El papa León XIV está de visita en España. Llegó a Madrid el sábado 6 de junio donde estuvo hasta el martes 9 de junio, día en que viajó a Barcelona. Hoy ha llegado a las Islas Canarias y regresará a Roma el viernes día 12.
En Madrid, el día 7 de junio, participó en el acto “Tejer redes con el mundo de la cultura, arte, economía y deporte”, que se celebró en el “Movistar Arena”. Al evento asistieron más de 12000 personas. El actor malagueño Antonio Banderas fue de los primeros en tomar la palabra y pronunció un emotivo y profundo discurso ante el papa. Su intervención comenzó defendiendo el papel del arte como lenguaje común universal, como puente entre comunidades y como alternativa a todo tipo de violencia, recordando, además, el peso de la Iglesia a lo largo de los siglos como la mayor productora de arte de la historia de la humanidad. En el discurso habló también del origen de su fe, cuando era un niño en su Málaga natal y, para finalizar, reflexionó sobre la misión actual del arte, invitándonos a buscar la mejora individual para lograr mejores tiempos para todos.
Recientemente, Antonio Banderas ha dirigido la versión de Emilio Aragón del musical de temática religiosa “Godspell”, basado en el Evangelio de San Mateo, creado originalmente por John-Michael Tebelak y Stephen Schwartz. El día anterior, durante la “Vigilia de la Oración” en la Plaza de Lima, parte del elenco llevó al escenario un popurrí con algunos de los momentos más emblemáticos del espectáculo. Lo que para unos fue una propuesta fresca y cercana, para otros rompió el ambiente de recogimiento que había caracterizado la jornada. Antonio Banderas no ha querido polemizar sobre esto porque, según él, distraería la atención de lo verdaderamente importante: los mensajes que el papa trae a España.
En mi opinión, el discurso de Antonio Banderas ante el papa ha sido ejemplar como lo fueron, en su día, el pregón de la Semana Santa de Málaga (2011) o el discurso cuando fue nombrado hijo predilecto de Andalucía (2013). Ambos están recogidos en este blog.
El discurso emocionó a León XIV y, al terminar, el papa, que le regaló un rosario, le dio la enhorabuena y le pidió que felicitara a los intérpretes que representaron la obra.
Os dejo el vídeo y su transcripción.
* Cuando abras el vídeo, selecciona la resolución más alta disponible (calidad 720p) en configuración (icono engranaje).«Santo Padre, autoridades, queridas amigas y amigos:
Hay encuentros que no se miden solo en el tiempo, sino en su significado. Su presencia hoy en Madrid, Santo Padre, no es solo una visita. Es un gesto. Un gesto de escucha, de cercanía, de diálogo con la sociedad civil y esta, sin duda, se lo agradece. Ese diálogo, a veces, conviene reforzarlo usando un lenguaje común. Ese lenguaje es, y lo ha sido en muchas ocasiones a lo largo de la historia, el arte.
La relación entre la Iglesia católica y el arte no ha sido solo fructífera: ha sido determinante. No tememos equivocarnos al decir que la iglesia ha sido el mayor productor de arte de la historia de la humanidad. En el corazón de ese impulso creativo está quien atraviesa los siglos, los estilos y las culturas y que, con total seguridad, ha sido la figura más representada en la historia del arte: se trata de Jesucristo, el gran protagonista de la película de la vida. En todas las artes, Cristo como un icono de paz, de amor y de sacrificio, rodeado de un misterio inagotable.
Yo podría reducir mi intervención simplemente a enumerar los grandes artistas que con sus trabajos han engrandecido el mensaje proveniente de la palabra de Jesús. También podría limitarme a dar una serie de datos que ilustren el camino recorrido entre iglesia, artistas, intelectuales, filósofos… pero hoy, Santo Padre, siento una cierta obligación a ofrecer una pequeña reflexión en voz alta sobre mi propia experiencia y, para ello, he de retroceder en el tiempo a las celebraciones de la Semana Santa en mi querida Málaga, allá por los años 60 del siglo pasado. Esas manifestaciones populares que toman las calles desarrollando un ritual majestuoso de arte y fe, de cultura y devoción. Y fue ahí, Santo Padre, en ese marco de arte popular anónimo, cuando, con tan solo cuatro o cinco años de edad, nació en mí una pregunta que solo contenía una palabra: Dios
Poco a poco fui encontrando respuestas, algunas tan simples como la que reconocí en los ojos de mi madre mientras esta le clavaba su mirada y su corazón devoto a la Virgen de La Esperanza, que pasaba en su trono frente a nosotros en aquellos lejanos años… o a través de la voz que rompía el aire claro de primavera de los cantaores o cantaoras de saetas… o entre la gente humilde y buena de mi ciudad que cada año salían, y salen, a la calle con su barrio a cuestas, portando sus imágenes que les ayudan a buscarse a sí mismos mientras buscan a Dios. Y lo hacen dejando tras ellos el “yo”, para agarrarse al “nosotros” y del “nosotros” pasan al “ellos” y del “ellos” al “todos” y del “todos” al “mundo” y del “mundo” al “universo” y del “universo” a Dios… para después volver a tomar tierra intuyendo que Dios puede estar en cada partícula, en cada molécula de cada gota de agua, de cada mar, de cada pétalo de rosa, de cada pálpito, de cada suspiro.
Pero el arte no es solo belleza. El arte es pregunta. Es reflexión. Es contraste. Es revolución. Es tensión entre lo que sabemos y lo que intuimos. El arte ha sido ‒y debe seguir siendo‒ el espejo que refleja vidas que pasan de largo ante el prójimo herido. Es también la denuncia de credos vacíos que olvidaron el amor. Es la voz de alerta para sociedades que se acostumbraron a la injusticia. El arte debe ser una alternativa a la violencia. Todas las violencias. Así como lo hizo el propio Cristo, el artista debe actuar con valentía y no abandonar el ser instancia crítica a la sociedad, al propio arte y a la propia religión.
Santo Padre, hemos de compartir una obligación. Estamos obligados a mirar y a ver, y a tratar de entender las complejidades del alma humana. Todos los seres humanos nos enfrentamos a los grandes interrogantes de nuestra existencia: ¿quiénes somos?, ¿qué sentido tiene la vida y el dolor?, ¿qué significa amar, de verdad, al prójimo como a uno mismo?, ¿qué hay más allá?...
Santo Padre, en un mundo que corre, que se fragmenta, que a veces se simplifica en exceso, el arte nos ayuda a recuperar la profundidad y el alma que está tratando de ser robada por inteligencias artificiales que deben estar al servicio del ser humano y no al revés. Un alma que nos susurra que hay algo más. El constante susurro de la esperanza de ese algo más. Necesitamos seguir creando y compartiendo, seguir preguntando, seguir buscando belleza, sí, pero también verdad, porque allí donde nos atrevemos a preguntar en profundidad, siempre comienza un camino, un camino que nos puede conducir hacia lo espiritual y esto no es más que la fraternidad que late en el corazón de todo ser humano, así como en el misterioso corazón de Dios.
“Decís vosotros que los tiempos son malos. Sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores. Vosotros sois el tiempo” ‒decía San Agustín.
Santo Padre, yo estoy aquí por “Godspell”. “Godspell” es una pieza de teatro musical creada, compuesta e interpretada en su país de origen. Usted sabe muy bien que Godspell significa “El hechizo de Dios”. Yo hoy estoy aquí, Santo Padre, confesando haber sido víctima del hechizo de Dios.
Muchas gracias».
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