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martes, 10 de abril de 2018

Mensajes tóxicos


Un señor vendía bocadillos en un pequeño establecimiento al lado de la carretera. Siempre estaba lleno de clientes porque los bocadillos, aunque no eran baratos, eran espectaculares. El propietario era muy amable, siempre parecía contento e ilusionado. El negocio funcionaba muy bien.

Su hijo, que estaba haciendo un Máster en Administración de Negocios en una universidad muy prestigiosa, un día, hablando por teléfono, le preguntó:

—Padre, ¿qué tal te va con la crisis?

El padre contestó:

—Hijo, ¿qué crisis? Si aquí va todo estupendamente…

La respuesta de su hijo le desconcertó:

—¿Pero no te has enterado? Hay una crisis tremenda. Tienes que tomar urgentemente medidas.

Ante esta carta, el negociante empezó a preocuparse y hacer cábalas:

—Quizás estoy comprando jamón y queso demasiado buenos.

Así que empezó a comprar, primero, productos más económicos. Luego, empezó a comprar en menor cantidad. También cambió de actitud, estaba más tenso…Y, poco a poco, cada vez iba menos gente a su negocio.

Con la caída de clientes, reflexionó:

—Lo que me dijo mi hijo es verdad.

De modo que redujo más sus gastos y aumentó su ansiedad. Los clientes se dieron cuenta. Ya no querían comprar allí sus bocadillos y, además, muchas veces, cuando paraban, los bocadillos ya se había acabado.

El hombre tuvo finalmente que cerrar y escribió a su hijo:

—¡Qué ciego estaba! Todo lo que decías era cierto. No me había dado cuenta de la crisis que había.

El estado de ánimo nos condiciona de manera extraordinaria la salud, la claridad mental, la creatividad y la eficiencia. No podemos dejar nuestro estado de ánimo en manos de quienes no paran de mandarnos mensajes llenos de toxicidad. Hay que huir de la negatividad como de la peste.


Fuente: "La respuesta" de Mario Alonso Puig.


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