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sábado, 15 de septiembre de 2018

Mala o buena suerte... ¿Quién sabe?

En el momento en que los acontecimientos se producen, no podemos saber si con el tiempo van a revelarse como felices o como desfavorables para nosotros. No es en el instante mismo cuando podemos juzgar respecto de la dicha o la desgracia; hay que esperar antes de pronunciarse.

Cuento chino.

Imagen, modificada, de “PIRO4D” en Pixabay.

Este cuento está incluido en el libro “Sadhana, un camino de oración” de Anthony de Mello.

Una historia china habla de un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaban para condolerse con él y lamentar su mala suerte, el labrador les replicó: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?”

Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manda de caballos. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Éste les respondió: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?”

Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como mala suerte. No así el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?”.

Una semana más tarde, el ejército entró en el poblado, y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota, le dejaron tranquilo. ¿Había sido buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?

Todo lo que a primera vista parece un contratiempo puede ser un disfraz del bien. Y lo que parece bueno a primera vista puede ser realmente dañoso. Así pues, será postura sabia que dejemos a Dios decidir, y le agradezcamos, en la confianza de que todo irá bien, aun cuando en la apariencia no lo parezca así.


5 comentarios

  1. En definitiva, que no tenemos perspectiva histórica, o casi, para saber las consecuencias de lo que nos ocurre o de nuestros actos. Dandose además la paradoja de que a veces de lo bueno sale lo malo y de lo malo sale lo bueno. Por lo menos en este plano de la realidad.

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  2. Es una filosofía muy interesante de vida, con sus cosas buenas y sus cosas menos buenas. Pero a mi me resulta muy difícil llevarla a la práctica. Hay situaciones en la vida muy difíciles de asumir, de aceptar, por mucho que se filosofe sobre ellas e intente uno tranquilizarse y relativizarlo. Es, por ejemplo, lo que me está pasando ahora con los problemas de salud de mi madre, a la que quiero mucho.

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    1. Saludos, Luis. Muchas gracias por tu comentario.

      Creo que, mientras estamos en esta vida, a todos nos cuesta, sobre todo cuando se trata de las personas a las que amamos. A mí me es de ayuda esta “filosofía”, pero, sobre todo, mi fe. Cada día me entrego a la voluntad de Dios y sé que, en mis dificultades, cuando estoy cansada y agobiada, nunca me abandona y me da la fuerza necesaria para soportarlas y/o encontrar la “salida”.

      Nos gustaría que Él nos respondiera según nuestra voluntad y deseos, pero solo Dios sabe. Yo confío en Él y ya no trato de interferir en sus caminos tan diferentes de los míos.

      Que Él te ayude a manejar la situación que estás viviendo.

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    2. Gracias Luma por tu comentario y por tus animos. Y si, yo también necesito acudir y entregarme a Dios para intentar salir adelante. Le doy gracias y procuro no quejarme. Y le pido fuerzas para poder seguir cuidando de mi madre. Un abrazo y gracias de nuevo.

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    3. Luis, puedo saber por lo que estás pasando. Mi padre murió a consecuencia de un cáncer y mi madre, después de años con demencia senil. Sé lo triste, duro y agotador que es, pero no dejes de cuidarla y de dignificar lo que le quede de vida. Si lo hacemos así, cuando nos dejan, a pesar del sufrimiento, el alma se llena de una paz infinita.

      Que Dios os ayude y te sostenga. Otro abrazo para ti.

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