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miércoles, 25 de febrero de 2026

Los pilares de la autoestima

Imagen realizada utilizando la ilustración de “RosZie” en Pixabay.

Fuente: “Vive tu vida” de Enrique Rojas.

Factores que desatan una baja autoestima

Hay muchas causas que pueden desembocar en un problema de baja autoestima en una persona, en la disminución del nivel de valoración que se tiene de sí mismo, independientemente de su edad. Veamos algunas de las más comunes:

- Ambiente familiar tóxico durante la infancia. Cuando los padres no han apoyado a un niño en momentos cruciales o han sido excesivamente exigentes, una consecuencia negativa es que la persona dude de sus propias posibilidades.

- Mal ambiente escolar. Si un niño tiene la desgracia de ser el punto de mira de las burlas de sus compañeros y sufre vejaciones, es muy posible que llegue a una adolescencia y posterior etapa adulta cargada de complejos e inseguridades.

- Exceso de autocrítica y perfeccionismo. Con estos ingredientes es prácticamente imposible realizar cualquier objetivo sin arrojar la toalla a medio camino, lo que conduce también a la baja autoestima.

- Duda patológica. La indecisión crónica deriva en una total falta de confianza. Hay personas con enorme talento y múltiples capacidades que nunca llegan a hacer nada debido al miedo a fracasar.

- Miedo a ser criticado. Hagamos lo que hagamos, siempre habrá gente descontenta con nuestras acciones y otras personas que nos valoren. Si hacemos solo caso a los que nos critican, nos haremos un flaco favor a nosotros mismos. Si empezamos a actuar para contentar a los demás, además se socavar nuestra autoestima desarrollaremos la dependencia al prójimo.

- Exceso de susceptibilidad. Si cualquier comentario ajeno nos hiere es que tenemos un problema que hay que resolver. Debemos abandonar la adicción de querer gustar a los demás y entregarnos a la tarea de gustarnos a nosotros mismos. Entender la suerte de ser tú.

Diez claves de la autoestima

Una vez identificados los factores que provocan la baja autoestima, veamos ahora una batería de medidas prácticas para potenciar la autoestima:

- Focalizarnos en nuestras virtudes en lugar de hacerlo sobre nuestras carencias.

- Dejar de preguntarnos constantemente qué puede pensar la gente de nosotros y si les estamos fallando.

- Seguir el ejemplo de las personas que gozan de una gran dosis de autoestima y la utilizan para su bien y el de los demás. La pregunta sería: ¿qué hacen ellos que no hago yo?

- Fijarnos metas y, una vez en camino, no desfallecer ante un primer fracaso. Algo fundamental es no dejar las cosas a medias, ya que es frustrante y letal para nuestra autoestima.

- Si una meta a largo plazo parece inalcanzable, hay que fijar pequeñas metas intermedias que sean más asequibles a corto y medio plazo. Las pequeñas victorias nos ayudan a conseguir objetivos que antes nos parecían imposibles.

- Ser asertivo (tener habilidad social) ante los que nos rodean. Decir no cuando es no, sin amilanarse.

- Encajar y aprender de las críticas de los demás, siempre que sean constructivas. En caso de que no lo sean, debemos defendernos de ellas o ignorarlas por su inutilidad.

- Evitar el exceso de autocrítica y exigencia, ya que acaba socavando la autoestima. Hay que huir del perfeccionismo enfermizo.

- Desterrar el sentimiento de culpa, ya que nos hace susceptibles de chantajes morales de terceros. Ello no significa que hagamos lo que nos plazca, pero debemos ser justos con nosotros mismos.

- Practicar el optimismo. Cualquier situación puede verse en clave de problema o en clave de solución. Si la vemos de manera optimista, tendremos muchas más posibilidades de ganar la partida.

Tres consejos para reforzar la autoestima

- Reconoce y valora las cosas buenas que tienes. Párate, coge papel y lápiz y haz un breve listado de lo positivo que tienes y procura que vaya en aumento.

- Identifica dos errores de tu conducta y lucha por irlos corrigiendo en los próximos meses. Sé concreto.

- Céntrate en la tarea que tienes entre manos en este momento: tengo que estar en lo que estoy.


miércoles, 18 de febrero de 2026

Hágase tu voluntad

No se me ocurre una entrada mejor ni más reveladora ni más esperanzadora para celebrar que tal día como hoy, hace cien años, viniste a este mundo. Siempre conmigo.

Imagen creada con IA por Microsoft Designer (30-01-2026).

Fuente: “Hermón. Caballo de Troya 6” de Juan José Benítez.

En un proyecto secreto, dos pilotos de la USAF (Fuerza Aérea Norteamericana) viajan en el tiempo al año 30 de nuestra era a la provincia romana de Judea para seguir los pasos de Jesús de Nazaret y comprobar cómo fueron sus últimos días.

Fascinados por la figura y el pensamiento de Jesús de Nazaret, deciden acompañar al Maestro durante su vida pública. Para ello deben actuar al margen de lo establecido oficialmente en la operación denominada “Caballo de Troya”. Jasón y Eliseo, así son conocidos los dos pilotos, retroceden al mes de agosto del año 25 de nuestra era. Buscan a Jesús y lo encuentran en el monte Hermón, permaneciendo allí durante cuatro semanas.

Todos los días, Jesús se marchaba al amanecer hacia los ventisqueros y solía volver sobre las tres o las cuatro de la tarde. Siempre volvía alegre, renovado, casi transfigurado… y, tras la cena, todas las noches, las ansiadas tertulias al amor de un buen fuego.

Primera semana en el Hermón.

[…] «Jesús entró de nuevo en mis atropelladas ideas e intentó apaciguarlas.

—Os haré otra revelación…

Alimentó el suspense con unas gotas de silencio y, finalmente, cuando nos tuvo en la palma de la mano, anunció:

—Yo conozco al Padre. Vosotros todavía no… Os hablo, pues, con la verdad. ¿Sabéis cuál es el mejor regalo que podéis hacerle?

Eliseo y yo nos miramos. Ni idea…

—El más exquisito, el más singular y acertado obsequio que la criatura humana puede presentar al Padre es hacer su voluntad. Nada le conmueve más. Nada resulta más rentable…

Mi hermano, tan perplejo como yo, confundió el sentido de estas palabras.

—¿Quieres decir que debemos negarnos a nosotros mismos?

Jesús de Nazaret, comprendiendo, se apresuró a enmendar el error de Eliseo.

—Yo no he dicho eso. Hacer la voluntad del Padre no significa esclavitud ni renuncia. Tus ideas son tuyas. También tus iniciativas y decisiones. Hacer la voluntad de Ab-bā es confiar. Es un estilo de vida. Es saber y aceptar que estás en sus manos. Que Él dispone. Que Él dirige. Que Él cuida.

—Entiendo. Estás diciendo: “es mi voluntad que se haga su voluntad”.

—Exacto, Jasón. Tú lo has dicho. Cuando un hijo adopta esa suprema y sublime decisión, el salto hacia la fusión con la “chispa” interior es gigantesco. Esa es la clave. A partir de ahí, nada es igual. La vida cambia. Todo cambia. Y El Padre responde…

Nueva pausa. Inspiró profundamente. Con ansiedad. Y dijo algo que jamás olvidaríamos. Algo que, poco a poco, iríamos verificando.

—El Padre responde y una fuerza benéfica, arrolladora, se pone al servicio de esa criatura. Cuando el hombre dice “estoy en tus manos” lo da todo. Y convierte a ese hijo en un gigante. Ni él mismo llega a reconocerse. Es mucho más de lo que aparentemente es. […]

[…] —¿Una fuerza arrolladora?

—Sí, Jasón… Ese hombre, el que decide hacer la voluntad del Padre, se llena. Hasta sus más pequeños deseos se ven cumplidos. Sencillamente, como os he dicho, despierta a la gloria y al Amor de Ab-bā. Es el gran hallazgo. Su vida, a partir de ahí, es una continua y gratificante sorpresa. Es el principio de las más fascinante de las aventuras…

Y remachó con aquella inquietante seguridad:

—Ponerse en sus manos, hacer la voluntad de Ab-bā significa, además, saber…

—¿Saber?

—Sí, saber. Obtener respuestas…

Por ejemplo, ¿quién soy?

En ese momento es fácil. Eres un hijo del Amor. Un “regalo” del Padre. Un ser inmortal. Una criatura nacida en lo más bajo… destinada a lo más alto. Un hombre que empieza a correr. A correr hacia Él.

Por ejemplo: ¿qué hago aquí?

Al descubrir al Padre también es fácil…

Estás en este mundo para VIVIR.

El ingeniero no pudo contenerse.

—Claro, Señor. Obvio…

—No…

Jesús me señaló y prosiguió:

Escríbelo con mayúsculas… VIVIR… No he dicho vivir, tal y como vosotros lo entendéis. Si el Padre os ha puesto aquí es por algo realmente interesante… Interesante para vosotros. Escuchadme: ¡sois inmortales! Ahora os encontráis sujetos en esa envoltura carnal, pero, en breve, cuando entréis en los mundos que os tengo reservados, este cuerpo solo será un recuerdo. Un recuerdo cada vez más difuso… ¡VIVID, pues, la presenta experiencia! ¡VIVID con intensidad! ¡VIVID con amor! ¡Con sentido común! ¡Con alegría! Y recordad que solo tenéis esta oportunidad. Después, tras la muerte, VIVIRÉIS de otra forma…

Mi hermano y yo, impulsados por mil preguntas, nos pisamos las palabras. Pero Jesús, haciendo caso omiso, siguió a lo suyo.

—Por ejemplo: ¿cuál es mi futuro? Supongo que ya lo habéis adivinado. Lo sé, comentó, riéndose de sí mismo, me repito mucho… Insisto: vuestro destino el Él. No hay otra dirección. Vuestro futuro es llegar a Él. Ser como Él. Ser perfectos. Conocerle. Trabajar hombro con hombro…

—¿Seremos socios?

—Si decides ponerte en sus manos, si optas por hacer su voluntad… ¡ya eres su socio! Él hará en ti maravillas. Él te cubrirá con su Amor que te levantará del suelo. Y tus miedos, escucha bien, desaparecerán…

La noche, como nosotros, se quedó quieta. Absorta. Entusiasmada. Más aún: yo diría que esperanzada…

Sencillamente, nos tenía atrapados. Él lo sabía y cerró el círculo.

—… Si tu corazón se abre y se hace aliado de la vida, si te abandonas a su voluntad, nada, dentro o fuera de ti, te hará temblar. Como un prodigio, tu alma caminará segura. Nada, ¡nada te hará retroceder! Y esa sensación, ese sentimiento de seguridad te escoltará hasta el fin de tus días.

Pero no os equivoquéis. Al mismo tiempo que ese afortunado hombre crece, así desaparece…

—No entiendo…

—Es fácil. El Amor que se derrama desde el Padre es turbulento. No sabe del reposo. Y deberás irradiarlo. Compartirlo. Catapultarlo. No es de tu propiedad. Pues bien, un día, sin previo aviso, caerás en la cuenta de algo igualmente maravilloso: ¡no existes! ¡has desaparecido para ti mismo! ¡No cuentas! ¡No exiges! ¡No precisas! ¡No reclamas!

Y rubricó la revelación con la mejor de sus sonrisas.

—¡Habrás triunfado! En ese momento, al fin, habrás comprendido…

—¿Y qué pasa si me guardo ese Amor para mí mismo?

—Se escurriría, sin remedio, por la sentina del buque. Sería una lástima. Tendrías que empezar de nuevo… Aquel que intenta encarcelar la verdad…, la pierde. Sois hermanos. Y te diré más: eso que propones no sucede jamás en un auténtico “socio”. Te lo dije: se trata de un viaje sin retorno. Si Él te “toca”… nada es igual.

Y todo depende de tu voluntad… Si dices “sí”, si te abandonas en sus manos, si te dejas gobernar por ese “piloto” interior, romperás las barreras que te limitan. Y tu capacidad de asombro será desbordada una y otra vez. Todo, a tu alrededor, estará a tu servicio. Tu “sí” es el “sí” de Ab-bā. En palabras sencillas: habrás encontrado una mina de oro… ¡que funciona sola!


miércoles, 11 de febrero de 2026

La autocompasión

Imagen realizada utilizando un vector de Dzianis Vasilyeu en Vecteezy.

Fuente: “No lo pienses, hazlo ya” de Sergio Luque.

«En la actualidad, habiendo superado hace mucho la época en la que para sobrevivir teníamos que enfrentarnos a la naturaleza, y gozando de una existencia llena de comodidades y confort, nuestro umbral de sufrimiento ha disminuido de manera notable. Todo nos afecta, hacemos un mundo de un grano de arena y padecemos por cosas insignificantes, hasta el punto de que podemos considerarnos muy débiles en comparación con los seres humanos de épocas anteriores (y no hace falta remontarse a la prehistoria). Somos personas afligidas. Vivimos en un continuo estado de autocompasión.

Y esta autocompasión, en la que la aflicción y las quejas son constantes, es la consecuencia de un vacío emocional muy peligroso que hace que reclamemos, día sí y día también, raudales de afecto y de cariño, convirtiéndose esto en nuestra más peculiar característica social.

No hay nada más perjudicial ni más tóxico que sentir pena por uno mismo. No hay nada más lamentable que convertirnos en unos “vendepenas”, reclamando continuamente la atención de los demás por medio de nuestras quejas y exageradas aflicciones. Sepamos, además, que es una estrategia que solo funciona a muy corto plazo, ya que es muy fácil de detectar y enseguida provoca rechazo, de modo que, aunque no nos lo digan, terminarán huyéndonos al considerarnos personas tóxicas.

Si hemos actuado así, sabemos muy bien de lo que hablamos, y, por supuesto, de las consecuencias. Pero quizás sea más corriente que hayamos conocido a alguna persona de este tipo, de la que hayamos huido o estemos dispuestos a hacerlo por no poder soportarla más.

Debemos tomar conciencia de la autocompasión, detectarla y evitarla. De este modo, acabaremos con ella y comenzaremos nuestro camino hacia una personalidad fuerte, capaz de autocontrolarse y dispuesta a iniciar su crecimiento personal».


lunes, 9 de febrero de 2026

Honrar la vida

“No es lo mismo vivir que honrar la vida”
Eladia Blázquez.


 “Honrar la vida”. Eladia Blázquez. Versión instrumental de Máximo Spodek.

Hoy solo quiero agradecer todo lo vivido durante sesenta y cuatro años y merecer la vida que se me regala.

Imagen: “dilsadakcaoglu” en Pixabay.

Fuente: “Esencial” de Xabier Guix, Francesc Miralles y Álex Rovira.

La vida nos ha sido dada. No somos mera existencia, sino vida plena abierta a recibir todas las experiencias que nos sean dadas.

Hemos venido a la vida sin un manual de instrucciones y vamos aprendiendo a medida que maduramos. Integrar la gratitud en nuestro día a día y dejar de buscar la felicidad en lugares lejanos para hacerlo en nuestro interior, son dos signos claros de madurez.

Que la vida sea un regalo no significa que todo vaya a ser bonito ni que podamos hacer con ella lo que nos dé la gana.

Cuando en la vida ocurren cosas que no esperábamos que ocurrieran y que no se pueden evitar, nos quejamos, sufrimos y nos cuesta dar las gracias. Una vida plena y agradecida debería serlo también cuando las experiencias son menos gratas. De los sinsabores de la existencia aprendemos y de ellos nacen nuevas oportunidades, lecciones de vida, capacidad de resiliencia y la búsqueda incesante de sentido. Un viejo axioma dice: “lo que viene, conviene”.

La gratitud es reconocer lo que somos y tenemos sintiendo alegría por ello.

Se trata de entregarnos incondicionalmente a lo inevitable, pero no con resignación, y de agradecer lo que hemos vivido. El simple hecho de estar aquí, de respirar, de sentir, ya es motivo suficiente para dar las gracias.

Nada puede ser mejor recibido que el regalo de la vida. Podríamos no haber nacido. En cambio, la vida nos fue dada. Es pura gracia y es por eso que hay que honrarla y comprometernos a vivirla plenamente.


miércoles, 4 de febrero de 2026

El secreto de la vida


Este cuento, del que desconozco su autor/a, circula por internet con el título “La vaca no da leche”.

Un campesino acostumbraba a decirles a sus hijos cuando eran pequeños:

—Cuando tengáis doce años os contaré el secreto de la vida.

Cuando el hijo mayor cumplió doce años, nada más levantarse, impaciente, le preguntó a su padre cuál era el secreto de la vida.

El padre le respondió que se lo iba a decir, pero que no debía revelárselo a sus hermanos hasta que no cumplieran doce años.

—El secreto de la vida es este: la vaca no da leche.

El hijo de quedó aturdido:

—¿Qué dices? —preguntó incrédulo el muchacho.

—Como lo estás oyendo, hijo. Las vacas no dan leche. Tienes que levantarte todos los días a las cuatro de la mañana, haga frío o calor, ir al campo donde está el ganado, alimentarlas, cuidarlas, limpiar el establo de excrementos y ordeñarlas… Ese es el secreto de la vida. Las vacas, las cabras, las ovejas… no dan leche. Hay que trabajar para obtenerla.

Las cosas no se obtienen solo deseándolas y pidiéndolas... El dinero no cae de los árboles ni la comida llega al plato por arte de magia. Cuando se quiere conseguir algo en la vida: éxito en los estudios, encontrar un trabajo, hacer próspero un negocio, mantener el cuerpo sano, cultivar amistades, superar un fracaso, alcanzar una meta… hay que esforzarse y trabajar para conseguirlo.