Un sabio maestro caminaba con uno de sus discípulos por el campo y vieron a lo lejos una humilde cabaña. El maestro decidió hacer una visita al lugar.
Cuando llegaron, comprobaron que en la pequeña y miserable casa vivía una familia muy pobre formada por un matrimonio y tres hijos. Todos estaban famélicos, vestían ropas harapientas y no tenían zapatos.
El maestro le preguntó al padre cómo se sustentaban para sobrevivir y el hombre le dijo:
—Tenemos una vaca en el corral. Bebemos su leche y hacemos algo de queso y mantequilla que vendemos y, así, nos vamos apañando.
Los visitantes se despidieron y siguieron su camino. Cuando se habían alejado un poco, el maestro le dijo al discípulo:
—Hoy por la noche, sin que nadie te vea, volverás a la cabaña, robarás la vaca y se la darás a la primera persona que pase por la carretera y acepte el regalo.
El joven no daba crédito a lo que oía y estaba horrorizado, pues esa vaca era el medio de subsistencia de aquella familia, pero obedeció a su maestro e hizo cuanto le dijo.
El discípulo no podía olvidar aquel hecho tan ruin y unos años más tarde, movido por la culpa, volvió a la cabaña para confesarle a la familia lo que había hecho, pedir perdón y ayudarles, en lo que pudiera, a salir adelante.
Cuando llegó, vio que, en lugar de la mísera cabaña, había una gran casa con un buen coche en la entrada y un hermoso jardín en el que jugaban unos niños saludables y bien vestidos.
El discípulo, pensando que la pobre familia anterior había tenido que vender el terreno y marcharse del lugar, preguntó al hombre que estaba sentado en el porche de la casa:
—Disculpe, ¿sabe usted a dónde se fue la familia que vivía aquí hace unos cuatro años?
El hombre, extrañado ante esa pregunta, le contestó:
—Somos nosotros. Vivimos aquí desde hace más de diez años.
—¿Y cómo es que ahora son tan prósperos? —preguntó el joven sorprendido.
—Lo que sucedió —dijo el hombre— fue que una noche nos robaron la vaca, que era nuestro único sustento, y tuvimos que buscar otras formas de vivir y descubrí habilidades que yo mismo desconocía. Gracias a ello ahora vivimos muy bien, mucho mejor que antes.
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