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miércoles, 6 de agosto de 2025

Las organizaciones espirituales (II)


Este cuento está incluido en “La oración de la rana” de Anthony de Mello.

Cómo crecen las organizaciones espirituales

«En un determinado lugar de una accidentada costa, donde eran frecuentes los naufragios, había una pequeña y destartalada estación de salvamento que constaba de una simple cabaña y un humilde barco. Pero las pocas personas que la atendían lo hacían con verdadera dedicación, vigilando constantemente el mar e internándose en él intrépidamente, sin preocuparse de su propia seguridad, si tenían la más ligera sospecha de que en alguna parte había un naufragio. De ese modo salvaron muchas vidas y se hizo famosa la estación.

Y a medida que crecía dicha fama, creció también el deseo, por parte de los habitantes de las cercanías, de que se les asociara a ellos con tan excelente labor. Para lo cual se mostraron generosos a la hora de ofrecer su tiempo y su dinero, de manera que se amplió la plantilla de socorristas, se compraron nuevos barcos y se adiestró a nuevas tripulaciones. También la cabaña fue sustituida por un confortable edificio capaz de satisfacer adecuadamente las necesidades de los que habían sido salvados del mar y, naturalmente, como los naufragios no se producen todos los días, se convirtió en un popular lugar de encuentro, en una especie de club local. Con el paso del tiempo, la vida social se hizo tan intensa que se perdió casi todo el interés por el salvamento, aunque, eso sí, todo el mundo ostentaba orgullosamente las insignias con el lema de la estación. Pero, de hecho, cuando alguien era rescatado del mar, siempre podía detectarse el fastidio, porque los náufragos solían estar sucios y enfermos y ensuciaban la moqueta y los muebles.

Las actividades sociales del club pronto se hicieron tan numerosas, y las actividades de salvamento tan escasas que en una reunión del club se produjo un enfrentamiento con algunos miembros que insistían en recuperar la finalidad y la actividad originarias. Se procedió a una votación, y aquellos alborotadores, que demostraron ser minoría, fueron invitados a abandonar el club y crear otro por su cuenta.

Y esto fue justamente lo que hicieron: crear otra estación en la misma costa, un poco más allá, en la que demostraron tal desinterés de sí mismos y tal valentía que se hicieron famosos por su heroísmo. Con lo cual creció el número de sus miembros, se reconstruyó la cabaña... y acabó apagándose su idealismo. Si, por casualidad, visita usted hoy aquella zona, se encontrará con una serie de clubs selectos a lo largo de la costa, cada uno de los cuales se siente orgulloso, y con razón, de sus orígenes y de su tradición. Todavía siguen produciéndose naufragios en la zona, pero a nadie parecen preocuparle demasiado».


miércoles, 21 de mayo de 2025

El grano de mostaza


Fuente. “101 cuentos clásicos de la India”. Recopilación de Ramiro Calle.

Una mujer, deshecha en lágrimas, se acercó hasta el Buda y, con voz angustiada y entrecortada, le explicó:

—Señor, una serpiente venenosa ha picado a mi hijo y va a morir. Dicen los médicos que nada puede hacerse ya.

—Buena mujer, ve a ese pueblo cercano y toma un grano de mostaza negra de aquella casa en la que no haya habido ninguna muerte. Si me lo traes, curaré a tu hijo.

La mujer fue de casa en casa, inquiriendo si había habido alguna muerte, y comprobó que no había ni una sola casa donde no se hubiera producido alguna. Así que no pudo pedir el grano de mostaza y llevárselo al Buda.

Al regresar, dijo:

—Señor, no he encontrado ni una sola casa en la que no hubiera habido alguna muerte.

Y, con infinita ternura, el Buda dijo:

—¿Te das cuenta, buena mujer? Es inevitable. Anda, ve junto a tu hijo y, cuando muera, entierra su cadáver.

El Maestro dice: Todo lo compuesto, se descompone: todo lo que nace, muere. Acepta lo inevitable con ecuanimidad.


miércoles, 30 de abril de 2025

El cucharón

Adaptación del cuento que circula en las redes sociales. Desconozco su autor/a.

Pablo y Marta compartían apartamento. Ellos siempre insistían en que solo eran compañeros de piso.

Un día, Pablo invitó a su madre a cenar al apartamento. Durante la cena la madre pudo observar lo guapa y hermosa que era Marta. Durante mucho tiempo, había tenido la sospecha de que su hijo tenía una relación sentimental con ella, pero ahora, al conocerla, estaba casi segura.

En el trascurso de la velada, observó el modo en que los dos se comportaban y pensó:

—Estos, fijo, tienen “algo”.

Pablo, leyendo el pensamiento de su madre, le dijo:

—Mamá, sé lo que estás pensando, pero te aseguro que Marta y yo, solo somos compañeros de apartamento.

Una semana después, Marta le comentó a Pablo que, desde el día en que vino su madre a cenar, no encontraba el cucharón grande de plata que tenían para repartir los alimentos en la mesa. Pablo le dijo que, conociendo a su madre, era imposible que ella lo hubiera cogido, pero que, aun así, le iba a mandar un mensaje. Y así lo hizo:

“¡Hola, mamá! Desde el día en que viniste a cenar, no encontramos el cucharón de plata. No estoy diciendo que tú lo cogieras, pero tampoco que no lo hicieras. Un beso 😘 ”.

Poco después, la madre de Pablo le respondió con otro mensaje:

“¡Hola, hijo! Si Marta se acostara en su cama, ya habría encontrado el cucharón de plata que yo puse entre los cojines. No estoy diciendo que te acuestes con ella, pero tampoco que no lo hagas. Otro beso para ti 😘”.

A una madre, nunca la engañas. Las madres tienen un sexto sentido y nos conocen perfectamente.


miércoles, 16 de abril de 2025

Los tres árboles

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos ni vuestros caminos son mis caminos, dice el Señor. Cuanto son los cielos más altos que la tierra, tanto están mis caminos y mis pensamientos por encima de los vuestros”.
(Isaías 55, 8-9)



Cuento para niños y no tan niños.

Cuento tradicional recogido por Angela Elwell Hunt.

Había una vez tres árboles en la colina de un bosque. Hablaban acerca de sus sueños y planes de futuro.

—Algún día seré cofre de tesoros. Estaré lleno de oro, plata y piedras preciosas. Todos verán mi belleza —dijo el primer árbol.

El segundo árbol dijo:

—Algún día seré un gran barco donde viajen los más grandes reyes y reinas a través de los océanos. Todos se sentirán seguros gracias a mi fortaleza y a mi poderoso casco.

Finalmente, el tercer árbol dijo:

—Yo quiero crecer para ser el más alto de todos los árboles en el bosque. Así estaré cerca de Dios. Seré el árbol más grande de todos los tiempos y la gente siempre me recordará.

Durante años, los tres árboles oraban a Dios para que sus sueños se convirtieran en realidad.

Un día, un leñador los taló y se los vendió a unos carpinteros.

Con el primer árbol hicieron un pesebre y lo llenaron de paja. Se sintió muy mal, pues eso no era lo que él tanto había pedido.

El segundo árbol fue cortado y convertido en una pequeña barca de pesca y fue puesto en un lago. Sus sueños de ser una gran embarcación habían llegado a su fin.

El tercer árbol fue cortado en largas y pesadas tablas y lo abandonaron en la oscuridad de un almacén.

Al verse así, los tres árboles sintieron que sus planes habían fracasado.

Sin embargo, una noche, José y María de Nazaret llegaron al establo y pusieron al Niño Jesús en el pesebre. Entonces el primer árbol descubrió que había contenido el mayor tesoro de la humanidad.

Años más tarde, Jesús y algunos discípulos subieron a la pequeña barca para cruzar el lago de Galilea. Durante la travesía, una gran tormenta se desató y el árbol pensó que no sería lo suficientemente fuerte para salvarlos, pero Jesús se levantó y calmó la tempestad. El segundo árbol descubrió que llevaba al Rey de todos los reyes y Señor de señores.

Finalmente, alguien cogió dos de las tablas que estaban en el almacén y sobre ellas crucificaron a Jesús. Cuando llegó el domingo, Jesús resucitó y el tercer árbol sintió que había estado más cerca de Dios de lo que nunca pudo imaginar.

Cada árbol obtuvo lo que pidió, pero no en la forma que lo habían deseado. Cuando parece que las cosas no van de acuerdo a tus deseos, debes saber que Dios tiene el plan perfecto para ti. Confía en Él. Sus caminos siempre son los mejores.


miércoles, 12 de marzo de 2025

Las organizaciones espirituales


Este cuento está incluido en “La oración de la rana” de Anthony de Mello.

Cómo crecen las organizaciones espirituales

«Un gurú quedó tan impresionado por el progreso espiritual de su discípulo que, pensando que ya no necesitaba ser guiado, le permitió independizarse y ocupar una pequeña cabaña a la orilla de un río.

Cada mañana, después de efectuar sus abluciones, el discípulo ponía a secar su taparrabos, que era su única posesión. Pero un día quedó consternado al comprobar que las ratas lo habían hecho trizas. De manera que tuvo que mendigar entre los habitantes de la aldea para conseguir otro. Cuando las ratas también destrozaron éste, decidió hacerse con un gato, con lo cual dejó de tener problemas con las ratas, pero, además de mendigar para su propio sustento, tuvo que hacerlo para conseguir leche para el gato.

“Esto de mendigar es demasiado molesto”, pensó, “y demasiado oneroso para los habitantes de la aldea. Tendré que hacerme con una vaca”. Y cuando consiguió la vaca, tuvo que mendigar para conseguir forraje. “Será mejor que cultive el terreno que hay junto a la cabaña”, pensó entonces. Pero también aquello demostró tener sus inconvenientes, porque le dejaba poco tiempo para la meditación. De modo que empleó a unos peones que cultivaran la tierra por él. Pero entonces se le presentó la necesidad de vigilar a los peones, por lo que decidió casarse con una mujer que hiciera esta tarea. Naturalmente, antes de que pasara mucho tiempo se había convertido en uno de los hombres más ricos de la aldea.

Años más tarde, acertó a pasar por allí el gurú que se sorprendió al ver una suntuosa mansión donde antes se alzaba la cabaña. Entonces le preguntó a uno de los sirvientes: “¿No vivía aquí un discípulo mío?”.

Y antes de que obtuviera respuesta, salió de la casa el propio discípulo. “¿Qué significa todo esto, hijo mío?”, preguntó el gurú.

“No va usted a creerlo, señor”, respondió éste, “pero no encontré otro modo de conservar mi taparrabos”».