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miércoles, 18 de febrero de 2026

Hágase tu voluntad

No se me ocurre una entrada mejor ni más reveladora ni más esperanzadora para celebrar que tal día como hoy, hace cien años, viniste a este mundo. Siempre conmigo.

Imagen creada con IA por Microsoft Designer (30-01-2026).

Fuente: “Hermón. Caballo de Troya 6” de Juan José Benítez.

En un proyecto secreto, dos pilotos de la USAF (Fuerza Aérea Norteamericana) viajan en el tiempo al año 30 de nuestra era a la provincia romana de Judea para seguir los pasos de Jesús de Nazaret y comprobar cómo fueron sus últimos días.

Fascinados por la figura y el pensamiento de Jesús de Nazaret, deciden acompañar al Maestro durante su vida pública. Para ello deben actuar al margen de lo establecido oficialmente en la operación denominada “Caballo de Troya”. Jasón y Eliseo, así son conocidos los dos pilotos, retroceden al mes de agosto del año 25 de nuestra era. Buscan a Jesús y lo encuentran en el monte Hermón, permaneciendo allí durante cuatro semanas.

Todos los días, Jesús se marchaba al amanecer hacia los ventisqueros y solía volver sobre las tres o las cuatro de la tarde. Siempre volvía alegre, renovado, casi transfigurado… y, tras la cena, todas las noches, las ansiadas tertulias al amor de un buen fuego.

Primera semana en el Hermón.

[…] «Jesús entró de nuevo en mis atropelladas ideas e intentó apaciguarlas.

—Os haré otra revelación…

Alimentó el suspense con unas gotas de silencio y, finalmente, cuando nos tuvo en la palma de la mano, anunció:

—Yo conozco al Padre. Vosotros todavía no… Os hablo, pues, con la verdad. ¿Sabéis cuál es el mejor regalo que podéis hacerle?

Eliseo y yo nos miramos. Ni idea…

—El más exquisito, el más singular y acertado obsequio que la criatura humana puede presentar al Padre es hacer su voluntad. Nada le conmueve más. Nada resulta más rentable…

Mi hermano, tan perplejo como yo, confundió el sentido de estas palabras.

—¿Quieres decir que debemos negarnos a nosotros mismos?

Jesús de Nazaret, comprendiendo, se apresuró a enmendar el error de Eliseo.

—Yo no he dicho eso. Hacer la voluntad del Padre no significa esclavitud ni renuncia. Tus ideas son tuyas. También tus iniciativas y decisiones. Hacer la voluntad de Ab-bā es confiar. Es un estilo de vida. Es saber y aceptar que estás en sus manos. Que Él dispone. Que Él dirige. Que Él cuida.

—Entiendo. Estás diciendo: “es mi voluntad que se haga su voluntad”.

—Exacto, Jasón. Tú lo has dicho. Cuando un hijo adopta esa suprema y sublime decisión, el salto hacia la fusión con la “chispa” interior es gigantesco. Esa es la clave. A partir de ahí, nada es igual. La vida cambia. Todo cambia. Y El Padre responde…

Nueva pausa. Inspiró profundamente. Con ansiedad. Y dijo algo que jamás olvidaríamos. Algo que, poco a poco, iríamos verificando.

—El Padre responde y una fuerza benéfica, arrolladora, se pone al servicio de esa criatura. Cuando el hombre dice “estoy en tus manos” lo da todo. Y convierte a ese hijo en un gigante. Ni él mismo llega a reconocerse. Es mucho más de lo que aparentemente es. […]

[…] —¿Una fuerza arrolladora?

—Sí, Jasón… Ese hombre, el que decide hacer la voluntad del Padre, se llena. Hasta sus más pequeños deseos se ven cumplidos. Sencillamente, como os he dicho, despierta a la gloria y al Amor de Ab-bā. Es el gran hallazgo. Su vida, a partir de ahí, es una continua y gratificante sorpresa. Es el principio de las más fascinante de las aventuras…

Y remachó con aquella inquietante seguridad:

—Ponerse en sus manos, hacer la voluntad de Ab-bā significa, además, saber…

—¿Saber?

—Sí, saber. Obtener respuestas…

Por ejemplo, ¿quién soy?

En ese momento es fácil. Eres un hijo del Amor. Un “regalo” del Padre. Un ser inmortal. Una criatura nacida en lo más bajo… destinada a lo más alto. Un hombre que empieza a correr. A correr hacia Él.

Por ejemplo: ¿qué hago aquí?

Al descubrir al Padre también es fácil…

Estás en este mundo para VIVIR.

El ingeniero no pudo contenerse.

—Claro, Señor. Obvio…

—No…

Jesús me señaló y prosiguió:

Escríbelo con mayúsculas… VIVIR… No he dicho vivir, tal y como vosotros lo entendéis. Si el Padre os ha puesto aquí es por algo realmente interesante… Interesante para vosotros. Escuchadme: ¡sois inmortales! Ahora os encontráis sujetos en esa envoltura carnal, pero, en breve, cuando entréis en los mundos que os tengo reservados, este cuerpo solo será un recuerdo. Un recuerdo cada vez más difuso… ¡VIVID, pues, la presenta experiencia! ¡VIVID con intensidad! ¡VIVID con amor! ¡Con sentido común! ¡Con alegría! Y recordad que solo tenéis esta oportunidad. Después, tras la muerte, VIVIRÉIS de otra forma…

Mi hermano y yo, impulsados por mil preguntas, nos pisamos las palabras. Pero Jesús, haciendo caso omiso, siguió a lo suyo.

—Por ejemplo: ¿cuál es mi futuro? Supongo que ya lo habéis adivinado. Lo sé, comentó, riéndose de sí mismo, me repito mucho… Insisto: vuestro destino el Él. No hay otra dirección. Vuestro futuro es llegar a Él. Ser como Él. Ser perfectos. Conocerle. Trabajar hombro con hombro…

—¿Seremos socios?

—Si decides ponerte en sus manos, si optas por hacer su voluntad… ¡ya eres su socio! Él hará en ti maravillas. Él te cubrirá con su Amor que te levantará del suelo. Y tus miedos, escucha bien, desaparecerán…

La noche, como nosotros, se quedó quieta. Absorta. Entusiasmada. Más aún: yo diría que esperanzada…

Sencillamente, nos tenía atrapados. Él lo sabía y cerró el círculo.

—… Si tu corazón se abre y se hace aliado de la vida, si te abandonas a su voluntad, nada, dentro o fuera de ti, te hará temblar. Como un prodigio, tu alma caminará segura. Nada, ¡nada te hará retroceder! Y esa sensación, ese sentimiento de seguridad te escoltará hasta el fin de tus días.

Pero no os equivoquéis. Al mismo tiempo que ese afortunado hombre crece, así desaparece…

—No entiendo…

—Es fácil. El Amor que se derrama desde el Padre es turbulento. No sabe del reposo. Y deberás irradiarlo. Compartirlo. Catapultarlo. No es de tu propiedad. Pues bien, un día, sin previo aviso, caerás en la cuenta de algo igualmente maravilloso: ¡no existes! ¡has desaparecido para ti mismo! ¡No cuentas! ¡No exiges! ¡No precisas! ¡No reclamas!

Y rubricó la revelación con la mejor de sus sonrisas.

—¡Habrás triunfado! En ese momento, al fin, habrás comprendido…

—¿Y qué pasa si me guardo ese Amor para mí mismo?

—Se escurriría, sin remedio, por la sentina del buque. Sería una lástima. Tendrías que empezar de nuevo… Aquel que intenta encarcelar la verdad…, la pierde. Sois hermanos. Y te diré más: eso que propones no sucede jamás en un auténtico “socio”. Te lo dije: se trata de un viaje sin retorno. Si Él te “toca”… nada es igual.

Y todo depende de tu voluntad… Si dices “sí”, si te abandonas en sus manos, si te dejas gobernar por ese “piloto” interior, romperás las barreras que te limitan. Y tu capacidad de asombro será desbordada una y otra vez. Todo, a tu alrededor, estará a tu servicio. Tu “sí” es el “sí” de Ab-bā. En palabras sencillas: habrás encontrado una mina de oro… ¡que funciona sola!


miércoles, 11 de febrero de 2026

La autocompasión

Imagen realizada utilizando un vector de Dzianis Vasilyeu en Vecteezy.

Fuente: “No lo pienses, hazlo ya” de Sergio Luque.

«En la actualidad, habiendo superado hace mucho la época en la que para sobrevivir teníamos que enfrentarnos a la naturaleza, y gozando de una existencia llena de comodidades y confort, nuestro umbral de sufrimiento ha disminuido de manera notable. Todo nos afecta, hacemos un mundo de un grano de arena y padecemos por cosas insignificantes, hasta el punto de que podemos considerarnos muy débiles en comparación con los seres humanos de épocas anteriores (y no hace falta remontarse a la prehistoria). Somos personas afligidas. Vivimos en un continuo estado de autocompasión.

Y esta autocompasión, en la que la aflicción y las quejas son constantes, es la consecuencia de un vacío emocional muy peligroso que hace que reclamemos, día sí y día también, raudales de afecto y de cariño, convirtiéndose esto en nuestra más peculiar característica social.

No hay nada más perjudicial ni más tóxico que sentir pena por uno mismo. No hay nada más lamentable que convertirnos en unos “vendepenas”, reclamando continuamente la atención de los demás por medio de nuestras quejas y exageradas aflicciones. Sepamos, además, que es una estrategia que solo funciona a muy corto plazo, ya que es muy fácil de detectar y enseguida provoca rechazo, de modo que, aunque no nos lo digan, terminarán huyéndonos al considerarnos personas tóxicas.

Si hemos actuado así, sabemos muy bien de lo que hablamos, y, por supuesto, de las consecuencias. Pero quizás sea más corriente que hayamos conocido a alguna persona de este tipo, de la que hayamos huido o estemos dispuestos a hacerlo por no poder soportarla más.

Debemos tomar conciencia de la autocompasión, detectarla y evitarla. De este modo, acabaremos con ella y comenzaremos nuestro camino hacia una personalidad fuerte, capaz de autocontrolarse y dispuesta a iniciar su crecimiento personal».


lunes, 9 de febrero de 2026

Honrar la vida

“No es lo mismo vivir que honrar la vida”
Eladia Blázquez.


 “Honrar la vida”. Eladia Blázquez. Versión instrumental de Máximo Spodek.

Hoy solo quiero agradecer todo lo vivido durante sesenta y cuatro años y merecer la vida que se me regala.

Imagen: “dilsadakcaoglu” en Pixabay.

Fuente: “Esencial” de Xabier Guix, Francesc Miralles y Álex Rovira.

La vida nos ha sido dada. No somos mera existencia, sino vida plena abierta a recibir todas las experiencias que nos sean dadas.

Hemos venido a la vida sin un manual de instrucciones y vamos aprendiendo a medida que maduramos. Integrar la gratitud en nuestro día a día y dejar de buscar la felicidad en lugares lejanos para hacerlo en nuestro interior, son dos signos claros de madurez.

Que la vida sea un regalo no significa que todo vaya a ser bonito ni que podamos hacer con ella lo que nos dé la gana.

Cuando en la vida ocurren cosas que no esperábamos que ocurrieran y que no se pueden evitar, nos quejamos, sufrimos y nos cuesta dar las gracias. Una vida plena y agradecida debería serlo también cuando las experiencias son menos gratas. De los sinsabores de la existencia aprendemos y de ellos nacen nuevas oportunidades, lecciones de vida, capacidad de resiliencia y la búsqueda incesante de sentido. Un viejo axioma dice: “lo que viene, conviene”.

La gratitud es reconocer lo que somos y tenemos sintiendo alegría por ello.

Se trata de entregarnos incondicionalmente a lo inevitable, pero no con resignación, y de agradecer lo que hemos vivido. El simple hecho de estar aquí, de respirar, de sentir, ya es motivo suficiente para dar las gracias.

Nada puede ser mejor recibido que el regalo de la vida. Podríamos no haber nacido. En cambio, la vida nos fue dada. Es pura gracia y es por eso que hay que honrarla y comprometernos a vivirla plenamente.


miércoles, 4 de febrero de 2026

El secreto de la vida


Este cuento, del que desconozco su autor/a, circula por internet con el título “La vaca no da leche”.

Un campesino acostumbraba a decirles a sus hijos cuando eran pequeños:

—Cuando tengáis doce años os contaré el secreto de la vida.

Cuando el hijo mayor cumplió doce años, nada más levantarse, impaciente, le preguntó a su padre cuál era el secreto de la vida.

El padre le respondió que se lo iba a decir, pero que no debía revelárselo a sus hermanos hasta que no cumplieran doce años.

—El secreto de la vida es este: la vaca no da leche.

El hijo de quedó aturdido:

—¿Qué dices? —preguntó incrédulo el muchacho.

—Como lo estás oyendo, hijo. Las vacas no dan leche. Tienes que levantarte todos los días a las cuatro de la mañana, haga frío o calor, ir al campo donde está el ganado, alimentarlas, cuidarlas, limpiar el establo de excrementos y ordeñarlas… Ese es el secreto de la vida. Las vacas, las cabras, las ovejas… no dan leche. Hay que trabajar para obtenerla.

Las cosas no se obtienen solo deseándolas y pidiéndolas... El dinero no cae de los árboles ni la comida llega al plato por arte de magia. Cuando se quiere conseguir algo en la vida: éxito en los estudios, encontrar un trabajo, hacer próspero un negocio, mantener el cuerpo sano, cultivar amistades, superar un fracaso, alcanzar una meta… hay que esforzarse y trabajar para conseguirlo.


miércoles, 28 de enero de 2026

Enseñar con el ejemplo (V)


Fuente: “El poder de enseñar con el ejemplo”. Boletín Informativo del Dr. Mario Alonso Puig.

¿Te has parado a pensar en el impacto que tienen tus acciones en quienes te rodean? Las palabras son importantes, pero lo que realmente inspira y educa es lo que hacemos, el ejemplo que damos. Las personas no hacen lo que les decimos, sino lo que ven que hacemos.

Esto es especialmente importante cuando pensamos en aquellos que nos miran con admiración, como los hijos, los amigos o los compañeros de trabajo. En los momentos de incertidumbre o frustración, nuestra conducta puede ser la mayor lección que ofrecemos. ¿Cómo reaccionamos? ¿Qué cara mostramos cuando estamos rodeados de desafíos?

Educar no es solo enseñar, es aprender primero. Cuando nosotros mismos vivimos desde la coherencia, desde esa alineación entre lo que decimos y hacemos, dejamos una huella que va más allá de las palabras.

Pregúntate: ¿qué mensaje transmiten mis acciones y mi forma de vivir a todas aquellas personas que me rodean? No se trata de ser perfectos, sino de intentar ser un poco más coherentes. Si queremos que un ser querido sea feliz, que persiga sus sueños, o incluso que venza sus miedos, debemos mostrarle el camino a través de nuestro ejemplo.

No basta con decir lo que hay que hacer. El ejemplo es lo que mueve a la acción.

Siempre es más fácil decir que hacer. Por eso necesitamos hacer ese análisis que nos permite evaluar si lo que decimos concuerda con lo que hacemos.


miércoles, 21 de enero de 2026

Compasión contra el dolor ajeno


Fuente: “Somos fuerza” de Patricia Ramírez.

La compasión es el sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien. Se activa gracias a nuestras neuronas espejo, que son capaces de empatizar y sentir el dolor ajeno. Cuando algo nos duele, también nos mueve y, en este caso, tratamos de transformar nuestro dolor ayudando a quien sentimos más vulnerable, a la persona por la que sufrimos.

Para ser más compasivos con los demás, debemos pensar más en ellos y menos en nosotros mismos. Tener un corazón más grande. Ser conscientes de lo que tenemos y somos, valorar nuestras capacidades y posesiones, nos ayudará. Por ejemplo, cuanto más valore mi capacidad de ver, de mirar la realidad, los colores, la naturaleza, más compasión tendré cuando me encuentre con un invidente. Las personas más compasivas, además de sentir pena por el dolor ajeno, poseen la capacidad de disfrutar más de lo que tienen. Sería bueno hacer una lista de las cosas imprescindibles en tu vida y que tal vez no valores.

La experiencia de sentir nuestro propio dolor, tristeza, vergüenza o miedo también nos humaniza frente al dolor de los demás. Nuestra propia vulnerabilidad es lo que más nos conecta con el prójimo. Si no sufriéramos limitaciones, sería mucho más difícil que nos dolieran las limitaciones de los demás, empatizar con ellas. Así que esas emociones nada atractivas que padecemos pueden ayudarnos a ser compasivos.

Seremos más compasivos si evitamos huir del dolor ajeno, si permanecemos en contacto con situaciones en las que la gente sufre. No hay que rechazarlas, aunque no sean de buen gusto. Nos educa la mirada y nos ayuda a sentir en los demás. No nos encerremos dentro de nuestros muros.

La compasión nos mueve a ayudar: nos ofrecemos a cuidar a los niños de la vecina en circunstancias especiales, a realizar la compra a personas mayores…

¿Qué podemos hacer para ayudar a otros?

- Procurar ser más comprensivos con las personas que nos rodean.

- Hacer una lista de las cosas imprescindibles en nuestra vida y que, tal vez, no valoramos.

- Dar más importancia a las personas que a las cosas; a servir y ayudar que a poseer.

- Identificar los grupos de riesgo, las personas vulnerables; tal vez las tengamos cerca. Invita a un café a una persona sin hogar, saluda con más afecto a la persona que pide en la puerta del supermercado, interésate por un vecino mayor que vive solo…

- Elegir a alguien próximo a quien deseemos ayudar: un familiar, un amigo, un compañero de trabajo... Pensar cómo nos queremos comprometer y ponernos un recordatorio (para dentro de una semana, de quince días, de un mes...) para no olvidar lo que hemos decidido.


miércoles, 14 de enero de 2026

Lenguaje políticamente correcto

En la realización de esta imagen se ha utilizado un vector de “brgfx” en Freepik

Fuente consultada: “El carrusel sin fin del lenguaje políticamente correcto” de Juan M. Blanco en la web “Desidentia. Pensar está de moda”.

Muchas personas sostienen que el objetivo de la corrección política del lenguaje es evitar que la gente se sienta ofendida o insultada por ciertos términos considerados degradantes, pero no consideran que la connotación ofensiva no depende tanto de la palabra como del tono en que se pronuncia, de la expresión corporal o del contexto y, por supuesto, de la sensibilidad del receptor. Está claro que, con tono y contexto agresivo, cualquier palabra puede ser ofensiva o, al contrario, una palabra aparentemente insultante puede resultar amigable en un ambiente de complicidad y sentido del humor.

Los teóricos de la corrección política del lenguaje, pretenden arreglar el mundo inventando vocablos perfectos y descontaminados, pero su uso los desgasta, los devuelve a la vida real y adquieren la antigua connotación. Entonces comienza la búsqueda de un nuevo eufemismo que lo reemplace y así sucesivamente en un movimiento cíclico, como un carrusel que siempre acaba regresando al mismo lugar.

La sustitución constante de una palabra por otra genera la degradación del lenguaje porque los nuevos vocablos son cada vez más ambiguos, más absurdos y con significados cada vez más apartados de la realidad que pretenden describir y, además, las nuevas expresiones son tan redundantes, tan ajenas a la economía del lenguaje, que dificultan la expresión.

Por ejemplo: el término inválido, utilizado durante siglos en el ejército para aquellos soldados mutilados que, por tanto, ya no eran válidos para el servicio, comenzó a considerarse ofensivo. Fue sustituido por el término minusválido, pero pronto también se convirtió en tabú y se cambió por el de discapacitado que, a su vez, cayó en desgracia y fue reemplazado por el de “personas con capacidades distintas”, un eufemismo de eufemismos completamente ajeno a lo que se pretende describir, pues cualquier persona entraría en esta definición.

En otras ocasiones, rizando el rizo, se vulnera el principio de economía del lenguaje con el pretexto de utilizar un “lenguaje no sexista”: “los perros y las perras son los mejores amigos y las mejores amigas de los hombres y de las mujeres”.

El supuesto de la corrección política es que la modificación del lenguaje y de los significados, redundará en un cambio del pensamiento y de las actitudes. Pero es ahí donde fracasa el intento de modelar la sociedad a través del lenguaje, pues las palabras no son pensamientos, sino meras representaciones. Se puede cambiar la palabra, pero el nuevo vocablo acaba, tarde o temprano, impregnado por el antiguo concepto. Ni el concepto ni el pensamiento de la gente se renueva con el cambio de nombre.

El activista W. E. B. Du Bois, tras haber sido censurado por usar la palabra “negro”, respondió: “Es un error juvenil confundir los nombres con las cosas. Las palabras solo son signos convencionales para identificar objetos o hechos: pero son estos últimos los que cuentan. Hay personas que nos menosprecian por ser negros; pero no nos van a despreciar menos por hacernos llamar “hombres de color” o “afroamericanos”. No es la palabra… es el hecho”.

Para forzar el uso de los nuevos términos, se acometen campañas para deslegitimar las antiguas palabras, ahora incorrectas, acusando a quienes las usan de sexistas, racistas, homófobos etc. y se anima a ciertos colectivos a sentirse ofendidos por palabras que no poseen intención denigratoria. Se crea así una policía del lenguaje que identifica, a través de su léxico, a partidarios y adversarios de un conflicto generado artificialmente.

Quizá alguien pudiera pensar que los apóstoles de la corrección política persiguen fines bondadosos, pero no es así, pues, utilizando un doble rasero, justifican la descalificación y el ataque a quienes no comulgan con la corrección política.

La solución a este despropósito es no caer en el juego del carrusel de eufemismos. Utilizar los términos con rigor, de manera neutral y objetiva, tratando de manera respetuosa e igual a todas las personas, con independencia del colectivo al que pertenezcan.

Quiero acabar esta entrada con sentido del humor. Os dejo con “Los suceptibles”, chirigota callejera de Cádiz, que en el carnaval del 2018 interpretaron el pasodoble “Políticamente correcto” en el que hacen unos “arreglillos” a la letra, actualmente desfasada y políticamente incorrecta, del pasodoble de la comparsa “Los Tarantos” de Antonio Martín que obtuvo el primer premio del COAC (Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas) de Cádiz en 1970. Debajo del vídeo he añadido el pasodoble original cuya letra tiene cincuenta y cinco años y, por tanto, hay que contextualizarla sin juzgarla anacrónicamente.

* Cuando abras el vídeo, selecciona la resolución más alta disponible (720p) en configuración (icono engranaje).


 Comparsa “Los Tarantos” (1970). Pasodoble.


miércoles, 7 de enero de 2026

La vaca

Detalle de la imagen, modificada y adaptada con ilustraciones de PNGWing , de “shogun” en Pixabay.

La autoría del cuento es desconocida. Distintos autores han publicado diferentes adaptaciones.

Un sabio maestro caminaba con uno de sus discípulos por el campo y vieron a lo lejos una humilde cabaña. El maestro decidió hacer una visita al lugar.

Cuando llegaron, comprobaron que en la pequeña y miserable casa vivía una familia muy pobre formada por un matrimonio y tres hijos. Todos estaban famélicos, vestían ropas harapientas y no tenían zapatos.

El maestro le preguntó al padre cómo se sustentaban para sobrevivir y el hombre le dijo:

—Tenemos una vaca en el corral. Bebemos su leche y hacemos algo de queso y mantequilla que vendemos y, así, nos vamos apañando.

Los visitantes se despidieron y siguieron su camino. Cuando se habían alejado un poco, el maestro le dijo al discípulo:

—Hoy por la noche, sin que nadie te vea, volverás a la cabaña, robarás la vaca y se la darás a la primera persona que pase por la carretera y acepte el regalo.

El joven no daba crédito a lo que oía y estaba horrorizado, pues esa vaca era el medio de subsistencia de aquella familia, pero obedeció a su maestro e hizo cuanto le dijo.

El discípulo no podía olvidar aquel hecho tan ruin y unos años más tarde, movido por la culpa, volvió a la cabaña para confesarle a la familia lo que había hecho, pedir perdón y ayudarles, en lo que pudiera, a salir adelante.

Cuando llegó, vio que, en lugar de la mísera cabaña, había una gran casa con un buen coche en la entrada y un hermoso jardín en el que jugaban unos niños saludables y bien vestidos.

El discípulo, pensando que la pobre familia anterior había tenido que vender el terreno y marcharse del lugar, preguntó al hombre que estaba sentado en el porche de la casa:

—Disculpe, ¿sabe usted a dónde se fue la familia que vivía aquí hace unos cuatro años?

El hombre, extrañado ante esa pregunta, le contestó:

—Somos nosotros. Vivimos aquí desde hace más de diez años.

—¿Y cómo es que ahora son tan prósperos? —preguntó el joven sorprendido.

—Lo que sucedió —dijo el hombre— fue que una noche nos robaron la vaca, que era nuestro único sustento, y tuvimos que buscar otras formas de vivir y descubrí habilidades que yo mismo desconocía. Gracias a ello ahora vivimos muy bien, mucho mejor que antes.