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sábado, 15 de agosto de 2026

Beneficios de la gratitud

Foto de “Geralt” en Pixabay.

Fuente: “Esencial” de Xabier Guix, Francesc Miralles y Álex Rovira.

La gratitud es uno de los dones más poderosos que podemos cultivar a lo largo de la vida, pues nos permite conectar con la belleza de la vida y su abundancia, en lugar de centrarnos exclusivamente en lo que nos falta, lo que está mal o lo que debería ser de otra manera.

La práctica de la gratitud no solo enriquece nuestra experiencia personal, sino que transforma a la vez las relaciones con los demás, así como el mundo que nos envuelve.

La gratitud tiene el poder de reconfigurar la mente y es sanadora. Cuando somos agradecidos, activamos circuitos cerebrales que mejoran el estado de ánimo, reducen el estrés y la ansiedad, mejoran el sueño y fortalecen el sistema inmunológico. No hay prescripción médica que lo supere, sin costes ni efectos secundarios.

La neurociencia confirma que, cada vez que agradecemos lo que tenemos en lugar de ver lo que nos falta, el cerebro nos premia incrementando la producción de dopamina y serotonina, neurotransmisores asociados a la felicidad.

Cuando estamos agradecidos, el miedo desaparece y aparece la abundancia. La gratitud también se vincula con la creatividad y la acción. El acto de agradecer nos centra en el presente y nos conecta con una sensación de plenitud.

La gratitud no es solo una reacción ante lo recibido, sino también una herramienta para visualizar y atraer aquello que queremos conseguir. Se trata de agradecer algo como si ya lo hubiéramos conseguido. Por supuesto, un agradecimiento sincero y sentido.

Otro beneficio de la gratitud es su relación con el perdón. No podemos estar agradecidos si vamos cargados de rencores y resentimientos. El perdón permite liberarnos de esos pesados lastres, dejando espacio para la gratitud. Solo dejando ir el pasado y agradeciendo el presente, se puede crear un futuro mejor. Lo mismo sucede con las preocupaciones. Si las mantenemos en la mente durante demasiado tiempo, nos pesan cada vez más y nos impiden ver lo que tenemos delante.

Conocemos la gratitud no solo cuando la gozamos, sino cuando experimentamos también su falta. La ingratitud no es la incapacidad de recibir, sino la incapacidad de devolver, ni que sea un poco, de la alegría recibida o sentida por lo que nos han dado. La ingratitud abunda. Podemos comprobarlo a diario, pero tenemos que tener en cuenta que la gratitud no es exigible, es gratuita y no entiende de medidas.

Cumplir con el mandato de dar siempre las gracias, es una gratitud de interés disfrazado, de quedar bien. La gratitud no puede ser un toma y daca, un trueque. La verdadera gratitud es el don de compartir por el amor de compartir. Por eso es una virtud.


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