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miércoles, 21 de enero de 2026

Compasión contra el dolor ajeno

Imagen: “Alexas_Fotos” en Pixabay.

Fuente: “Somos fuerza” de Patricia Ramírez.

La compasión es el sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien. Se activa gracias a nuestras neuronas espejo, que son capaces de empatizar y sentir el dolor ajeno. Cuando algo nos duele, también nos mueve y, en este caso, tratamos de transformar nuestro dolor ayudando a quien sentimos más vulnerable, a la persona por la que sufrimos.

Para ser más compasivos con los demás, debemos pensar más en ellos y menos en nosotros mismos. Tener un corazón más grande. Ser conscientes de lo que tenemos y somos, valorar nuestras capacidades y posesiones, nos ayudará. Por ejemplo, cuanto más valore mi capacidad de ver, de mirar la realidad, los colores, la naturaleza, más compasión tendré cuando me encuentre con un invidente. Las personas más compasivas, además de sentir pena por el dolor ajeno, poseen la capacidad de disfrutar más de lo que tienen. Sería bueno hacer una lista de las cosas imprescindibles en tu vida y que tal vez no valores.

La experiencia de sentir nuestro propio dolor, tristeza, vergüenza o miedo también nos humaniza frente al dolor de los demás. Nuestra propia vulnerabilidad es lo que más nos conecta con el prójimo. Si no sufriéramos limitaciones, sería mucho más difícil que nos dolieran las limitaciones de los demás, empatizar con ellas. Así que esas emociones nada atractivas que padecemos pueden ayudarnos a ser compasivos.

Seremos más compasivos si evitamos huir del dolor ajeno, si permanecemos en contacto con situaciones en las que la gente sufre. No hay que rechazarlas, aunque no sean de buen gusto. Nos educa la mirada y nos ayuda a sentir en los demás. No nos encerremos dentro de nuestros muros.

La compasión nos mueve a ayudar: nos ofrecemos a cuidar a los niños de la vecina en circunstancias especiales, a realizar la compra a personas mayores…

¿Qué podemos hacer para ayudar a otros?

- Procurar ser más comprensivos con las personas que nos rodean.

- Hacer una lista de las cosas imprescindibles en nuestra vida y que, tal vez, no valoramos.

- Dar más importancia a las personas que a las cosas; a servir y ayudar que a poseer.

- Identificar los grupos de riesgo, las personas vulnerables; tal vez las tengamos cerca. Invita a un café a una persona sin hogar, saluda con más afecto a la persona que pide en la puerta del supermercado, interésate por un vecino mayor que vive solo…

- Elegir a alguien próximo a quien deseemos ayudar: un familiar, un amigo, un compañero de trabajo... Pensar cómo nos queremos comprometer y ponernos un recordatorio (para dentro de una semana, de quince días, de un mes...) para no olvidar lo que hemos decidido.


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