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sábado, 17 de octubre de 2015

Las manos de mi madre

Se tiene miedo a la muerte porque no se conoce. La luz del conocimiento suprime el miedo. Debemos familiarizarnos con la idea de este tránsito que es, en realidad, la continuación de la vida bajo otra forma.

“Penelope’s Song”. Loreena McKennitt.


El día 20 de este mes, hará siete años que murió mi madre. Sé que comprendió el significado y el objetivo de su existencia terrestre, porque abandonó la vida con la sensación de haber cumplido la tarea que había venido a hacer. Por eso, la muerte no le asustaba.

Cuando muere un ser querido es natural que tengamos necesidad de seguir estando apegados a algunos recuerdos: objetos, fotos… y que vayamos a visitar su tumba. Yo lo sigo haciendo… Sin embargo, ni sufro ni lloro. Sé que no voy a reencontrarme con ella a través de mi llanto. Para hacerlo, me esfuerzo por buscarla allí donde está: muy lejos, muy alto, en la luz…

Ahora que sé que no hay descuidos, que todo está minuciosamente planificado, que todo ha sido previsto… empiezo a intuir su verdadero papel en mi vida.

Hace unos años circulaba por la red, en forma de presentación, un poema titulado "Alta costura" atribuido, no he podido confirmar su autoría, a Rosita Pedrazzini. Este poema me evoca emotivos recuerdos porque mi madre, como otras muchas mujeres de su tiempo, cosía y tricotaba nuestra ropa.

Tal como dice el poema, fueron las manos de mi madre las que enhebraron el hilo que unió las distintas piezas que formaron mi familia y aseguraron presillas y botones para que nos mantuviéramos unidos. Fueron sus manos las que sacaron dobladillos para que pudiéramos crecer, para que no se nos quedaran cortos los ideales y, lo más importante, zurcieron desgarros, una y otra vez, para que volviéramos a usar el corazón sin resentimientos y para que no perdiéramos la esperanza.

Sus manos hicieron los bolsillos donde guardo los mejores recuerdos… y mi identidad. Nunca han abandonado su trabajo, porque, esté donde esté, sigue tejiendo mis sueños.

Gracias. Sé que te amaré siempre.

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2 comentarios

  1. Maravillosa entrada. Yo también perdí a mi madre el 20 de un caluroso mes de agosto y me he sentido muy identificada porque ella también cosía y tejía nuestra ropita, y a pesar de irse muy pronto de nuestro lado, se fue dejando a toda la familia unida por ese hilo, del que se encargó que fuese fuerte, para que no se rompiese nunca y "cosió", tanto en mis hermanas como en mí, unos principios y unos valores tan profundos y valiosos que ahora nosotras intentamos "zurcir" en nuestros hijos. Ellas siempre estarán con nosotras porque se mantienen vivas en nuestros recuerdos.....
    Un abrazo Luisa

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    1. Es, sin duda, la mejor herencia que os pudo dejar. Allá donde esté será feliz, porque aquello que sembró ha dado los mejores frutos y has formado, doy fe ello, una maravillosa familia muy pronto bendecida con un nuevo miembro. Te deseo lo mejor. Un beso.

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