Estamos acostumbrados a nuestros “normales” (tener agua caliente, comer fruta fresca cada día, expresar nuestra opinión sin censura, ir al colegio, a la universidad, a tener atención sanitaria gratuita…). Ser solidario permite conectar con aquellos para los que no es normal nada de eso, con quienes sufren o están afectados por alguna desgracia. Esto nos humaniza y nos permite empatizar y ser conscientes de que no todos tienen las misma ventajas, comodidades, bienestar y libertades.
La vida no es solo la que uno percibe, sino la que viven millones de personas distintas a nosotros. La solidaridad nos permite adquirir la perspectiva adecuada y relativizar. Ayudar y colaborar con gente desfavorecida ofrece una imagen distinta y relativa de los problemas. La conexión que se genera hace que la persona altruista salga reforzada y se sienta bien, con lo que disminuye sus niveles de estrés y mejora su estado anímico.
En esta sociedad en la que estamos acostumbrados a un nivel de bienestar, comportarnos de forma solidaria con las personas en desventaja es educar en valores a nuestros hijos. Existen multitud de maneras de hacerlo. Solo hay que elegir la fundación u ONG con cuyo proyecto te identifiques y animar a tus hijos, bajo tu compañía, a que donen parte de su tiempo, de su amabilidad, de sus recursos o juguetes para ayudar a los demás. Esto, además, les ayudará a abrir su mente, a conocer otras culturas, otros problemas, otras perspectivas. Y esto es educación. Las experiencias que puedan contar los niños con cáncer, los refugiados o los niños que están en casas de adopción enseñan sobre la vida. Una vida distinta de la que disfrutan tus hijos. Los niños pueden ocuparse de sus iguales o de animales, de la naturaleza o del reciclaje. Hay causas para todos los gustos y colores. Siempre hay algo que podemos hacer para contribuir a una sociedad mejor.
Entre las ventajas de comportarse de forma solidaria está la mejora del estado de ánimo. Muchas personas que sufren depresión han visto en el trabajo voluntario y en ser solidarios una forma de empatizar con quien sufre en mayor grado. La solidaridad les sirve para sentirse útiles dentro de un trastorno que produce apatía y sentimiento de baja autoestima, incluso de desprecio hacia uno mismo por no verse capaz de nada. La solidaridad genera sonrisa en quien la recibe y en ti mismo, pues te sientes bien por ser capaz de hacer feliz a otros. Cuando contribuyes a la felicidad de otras personas, mejora tu estado de ánimo. Es algo que se contagia.
Ser solidario tiene un componente “egoísta”, en el sentido en que tú también te sientes bien. Las conductas se mantienen por los beneficios y consecuencias que generan. El hecho de que ser altruistas nos haga percibirnos como buenas personas, hace que nuestro esfuerzo se refuerce y queramos repetirlo. ¿Qué ocurriría si ser altruista nos dejara indiferentes? Que dejaríamos de serlo. Muchos son los estudios que se han dedicado a averiguar si existen factores de la personalidad del altruista y si existe alguna conducta tan altruista como para no generarnos satisfacción, como podría ser la donación de sangre. Pero el mero hecho de saber que estás colaborando con el bienestar social, que estás ayudando a salvar vidas, que eres partícipe de una sociedad que te necesita, hace que te sientas bien.
Ser solidario también aumenta el grado de confianza que tenemos en el otro. Nos gusta relacionarnos con persona con valores, que dedican tiempo a los demás, que se alejan del mundo materialista en el que vivimos y que son capaces de compaginar su vida con la ayuda a otros. La imagen de una persona solidaria suele ser positiva. Con ello también mejora la autoestima de quien se comporta de forma altruista.
Al ser solidarios, no solo contribuimos a tener un mundo mejor, también nuestro cerebro cambia. Genera sustancias químicas como la dopamina, la serotonina y la oxitocina. Además de la liberación de estos neurotransmisores encargados de hacernos sentir placer, nuestro organismo segrega inmunoglobulina A, que permite que el sistema inmunitario nos proteja. Así que ser solidario nos hace ser más longevos y tener mejor salud.
Las personas solidarias tienen mayor capacidad para cohesionar equipos e integrar en ellos a personas de perfil muy variado. La conexión que generan suele ser consistente y transmiten compromiso, lealtad y entusiasmo.
Al margen del propio bienestar, cuando una persona pone sus talentos al servicio de los demás, su protagonismo con el desarrollo de la sociedad aumenta y alcanza un sentido de misión atractivo y sumamente contagioso.
Tú puedes formar parte de esta cadena. Tú puedes ser altruista. Cada vez que realizas un acto generoso y contribuyes a la felicidad del otro, consigues que esa persona quiera hacer lo que tú haces y que otros se sientan bien. Así que cuantos más participemos de esta cadena, mayor será el nivel de solidaridad entre todos.
- Dar para recibir
- Dar para recibir (II)
- La solidaridad del clan
- No te canses de dar
- Valores con mayúsculas: Solidaridad

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