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domingo, 26 de julio de 2026

El cuervo

Imagen realizada con las ilustraciones de “Marcelkessler” en Pixabay y de PNGWing

Adaptación del cuento incluido en el libro “Cuentos zen para el despertar” de Javier Gutiérrez Ornelas.

En un hermoso bosque meditaba un maestro zen reconocido por su poder de hablar con los animales y obrar milagros. La sombra de un frondoso pino le daba cobijo y su aroma impregnaba el ambiente.

El maestro sintió que sobre su cara caían unas gotas de agua. Entonces, abrió los ojos, dirigió la mirada a la copa del árbol y vio a un cuervo que, posado en sus ramas, lloraba desconsolado. Eran sus lágrimas las que caían en su rostro.

El maestro le preguntó:

—¿Por qué lloras, amigo cuervo?

El ave le contestó:

—Lloro porque soy muy infeliz: soy muy feo, nadie me quiere, todos me espantan y nadie me da alimento. ¿Podrías, poderoso maestro, por favor, convertirme en otra ave? Ya no quiero ser un cuervo.

El maestro zen le confirmó:

—Sí puedo, pero antes ve con el ave que quieres ser y pregúntale si es plenamente feliz.

Entonces el cuervo secó sus lágrimas y, motivado, voló hasta el lago donde nadaba un cisne y le dijo:

—Señor cisne, ¿es usted plenamente feliz con su elegante cuerpo y su hermoso color blanco?

El cisne le manifestó:

—Si quieres encontrar un ave realmente feliz, ve hasta el zoológico y pregúntaselo al pavo real; es el ave más hermosa del mundo.

El cuervo se entusiasmó nuevamente, imaginándose ya con todos los colores y la majestuosidad de un pavo real, y fue a verlo:

—Señor pavo real, usted que es tan hermoso, tiene una cola maravillosa, un bonito plumaje y un bello penacho, ¿es plenamente feliz?

El pavo real le respondió:

—Soy el ave más infeliz del mundo. Antes de ser encerrado en este zoológico, las personas me perseguían para quitarme, lastimándome, mis plumas para decorar sus atuendos. Ahora vivo aquí, sin poder moverme libremente, solo para deleitarles y me acosan para que abra la cola sin dejarme descansar ni un momento.

El cuervo, sorprendido y decepcionado, le preguntó:

—Entonces, ¿cuál crees que es el ave más feliz del mundo?

El pavo real le contestó:

—El ave más feliz del mundo eres tú. Yo quisiera ser un cuervo como tú para que nadie me arrancara las plumas, ni me encarcelaran ni me acosaran y poder, como tú, volar libre por el cielo.

El cuervo, sorprendido y maravillado consigo mismo, regresó al árbol donde meditaba el maestro zen y le dijo:

—Querido maestro, ya no quiero ser cambiado por ninguna otra ave.

El cuervo emprendió feliz su vuelo y el monje sonrió y siguió meditando.