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lunes, 1 de junio de 2026

Setenta veces siete

Imagen: “The chosen”. Cuarta temporada, episodio segundo.

Cuando nos ofenden, creemos que odiando nos defendemos y castigamos a nuestros ofensores. Ese odio genera ira y sentimos que nunca perdonaremos. El rencor va ganando terreno poco a poco hasta que nos atrapa por completo.

El resentimiento no daña a la persona contra la cual se mantiene esta emoción, sino que es un veneno que produce un profundo daño en la persona que lo alberga en su interior. No podemos quedarnos atrapados recordando continuamente a aquellos que tanto sufrimiento nos causaron o aquellas circunstancias o hechos que nos produjeron tanto dolor.

En diferentes entradas de este blog, he hablado de la importancia del perdón como un acto terapéutico y sanador que, en realidad, hacemos por nosotros mismos.

A veces, vamos por la vida cargando una pesada mochila, llena de rencor, a nuestras espaldas. El perdón nos libera de esa pesada carga para poder seguir avanzando en nuestro camino e ir más lejos, más rápido y más ligero.

Perdonar no es sinónimo de olvidar. No se puede coger una goma de borrar y eliminar un registro en la memoria. Hay que recordar y, aun así, perdonar.

Perdonar nunca requiere justificar o buscar una excusa para el daño que te hicieron. Tampoco implica reconciliarte con la persona que te hirió o que no deba haber consecuencias.

Perdonar es ser capaz de dejar atrás lo que te dañó; cerrar una puerta al pasado y continuar con una vida libre de cargas emocionales. El perdón libera mucho más al que perdona que al perdonado y es una acción íntima que no requiere de la aprobación de la otra parte, ni que se le comunique.

Esto, sin duda, es más sencillo de decir que de llevarlo a la práctica. De hecho, la capacidad para perdonar es una de las características propias de las personas que tienen una gran fortaleza emocional.

Hoy, con esta entrada, quiero ir más allá de lo que acabo de resumir:

«Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?”. Jesús le contesta: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”».
Mateo 18, 21-22

El siguiente vídeo, que he titulado “El perdón de Mateo”, recoge, magistralmente, lo que Jesús de Nazaret nos dice sobre el perdón, invitándonos a la reflexión y al entendimiento profundo de su mensaje. Las secuencias utilizadas pertenecen a la serie “The chosen” (episodio tres de la segunda temporada y episodio dos de la cuarta temporada), creada, dirigida y coescrita por el cineasta estadounidense Dallas Jenkins sobre la vida y el ministerio de Jesús de Nazaret.

En su vida anterior como recaudador de impuestos, Mateo había perjudicado de “incontables” maneras a Simón Pedro y a su familia y este no podía perdonarle…

* Cuando abras el vídeo, selecciona la resolución más alta disponible (calidad 720p) en configuración (icono engranaje).

En la Biblia el número siete simboliza la plenitud, la perfección divina. Decir “setenta veces siete” es una manera de expresar una cantidad infinita, un perdón sin límites.

Jesús dijo “setenta veces siete” para mostrarnos que debemos perdonar siempre. No es una cuestión de contar ofensas, sino de actitud de amor y compasión hacia los demás. A la lógica de la venganza, opone el perdón sin límites, tal como Dios hace con el ser humano.

Perdonar es también recordar que nadie puede “tirar la primera piedra” y que todos, lo queramos o no, alguna vez ofendemos a los demás.

Perdonar no es olvidar. Dios recuerda nuestras ofensas, pero no las usa contra nosotros. No significa justificar el mal ni permitir que nos sigan hiriendo. Significa no vivir atados al rencor y es el primer paso para sanar y hacernos realmente libres.

Perdonar no es fácil, pero recordemos que Dios nunca nos pide nada imposible y nos da la gracia para hacerlo.

Jesús nos reta y nos invita a reflejar la misericordia de Dios en un mundo que responde a las ofensas con odio y venganza. “Setenta veces siete” es una forma de vida.


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