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sábado, 7 de marzo de 2015

Memorias de una gallina

8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

La lectura, como vehículo de transmisión de valores, puede ser una herramienta excepcional para conseguir la igualdad de todas las personas, con independencia de su sexo. Por desgracia, sigue siendo una tarea educativa tratar de eliminar estereotipos, actitudes prejuiciosas y roles discriminatorios que todavía persisten en nuestra sociedad.


Esta semana hemos leído en clase
"Memorias de una gallina" de Concha López Narváez (Sevilla, 1939), escritora de libros infantiles y juveniles. Cada vez que leo el libro, vuelvo a disfrutar como el primer día y de eso, han pasado ya veinticinco años…

Conocí a Concha López Narváez y a su marido, Carmelo Salmerón, también escritor, hace dos años cuando vinieron al colegio. Me parecieron encantadores, sencillos y cercanos. Ella respondió amablemente a todas las preguntas que los niños y niñas le hicieron sobre el libro y su vida. Al final, les firmó y dedicó los libros para que tuvieran un grato recuerdo.


Concha López Narváez

En “Memorias de una gallina”, Carolina, una gallina contestataria, nos va contando su vida, desde su nacimiento, junto a sus hermanos, hasta su vida de gallina adulta ponedora en el gallinero de la granja.

Su madre le enseña a ella, y a sus hermanos y hermanas, las reglas para ser una buena gallina, pero ella, desde el principio, se muestra como una gallina rebelde, empezando por no querer llamarse Picapón, sino Carolina. Además, decide ser tan voladora como un pájaro.

Carolina es una gallina independiente, capaz de defender sus derechos y los de sus compañeras, a las que siempre da buenos consejos. Es valiente, sincera, amable y se preocupa por la justicia. Tiene muy buenos sentimientos. Es generosa y no guarda ningún rencor al que hace daño sino que intenta ayudarle para que cambie de actitud.

Su optimismo y su capacidad de disfrutar de las cosas buenas de la vida hacen que sea una gallina feliz.

En uno de capítulos del libro, Carolina desenmascara al gallo Marqués, que deslumbraba a todas las gallinas y las engañaba prometiéndoles que se iba a casar con ellas. Cuando esto se descubre, las gallinas despluman al gallo, pero, entonces, Carolina lo defiende y ayuda…


He seleccionado dos fragmentos. Con ellos quiero contribuir a celebrar mañana, 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer.

…«El Marqués ya tenía sus plumas. Por tanto, llegaba la hora de bajar del árbol. Pero antes me dijo:

— Carolina, yo preferiría quedarme aquí arriba.

— Marqués, el mundo está abajo. En él tenemos amigos. Hay que trabajar, volar, divertirse… También ayudar en lo que haga falta.

Bajó la cabeza con ojos de pena.

Para darle ánimos, alargué mi ala y cogí la suya. Y después volamos con un mismo vuelo, y juntos llegamos al suelo.

Todas las gallinas corrieron a vernos.

El Marqués estaba tan guapo y tan elegante, que ellas otra vez pusieron los ojos en blanco.

“Oh”, dijeron a coro.

— Marqués, siempre te he querido —exclamó enseguida la gallina alta y estirada que se creía guapa.

— Marqués, yo también te quiero —dijo la gallina que se creía lista.

— Te quise, te quiero y te querré siempre —añadió la gallina fina y educada.

Y todas las otras tuvieron también algo que decir. Pero él respondió:

— Quiero a Carolina. Está decidido. Me caso con ella. Y luego añadió mirándome a mí:

— Carolina, tú serás marquesa. Mira, desde ahora te voy a cuidar. Te buscaré granos de trigo dorado, te daré las hojas más tiernas que tenga la col, y lechuga fresca, y maíz jugoso, aunque esté en el barro. Y cada mañana, cuando salga el sol, entonaré el canto de la despertada solo para ti. Te quiero. Mira, te lo juro. Si miento, que pierda mis plumas.

— Escucha, Marqués, cuida bien tus plumas que las necesitas. Y mira, no quiero casarme contigo —le dije.

Él se asombró un poco. Es que todavía era algo vanidoso.

— ¿Entonces qué quieres? —me dijo.

— Quiero ser tu amiga. Y atiende, yo puedo cuidarme, y buscar maíz, y granos de trigo, y lechuga fresca, y cada mañana, cuando salga el sol, ¿sabes lo que quiero?

— ¿Qué quieres?

— Que cierres el pico, porque también puedo despertarme sola...»

***
...«Pasaron los días. Y ahora yo vivo a mi gusto: vuelo por lo menos dos horas diarias. Me siento a tomar el sol, y entorno los ojos para ver luces de colores. Charlo, canto, río, o me vuelvo seria, según la ocasión. Pongo mis tres huevos en una semana, siempre con esmero, siempre muy bien hechos.

Durante las noches me subo a dormir al árbol, pues si me desvelo por la madrugada me gusta sentir los rayos de luna rozando mi cara. Y por las mañanas, cuando me despierto antes que los gallos, yo canto los cantos de las despertadas.

Me siento contenta porque tengo amigos. Son amigas mías algunas gallinas sencillas y amables. Yo las convencí para que pusieran los huevos con tranquilidad. Ahora, cantan, vuelan y viven contentas.

El Marqués también es mi amigo. Ya no es como antes: trabaja, busca su comida como todo el mundo, se mancha las patas, y aunque algunas veces todavía presume, no dice mentiras...»

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