Página de inicio Presentación Frases y citas para el cambio Con una boca prestada Libro de visitas

ÍNDICES POR TEMAS O ETIQUETAS

Cuentos e historias para despertar Redescubrimiento personal Reflexiones Algo personal Pequeños grandes mensajes Un mismo sentir Educación y escuela El espíritu de la Navidad Natural_mente Pausa publicitaria Así es mi Tierra Con mucho arte Algo para recordar La historia más grande jamás contada.

jueves, 30 de julio de 2026

El otro lado (I)

Fuente: “Hermón. Caballo de Troya 6” de Juan José Benítez.

En un proyecto secreto, conocido como “Caballo de Troya”, dos pilotos de la Fuerza Aérea Norteamericana viajan en el tiempo al año 30 de nuestra era, a Judea, para comprobar cómo fueron los últimos días de Jesús de Nazaret. Fascinados por su figura y pensamiento, deciden acompañar al Maestro durante su vida pública. Para ello, actúan al margen de lo establecido en la operación. Jasón y Eliseo, así son conocidos los dos pilotos, retroceden al mes de agosto del año 25 de nuestra era. Buscan a Jesús y lo encuentran en el monte Hermón, permaneciendo con Él durante cuatro semanas.

Todos los días, Jesús se marchaba al amanecer hacia los ventisqueros y solía volver sobre las tres o las cuatro de la tarde. Siempre volvía alegre, renovado, casi transfigurado… y, tras la cena, todas las noches, las ansiadas tertulias…

Imagen creada con IA por Microsoft Designer (30-01-2026).

... «Y así, mágicamente, fue a hablarnos de “algo” a lo que nunca quise enfrentarme. Una realidad, sin embargo, a la que nadie escapa.

Eliseo le puso el tema en bandeja.

—Ya que hablas de la muerte, Señor, dime: ¿no te asusta?

La respuesta fue categórica. Fulminante.

—Responde primero otra pregunta: ¿te asusta dormir?

—No, pero no veo la relación…

—Es lo mismo.

—¿Morir es dormir?

—Así es. Solo eso.

—¿Y después?

—Después… ¡la vida!

—Un momento —se despachó Eliseo, muy consciente de la gravedad de lo que se estaba planteando—, ¿hablas en serio o en parábola?

Jesús contuvo la risa.

—Muy en serio…

Silencio sepulcral… Y nunca mejor dicho.

Eliseo y yo nos miramos. Ante semejante y categórica afirmación solo cabía creer o no creer. El problema era que aquel Hombre jamás mentía. Si Él aseguraba que tras la muerte hay vida… no teníamos alternativa. ¡Hay vida!

—Es que es muy fuerte, Señor…

—Sí, lo sé. Esa es otra de las razones de mi presencia entre los humanos. Cuando llegue el momento… ya sabéis a qué me refiero, lo verán con sus propios ojos. Verán al Hijo del Hombre resucitado de entre los muertos. Y lo verán con una forma idéntica a la que todos disfrutaréis tras el sueño de la muerte.

—Pero, Señor, tú eres Dios. Tú sí puedes hacerlo. Nosotros, en cambio…

—No, hijo mío. Mi resurrección pondrá de manifiesto la gloria del Padre, pero también tendrá una segunda y no menos importante justificación: la esperanza. Te lo dije: sois inmortales. Seréis resucitados.

—¿Seremos? ¿Por quién?

—Justamente por mis ángeles.

—¿Por los pájaros?

Tercié en la charla, amonestando a mi compañero. No era momento para bromas. Jesús, sin embargo, me lo reprochó.

—Querido amigo, deja a tu hermano que se exprese. Cuanto más importante y serio es un asunto, más humor necesita… El sentido del humor, no lo olvides, no fue inventado por el hombre. Es cosa de los cielos.

Eliseo, crecido, fue a los detalles. Y yo, sinceramente, lo agradecí.

—Pero, ¿dónde?, ¿cómo?

El Maestro, feliz, solicitó calma. Y fue desgranando algunas informaciones.

—¿Recuerdas?: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas…”.

Asentimos impacientes.

—Pues eso. En mi reino hay unas estancias… digamos que “especiales”, en las que volvéis a la vida. A la verdadera vida.

Nos observó complacido.

—Tras la muerte, tras ese fugaz sueño, apareceréis en un mundo distinto.

—¿Con casas?, ¿con árboles?, ¿con ríos?...

—Sí, mi impulsivo amigo, igual que este…, pero distinto. Decidme. ¿imagináis unos cuerpos, una materia, que son y no son materia? ¿estáis capacitados para comprender una carne que, además es luz?

¿Carne y luz al mismo tiempo? No, no éramos capaces de asimilar ese concepto.

Eliseo, de pronto, recordó algo que discutimos largamente en la cumbre del Ravid. Y, ni corto ni perezoso, expuso su original y gratificante teoría sobre “MAT-1”.

El Maestro escuchó atenta y visiblemente conmovido. Cuando Eliseo concluyó, sencillamente, le sonrió, aprobando su hipótesis con varios y afirmativos movimientos de cabeza.

Fue suficiente.

—¡Lo sabía!... ¡Mitad materia, mitad luz!

Pero el rabí, interviniendo, lo deshinchó en parte:

—Más o menos…

Imagen realizada con las ilustraciones de “JESUS_is_our_only_HOPE” en Pixabay y PNGEgg

Acto seguido, enlazando con algo que repetiría hasta la saciedad advirtió:

—¿Comprendéis ahora por qué os pido con tanta insistencia que VIVÁIS la vida? ¿Entendéis por qué he dicho que estoy aquí para experimentar la existencia humana?

—Déjame adivinarlo. Parece simple… Esta forma de vida es única. Allá en esos mundos especiales, tendremos otros “cuerpos”… distintos. No podremos vivir como ahora. ¿Te refieres a eso? ¿Estás hablando, Señor de apreciar y aprovechar esta oportunidad? ¿Nos estás diciendo que VIVAMOS la vida porque no disfrutaremos de otra semejante?

No respondió. Nos dejó en suspenso unos segundos y, al percibir nuestra ansiedad, sonrió feliz, exclamando:

—¡Perfecto, Jasón! VIVID intensa y generosamente. Saboread la vida. Disfrutad cada instante. Sabed que esta oportunidad, como dices, es única. Nunca volveréis a este estado. Amad la vida. Respetadla. Compartidla. Usadla con inteligencia y moderación. Os lo dije: es un regalo del Padre.

Mi hermano, entonces, estalló como un volcán, interrogándolo sin respiro.

—Y ahí, Señor, ¿qué se hace?

—Te lo estoy diciendo, pero no escuchas: despertar.

—Pero, ¿a qué?

—A la verdadera, a la definitiva vida. Ahí comienzas. Ahí arrancas hacia el Padre.

—¿Se trabaja?

—Por supuesto, aunque al principio todos necesitáis una “limpieza”…

Notó nuestra perplejidad y aclaró:

—Cuando seáis despertados en ese mundo, todo, prácticamente, será idéntico a lo que acabáis de dejar aquí. Os lo repito: es un simple despertar. Pero los defectos y vicios de la naturaleza humana seguirán pesando… en parte. Y los míos se ocuparán entonces de “limpiarlos”. No os preocupéis: la “cura” es rápida y sin dolor. Comprendedlo: en esa otra realidad no cabe la densa y torpe herencia que arrastráis. Os prepararán para un largo, muy largo, camino hacia Dios. Un camino cada vez más espléndido. Una senda en la que, poco a poco, la luz dominará a la materia. Y llegará el día en que solo seréis eso: luz

—Entonces veremos a Dios…

—¡Tranquilo muchacho! A Dios lo verás… a su debido tiempo.

—Mitad luz, mitad materia… ¿Y cómo se sostiene esa materia? ¿se come en el “otro lado”?

—Se come y se bebe… pero no lo que tú crees.

Esa afirmación del rabí coincidía con lo detectado por nosotros durante la aparición número catorce del Resucitado, en la mañana del sábado, 22 de abril del año 30, en la colina de la “Ordenación” (hoy llamada de las Bienaventuranzas). En aquella oportunidad, el instrumental de la “cuna” detectó en el “cuerpo glorioso” una clara ausencia del sistema circulatorio y digestivo, tal y como lo entendemos en la Tierra. Él no lo dijo, pero quien esto escribe hizo sus propias deducciones: quizá en ese nuevo mundo, en ese nuevo estado —en “MAT-1”, como decía mi compañero—, los “alimentos”, integrados por esa enigmática sustancia (mitad materia, mitad energía), fueran absorbidos total y absolutamente. En otras palabras: una “alimentación” sin desechos. En cuanto a la carencia de aparato circulatorio, la explicación podía ser muy similar. Aunque la ciencia no está capacitada todavía para entenderlo, quizá esos “cuerpos” no se vean en la necesidad de respirar. O, si lo hacen, quizá se nutren de oxígeno, o de lo que sea, por contacto directo de la “piel” con el medio ambiente.

Lo sé. Puras especulaciones… Sin embargo, por ahí apuntaron las respuestas del Hijo del Hombre.

Como decía el Maestro, “quien tenga oídos…”.

—Seréis como ángeles…

—¿Con esposa o sin esposa?

—En esa nueva realidad no se precisa el sexo, tal y como lo entendéis en la Tierra. Allí no existen esas inclinaciones. Entre otras razones, porque la carne, el cuerpo material, no pasa al “otro lado”. Aquí queda y aquí desaparece.

—Dices que somos inmortales. Así nacemos. Entonces, ¿por qué no resucitamos por nosotros mismos? ¿Por qué se precisa de tus ángeles?

Jesús tropezó con el gran problema: la limitación de la mente humana. Aun así, el rabí lo intentó.

—Hijo mío, no es mucho lo que puedo decirte… por ahora. Hay criaturas del tiempo y del espacio que no estrenan siquiera su inteligencia. Por múltiples razones se ven privadas de un mínimo de espiritualidad. Pues bien, según lo establecido por Ab-bā, esos humanos no son “despertados” tras la muerte. Deben esperar, en un sueño colectivo, a que llegue su hora. Y no preguntes más. Acepta mi palabra…

Entonces creí entender una de las misteriosas frases del Resucitado, pronunciada el 5 de mayo del año 30, en la aparición en la casa de Nicodemo, en la Ciudad Santa: “…Más que por esto (se refería a su resurrección), vuestros corazones deberían estremecerse por la realidad de esos muertos de una época que han emprendido la ascensión eterna poco después de que yo abandonara la tumba de José de Arimatea…”.

—Solo una cuestión, Señor. Otros muchos seres sí disponen de ese mínimo de inteligencia y espiritualidad. ¿Por qué no se resucitan por sí mismos?

—Sois inmortales, sí, y por derecho propio. Así lo ha querido Ab-bā. Pero no confundas inmortalidad con vida.

—No comprendo… ¿No es lo mismo?

—Sí y no. La vida precede siempre a la inmortalidad. Esta, en definitiva, depende de aquella. Y no olvides que la vida es una prerrogativa del Padre. Yo dispongo de ese poder por su inmensa generosidad. Vosotros, en cambio, no estáis capacitados para ponerla en pie…

Mi hermano le interrumpió.

—¿Quieres decir que el hombre nunca creará vida?

—Así es. Mientras pertenezca al reino de lo material… nunca lo conseguirá. ¡Nunca!

Aquel “¡nunca!” sonó rotundo. Yo diría que premonitorio. Todo un aviso para nuestro mundo. Y añadió con idéntica contundencia:

—No lo olvidéis: la vida es sagrada. Es patrimonio del Padre. Abortarla, suprimirla o herirla es un desprecio a quien la entrega gratuitamente.

Mensaje recibido».