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miércoles, 23 de mayo de 2012

Estamos perdiendo el norte


Así se titula una corta historia que nos cuenta Javier Urra, Psicólogo Forense de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia y Juzgados de Menores de Madrid (en excedencia voluntaria) y Defensor del menor de la Comunidad de Madrid desde 1996 hasta 2001, en su libro "¿Qué se le puede pedir a la vida?" publicado en febrero de este año.

“Siendo defensor del Menor me encontré con algún caso en que los padres denunciaban a los agentes de policía municipal. ¿La razón? Detención ilegal.

Investigados los casos, comprobamos fehacientemente que dichos agentes habían sido requeridos por ciudadanos que encontraron a niños y niñas de 13 y 14 años bajo los efectos devastadores de una ingesta masiva de alcohol, por lo que estos servidores de la ley y de la sociedad los condujeron a toda velocidad al hospital más próximo.


Los padres, en lugar de agradecer su diligencia (pasadas las horas necesarias para superar la brutal borrachera, que en un caso acabó en delirium tremens), de dar las gracias a los profesionales sanitarios y de hablar con los hijos para interesarse por la razón profunda de esta conducta autolesiva, lo que hicieron fue denunciar a los policías.”

Me gustaría que vierais el siguiente vídeo del programa Noticias 4 del día 17 de junio de 2009, en el que se recoge la opinión del periodista Iñaki Gabilondo.


"El estupor de los adultos ante el poder arrollador de las nuevas generaciones, es inevitable. Es ley de vida. Pero ésta es la primera generación adulta acoquinada ante sus hijos, seguramente porque perdió sus propias certezas y no está nada segura de lo que desea trasmitir. Quien se escandaliza ante lo nuevo, demuestra que se está haciendo viejo. Pero quien defiende cualquier cosa que sea nueva demuestra su estupidez. Y que un chaval o una chavala de catorce años llegue borracho o borracha a su casa no es una novedad, es un desastre. Y no tenemos ni herramientas ni convicciones para evitarlo."

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1 comentario

  1. La única herramienta útil es la educación desde pequeños y aún así nos puede fallar. Pero es que además para educar hay que tener principios sólidos, capacidad de crítica,y rectitud moral suficiente para ser nosotros mismos un buen ejemplo, algo cada vez más raro.
    Hoy he oído accidentalmente una conversación en los vestuarios del trabajo. Uno le decía a otro que no verá el partido Barcelona-Atlético Bilbao "porque los vascos son unos etarras asesinos y los catalanes unos independentistas antipatriotas". Con este simplismo, ¿que podemos transmitir a nuestros hijos?. El milagro es que España siga unida como nación.

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