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viernes, 26 de junio de 2026

Relatos de los Padres del Desierto (III)

Imagen creada con IA por Microsoft Designer (22-02-2026).

Paulo Coelho publicó algunas historias sacadas del “Verba Seniorum” (Palabras de los Ancianos) o “Apophthegmata Patrum” (Dichos de los Padres), colección de sentencias, anécdotas y preceptos atribuidos a los Padres del Desierto y que transmiten la sabiduría ascética, espiritual y de convivencia de los primeros ermitaños cristianos. Estos textos se encuentran integrados en la gran recopilación conocida como “Vitae Patrum” (Vidas de los Padres).

Fuente: Estos cuentos están incluidos en “Cuentos seleccionados” de Paulo Cohelo y en “Más historias de los Padres del Desierto” en “La Prensa” Panamá.

La manera de agradar al Señor

Cierto novicio fue en busca del abad Macario y le pidió consejo sobre la mejor manera de agradar al Señor.

—Ve hasta el cementerio e insulta a los muertos —le dijo Macario.

El hermano hizo lo que le ordenaban, y al día siguiente volvió a Macario.

—¿Te respondieron? —preguntó el abad.

El novicio dijo que no.

—Entonces vuelve allá y elógialos.

El novicio obedeció. Aquella misma tarde volvió al abad, que de nuevo quiso saber si los muertos habían respondido.

—No —dijo el novicio.

—Para agradar al Señor, actúa de la misma manera —comentó Macario—. No cuentes ni con el desprecio de los hombres ni con sus halagos. De esta manera podrás construir tu propio camino.


Hacer nuestra parte

El muchacho cruzó el desierto y, finalmente, llegó al monasterio de Esceta. Allí pidió permiso para asistir a una de los sermones del abad, permiso que le fue concedido.

Aquella tarde, el abad discurrió sobre la necesidad de meditar utilizando la imagen del Sagrado Corazón. A continuación, habló de la importancia del silencio. Finalmente, cuando terminó el sermón, pidió al muchacho recién llegado que ayudara en la construcción de un camino hasta una aldea cercana al monasterio.

—¿Por qué? —preguntó el muchacho—. A fin de cuentas, lo importante es rezar.

—Rezar es muy importante —dijo el abad—, pero rezarás aún mejor si con tus manos consigues descubrir un modo de comunicarte con tu vecino.


El trabajo en la labranza

El muchacho cruzó el desierto y llegó finalmente al monasterio de Esceta, cerca de Alejandría. Allí pidió para asistir a una de las conferencias del abad, y le dieron permiso.

Aquella tarde el abad disertó sobre la importancia del trabajo en la labranza.

Al terminar, el chico dijo a uno de los monjes:

—Estoy muy impresionado. Pensé que iba a encontrar un sermón iluminado sobre las virtudes y los pecados, y el abad solo habló de tomates, irrigación y cosas así. Allí de donde yo vengo todos creen que Dios es misericordia y que basta rezar.

El monje sonrió y respondió:

—Aquí nosotros creemos que Dios ya hizo su parte y ahora nos corresponde a nosotros continuar el proceso.


domingo, 21 de junio de 2026

El efecto lucio

imagen realizada con las ilustraciones de “RALPH_GERMANY” en Pixabay y de PNGWing

Unos científicos dividieron en dos partes un acuario colocando un cristal transparente. A la izquierda colocaron a un lucio, que es un gran depredador, y a la derecha peces pequeños. En cuanto el lucio vio a los peces se dispuso a atacarlos, pero chocaba contra el cristal y rebotaba una y otra vez. Cada intento fue inútil. Los impactos le produjeron varias heridas en la cabeza. Finalmente, el lucio, asustado, se retiró a una esquina. Fue entonces cuando los científicos retiraron el cristal. Los peces pequeños nadaban libremente rozando, incluso, la boca del lucio, pero el depredador nunca volvió a atacar. En su mente solo quedaba la pared invisible. Unos días después, aunque estaba rodeado de comida, el lucio murió de hambre.

El efecto o síndrome del lucio es un concepto psicológico que describe la indefensión aprendida y la resistencia al cambio. Ocurre cuando un individuo continúa actuando como si existiera un obstáculo, incluso cuando este ya ha desaparecido, limitando su potencial. Es una trampa mental en la que nos rendimos ante una oportunidad por miedo a fracasar.

Si una acción nos causó dolor, pérdida o decepción en el pasado, tendemos a asumir que el resultado será idéntico en el futuro. Nos aferramos a experiencias pasadas, creando barreras invisibles en nuestra mente que limitan nuestras decisiones y nos impiden explorar nuevas alternativas.

Es vital cuestionar nuestras viejas creencias, evaluar las situaciones como escenarios independientes (el contexto actual puede ser distinto) y mantener una mentalidad flexible para no autosabotearnos.


martes, 16 de junio de 2026

La culminación del legado de Gaudí

Fotograma del vídeo de la inauguración de la torre de Jesucristo. Sagrada Familia. Barcelona.

El pasado día 10 de junio, el papa León XIV inauguró y bendijo la Torre de Jesucristo de la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona. Iniciada en 1882, es la obra maestra de Gaudí (1852-1926), a la que le dedicó cuarenta y tres años de su carrera, y el máximo exponente de la arquitectura modernista catalana.

En febrero de este año, después de 144 años del inicio de las obras, la basílica alcanzó su altura definitiva de 172,5 metros, tras la instalación de su último gran elemento estructural: una cruz en la cima de la Torre de Jesucristo.

Actualmente, la Sagrada Familia es la iglesia más alta de mundo, el monumento más visitado de España y, tras la basílica de San Pedro del Vaticano, la iglesia más visitada de Europa.

Durante la vida de Gaudí solo se completaron la cripta, el ábside y, parcialmente, la fachada del Nacimiento, de la que el arquitecto solo vio coronada la torre de san Bernabé.

En julio de 1936, grupos anarquistas incendiaron la cripta del templo y entraron en el taller de Gaudí, destruyendo muchos de sus planos y modelos de yeso. Afortunadamente, no todo desapareció. Gran parte de la información perdida fue reconstruida por sus discípulos y colaboradores, quienes habían documentado sus ideas en libros, artículos, dibujos y fotografías. Su trabajo proporcionó una valiosa guía a las generaciones posteriores de arquitectos que se han esforzado en hacer realidad el diseño de Gaudí, manteniéndose fieles a su visión y, al mismo tiempo, cumpliendo con exigentes requisitos de ingeniería.

En cuanto a la cruz que corona la Torre de Jesucristo, tiene la altura de un edificio de cinco pisos y pesa alrededor de cien toneladas. La cruz fue fabricada en Alemania y trasladada a España en catorce secciones prefabricadas de hormigón y acero inoxidable. Una vez en Barcelona, en el taller situado sobre la nave central de la basílica, se completaron las piezas con revestimientos de cerámica esmaltada blanca y ventanas elaboradas con vidrio de origen local. Su instalación fue un proceso complejo que se prolongó durante varios meses. Gaudí había imaginado una cruz reflectante que brillara durante el día e iluminara el horizonte por la noche y, de hecho, con su brillante superficie blanca, la cruz refleja el intenso sol de España.

Dado que las obras principales han terminado, el templo se encuentra en su fase final y para su conclusión se estima que serán necesarios, al menos, diez años más de trabajos. Falta completar el interior de la torre de Jesús y la fachada de la Gloria, que representará el camino del hombre hacia Dios. Su construcción implica no solo un esfuerzo arquitectónico monumental, sino también resolver la integración urbanística de la gran escalinata que Gaudí proyectó.

La inauguración de la Torre de Jesucristo, la torre número dieciocho de la basílica, coincide exactamente con el centenario de la muerte Antoni Gaudí (10-06-1826). El acto contó con la asistencia de más de 120.000 personas. La inauguración culminó de noche con un espectacular y bellísimo despliegue tecnológico de música, fuegos artificiales, luces y drones, que iluminaron el cielo de Barcelona y proyectaron el rostro de Gaudí mirando, satisfecho, la Sagrada Familia. Él, dada la magnitud y complejidad de su visión, entendió que jamás viviría para verla terminada, pero nunca le importó, pues, según decía, su cliente (Dios) no tenía prisa...

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jueves, 11 de junio de 2026

El hechizo divino

El papa León XIV felicita a Antonio Banderas tras su discurso (Madrid, 7 de junio de 2026).

El papa León XIV está de visita en España. Llegó a Madrid el sábado 6 de junio donde estuvo hasta el martes 9 de junio, día en que viajó a Barcelona. Hoy ha llegado a las Islas Canarias y regresará a Roma el viernes día 12.

En Madrid, el día 7 de junio, participó en el acto “Tejer redes con el mundo de la cultura, arte, economía y deporte”, que se celebró en el “Movistar Arena”. Al evento asistieron más de 12000 personas. El actor malagueño Antonio Banderas fue de los primeros en tomar la palabra y pronunció un emotivo y profundo discurso ante el papa. Su intervención comenzó defendiendo el papel del arte como lenguaje común universal, como puente entre comunidades y como alternativa a todo tipo de violencia, recordando, además, el peso de la Iglesia a lo largo de los siglos como la mayor productora de arte de la historia de la humanidad. En el discurso habló también del origen de su fe, cuando era un niño en su Málaga natal y, para finalizar, reflexionó sobre la misión actual del arte, invitándonos a buscar la mejora individual para lograr mejores tiempos para todos.

Recientemente, Antonio Banderas ha dirigido la versión de Emilio Aragón del musical de temática religiosa “Godspell”, basado en el Evangelio de San Mateo, creado originalmente por John-Michael Tebelak y Stephen Schwartz. El día anterior, durante la “Vigilia de la Oración” en la Plaza de Lima, parte del elenco llevó al escenario un popurrí con algunos de los momentos más emblemáticos del espectáculo. Lo que para unos fue una propuesta fresca y cercana, para otros rompió el ambiente de recogimiento que había caracterizado la jornada. Antonio Banderas no ha querido polemizar sobre esto porque, según él, distraería la atención de lo verdaderamente importante: los mensajes que el papa trae a España.

En mi opinión, el discurso de Antonio Banderas ante el papa ha sido ejemplar como lo fueron, en su día, el pregón de la Semana Santa de Málaga (2011) o el discurso cuando fue nombrado hijo predilecto de Andalucía (2013). Ambos están recogidos en este blog.

El discurso emocionó a León XIV y, al terminar, el papa, que le regaló un rosario, le dio la enhorabuena y le pidió que felicitara a los intérpretes que representaron la obra.

Os dejo el vídeo y su transcripción.

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«Santo Padre, autoridades, queridas amigas y amigos:

Hay encuentros que no se miden solo en el tiempo, sino en su significado. Su presencia hoy en Madrid, Santo Padre, no es solo una visita. Es un gesto. Un gesto de escucha, de cercanía, de diálogo con la sociedad civil y esta, sin duda, se lo agradece. Ese diálogo, a veces, conviene reforzarlo usando un lenguaje común. Ese lenguaje es, y lo ha sido en muchas ocasiones a lo largo de la historia, el arte.

La relación entre la Iglesia católica y el arte no ha sido solo fructífera: ha sido determinante. No tememos equivocarnos al decir que la iglesia ha sido el mayor productor de arte de la historia de la humanidad. En el corazón de ese impulso creativo está quien atraviesa los siglos, los estilos y las culturas y que, con total seguridad, ha sido la figura más representada en la historia del arte: se trata de Jesucristo, el gran protagonista de la película de la vida. En todas las artes, Cristo como un icono de paz, de amor y de sacrificio, rodeado de un misterio inagotable.

Yo podría reducir mi intervención simplemente a enumerar los grandes artistas que con sus trabajos han engrandecido el mensaje proveniente de la palabra de Jesús. También podría limitarme a dar una serie de datos que ilustren el camino recorrido entre iglesia, artistas, intelectuales, filósofos… pero hoy, Santo Padre, siento una cierta obligación a ofrecer una pequeña reflexión en voz alta sobre mi propia experiencia y, para ello, he de retroceder en el tiempo a las celebraciones de la Semana Santa en mi querida Málaga, allá por los años 60 del siglo pasado. Esas manifestaciones populares que toman las calles desarrollando un ritual majestuoso de arte y fe, de cultura y devoción. Y fue ahí, Santo Padre, en ese marco de arte popular anónimo, cuando, con tan solo cuatro o cinco años de edad, nació en mí una pregunta que solo contenía una palabra: Dios

Poco a poco fui encontrando respuestas, algunas tan simples como la que reconocí en los ojos de mi madre mientras esta le clavaba su mirada y su corazón devoto a la Virgen de La Esperanza, que pasaba en su trono frente a nosotros en aquellos lejanos años… o a través de la voz que rompía el aire claro de primavera de los cantaores o cantaoras de saetas… o entre la gente humilde y buena de mi ciudad que cada año salían, y salen, a la calle con su barrio a cuestas, portando sus imágenes que les ayudan a buscarse a sí mismos mientras buscan a Dios. Y lo hacen dejando tras ellos el “yo”, para agarrarse al “nosotros” y del “nosotros” pasan al “ellos” y del “ellos” al “todos” y del “todos” al “mundo” y del “mundo” al “universo” y del “universo” a Dios… para después volver a tomar tierra intuyendo que Dios puede estar en cada partícula, en cada molécula de cada gota de agua, de cada mar, de cada pétalo de rosa, de cada pálpito, de cada suspiro.

Pero el arte no es solo belleza. El arte es pregunta. Es reflexión. Es contraste. Es revolución. Es tensión entre lo que sabemos y lo que intuimos. El arte ha sido ‒y debe seguir siendo‒ el espejo que refleja vidas que pasan de largo ante el prójimo herido. Es también la denuncia de credos vacíos que olvidaron el amor. Es la voz de alerta para sociedades que se acostumbraron a la injusticia. El arte debe ser una alternativa a la violencia. Todas las violencias. Así como lo hizo el propio Cristo, el artista debe actuar con valentía y no abandonar el ser instancia crítica a la sociedad, al propio arte y a la propia religión.

Santo Padre, hemos de compartir una obligación. Estamos obligados a mirar y a ver, y a tratar de entender las complejidades del alma humana. Todos los seres humanos nos enfrentamos a los grandes interrogantes de nuestra existencia: ¿quiénes somos?, ¿qué sentido tiene la vida y el dolor?, ¿qué significa amar, de verdad, al prójimo como a uno mismo?, ¿qué hay más allá?...

Santo Padre, en un mundo que corre, que se fragmenta, que a veces se simplifica en exceso, el arte nos ayuda a recuperar la profundidad y el alma que está tratando de ser robada por inteligencias artificiales que deben estar al servicio del ser humano y no al revés. Un alma que nos susurra que hay algo más. El constante susurro de la esperanza de ese algo más. Necesitamos seguir creando y compartiendo, seguir preguntando, seguir buscando belleza, sí, pero también verdad, porque allí donde nos atrevemos a preguntar en profundidad, siempre comienza un camino, un camino que nos puede conducir hacia lo espiritual y esto no es más que la fraternidad que late en el corazón de todo ser humano, así como en el misterioso corazón de Dios.

“Decís vosotros que los tiempos son malos. Sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores. Vosotros sois el tiempo” ‒decía San Agustín.

Santo Padre, yo estoy aquí por “Godspell”. “Godspell” es una pieza de teatro musical creada, compuesta e interpretada en su país de origen. Usted sabe muy bien que Godspell significa “El hechizo de Dios”. Yo hoy estoy aquí, Santo Padre, confesando haber sido víctima del hechizo de Dios.

Muchas gracias».


sábado, 6 de junio de 2026

El secreto de la felicidad

Imagen creada con IA por Microsoft Designer (01-03-2026).

Las dos gotas de aceite

Este cuento está incluido en el libro “El alquimista” de Paulo Coelho.

Cierto mercader envió a su hijo a aprender el secreto de la felicidad con el más sabio de todos los hombres. El muchacho anduvo durante cuarenta días por el desierto, hasta llegar a un bello castillo, en lo alto de una montaña. Allí vivía el sabio que el muchacho buscaba.

No obstante, en lugar de encontrar a un hombre santo, nuestro héroe entró en una sala llena de gente, con una enorme actividad: mercaderes que entraban y salían, personas conversando por los rincones, una pequeña orquesta tocando suaves melodías, y una mesa muy bien servida con los más deliciosos platos de aquella región del mundo.

El sabio conversaba con todos, y el muchacho tuvo que esperar durante dos horas hasta que pudo ser atendido.

Con mucha paciencia, el sabio escuchó atentamente el motivo de la visita del chico, pero le dijo que en ese momento no tenía tiempo para explicarle el secreto de la felicidad.

Le sugirió que diese un paseo por su palacio, y regresase al cabo de dos horas.

−De todas maneras, voy a pedirte un favor –añadió, entregándole al muchacho una cucharita de té en la que dejó caer dos gotas de aceite−. Mientras estés caminando, lleva contigo esta cuchara sin derramar el aceite.

El joven empezó a subir y a bajar las escalinatas del palacio sin apartar la mirada de las gotitas de aceite. Dos horas más tarde, regresó ante la presencia del sabio.

−Entonces –preguntó el sabio− ¿ya has visto los tapices de Persia que están en mi comedor, y el jardín que al maestro de los jardineros le llevó diez años concluir? ¿Y te has fijado en los hermosos pergaminos de mi biblioteca?

El muchacho, avergonzado, confesó que no había visto nada de eso. Su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el sabio le había confiado.

−En ese caso vuelve y conoce las maravillas de mi mundo –dijo el sabio−. No puedes confiar en alguien hasta que no conoces su casa.

Ya más tranquilo, el joven muchacho tomó una vez más la cucharilla y volvió a pasear por el palacio, pero esta vez fijándose en todas las obras de arte que colgaban del techo y las paredes. Vio los jardines, las montañas de alrededor, la delicadeza de las flores, el refinamiento con que cada obra de arte había sido colocada en su lugar. Por fin, una vez más ante la presencia del sabio, le contó pormenorizadamente todo lo que había visto.

−Pero, ¿dónde están las dos gotas de aceite que te confié? −preguntó el sabio.

Mirando a la cuchara, el joven se dio cuenta de que las había derramado.

−Pues este es el único consejo que puedo darte –dijo el más sabio de los sabios−. El secreto de la felicidad está en saber mirar todas las maravillas del mundo, sin olvidarse nunca de las dos gotas de aceite de la cucharilla.


lunes, 1 de junio de 2026

Setenta veces siete

Imagen: “The chosen”. Cuarta temporada, episodio segundo.

Cuando nos ofenden, creemos que odiando nos defendemos y castigamos a nuestros ofensores. Ese odio genera ira y sentimos que nunca perdonaremos. El rencor va ganando terreno poco a poco hasta que nos atrapa por completo.

El resentimiento no daña a la persona contra la cual se mantiene esta emoción, sino que es un veneno que produce un profundo daño en la persona que lo alberga en su interior. No podemos quedarnos atrapados recordando continuamente a aquellos que tanto sufrimiento nos causaron o aquellas circunstancias o hechos que nos produjeron tanto dolor.

En diferentes entradas de este blog, he hablado de la importancia del perdón como un acto terapéutico y sanador que, en realidad, hacemos por nosotros mismos.

A veces, vamos por la vida cargando una pesada mochila, llena de rencor, a nuestras espaldas. El perdón nos libera de esa pesada carga para poder seguir avanzando en nuestro camino e ir más lejos, más rápido y más ligero.

Perdonar no es sinónimo de olvidar. No se puede coger una goma de borrar y eliminar un registro en la memoria. Hay que recordar y, aun así, perdonar.

Perdonar nunca requiere justificar o buscar una excusa para el daño que te hicieron. Tampoco implica reconciliarte con la persona que te hirió o que no deba haber consecuencias.

Perdonar es ser capaz de dejar atrás lo que te dañó; cerrar una puerta al pasado y continuar con una vida libre de cargas emocionales. El perdón libera mucho más al que perdona que al perdonado y es una acción íntima que no requiere de la aprobación de la otra parte, ni que se le comunique.

Esto, sin duda, es más sencillo de decir que de llevarlo a la práctica. De hecho, la capacidad para perdonar es una de las características propias de las personas que tienen una gran fortaleza emocional.

Hoy, con esta entrada, quiero ir más allá de lo que acabo de resumir:

«Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?”. Jesús le contesta: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”».
Mateo 18, 21-22

El siguiente vídeo, que he titulado “El perdón de Mateo”, recoge, magistralmente, lo que Jesús de Nazaret nos dice sobre el perdón, invitándonos a la reflexión y al entendimiento profundo de su mensaje. Las secuencias utilizadas pertenecen a la serie “The chosen” (episodio tres de la segunda temporada y episodio dos de la cuarta temporada), creada, dirigida y coescrita por el cineasta estadounidense Dallas Jenkins sobre la vida y el ministerio de Jesús de Nazaret.

En su vida anterior como recaudador de impuestos, Mateo había perjudicado de “incontables” maneras a Simón Pedro y a su familia y este no podía perdonarle…

* Cuando abras el vídeo, selecciona la resolución más alta disponible (calidad 720p) en configuración (icono engranaje).

En la Biblia el número siete simboliza la plenitud, la perfección divina. Decir “setenta veces siete” es una manera de expresar una cantidad infinita, un perdón sin límites.

Jesús dijo “setenta veces siete” para mostrarnos que debemos perdonar siempre. No es una cuestión de contar ofensas, sino de actitud de amor y compasión hacia los demás. A la lógica de la venganza, opone el perdón sin límites, tal como Dios hace con el ser humano.

Perdonar es también recordar que nadie puede “tirar la primera piedra” y que todos, lo queramos o no, alguna vez ofendemos a los demás.

Perdonar no es olvidar. Dios recuerda nuestras ofensas, pero no las usa contra nosotros. No significa justificar el mal ni permitir que nos sigan hiriendo. Significa no vivir atados al rencor y es el primer paso para sanar y hacernos realmente libres.

Perdonar no es fácil, pero recordemos que Dios nunca nos pide nada imposible y nos da la gracia para hacerlo.

Jesús nos reta y nos invita a reflejar la misericordia de Dios en un mundo que responde a las ofensas con odio y venganza. “Setenta veces siete” es una forma de vida.