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jueves, 18 de abril de 2013

El nido vacío


Tarde o temprano, llega la hora en la que los hijos se independizan, bien sea para vivir solos, casarse, estudiar fuera o trabajar en otra ciudad. Esta emancipación forma parte del ciclo natural de la vida. El síndrome del nido vacío es la sensación de soledad que los padres pueden sentir cuando esto sucede. Algo parecido les ocurre a los cuidadores familiares cuando la persona mayor con la que compartían mucho tiempo, finaliza su vida.

El nido familiar es como el nido de un pájaro. La naturaleza, que es sabia, se encarga de recordárnoslo. Hay un magnífico vídeo titulado “Robins: 4 huevos, 4 Semanas”, que ilustra lo que estamos diciendo. Realizado por el productor de cine Fred Margulies, quien además agregó una apropiada banda sonora, captura, durante cuatro semanas de rodaje, las imágenes de un par de petirrojos americanos que anidan en una maceta colgada en el porche de su casa.

El vídeo muestra a la hembra incubando pacientemente, con lluvia y con sol, su nidada de cuatro huevos. La pareja de petirrojos cría a sus polluelos con paciencia, dedicación y trabajo compartido hasta que, un buen día, abandonan el nido.

El final yo lo calificaría de divertido y conmovedor.


Los padres, cuando los hijos deciden partir libremente, no pueden pretender retenerlos. Hay que dejarles volar. Para eso se les ha educado y, aunque sentirse deprimidos es lo más normal de mundo, es una gran alegría que el hogar haya servido para que los hijos crezcan, se desarrollen con todas sus destrezas y que, llegada la hora, salgan, libres de ataduras, de ese nido al que solo volverán de visita.

Hay un tiempo para cada cosa. La misión se ha cumplido.

Ahora se dispondrá de más tiempo libre para dedicarse a todo aquellas cosas que siempre gustaron e interesaron pero que, por falta de tiempo, nunca pudieron hacerse.


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