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viernes, 19 de agosto de 2016

El ciervo almizclero

Fuente: “Cuentos para confortar el espíritu” de Ramiro Calle.

Los ciervos almizcleros poseen unas glándulas faciales portadoras de almizcle, sustancia que, por su fragancia y untuosidad, se emplea para la elaboración de perfumes y productos cosméticos. Los caninos superiores de los machos son grandes colmillos dirigidos hacia abajo y hacia el exterior de la boca.


Érase un precioso ciervo almizclero, un magnífico ejemplar. Es propio de esta clase de ciervos exhalar un penetrante perfume que brota de sus órganos internos y que se esparce a muchos metros a su alrededor.

Cuando el ciervo se hizo adulto, comenzó a oler ese intenso aroma, pero no era capaz de localizar su procedencia. Se preguntaba obsesionado, una y otra vez, de dónde venía ese olor. Buscó el lugar del que nacía, pero no era capaz de hallarlo por mucho que lo intentaba: era un olor tan dulce e intenso, tan embelesador, que quería descubrir su procedencia y no cejó en su empeño por encontrarla.

Pasaron los años y cada día era mayor el anhelo del ciervo por saber de dónde brotaba aquel aroma. Todos sus esfuerzos eran baldíos. Buscaba y buscaba sin descanso, ignorante de que el perfume provenía de sí mismo.

Llegó a las postrimerías de su existencia y un día lo alcanzó la enfermedad que pondría punto final a su vida. Mientras agonizaba, siguió preguntándose de dónde provendría aquel maravilloso y envolvente perfume, de dónde… y se lamentó de veras por no haber podido hallar su origen. Olió ese aroma, cuya fuente había tratado de encontrar, hasta el último instante de su vida.

Mira dentro de ti. Si miras solo en el exterior, no verás ni reconocerás tu verdadero ser. Aprende a ser y sé.

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