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lunes, 3 de abril de 2017

La serpiente y el eremita

Este cuento está incluido en el libro “Las zonas oscuras de tu mente” de Ramiro Antonio Calle.

Era una serpiente que tenía aterrorizadas a muchas personas de la zona, porque había picado de muerte a quienes cruzaban por el sendero al lado del cual ella solía situarse. Un día pasó por allí un eremita y la serpiente se fue directa a morderle, pero el hombre la sosegó con su talante de serenidad y equilibrio y, una vez la hubo amansado, le dijo:

—Amiga mía, no origines más daño. Haciendo daño no consigues más que perjudicarte también a ti misma. No sigas aterrorizando a las gentes de este lugar.

La serpiente reflexionó y por fin dijo:

—Te prometo que no morderé a nadie más.

—Yo volveré a pasar por aquí dentro de unos meses —dijo el eremita, antes de partir.

Cuando los aldeanos comprobaron que la serpiente no mordía, empezaron a burlarse de ella y a maltratarla. Pero el animal cumplió su promesa. Unos meses después regresó el eremita y se quedó atónito al ver en qué estado calamitoso se encontraba la serpiente.

—Pero ¿qué te ha pasado, amiga mía?

—Al ver las gentes de por aquí que no mordía, me han maltratado.

Y entonces el eremita le dijo:

—Pero, querida mía, yo te dije que no mordieses y no que no soplases y les asustases.

Que una persona sea benevolente no quiere decir que tenga neciamente que ponerse al alcance de las personas aviesas, malevolentes y dañinas. No debe permitir que los demás le pierdan el respeto, le manipulen o castiguen. Debe autodefenderse y ser firme.


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