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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Los pequeños gestos

Foto, modificada, de “Pexels” en Pixabay.

Fuentes: “Qué se le puede pedir a la vida” de Javier Urra y “¿Y si en lo pequeño nace lo grande?”. Boletín Informativo del Dr. Mario Alonso Puig.

«Cada verano, salgo a caminar una hora por la playa antes de que el sol implacable se eleve en el firmamento.

Una mañana observé a un joven que se agachaba en la arena, cogía algo, corría hacia el mar, lo lanzaba lejos y volvía a recoger lo que fuera en la arena. Picado por la curiosidad, me acerqué y comprobé que se trataba de estrellas de mar que tiraba mar adentro.

Pregunté al chico qué estaba haciendo y me contestó que salvar estrellas de mar antes de que el sol las deshidratase y murieran. Le argumenté que había cientos o miles fuera del agua y que no podría salvar a todas. El joven miró a la estrella que tenía en la mano, después me miró a mí y con convicción me dijo: “Es verdad, no podré salvar a todas, pero ésta notará la diferencia”. Y continuó febrilmente con su generosa actividad.

Seguí caminando y regresé a casa. La frase “pero ésta notará la diferencia” hacía eco en mi cerebro. Comprendí que un pequeño gesto conlleva un pequeño cambio que, si bien puede no llegar a afectar a los resultados finales, siempre es valioso —y a veces vital— para quien se beneficia de él.

A la mañana siguiente pensé en lo importante que era para una sola estrella de mar ese gesto. Era muy temprano cuando un paseante advirtió con asombro que dos personas, una joven y otra menos joven, corrían de la playa a la mar y lanzaban algo; parecía un baile o un ritual. Lentamente empezó a acercarse para ver con exactitud lo que hacían…».

Al Dr. Mario Alonso Puig, lo que más le conmueve de esta historia es que el niño en ningún momento niega el tamaño del problema. Lo ve con toda claridad y, aun así, sigue lanzando estrellas. Ahí está la esperanza de verdad, que no consiste tanto en confiar en que todo va a salir bien como en reconocer lo que sí está en nuestra mano y hacerlo. Hay una razón por la que esto funciona: cuando el cerebro se enfrenta a algo que percibe como inabarcable tiende a bloquearse, mientras que si le ofrecemos algo concreto y alcanzable se pone en marcha casi sin esfuerzo.