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jueves, 14 de febrero de 2013

Qué huevos comemos


Aunque decimos que “somos lo que comemos”, muchas veces no sabemos lo que comemos o lo que hay detrás de lo que comemos.

La historia de la producción de huevos por el sistema de gallinas en batería es una de las más crueles de la producción alimenticia porque las gallinas son tratadas como objetos sin el mínimo escrúpulo.

La vida de las gallinas ponedoras comienza en una incubadora, en una granja de pollos. Ya, para empezar, los machos no sirven para el negocio de los huevos y criarlos para aprovechar su carne, no resulta económicamente rentable por lo que cada año, se arrojan millones de ellos, todavía vivos, a unas trituradoras de alta velocidad llamadas "picadoras".


A las 16 o 18 semanas, las hembras están en edad de poner huevos y se trasladan a las granjas de gallinas.

Para aumentar la producción, se meten en las jaulas tantas gallinas como sea posible lo que impide a las aves realizar conductas normales como anidar y asearse.

Debido al hacinamiento en el que viven, redirigen su comportamiento natural de picotear en busca de comida a picotear a sus compañeras de jaula. Para evitar el daño del “producto”, se les corta la parte sensible de sus picos, sin importar que este hecho les causa dolores crónicos.

Las jaulas metálicas se apilan unas sobre otras, a veces hasta el mismo techo, por lo que los excrementos caen a las de de abajo. Proliferan así, las infecciones y las enfermedades en la piel debido al amoniaco de las heces.

Algunas de estas fábricas de huevos provocan la "muda forzada" dejando a la gallinas sin comer ni beber durante dos semanas, a oscuras. La muda hace comenzar de nuevo el ciclo de la puesta de huevos y así se alarga la productividad económica de las aves.

Cada gallina produce un promedio superior a 260 huevos al año. Las estadísticas del año 1940 indicaban una producción de 134 huevos por gallina al año. Esta duplicación de la producción es totalmente antinatural.

El hacinamiento extremo, la absoluta falta de ejercicio sumada a la superproducción de huevos, provoca osteoporosis y fracturas óseas.

Después de un año, las gallinas dejan de ser rentables y se envían al matadero, son las "gallinas gastadas”. Las pastillas de caldo de pollo proceden de estas gallinas. Convertidas en cubitos, no se detectan los huesos rotos, los moratones, las heridas, las deformidades, los picos rotos y demás huellas de maltrato.

La crueldad humana va a la par con su codicia.

No estoy diciendo que no se consuman huevos pero hay que conocer la verdad. Existe una manera de no ser cómplice de esta realidad: elegir la procedencia de los huevos que se consumen.


La imagen muestra el significado de cada dígito del número sellado en el huevo. El dígito 3 al principio significa que el huevo procede de instalaciones en donde se maltrata a las aves.

Si los consumidores no compramos huevos con el dígito 3, los estudios de mercado alertarán a los productores y posiblemente dejen de usar estos crueles métodos, no porque se vuelvan sensibles, sino porque simplemente no les convendrá. Así ha sucedido en Alemania, Suiza, Austria y los Países Bajos, en donde la cría de gallinas batería está prohibida.

Cualquier criatura del reino animal debe vivir en su hábitat y si esto no es posible, hay que procurarle un ambiente parecido en donde pueda desenvolverse como lo requiere su naturaleza.

Todos los sistemas de jaula deberían desaparecer.

La muda forzosa de plumas y la mutilación del pico deberían prohibirse.

Las gallinas deberían tener acceso al exterior o bien, cuando se las mantenga en el interior, deberían tener espacio suficiente para moverse y disfrutar de las condiciones de anidación adecuadas, así como disponer de todo lo necesario para que puedan encaramarse a los palos del gallinero y tomar baños de tierra.


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2 comentarios

  1. Esto del código numérico de los huevos es novedoso para mí. Creo en el ecologismo así que me he dedicado a revisar los lotes de los supermercados y tiendas próximas. He comprobado con desaliento que todos llevan el número 3 de las dichosas jaulas.Así, me veo en el dilema de renunciar a los huevos o seguir contribuyendo a la tortura de las pobres gallinas. Menos mál que estoy a dieta y sólo tomo dos por semana.
    Seguiré buscando huevos ecológicos.
    Saludos.

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  2. No es nada difícil encontrarlos. Yo compro los huevos en “Mercadona”. En el envase de media docena pone “huevos de gallinas camperas”. Llevan un 1 en el código y no es tanta la diferencia de precio. Lo que no he visto en los supermercados donde compro habitualmente son huevos ecológicos, pero tampoco me he ocupado de buscarlos.

    Saludos.

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