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domingo, 5 de septiembre de 2010

La humildad, elemento esencial para el cambio

Fuente: "La buena vida" de Álex Rovira.

La humildad tiene un enorme poder de transformación de la existencia pues gracias a ella, podemos tomar conciencia de nuestras limitaciones y de lo que nos queda por hacer y por crecer.

La humildad no es signo de ingenuidad o debilidad sino de lucidez y fuerza interior pues nos muestra la grandeza de la persona que la manifiesta: siempre hay algo o alguien de quien aprender, siempre es posible hacer las cosas mejor, siempre puede cuestionarse el valor y el sentido de lo que se está haciendo en la vida personal y profesional y desde allí enfrentar nuevos retos, desarrollar nuevas habilidades o aprender nuevas lecciones.

La persona humilde no se vanagloria en sus logros sino que sigue trabajando y disfrutando con su tarea porque sabe que el éxito es como una droga que genera adicción, aturde y produce una severa idiotez como consecuencia de la adulación colectiva.


No conviene confundir la humildad con la falsa modestia que no deja de ser una vanidad sumamente hipócrita.

La humildad se manifiesta en pequeñas cosas, en gestos que enriquecen las relaciones humanas y son de gran valor tanto para quien los hace como para quien los recibe:

- Saber escuchar; brindar a alguien nuestra receptividad silenciosa acallando nuestra propia necesidad de hablar.

-Un gesto amable como, por ejemplo, una simple sonrisa sincera.

- Saber callar; no molestar; no estorbar; librar a la otra persona del consejo que no desea, de la ayuda que no ha solicitado o de la compañía que en ese momento le estorba.

- El valioso contacto con la naturaleza de la manera que nos apetezca y que esté a nuestro alcance: el paseo por la hierba, el olor de la tierra o el aire fresco, la presencia de los árboles, la contemplación de un paisaje...

-La gratitud que nace del reconocimiento de la otra persona.

- La ternura y las caricias pues con ellas expresamos lo que las palabras no alcanzan a nombrar.

La lista de "regalos" humildes sería interminable y merece la pena ponerlos en práctica porque son sumamente saludables: estimulan la imaginación, la confianza, el respeto, el compromiso y la alegría.


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