La expresión autoboicot puede parecer ajena a nuestra vida. Sin embargo, todos nos hemos comportado alguna vez de esta manera. Sin ser conscientes, no hemos autoboicoteado innumerables veces.
Expresiones del tipos: “Eso no está hecho para mí”, “los idiomas no son los mío”, “ya es tarde para eso”, “demasiado guapo/a para mí”, “no estoy preparado”, “soy incapaz de ello”… han sido pronunciadas por nuestros labios alguna vez y contienen la semilla del autoboicot. Es decir, nos llevan a fracasar antes de haber empezado.
A menudo tenemos una voz interior que nos coarta y marca unos límites arbitrarios para nuestras ilusiones. Tal como trata el terapeuta argentino Bernardo Stamateas en su libro “Autoboicot: cuando el tóxico eres tú”, nuestro yo pesimista llegará a ser un incordio si le prestamos demasiada atención y puede ser muy mezquino y subterráneo, ya que a veces nos influenciará sin que nos demos cuenta de ello y puede llegar a gobernar nuestra vida. Por eso hay que saber detectar cuándo está actuando y neutralizarlo rápidamente.
En palabras de este autor: “El fracaso personal más profundo que padecen los seres humanos es el que constituye la diferencia entre lo que uno era capaz de llegar a ser y lo que uno ha terminado siendo”.
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