El talento se podría definir, de manera amplia, como la capacidad, innata o adquirida, de una persona para aprender o realizar una actividad de forma destacada y con gran habilidad.
Todos llevamos dentro un talento. Ese don que aparece en ocasiones disfrazado de hobby, de algo que nos gusta, se nos da bien y hacemos simplemente por disfrutar.
Puede que aún no te hayas dado cuenta, pero ahí está. Algunas veces, escondido entre tus miedos y frustraciones y otras, escondido entre prisas, dudas o responsabilidades.
El talento no es que desaparezca; es que dejamos de prestarle atención, como si ya no tuviera espacio en nuestra vida.
Cuando vuelves a eso que te ilusiona, algo dentro se activa: piensas con más claridad, te sientes con más fuerza y todo parece tener más sentido.
Muchas veces tu talento no se presenta de forma espectacular y no necesita que seas perfecto. Tampoco implica ser reconocido. No hace falta que sea algo grande; simplemente, que sea tuyo, que empieces a prestarle atención y que confíes, aunque al principio no sepas por dónde empezar. Empieza por lo sencillo.
Se trata de volver a hacer lo que nos llena por dentro, lo que nos da energía y nos hace sentir vivos. Talento es más sentirse vivo que brillar. No hemos venido solo a cumplir. También a expresar lo que somos.
- Conectar con tu vocación
- Creer en sí mismo/a
- Esos locos bajitos
- Hacer lo que apasiona da sentido a la vida
- El poder de la actitud
