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martes, 3 de marzo de 2026

Un Hombre-Dios goloso

18 «Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio”. 19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”. Pero la sabiduría se ha acreditado por sus obras».

Mateo 11, 18-19.

Imagen generada con IA por Microsoft Designer (03-03-2026).

Fuente: “Belén. Caballo de Troya 12” de Juan José Benítez.

En abril del año 27, el Sanedrín ordenó la caza y captura de Jesús de Nazaret. El Maestro y su grupo se vieron obligados a huir.

Cuando llegaron a Bet-El, a unos dieciocho kilómetros al norte de Jerusalén, acamparon junto a la muralla y allí discurrió todo el mes de julio de ese año 27. Bet-El era una ciudad populosa (20.000 habitantes), célebre por su mercado y mercadillos. Allí se vendía todo lo imaginable. Su posición era estratégica, pues se situaba en el cruce de los caminos a Jerusalén, Jericó y Sicar.

El jueves, 10 de julio (año 27), fue otro día interesante…

«El Maestro se paseó por la ciudad en la compañía de la tabbah (la escolta formada por Pedro y los hermanos Zebedeo: Juan y Santiago), Judas Iscariote, Felipe y este explorador.

Y, al principio, fuimos a parar al mercadillo de los dulces.

¡Qué delicia!...

El Galileo, goloso, no sabía dónde mirar: delicias de Bet-El, con keratia, el “chocolate” que extraían del algarrobo; bizcochos de jengibre (lo llamaban “bosque negro”); merengue de nueces; peras a la menta y los tradicionales baklawah, macizos y dorados…

Jesús quería probarlos todos.

Y Felipe tuvo que ponerse serio. No cargaban el dinero suficiente para tanto dulce.

Pero el Galileo —deslumbrado— no hizo caso. Y continuó a lo suyo, metiendo el dedo índice izquierdo en los pasteles y degustándolos. Los comerciantes protestaban con razón. Felipe iba detrás, excusándose y abonando el desaguisado.

Y llegamos a la zona de los “helados”.

¡Dios bendito!... Creí que lo había visto todo…

Al Maestro se le fueron los ojos detrás de los polos de leche y miel, invento de los chinos hacía tres mil años.

Felipe tuvo que comprarle uno.

El Iscariote miró al Galileo con desprecio y murmuró algo por lo bajo. No llegué a entender, pero no creo que fuera nada bueno.

Y allí nos fuimos, detrás de un Hijo del Hombre feliz, con su polo en la mano.

Después, el intendente, misericordioso ante el sofocante calor que soportábamos, se detuvo en uno de los puestos y nos convidó a una especie de granizado a base de zumo de frutas. Era nieve —procedente del Hermón— edulcorada con almíbar. La encontré deliciosa y refrescante.

Jesús terminó el polo y miró mi jarra. Le brillaban los ojos.

Comprendí.

Y terminé ofreciéndole la nieve picada.

La tomó, sonriente, y la masticó con felicidad.

Yo me sentí más feliz aún…».

Para terminar de “ilustrar” esta estrada, he incluido un vídeo con un fragmento del capítulo cinco de la cuarta temporada de la serie “The chosen”, que recoge la comida de Jesús y sus discípulos, en Betania, en casa de Lázaro, Marta y María (Lucas 10, 38-42).

Marta se siente abrumada por los muchos quehaceres en la cocina para atender a Jesús y sus discípulos. Mientras tanto, su hermana María permanece sentada escuchando al Maestro. Ante la queja de Marta por la falta de ayuda, Jesús, lleno de ternura, le responde con una gran enseñanza.

El final de la escena nos muestra lo mucho que Jesús y sus discípulos “disfrutaron” con la exquisita comida de Marta.

* Cuando abras el vídeo, selecciona la resolución más alta disponible (720p) en configuración (icono engranaje).

“The chosen”. Escena del capítulo cinco de la cuarta temporada.