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martes, 5 de julio de 2016

La mangosta y el bebé

Esta fábula es una adaptación de la incluida en el Panchatantra y ha sido recogida por Ramiro Calle en su libro “Cuentos para confortar el espíritu”.


Sabido es que la mangosta es un animal por completo inofensivo para el ser humano, pero terrible para las serpientes. Había una mujer en una aldea de la India que sentía una gran afición por las mangostas. Un día se encontró con una, la cogió y se la llevó a su casa.

La mujer había dado a luz un niño un par de meses antes. Cierto día, tuvo que viajar a otra aldea para visitar a su familia y le pidió al marido que cuidase al bebé y vigilase a la mangosta, pero el marido tenía muchas ocupaciones pendientes y dejó la casa por un rato.

Entonces, una serpiente venenosa entró por la ventana y se deslizó por la pared, intentando llegar a la cuna del niño. La mangosta la descubrió. Había tomado cariño al bebé y además la serpiente es su enemigo natural. Se lanzó sobre ella, clavó los afilados dientes en su cabeza y la mató. Satisfecha, salió al porche de la casa a descansar.

Estaba la mangosta disfrutando apaciblemente de los rayos del sol, cuando llegó la mujer y, viendo la sangre en la boca de la mangosta, pensó, aterrada, que había mordido al niño. Cogió una barra de hierro y la mató. Entró corriendo en la casa viendo al bebé en perfectas condiciones y, en el suelo, a la serpiente muerta. Había matado injustamente al animal que había salvado la vida a su hijo.

Antes de actuar, debemos reflexionar. Podemos llegar a ser injustos y desaprensivos por carecer de visión clara y entendimiento correcto.

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