuestro organismo segrega inmunoglobulina A, que permite que el sistema inmunitario nos proteja. Así que ser solidario nos hace ser más longevos y tener mejor salud.

Las personas solidarias tienen mayor capacidad para cohesionar equipos e integrar en ellos a personas de perfil muy variado. La conexión que generan suele ser consistente y transmiten compromiso, lealtad y entusiasmo.

Al margen del propio bienestar, cuando una persona pone sus talentos al servicio de los demás, su protagonismo con el desarrollo de la sociedad aumenta y alcanza un sentido de misión atractivo y sumamente contagioso.

Tú puedes formar parte de esta cadena. Tú puedes ser altruista. Cada vez que realizas un acto generoso y contribuyes a la felicidad del otro, consigues que esa persona quiera hacer lo que tú haces y que otros se sientan bien. Así que cuantos más participemos de esta cadena, mayor será el nivel de solidaridad entre todos.


sábado, 19 de septiembre de 2026

Cuento de la bruja farmacéutica

Cuento para niños y no tan niños.

Imagen realizada con las ilustraciones de “upklyak” en Magnific (recortada) y de PNGWing.

Autor: Emili Teixidor (“Cuentos de intriga de la hormiga Miga”).

Una bruja arrepentida decidió reconvertirse en farmacéutica y abrió una farmacia con los ahorros que había conseguido en su vida anterior de trabajo brujeril.

Pero se difundió por el barrio el rumor de que la nueva farmacéutica había ejercido de bruja en su vida anterior, y nadie acudía a comprarle las medicinas por un miedo que no sabían explicarse. Como si el arrepentimiento no fuera medicina buena.

Tan fuerte fue el rechazo del barrio que la bruja tuvo que volver a su antiguo trabajo entre alambiques, hornos y probetas, mezclando sustancias exóticas, extrayendo jugos de las plantas y experimentando con pieles de reptiles.

Con el dinero que obtuvo por el traspaso de la tienda a un farmacéutico titulado, con fama de serio y honrado, la bruja instaló un laboratorio lejos de la ciudad.

Y ahora el farmacéutico titulado vende en cajitas y cápsulas las pócimas y potingues que le manda la bruja desde su Laboratorio de Industrias Farmacéuticas Jabru Asociados, con más de doscientas especialidades y un centenar de químicos trabajando a sus órdenes.


lunes, 14 de septiembre de 2026

El arte de decir “no” sin explicaciones

Imagen realizada con el vector de “Nadezhda Buravleva” en Vecteezy.

Fuente: “Aprende a decir NO sin justificaciones necesarias” de Álex Rovira Celma.

«Hablemos del arte fundamental de decir “no” sin dar explicaciones ni justificarse.

En una sociedad donde la productividad y la disponibilidad constante se han convertido en las virtudes supremas, aprender a decir “no” sin ofrecer explicaciones se ha transformado en un acto revolucionario de autocuidado y de establecimiento de límites saludables.

Esta habilidad, saber decir “no” sin dar explicaciones, aunque aparentemente es muy simple, representa para muchas personas uno de los mayores desafíos en su propia vida porque la justificación puede ser una trampa. No digo que no nos tengamos que justificar, pero hay veces que no es necesario.

Cuando un “no” lo acompañamos inmediatamente de una explicación, estamos cediendo inconscientemente a una presión social invisible, pero poderosa y esta necesidad de justificarnos, revela una verdad incómoda y es que todavía no nos sentimos completamente legitimados para establecer nuestros propios límites. Cada explicación que ofrecemos se convierte, sin quererlo, en una invitación al debate, una puerta abierta a la negociación de nuestras decisiones personales y es que el “no”, tiene mucho poder. Un “no” directo y sin explicaciones es como una puerta cerrada con llave, clara, definitiva y segura.

No es un acto de descortesía. Es un acto de autorrespeto. Es un acto de claridad en tu comunicación. Cuando eliminas la justificación, eliminas también la posibilidad de que tus límites sean cuestionados o debatidos, incluso constantemente. Es una declaración silenciosa, pero poderosa, de que tus decisiones son válidas por sí mismas, sin necesidad de defensa o explicación constante. Por tanto, desmontemos el mito de la rudeza. Existe un temor generalizado a que un “no” sin explicaciones sea percibido como grosero o antipático. Sin embargo, esta percepción está más relacionada con nuestros propios miedos que con la realidad porque un “no” amable, claro, pero firme y directo, puede ser expresado con respeto y, a menudo, es mucho más considerado que una explicación elaborada que podría no ser completamente verdadera o honesta y que podría crear falsas expectativas o esperanzas.

Es un camino a la autenticidad. Aprender a decir “no” sin explicaciones, es un viaje hacia el respeto hacia ti e, incluso, hacia el otro porque cada vez que resistes el impulso de justificarte, estás afirmando que tus decisiones son válidas por sí mismas. Este es un acto de autoafirmación que fortalece tu respeto, tu autorrespeto, y, paradójicamente, puede mejorar tus relaciones con los demás, establecer límites claros y honestos, pero uno tiene que ser consciente. El arte de decir “no” sin explicaciones requiere práctica y consciencia. Estos son algunos pasos:

1º: Reconoce que no necesitas justificar cada decisión que tomas. Algunas sí, pero muchas no.

2º: Acepta que el malestar inicial del otro y también tu malestar, son parte del proceso de crecimiento.

3º: Observa cómo las relaciones sanas respetarán tus límites sin explicaciones.

4º: Comprende que un “no” claro es más respetuoso que un “sí” que no acaba de definirse, porque ese “no” que te ahorra tiempo, energía y explicaciones que, a veces, se eternizan, va a redundar en tu bienestar personal.

La capacidad de decir “no” sin explicaciones, tiene un impacto profundo en tu bienestar emocional y mental, libera una cantidad enorme de energía que normalmente gastamos en justificar nuestras decisiones, lo que queremos hacer, lo que no hemos hecho y, sobre todo, reduce el estrés asociado con la necesidad de complacer a los demás. Ahí está el tema: complace, complace, complace… Esta práctica nos permite vivir de manera más auténtica y nos ahorra mucho tiempo y “comidas de coco”.

En definitiva, decir “no” sin explicaciones no es un acto de rebeldía gratuito o de descortesía o falta de amabilidad, sino una práctica de claridad comunicativa y de autorrespeto. Es una habilidad que, una vez dominada, te permite vivir de manera mucho más auténtica y menos condicionada por las expectativas de otros.

Al final, un “no” sin explicaciones es un “sí” a ti, a tu tiempo, a tu derecho a establecer límites, a tu salud o hacer lo que te apetece sin complacer a los demás.

La próxima vez que sientas el impulso de justificar tu “no”, sería bueno recordar que hay y habrá situaciones en las que tu decisión es válida por sí misma. No necesita defensa ni explicación.

En este simple acto de contención, reside un enorme poder transformador que puede cambiar significativamente la calidad de tus relaciones y la calidad de tu vida en general. Así que, como dijo la gran Maya Angelou, permitámonos, de vez en cuando, decir “no” sin explicar el porqué. Es sanísimo».


miércoles, 9 de septiembre de 2026

Claves de la autoestima en los niños

Foto, modificada, de Andrea Piacquadio en Pexels.

Fuente: “Cuentos para quererte mejor” de Álex Rovira y Francesc Miralles.

Nunca antes en la historia de lo que consideramos el primer mundo, los niños y niñas tuvieron más recursos que en la actualidad. Los padres se desviven por procurarles todo lo que necesitan y más..., especialmente cuando disponen de poco tiempo y para mitigar el sentimiento de culpabilidad, regalan a sus hijos videoconsolas que cuestan una fortuna y que los tienen hipnotizados durante horas, ropa de marca, extraescolares que reducen aún más el tiempo que pasan con ellos… Sin embargo, nada de esto los convertirá en adultos felices y confiados.

En esta entrada veremos algunas claves que nos permitirán dar a nuestros hijos el regalo más valioso del mundo: confianza en ellos mismos y en su futuro, amor propio y relaciones sanas con los demás, es decir, autoestima.

- Tiempo

Muchos padres “modernos” hablan de “tiempo de calidad” y con ello se refieren a que una hora bien empleada con el niño, vale por tres de atención más ligera. Lamentablemente, los niños no lo ven así y, tal vez, en esa hora que le “sobra” al adulto no quieran, por ejemplo, contar aquello que les preocupa.

Para que pueda establecerse una relación de confianza, el ingrediente principal es uno solo: tiempo. De calidad, pero también en cantidad, para que los niños no se sientan solos o desatendidos.

- Amor incondicional y afecto

“Incondicional” no significa que los padres tengan que tolerarlo todo, admitirlo todo y criar a un niño consentido, sino amar al niño por lo que es y como es, sin condiciones ni deseando que sea quien no es.

A menudo, el problema de la autoestima en los niños viene de que queremos que nuestros hijos sean aquello que no son. Se produce un rechazo a su verdadera naturaleza y, para adaptarse, sacrifican lo que son. De aquí nacen muchos problemas que pueden condicionarlos en la edad adulta.

Comparar es no aceptar. Es poner otro modelo, negando la esencia y los valores de la propia persona. Cada niño es un universo en sí mismo y nuestro hijo o hija es incomparable. Los padres que comparan a un niño con un hermano mayor o con el primo o con un niño de la escuela… están dañando la autoestima del pequeño.

El niño que se siente reconocido y aceptado lo tendrá más fácil para gozar de una autoestima saludable. Para ello, los padres necesitan tener una mirada apreciativa respecto al niño y si muestra unas habilidades determinadas, potenciar esas virtudes.

Además de querer a los hijos, cosa que hacen la inmensa mayoría de los padres, la expresión de ese afecto es fundamental. Hemos de criar a nuestros hijos con besos y abrazos y demostrarles cariño de manera real.

- Efecto Pigmalión positivo

La autoestima se forja a través de los mensajes que los padres dirigen a sus hijos. Frases del tipo “eres como tu tío”, cuando tienen una intención despectiva, “eres sucio”, “eres dejado”, “eres muy tímido”… se convierten en una profecía de autocumplimiento. Al ser etiquetados de forma negativa, los niños tienden a confirmar las expectativas que se tienen de ellos. Es el denominado efecto Pigmalión. Mucho fracaso escolar o casos de introversión graves tienen su origen en esta visión de los padres que les pesa como una losa.

Por supuesto, el efecto Pigmalión puede ser positivo si lo que transmitimos a los niños es confianza plena en sus capacidades.

- Enseñar con el ejemplo

Para que los niños aprendan una conducta adecuada, necesitan que se la mostremos a partir de lo que nosotros hacemos. Es muy importante saber que somos espejos enfrente de otros espejos y el niño integrará la autoestima que observe en su entorno. Por eso, sea cual sea la situación de los padres de un niño, siempre deben mostrarse respeto entre ellos.

Los padres tienen que ayudar a experimentar a los niños y permitir que se arriesguen, porque no hay nada más frustrante que escuchar: “No hagas esto, que no sabes o no puedes”. Hay que tomar las precauciones necesarias, pero con la supervisión de los adultos los niños pueden hacer muchas cosas (cocinar, cortar del césped…)

Del mismo modo que les reconoceremos cuando hagan bien las cosas, les diremos cuándo las pueden hacer mejor. Lo esencial es reforzar en los niños el sentimiento de que son capaces y si no están haciendo algo bien, explicarles cómo hacerlo correctamente.

- Reconocimiento y admiración

Reconocer con palabras y agradecer a los niños, por ejemplo, cuando acaban un libro o nos ayudan a poner y quitar la mesa…, es fundamental para la autoestima. Si además expresamos nuestra gratitud cuando hay alguien alrededor, como un amigo o familiar, el refuerzo será todavía más grande.

Estas “pequeñas victorias” o logros, además de reforzar la autoestima, pueden ayudarles a seguir adelante cuando, en momentos de “bajón” las recordemos: “¿Recuerdas cuando ganaste aquel partido?” “¿Recuerdas cuando decías que no podrías aprobar aquel examen y lo hiciste?” “¿Recuerdas cuando me ayudaste a pintar la valla del jardín?”

La autoestima de una persona crece si se siente respetada y admirada, pero no con una admiración gratuita. Hay padres que no les dicen a los niños lo que hacen mal y pueden acabar creando un niño consentido y un adulto narcisista. Al igual que hay atrofia de autoestima, también existe la hipertrofia. Aquellos padres que miman en exceso a sus hijos, que les dicen que son maravillosos y que lo hacen todo bien, acaban por crear monstruos.

Hemos de valorar objetivamente las cualidades, el esfuerzo y realizaciones de los niños y educarlos para que valoren esas mismas cosas en los demás.

- Creer en sus posibilidades

Para que los niños tengan una buena autoestima hemos de creer en sus posibilidades de transformarse.

Las personas que han nutrido su autoestima son resilientes, no caen en la crítica excesiva ni en la conmiseración, sino que trabajan en los hábitos y en el pensamiento positivo y transformador.

Una autoestima bien forjada da lugar a personas equilibradas: responsables, con valor y propósito, humildes, con capacidad de diálogo y voluntad de cooperar. No hay mejor tesoro que podamos brindar a nuestros hijos.



viernes, 4 de septiembre de 2026

El significado del éxito

Foto, modificada, de Magnific.

El poema “Success” (“Éxito”) fue escrito por la estadounidense Bessie Anderson Stanley (1879–1952) para participar en un concurso de la revista “Brown Book Magazine” en 1904, en el que había que contestar a la pregunta “¿Qué es el éxito?” en menos de cien palabras. Su propuesta ganó el primer premio. A pesar de la difusión que ha tenido este poema, que fue presentado en forma de ensayo, Stanley nunca fue una escritora de renombre. Tras su muerte, el texto fue grabado en su lápida.

El poema se ha atribuido, erróneamente, a Ralph Waldo Emerson o a Robert Louis Stevenson y en él se redefine el éxito en la vida como una existencia con propósito que impacte positivamente en el mundo y en los demás.

En su redifusión, la versión original ha sido parafraseada en múltiples ocasiones. En esta entrada he incluido la versión más conocida en español:

“Éxito” (poema de Bessie Anderson Stanley)

Ha alcanzado el éxito quien ha vivido bien,

ha reído a menudo y ha amado mucho;

quien se ha ganado el respeto de hombres inteligentes

y el amor de niños pequeños;

quien ha ocupado su lugar y cumplido su tarea;

quien deja el mundo mejor de como lo encontró,

sea por una amapola mejorada,

un poema perfecto o un alma rescatada;

quien nunca dejó de apreciar la belleza de la tierra

ni falló en expresarla;

quien siempre buscó lo mejor en los otros

y dio lo mejor de sí mismo;

aquel cuya vida fue una inspiración

y cuya memoria es una bendición.