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viernes, 7 de noviembre de 2014

La verdadera amabilidad

“Sé amable, pues cada persona a la que encuentres está librando una dura batalla”.
Platón



Fuente: “365 ideas para cambiar tu vida” de Francesc Miralles.

¿Cómo reconocer cuándo la amabilidad de alguien es cortesía postiza y cuándo actúa de todo corazón?

Solo tenemos que observar cómo trata a los demás: a su familia, a sus compañeros de trabajo, también a personas anónimas como el taquillero del metro o el estudiante que solicita hacer una encuesta. Si se comporta con amabilidad con todos por igual es señal que estamos ante una persona naturalmente amable. Si se dan, en cambio, grandes diferencias, existen razones para dudar, pues la verdadera amabilidad no conoce privilegios.

Algunas veces, intentamos hacer algo por los demás y recibimos una respuesta airada, o incluso interpretan que buscamos sacar algún beneficio. Ante este tipo de situaciones, solo queda pensar que cada persona se halla en un grado diferente de evolución espiritual y da solo aquello de lo que es capaz.

En cualquier caso, la persona genuinamente amable no espera nada a cambio, ni se ofende por o haber obtenido reconocimiento o un trato equivalente.

La amabilidad no es un comercio del tipo “yo te doy esto, tú me das aquello”. La transacción emocional termina en uno mismo, porque tiene en el acto amable su propia recompensa.

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● "Efectos de la amabilidad"

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